Historia del fútbol portugués

El chaval que le hizo a Futre sacar un revólver en su despacho: Dani da Cruz Carvalho

Cara de modelo, alma de estrella de cine y de profesión, futbolista. Su brillo, fugaz como el de unos fuegos artificiales, iluminó los años oscuros del Atleti. Era alto, zurdo, fino, elegante y estaba destinado a ser el eslabón de la cadena de talento que uniese a Figo y Cristiano. Tenía todo para ser Balón de Oro, pero regateó su destino con la misma facilidad con la que presentó su candidatura. Dani Da Cruz Carvalho fue uno de esos hombres que pudo reinar y no quiso. En el salón de su casa todavía quedan restos de su yo futbolista. Una fotografía en blanco y negro posando seductor ante la cámara. Al lado, otra luchando por un esférico con Zinedine Zidane en un derbi entre Atlético de Madrid y Real Madrid. Junto a esas dos instantáneas, un resumen de lo que pudo ser y no fue: el Balón de Oro que le acreditó como segundo mejor jugador del Mundial sub20 de Catar y la Bota de Plata que en ese mismo torneo le situó en el primer plano internacional.

Era 1995 y Dani sorprendió a propios y extraños como referente de una selección a la que llevó hasta el tercer puesto. Lo hizo convirtiéndose en una de las grandes sensaciones del torneo. Era capaz de dominar los partidos a su antojo y no dudó en echarse el peso del equipo a sus espaldas. Marcó cuatro goles en seis partidos y dejó algunos para el recuerdo: un córner directo frente a Holanda y otro, ante Argentina (a la postre, campeona), en el que recibió pegado a la cal tras un saque de banda y se deshizo con elegancia de tres adversarios para definir con frialdad frente al portero. Era el capiscol que dirigía el coro luso. También fue vital en la final de consolación. El rival era España, entrenada por Andoni Goikoetxea, con varias piezas que luego harían gran carrera: Raúl González, Iván de la Peña, Míchel Salgado, Fernando Morientes o Joseba Etxeberría. Con 2-0 en contra, Dani pidió el balón, ordenó a los suyos y comandó las operaciones para dar la vuelta al marcador junto a Nuno Ribeiro.

La edición del 29 de abril de Mundo Deportivo recogía en su crónica del choque que «España se instaló, a partir de ese momento, en la placidez del encuentro, tocó a su antojo el balón en el centro del campo y no se acordó de que Portugal ha vivido durante todo el torneo de las acciones individuales de Dani y Nuno Ribeiro. Entre los dos se encargaron de devolver la emoción al partido y de poner en evidencia a una defensa que no sabe cómo evitar que le busquen la espalda».

En ese momento tenía 17 años y a sus habilidades en el terreno de juego ya sumaba las propias de la vida nocturna. El reto era salir del hotel sin que nadie se diera cuenta y burlar las órdenes del entrenador. ¿Su fórmula? Colocar un papel en el pestillo de las salida de emergencia para, de este modo, poder volver a las habitaciones sin necesidad de pasar por la recepción. «Lo hacía por divertirme, simple y llanamente por divertirme», reconocería tiempo después.

El sueño de ganar el Mundial no se había cumplido. No fue obstáculo para que la cita de Catar disparara la popularidad de Dani hasta convertirle en una celebridad en su país. Con 18 años, Carlos Queiroz ya le había ascendido al primer equipo del Sporting de Portugal e incluso tuvo minutos compartiendo césped con un Luis Figo que ese verano de 1995 fichaba por el FC Barcelona. Tras esa venta, todos los ojos estaban puestos en aquel otro futbolista con habilidad en el uno contra uno, regate eléctrico y facilidad para caer a los costados y aprovechar los huecos de las defensas rivales.

