Copa del Mundo Futbol Gemma Opinión

La mejor final de un Mundial con el peor final del mundo por culpa de una túnica que nos merecíamos

Después de una final como la que nos han ofrecido Argentina y Francia la pregunta es cómo a alguien no le puede gustar el fútbol. Tres goles de Mbappé y dos de Messi, un partido que dominaba Argentina y que Francia empató en un abrir y cerrar de ojos, una prórroga en la que ninguno especuló ni regateó esfuerzos, emoción hasta el final y una tanda de penaltis no apta para hipertensos. Una oda al fútbol, el mejor anuncio posible. La respuesta más hermosa y contundente a la tontuna de que los jóvenes no se enganchan a un deporte que dura 90 minutos es que se alargue hasta los 120 con descuentos, no se resuelva hasta el final y seas incapaz de levantarte del sofá para ir al cuarto de baño. Y, también, la imagen más potente de la vergüenza que ha supuesto que se celebre en Qatar fue la de Messi levantando la Copa del Mundo con una túnica que le pusieron entre el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el emir de Qatar, Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, que le tapaba la camiseta albiceleste.

Tienen tanto dinero que carecen de todo lo demás. Ni pudor, ni honor, ni puñetas. Ese instante en el que Infantino y Al Thani van detrás de Messi, con la túnica ya puesta, como perritos falderos mientras el capitán sólo tenía ojos para los suyos antes de levantar el trofeo es ya icónico. Un monumento al bochorno que se podían haber ahorrado si no fueran tan patéticos como para no respetar las reglas básicas. La camiseta no se mancha. Y la sensación de todas (las personas) que lo estábamos viendo, a las que nos picaba la telilla transparente y que deseábamos que Leo se la arrancara, ya no se borra.

Con el gesto han logrado eclipsar una final preciosa y que probablemente los editores de los diarios elijan la foto de Messi besando la Copa cuando pasó por su lado con el trofeo al mejor jugador del Mundial debajo del brazo porque no genera rechazo ni da asco. El final, de todas formas, no podía ser de otra manera. Así empezó y así acaba: con la selección que más creyó en sí misma, que más apeló a las emociones, a las esencias, que más sufrió y que, sin embargo, no dijo ni pío por estar en Qatar porque estaba para empresas mayores y no podían detenerse en pequeños detalles como los derechos humanos. Si el fútbol está vendido al menos que se vea, que no se disimule, que el disfraz sea visible.

Escribo con rabia porque no eran éstas las palabras que tenía pensadas, que correspondían, a una final como la vivida hasta que Montiel marcó el último penalti. La mejor de la historia y punto. Una final que Argentina tuvo que ganar tres veces: cuando le empataron tras ganar 2-0 en apenas 95 segundos, cuando en la prórroga después de que Messi marcara con la derecha un gol feo, Mbappé volvió a anotar de pena máxima, y por último en la tanda con el Dibu Martínez de héroe final tras el paradón, mano a mano, con Kolo Muani unos minutos antes. Escribo enfadada porque ojalá pudiera haber escrito solamente de fútbol, de lo que pasó desde que Szymon Marciniak, el árbitro polaco, pitó el principio y el final de lo que sucedió sobre el césped, que fue épico, maravilloso. Pero nos lo merecemos.

Mientras los que mandan y decidan que un Mundial se puede disputar en Qatar y se empeñen en blanquear un régimen autoritario obviando los muertos en la construcción de los fastuosos estadios y las vidas oprimidas, en peligro, de mujeres y del colectivo LGTBI, es justo que no podamos apartar la mirada en el último instante y nos produzca sonrojo. Quizás así sea la única manera de que no se vuelva a repetir. Ya que no nos produjo la suficiente vergüenza la elección, la celebración, las palabras de Infantino en las que comparó ser pelirrojo con ser gay en Qatar un día antes de la inauguración y que prohibiera al día siguiente lucir el brazalete con el lema One love, o la ausencia total de un mensaje de apoyo a un colega, Amir Nasr-Azadania, el jugador iraní condenado a muerte, que nos lo dé una túnica. Ya que ellos no respetan el fútbol, que a los demás nos quede claro.

El altar de Messi

Supongo que cuando pasen los años Messi se verá con la telilla puesta y le provocará urticaria. Es una pena, porque La Jugada del campeonato, en mayúsculas, fue suya; la del tercer gol en la semifinal ante Croacia que finalizó Julián Álvarez. Y él ha sido el mejor a los 35 años, en su último Mundial y dejando tics maradonianos como el ya célebre «¿Qué miras, bobo? Andá pa allá» que se ha convertido en lema global, universal. Lo mismo sirve para el 8M feminista que de etiqueta para embotellar vinos.

