Futbol

Cuando la British Union of Fascists persiguió a los aficionados del Tottenham

Los aficionados del Tottenham Hotspur se hacen llamar «Yid Army» por sus conexiones con el judaísmo

En un reciente artículo repasamos que el judaísmo y el Tottenham Hotspur guardan una historia de amor que se remonta a inicios del siglo pasado. Fue cuando los fieles a Yahvé escapaban de Rusia en busca de un futuro mejor. Las inclinaciones antisemitas de los zares habían empujado a muchos hebreos a abandonar su país. Muchos fueron a parar a la zona norte de la ciudad y se aficionaron a un club de su barrio, que actualmente se conoce como Little Russia. Pero en Londres tampoco conseguirían zafarse del rechazo social.

Con la llegada de los primeros migrantes y, sobre todo, con la segunda generación, el Tottenham representaba el desafío de lo que ahora llamamos «resiliencia»; de querer ser alguien en la vida a través del esfuerzo. Estos recién llegados se identificaron con la cultura de la institución y enamorados por el fútbol, afición que, además, les permitía sentirse parte de una comunidad. Los hebreos fueron creciendo poco a poco en número en las gradas de los spurs y, con ella, su importancia interna. 

Existen varias teorías alrededor del porqué esta comunidad se acercó al Tottenham y no a otro club. En las crónicas de la época consta que, si bien por las mañanas los judíos de Londres iban a la sinagoga, las tardes las empleaban en White Hart Lane. Una de las versiones que se han sostenido a lo largo de los años es que, a inicios de siglo, el viejo estadio de los spurs era el que mejor conexión tenía de transporte público. También se dice que el barrio se llenó de negocios fundados por judíos que necesitaban mano de obra barata. Teorías. Llegado el momento, el Tottenham aglutinaba hasta diez mil judíos en sus gradas allá por los años 30 y 40. Además, esta masa social  trajo verdaderos quebraderos de cabeza. La «Yid Army», que es como se conoce a estos hinchas, sufrió una verdadera persecución por los fascistas, encabezados por la British Union of Fascists (por sus siglas, BUF).

Guardias de la British Union of Fascists

En la tercera década del s.XX, estos discursos xenófobos se compartían sin pudor en medios escritos de la capital británica. Entre 1935 y 1939, la BUF tenía los diarios The Blackshirt y Action como puntas de lanza para proyectar a la sociedad sus doctrinas antisemitas. La primera cabecera se dirigía al obrerismo, con tiradas de más de veinte mil ejemplares; el segundo, montado a la manera de un periódico normal, trataba asuntos públicos y políticos para un público más educado. En su mejor momento alcanzaron los veinticinco mil lectores. 

La Unión de Fascistas fijó en los Spurs su diana contra la que lanzar sus discursos de odio. Lo hicieron con un argumentario muy manido ya por los partidos extremistas para encontrar un enemigo, pero que funcionó: el de la «mano negra». Según la BUF, los judíos suponían una amenaza contra la sociedad británica porque querían controlarla con técnicas invisibles. También desde el fútbol. 

Estos periódicos utilizaron el deporte para atacar a los judíos a través de la herramienta propagandística por excelencia, el balompié. Ambas publicaciones sostenían que este grupo religioso había vampirizado la competición amateur y de élite a través de la administración y las finanzas para sacar tajada e influencia. La mano oculta de la economía y la política había aterrizado en el deporte, lo único que quedaba a salvo de sus tentáculos oscuros. 

Los spurs «no podían entender» el fútbol inglés

Su argumento más duro escapaba de la conspiranoia y se encajaba en una supuesta base científica. Según la BUF, los judíos, y por ende el Tottenham, carecían de actitud deportiva y comprensión del deporte británico por cuestiones de sangre. Estos periódicos fascistas imprimían mensajes en que aseguraban que los equipos los yids no entendían el juego inglés; la obsesión de los hebreos por tener éxito en los negocios había nublado por completo el saber perder en el fútbol. No tenían cultura deportiva y había que expulsar a sus equipos de las competiciones futbolísticas. Y aunque no lo consiguieron, tuvieron un importante apoyo popular. 

En el contexto del partido que enfrentó a Inglaterra y Alemania de diciembre de 1935, cuando un aficionado cortó con un cuchillo la bandera nazi de la asta, la BUF aprovechó la ocasión para proyectar sus mensajes más duros contra la afición del Tottenham y los judíos. Cuando la FA decidió desestimar las protestas de estos seguidores por llevar el partido de White Hart Lane, los periódicos de la unión fascista celebraron la integridad de la federación por no atender sus demandas y, de una vez, asestar un revés a quienes pretendía controlar la sociedad británica.

También se hizo creer que los incidentes violentos que ocurrían en las gradas del estadio de los spurs durante algunos partidos estaban directamente relacionados a la base semita de los asistentes. Según el Action, la convivencia en la competición con los judíos era misión imposible. Nunca comprenderían los valores de juego limpio y deportividad británicos.

Enfrentamientos en Trafalgar Square entre antifascistas y militantes de BUF

La suma del antisemitismo y la rivalidad futbolística, más de lo primero que de lo segundo, llevó a algunas aficiones a insultar a los spurs con el sobrenombre de yids. Un término abiertamente despectivo con los judíos. Un símil podría ser «gitano» para referirse a alguien por tener una conducta trapacera. 

Pero los seguidores spurs le dieron la vuelta al insulto por completo. Tomaron el término despectivo para convertirlo en su esencia y autodenominarse así, «Yid Army», desde hace décadas. Con el tiempo, el insulto perdió todo el valor y, a pesar de que las hinchadas rivales siguieron usándolo con base despectiva, el sentido de la palabra evolucionó para formar parte de la identidad spur. Eran yids y a mucha honra. 

Recientemente, varios centros de investigación han elaborado estudios sociales para analizar el impacto de la «y-palabra» –es decir, yid–, por si fuera necesario combatir su uso. Los resultados arrojaron conclusiones de lo más interesantes. Por un lado, la mayoría de los encuestados reconocieron sentirse intimidados u ofendidos si alguna persona se refería a ellos de esa manera. Pero no si era en un ambiente futbolístico. Con los spurs ocurría algo distinto.

Los mismos estudios recogen que la hinchada del norte de Londres ha acogido la palabra como base cultural de su amor por los colores del Tottenham. Aunque afirman que sí, que en efecto se trata de un insulto antisemita, ellos quieren seguir llamándose yids. Yid Army, hemos dicho. Es un elemento propio. En marzo de este mismo año, el Tottennham pidió a sus aficionados dejar de usar la y-palabra en algunos de sus cánticos. Las gradas, desobedeciendo a sus dirigentes, volvieron a gritar «¡Yid Army!». Se niegan a abandonar su pasado.

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