Pero los focos acabaron deslumbrando al menino. Se hizo un habitual en las discotecas de Lisboa y las salidas nocturnas junto a sus compañeros José Domínguez y Sá Pinto provocaron que se les conociera como «Los tres mosqueteros». Sus minutos sobre el terreno de juego disminuían mientras se multiplicaba su presencia en los medios. Alertado por esta dinámica, su descubridor, Aurélio Pereira pidió a Paolo Futre (otro de sus descubrimientos) que tuviera un encuentro con Dani a fin de darle unos consejos con los que redirigir su carrera profesional. El extremo, que por aquel entonces contaba con 29 años y defendía los colores del AC Milan, fue a la casa del futbolista del Sporting de Portugal y estuvo junto a él, sus padres, su hermana y el citado Aurélio Pereira. Futre recordaba que «Dani parecía un santo delante de todos. Un poco más y me convencía de que no era él el que salía, sino que los clubes iban a su casa. Tenía excusas para todo». Concluida la cena, Futre sacó dos cigarros, encendió el primero y le ofreció el segundo a Dani. Allí, frente a todos, el chico lo rechazó argumentando que solo el olor a tabaco le hacía vomitar. Tras esto, ambos tomaron un café y se marcharon a la habitación para poder hablar. En ese momento, Futre volvió a ofrecerle un cigarro y lo que ocurrió, así lo narró en «El portugués», sus memorias.

«Malandro não engana malandro (bribón no engaña a bribón)», le dijo. En esta ocasión, Dani aceptó y comenzaron a hablar:
– Escucha, ¿qué quieres ser, jugador de fútbol o gigoló?
– Jugador de fútbol.
– ¿Sabes cuanto te pueden pagar las señoras casadas y millonarias en Italia, España o Francia, solo por tener una noche de sexo con ellas?
– ¿Cuánto?
– Mucho dinero. Y así no necesitas entrenar. Sales por la noche y te despiertas a la hora que quieres. Solo necesitas tener fuerza en la verga. Nada más. Tus padres tienen una buena vida, siempre has sido un niño querido y eres el hombre más deseado de Portugal. ¿Estás realmente seguro que quieres ser un futbolista profesional y mi sucesor? Yo no me parezco a ti, pero no me puedo quejar. Tampoco creo que te guste salir más que a mi cuando tenía tu edad o que te gusten más las mujeres. ¿Quieres ser el mejor en el campo, como lo fui yo, o solo con las chicas?
– Dentro del campo.
Miúdo (niño), ¿sabes que es lo mejor de ser futbolista profesional? Hay tiempo para todo. Solo debes tener organización y disciplina. Claro que, si sales más de tres veces por semana, no hay cuerpo que lo aguate. Si estás con cuatro mujeres diferentes todas las semanas, tampoco hay cuerpo que lo aguante. Y si fumas un paquete de tabaco al día, sucede lo mismo. Yo solo salgo cuando puedo. Llevo así desde que llegué al Oporto. Durante más de diez años. En todo este tiempo, nunca he tenido sexo más de cuatro veces por semana, tampoco tengo relaciones en las vísperas de los partidos o dos días antes. Si tengo un partido el domingo, fumo doce cigarrillos el martes, diez el miércoles, ocho el jueves, seis el viernes, cuatro el sábado y uno el domingo. Hago todo lo que me gusta, pero controlado.

Dani escuchaba con atención a la estrella mientras este le daba los consejos que podrían alargar su carrera… y no hizo caso alguno. Apenas unos días después, acababa con la paciencia de su técnico cuando se quedó dormido y perdió el vuelo a un partido después de haber salido de fiesta el día anterior. Ni siquiera sabía que estaba convocado. «Vete a entrenar con los juveniles, que son los que tienen tu edad”, le espetó Carlos Queiroz. Apenas unas semanas después, coincidiendo con la llegada del año 1996, hizo las maletas con destino a Londres para enfundarse la elástica del West Ham. A esas alturas ya había abandonado los estudios. El por aquel entonces técnico hammer, Harry Redknapp se quedó fascinado con el futbolista durante los treinta minutos que estuvo sobre el césped de Wembley en un amistoso entre Inglaterra y Portugal. Era su debut en categoría absoluta con la selección, con la que tan solo llegaría a disputar nueve partidos en toda su carrera.

Cansado de sus idas y venidas, y el excesivo protagonismo que estaba tomando en la prensa rosa, el Sporting de Portugal decidió ceder a su joya a fin de que se curtiera en el fútbol inglés. Y allí apareció Dani, con su rostro bronceado, profundos ojos verdes, pómulos marcados y una cuidada melena azabache. Fuente inagotable de frases para el recuerdo, Redknapp soltó una de sus sentencias más célebres el día de la presentación del futbolista: «A mi señora le gusta. Incluso yo no sé si ponerlo a jugar o follármelo». La venta de entradas se disparó, también las solicitudes de los medios de comunicación para estar presentes en la sala de prensa o poder entrevistar a la nueva adquisición. Los tabloides no se quedaron atrás. «Encierren a sus hijas en casa. Dani está aquí», publicaba DailyStar.

