Desde Catar Copa del Mundo Futbol

Diario de Catar: en busca del alcohol y las entradas… me hice viral

Me sorprendió la cantidad de nacionalidades que llevaron la camiseta de España al partido

El viaje a Catar fue largo, pero bueno. OurenseMadrid en AVE, MadridDoha con escala en Londres en avión.

En Barajas me hice amigo de un grupo de mexicanos que compartían itinerario conmigo. En el vuelo a la capital catarí me tocó viajar al lado de Isaac, uno de ellos. Mientras recordábamos jugadores de su país que pasaron por La Liga, como Andrés Guardado, Cuauhtémoc Blanco y Rafa Márquez, entre otros, comenzaron a servirse las bebidas.

Aquí mis amigos mexicanos

Cuando Isaac vio que al pasajero que estaba delante nuestro no le daban una cerveza, sino dos,  y no solo eso, también una de esas botellas pequeñas de alcohol, le preguntó a la azafata si estas eran gratis. Como la respuesta fue afirmativa, pidió dos “chelas”, dos botellitas de ron, dos de la gaseosa de cuya fórmula se desconoce el componente secreto y, como sí él fuese el que estaba invitando, me preguntó si quería tomar algo. Para no hacerle un feo ni estropear nuestra amistad, y sabiendo que en Catar iba a ser difícil consumir bebidas espirituosas, pedí una cerveza y una botellita de whisky. Y arrancamos. El pinche cabrón no paraba de tomar y los pinches cabrones de la aerolínea no paraban de servir, así que yo, ya en modo mundialista, no quise quedarme atrás. El primer partido de la Copa del Mundo había comenzado a jugarse en ese avión. Después de varios tragos, que prácticamente nos servían preparados, firmamos las tablas, brindamos por el que iba a ser nuestro primer Mundial y nos dormimos. Al rato y entre sueños, me pareció escucharlo pedir otra ronda.

Llegué al aeropuerto internacional de Doha el sábado a primera hora y después de acomodarme en uno de los apartamentos del Umm Besher Barwa Madinatna partí hacia el Fan Zone. Tocaba Maluma. Viaje en metro, caminata quilométrica, cola interminable para ingresar y una buena noticia: la venta de alcohol está permitida entre las siete de la tarde y la una de la madrugada. Como Dios da, pero también quita, el precio de la cerveza está fijado en cincuenta dólares cataríes, lo que vienen a ser más o menos unos quince euros. Todos y cada uno de los aficionados formaron una fila y, como toros en los San Fermines, salieron corriendo apenas se habilitaron los puestos para hacerse con la mayor cantidad posible de ellas.

Concierto de Maluma

El domingo comenzaba el Mundial y, como yo no tenía entrada y ya conocía el camino, decidí acercarme al Fan Zone para ver la ceremonia de inauguración y el partido entre Catar y Ecuador. Pésima idea. Los accesos estaban saturados y tanto los voluntarios como los policías parecían no tener la experiencia necesaria para este tipo de eventos. Así las cosas, entre empujones, gritos y corridas, terminé siendo empujado hacia un cordón policial. Los aficionados que querían ingresar empujaban para hacerlo y los policías que custodiaban el acceso lo hacían para impedirlo. Yo, que estaba debutando como corresponsal en un torneo de esta envergadura, lo estaba grabando todo. Otra pésima idea. Los empujones me hicieron quedar cara a cara con uno de los policías que formaban el cordón y que se dio cuenta de que lo estaba filmando. Con un inglés muy rudimentario y una mirada que nunca olvidaré, me dijo que eso no estaba permitido y que tenía que borrarlo. Me asusté, así que le pedí perdón. Justo en ese momento, se produjo una estampida que me hizo pasar por encima de ese policía y ser retenido por otro. «Yo no hice nada, yo no hice nada», le expliqué. No solo no me hizo caso, también me agarró del brazo. Pude haber usado la táctica que suelen emplear los corresponsales de guerra argentinos y gritar: «¡Maradona!» o «¡Messi!», pero me salió tomar mi credencial de medios y exclamar: «¡Press, press!». Me soltó y, para evitar cualquier otro problema, me fui.

Como fuera, me perdí la ceremonia de inauguración y terminé viendo el partido comiendo un shawarma en un restaurante local cercano a la estación de Doha.