La mala hostia que Messi reservó para momentos íntimos, sin cámaras, durante su carrera en el Barça, le salió en Doha sin filtros. Se rebeló el pechofrío para convertirse en el capitán que esperaba y deseaba Argentina. El que necesitaba. Y estuvo bien acompañado en todo momento empezando por Scaloni, el técnico que pasaba por allí y terminó mandando y poniendo cabeza fría al corazón caliente, y terminando por el ‘Kun’ Agüero, el amigote que durmió con él la última noche previa a la final y con el que liberó tensiones durante la concentración conectándose al ordenador y riéndose un rato.

Entre las imágenes de la final está también la de sus compañeros, una vez acabado el partido, haciendo casi cola para pasar, uno por uno, a abrazarse con él. Como si hubiera un altar imaginario donde Leo daba sus bendiciones. El respeto es esto. Y se gana así, con una carrera legendaria coronada con el Mundial y siendo elegido como el mejor en una final en la que Mbappé, el supuesto sucesor, marcó un triplete y no le alcanzó, no fue suficiente.

Argentina desafió a la lógica y apeló a la épica. Nos reímos con el anuncio de la cerveza Quilmes en la que se enumeraban las coincidencias entre el Mundial 86 y ahora, como que Júpiter estuviera en Piscis y que tampoco esta vez fuera año bisiesto. Asistimos asombrados a todas las cábalas y nos rendimos a las supersticiones porque eran tan divertidas y entrañables como la de la abuela Lalalá, la señora Cristina de 76 años del barrio de Liniers en Buenos Aires que salió a festejar con cuatro en la fase de grupos tras vencer a Polonia y a la que se le fueron uniendo hasta llegar a cientos después de clasificarse para la final. Nos hemos emocionado con su emoción auténtica porque nos ha devuelto a las esencias, a lo que no se puede intentar copiar. Y por eso, siempre, nos gustará el fútbol. A pesar de todo. A pesar de los pesares. A pesar de la túnica de mierda.

17 Comentarios

  1. Buenas tardes:

    Siendo cierto todo lo que se dice, y habièndola disfrutado como un camello, para mí esta final está invalidada. Me pone enfrente de lo cobardes y egoístas que somos las personas.

    Los jugadores han sido incapaces de hacer siquiera lo que hicieron sus colegas americanos: poner una rodilla todos a la vez antes del inicio para pedir la absolución de un compañero (que no es una estrella y no va en jet privado) de la pena de muerte.

    Pero eso sí, se jugaban una tarjeta amarilla…

    Y todos los periodistas criticando el visillo – túnica. Vergüenza.

  2. ¡Gracias por todo Leo!.

  3. Messi ya es campeón del mundo como Maradona y Kempes y como Muhammad Alí y José Legrá.

  4. Este articulista es lo que es, un patético y hasta cierto punto, un envidioso. Ya hubiera quero ser él quien se pusiera la túnica. Catar, estuvo viciado de normas culturales y que sí dejan claro que el deporte está íntimamente unido a la política pero de ahí a hacer este GRAN VERRRRRRRRGO DE ASEVERACIONES, mejor coma mierda este articulista. Si hubiera sido en España, ya me imagino, estregándole una Guitarra bajera a Messi, durante el evento final. Los tiempos cambian. La túnica no tiene nada de malo, además Messi se merece por mérito propio durante su laaaaaaarga vida furbolística.

  5. Esta revista censura comentarios u opiniones que les conviene. Entonces para qué dejan este espacio.

  6. Messi el number one.

  7. Messi el campeón de Campeones.

  8. Maradona está con Don Alfredo Di Steffano celebrando esta Copa del mundo.

  9. Leo Messi es el Sugar Ray Leonard del fútbol y Sugar Ray Leonard es el Leo Messi del box.

  10. ¡Gracias Leo y Gracias Dibu y gracias Scaloni!.

  11. OS DIGO.. QUE ES UNA D’ALTA DE EDUCACIÓN DECIR POR CULPA DE ESA TUNICA.. OK YA QUE ESA CLASE DE TUNICA ES LTA RESERVADA PARA SHEIKS JEQUES O 0RONVIPES ENTONCES YA QUE ERA EL PAÍS D8NDE SE CELEBRÓ ESA TUNICA ES DE HONOR ENTENDIDO ANALFABETOS ANTES DE ESCRIBIR LEER ALGI SOBRE LA CULTURA ÁRABE EN VEZ DE JUZGAR OK

  12. Pingback: Boerebach o «el Koeman» del Real Burgos; una historia triste

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*