Como buen galán que se precie, Dani tuvo un inicio de película en Inglaterra. Apenas unos días después de su desembarco completó un brillante partido ante el Tottenham en el derbi de Londres y dio la victoria a los suyos con un tanto de cabeza. Llegar y besar el santo. El rostro del portugués abrió informativos y fue protagonista de las portadas. Empero, él no era feliz. «Durante las dos o tres primeras semanas lloré todos los días, pasé horas hablando con mis padres. Era joven, fui a Londres solo y vivía en un apartamento de dos pisos. No tenía carnet de conducir y vivía lejos del centro de Londres. Sentí un gran aislamiento», confesaba en una entrevista en su país.

¿Su tabla de salvación ante tanto tedio? Una agencia de modelos llamó a su puerta interesándose en la gestión de su imagen. Y a fe que lo hicieron: le pusieron en contacto con marcas y productores y se hizo un habitual en los estrenos de las películas. Ese chico que prácticamente acababa de alcanzar la mayoría de edad de repente estaba en el estreno de Doce monos junto a Brad Pitt y Bruce Willis; otro día, al lado de Kate Moss en una presentación. No se sabía dónde acababa el futbolista y empezaba la celebrity. Y la segunda acabó engullendo al primero. «Pensé que era divertido estar en esos lugares, vivir eso y obviamente no me iba a rendir. Así que traté de hacer las dos cosas, jugar y mantener esa vida social». No pudo.

El globo fue perdiendo aire con el paso de las semanas y pese a que anotó otro gol contra el Manchester City, su rendimiento en los nueve partidos que disputó siguió una clara línea descendente. La relación con el técnico era cada vez más complicada debido a sus salidas nocturnas y una falta de intensidad en los entrenamientos que contrastaba con la de otros miembros de la plantilla, entre otros los jóvenes Rio Ferdinand y Frank Lampard que por aquel entonces tenían 17 años y luchaban por un sitio. El momento álgido de la relación entre Harry Redknapp y Dani llegó en España. La plantilla y cuerpo técnico aprovecharon un parón en la competición inglesa para realizar una concentración bajo el sol de la costa. El técnico había dado la tarde libre a sus futbolistas, pero el luso no se presentó al entrenamiento del día siguiente.

El propio entrenador lo recordaba así en su autobiografía: «A las 13:30 todavía no había señales de él. Estábamos relajándonos junto a la piscina y de repente, una figura bronceada caminaba hacia nosotros. Cabello inmaculado, gafas de sol puestas, cada centímetro de una estrella de cine. No pudo, o más bien no quiso, darme ninguna explicación. Todos los chicos sabían que había ‘recogido a un pájaro’, tal vez dos o tres, pero no había forma de que me lo dijera».

De vuelta a Inglaterra, Dani volvió a perderse un entrenamiento y su imagen en los tabloides dándolo todo en un club nocturno la noche anterior fue el último clavo en su ataúd como jugador del West Ham. Condenado al ostracismo en las últimas jornadas de Premier League, el lisboeta vio como se esfumaban también sus opciones de disputar la Eurocopa con su país y tuvo que conformarse con formar parte del combinado que acudiría a los Juegos Olímpicos de Atlanta.

 

Fue ahí cuando un destino que parecía enamorado de ese fenómeno de mirada penetrante y aspecto aniñado lanzó otro guiño a Dani. Sin duda, una representación corpórea del adonis y también del bon vivant. Pese a no ser tan destacadas como las de un año antes en el Mundial de Catar, sus actuaciones en la cita olímpica no pasaron desapercibidas e incluso llamaron la atención de Johan Cruyff. El holandés estaba presente en la cita como comentarista y se quedó prendado de sus facultades. Tras quedar cuarto en el campeonato después de perder por un rotundo 5-0 en la lucha por el bronce con la Brasil de Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos, Bebeto, Dida y Flávio Conceiçao, el de Lisboa aterrizó por todo lo alto en el Ajax por recomendación expresa del mítico 14, que llegó a compararle con él. Dani no llegó a tomar conciencia de esas palabras. «Claro que fue un orgullo enorme, pero viví muy poco estas cosas y quizás ni siquiera tenía noción de la grandeza de ese momento. Viví mucho, estaba acostumbrado a tener grandes emociones y, sinceramente, solo después me di cuenta de la magnitud de esa comparación», señalaba.

Nuevo desafío… y nueva irrupción ilusionante. La primera temporada de Dani en Ámsterdam fue un oasis en el desierto de una carrera repleta de trompicones. Pese a que no llegó a consolidarse como titular, el luso participó en un total de 23 partidos oficiales y colaboró con 7 tantos. Para el recuerdo quedará el que anotó en la prórroga de los cuartos de final de la Liga de Campeones frente al Atlético de Madrid en el Vicente Calderón, con el partido empatado a uno. Recogió un balón huérfano al borde del área y se sacó de la chistera un sensacional golpeo que pasó por encima de Molina para alojarse en el fondo de la portería.

Luego cada equipo marcó un tanto más en esa prórroga, pero el de Dani fue la clave para que los suyos se clasificaran para unas semifinales en las que acabaron cayendo contra la Juventus. Parecía que Louis van Gaal había logrado recuperar para la causa al díscolo centrocampista pese a algunos encontronazos como aquel en el que el técnico se empeñó en que aprendiera holandés: «Louis van Gaal me entendía muy bien e hizo que aprendiera holandés con una hermosa maestra. El equipo tenía varios jugadores extranjeros, georgianos, nigerianos, daneses, argentinos, brasileños… parecía la ONU. Muchos de estos jugadores ni siquiera hablaban inglés. Yo hablaba inglés perfectamente y entendía las indicaciones que Van Gaal daba en el entrenamiento, pero tuve algunas dificultades para querer aprender holandés. Tan pronto terminaba de entrenar, almorzaba en el club y en lugar de ir a clase, me marchaba. Entonces, Van Gaal decidió contratar a una rubia para que me enseñara, para que pudiera emocionarme con el holandés. Un día entró en la habitación y nos sorprendió cenando. Se fue relatando: ‘Me rindo, me rindo’. Terminé aprendiendo holandés por mi cuenta, con las amistades que había estado haciendo».

Su sensacional inicio provocó que un año más tarde ya tuviera el histórico 14 de Johan Cruyff a la espalda. Ya no estaba Van Gaal, que se había marchado al FC Barcelona, y en su lugar se sentaron en el banquillo primero Morten Olsen y luego Jan Wouters, pero Dani seguía siendo importante en la escuadra ajaccied. Fue ahí cuando una espiral de lesiones (primero rodilla, luego hernia inguinal) terminó derivando en un paulatino alejamiento del terreno de juego y una especialización en la vida nocturna de Ámsterdam, donde conoció a actores, actrices, modelos, músicos y bohemios varios. «Sé que pisé la línea, sé que a veces fui irresponsable, inmaduro, no fue profesional. Sí, eso sucedió. Pero tampoco fue como lo pintaron. Y muchas cosas tenían que ver con la edad y lo rápido que iba mi vida», llegó a desvelar más tarde. Así, después de cuatro campañas en Holanda donde su legado en goles sigue siendo recordado, Dani dijo adiós y se marchó a Portugal. Siguiente etapa, un Benfica que en ese momento tenía a José Mourinho como técnico. Tenía 23 años y apenas unos meses y cinco partidos después se despedía también de Lisboa. Estaba quemado para el fútbol.

El agente José Veiga comenzó a ofrecerlo por medio mundo y las oficinas de todos los clubes respondían negativamente. No creían que pudiera rendir a un nivel aceptable y consideraban que su vida extradeportiva era un lastre. Sin embargo, cuando parecía que no había salvación posible, llegó Paolo Futre. Apuesta de Jesús Gil para la dirección deportiva de un Atlético de Madrid que en esos momento navegaba sin rumbo por Segunda División después de un doloroso descenso y se encontraba en plena intervención judicial. El portugués no disponía de dinero que invertir en nuevas incorporaciones, por lo que hacerse gratis con su compatriota era mejor que no fichar a nadie.

«¿Pero estás loco? ¿¡Quieres convertir el Calderón en una casa de putas!?», fue la primera respuesta de Jesús Gil cuando Paolo Futre le transmitió sus planes. De cualquier modo, el Gordo (como le conocían en el club) terminó transigiendo cuando el portugués asumió la total responsabilidad del fichaje. «Está bien, pero a la más mínima oportunidad que este playboy empañe la imagen del club, os corto la cabeza a los dos», sentenció.

Conocedor de la situación («malandro nãoengana malandro»), Futre hizo repetir al futbolista una promesa el día antes de firmar su nuevo contrato: «Paolo, como eres el único loco que cree en mí en el mundo del fútbol, yo, aquí, frente a mi padre y mi agente, te autorizo a darme un tiro en la rodilla si te fallo o no cumplo con las reglas que me van a imponer a partir de mañana, cuando yo llegue a Madrid». Además, muchas noches llamaba a su casa a las dos o las tres de la mañana únicamente para asegurarse que su compatriota estaba allí.

Y lo cierto es que su primer año y medio en la capital de España sirvieron para que Dani se convirtiera en uno de los ídolos de la afición. Cuatro goles el primer año en Segunda (a Betis, dos al Badajoz y Salamanca), para explotar en la del ascenso. Con nada menos que 37 partidos disputados durante el curso 2001-2002, 6 goles (Jaen, Albacete, Elche, Burgos y de nuevo Elche) y 10 asistencias, él fue uno de los grandes culpables del regreso a Primera División, si bien hubo algunos episodios para el recuerdo como el día en que Paolo Futre descubrió que había estado bailando sobre la mesa de un local de moda a las 6:30 de la mañana en condiciones no demasiado deseables días antes de un partido. La respuesta del luso fue furibunda: llamó al futbolista a su despacho, sacó una pistola de su escritorio y le gritó “¿Qué rodilla quieres, la derecha o la izquierda?”, mientras apoyaba el cañón en una de sus piernas. El jugador lloraba pidiendo clemencia y jurando que nunca más volvería a pasar. Al día siguiente, en los vestuarios mientras se cambiaba junto al resto de compañeros, todavía tenía la marca del arma sobre su rótula.

En Madrid coincidieron tres Danis. El primero era retraído, tímido y parco en palabras, señalan los que fueron sus compañeros en el Atlético de Madrid. Sin embargo, Dani se transformaba cuando salía al terreno de juego y sobre el tapete verde mostraba toda su creatividad. El tercero aparecía por la noche, en la discoteca bailando sobre la mesa y repartiendo besos y sonrisas a todos los que se acercaban. Eran los tres lados de un triángulo escaleno que iba variando de forma impredecible. Evidentemente, en esos casos el equilibrio es imposible y todo acabó saltando por los aires. El divo díscolo e irreverente acabó engullendo todo, apurándolo todo, incluyendo su carrera como futbolista.

Dani, en 2018, en la cadena de televisión holandesa NOS

Llamado a ser uno de los pilares del nuevo Atlético de Luis Aragonés en Primera División, Dani apenas tuvo minutos en 8 partidos durante la temporada 2002-2003. El Sabio de Hortaleza quiso deshacerse de él días después de consumarse el ascenso. El técnico decidió dar un par de días de descanso a sus futbolistas, pero transcurrido este tiempo Dani no apareció en el entrenamiento. Tenía su teléfono móvil apagado, no aparecía por casa y ni sus padres tenían noticias de él. Nadie sabía nada y comenzó a cundir el nerviosismo hasta que tres días después de la fecha fijada, el portugués se presentó en el entrenamiento. Tal y como explicó al propio Futre, el domingo anterior después de haber celebrado el ascenso, conoció a una mujer famosa, una figura pública. Desde aquella noche había estado con ella y, según reconoció, tan solo había ido a entrenar porque ella salió para trabajar. «De lo contrario todavía estaría allí con ella». Concluida su primera temporada en la máxima categoría de nuestro fútbol, y para sorpresa de todos, Dani decidió colgar las botas y poner punto y final a su carrera profesional. Lo hizo apenas tres meses después de que Futre abandonara el cuadro rojiblanco. Todavía no había cumplido los 27 años.

 

 

Un comentario

  1. Muchas gracias por el artículo. Siempre me gustó Dani como jugador para el Atlético si bien, no llegó a tener la continuidad en su elegante y armonioso juego. El club, como es una costumbre ya muy arraigada, lo fichó cuando estando en el Ajax, el equipo holandés nos eliminó de una desgraciada competición europea. A todo aquel que hacía un gran partido (bastaba que fuera uno solo) lo fichaba y después el rendimiento, en la mayoría de los casos, no era el esperado.
    Un abrazo fuerte.

    Juan Manuel

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