El martes debutó la Selección Argentina y yo presencié mi primer partido en una Copa del Mundo. Llegados a este punto y antes de continuar, me veo obligado a aclarar un par de cosas. Los que me conocen saben que parezco y hablo como argentino, pero en realidad no lo soy. Nací en Estados Unidos, pero tanto mis padres como todos mis familiares son gallegos de Galicia. En Argentina, país en el que me crié y en el que actualmente vivo, se desarrolló mi amor por el fútbol. Primero con Boca Juniors y después con la Selección. Nunca olvidaré el primer partido de la albiceleste en el Mundial ’94. Me lo hicieron ver en el salón de actos de mi escuela. Tres goles de Bati y uno del Diego a Grecia, grito a cámara incluido, me hicieron convertirme en hincha de Argentina. Sí, a pesar de no haber nacido en ese país. Continúo.

Río de carne en el Fan Fest

Entrar al estadio de Lusail, donde Argentina iba a enfrentarse con Arabia Saudita, me emocionó. Ver a los jugadores calentar y escuchar a los hinchas cantar, me hizo lagrimear. Darme cuenta de que estaba cumpliendo uno de los sueños de mi vida me desarmó y rompí en llanto encerrado en uno de los baños. Del partido no hay mucho para decir, solo que Argentina perdió y a mí, entre el dolor y la rabia que me había producido la derrota, se me ocurrió hacer una gracia.

Como había ido al partido ataviado con una bandera de España en la cintura, y como también tenía la de Argentina, le pedí a uno de mis amigos que me grabase sacándome la celeste y blanca dejando a la vista la roja y amarilla mientras mirando a cámara decía que yo era español. Compartí el vídeo en redes y no tardó en viralizarse. Hasta aparecí en La Sexta, donde me tildaron de «argentino» y de «chaquetero». Amigos, familiares y ex compañeros de estudio y trabajo comenzaron a escribirme para felicitarme como sí haberme convertido en viral fuese algo reseñable y varios argentinos, que no pocos, a insultarme por dejar caer su bandera. Mi bandera. Nuestra bandera. Espero no tener problemas a mi regreso.

El miércoles jugó España contra Costa Rica y lo más destacable del encuentro, además del buen juego mostrado y la cantidad de goles, fue la cantidad de personas de otras nacionalidades que había en el estadio Al Thumamma con la camiseta de la selección. Ah, y que después de cada gol sonaba «Mi gran noche», de Raphael, y que la cantidad de mexicanos presentes hiciese varias veces la ola o cantase la mítica canción del Chucki Lozano.

El jueves, camino al estadio de Lusail, donde se enfrentaban Brasil y Serbia, unos brasileños quisieron pegarme. A mí, que nunca hago nada. La historia comienza en el hotel en el que se había juntado la “Torcida Brasileña” para beber alcohol, comer y bailar antes del debut de su selección en la Copa del Mundo. Como estoy haciendo coberturas para varios medios, allí me fui. Como la gente con la que vivo y trabajo tenía entradas para el partido y yo no, decidí irme solo hacia el estadio para grabar algunas cosas, cenar y tomarme el metro rumbo a mi hospedaje.

En el camino hacia el estadio, decía, me encontré con dos brasileños fanáticos del Flamengo y me puse a hablar con ellos. Que si el Flamengo le ganó a River la final de la Libertadores en 2019, que si Boca es el más grande de América, que si Maradona o Pelé, que si Adriano Leite era buenísimo en el PES 6, que si ellos habían estado en más mundiales… en fin, las típicas conversaciones que se producen en este tipo de eventos. En un momento, ya cerca del estadio, nos topamos con un grupo de brasileños que llevaban puesta la camiseta de Vinicius Jr y se pusieron a caminar delante de nosotros. Aunque nadie me preguntó, le dije a los brasileños que me acompañaban que Rodrygo me parecía mejor que Vini porque era más técnico aunque eso sí, menos desequilibrante. Inmediatamente, uno de los fanáticos del jugador del Real Madrid me increpó y amenazó con pegarme. Los brasileños que venían conmigo intercedieron y le explicaron que no había problema conmigo, que estábamos hablando bien. El tipo se dio vuelta y yo, sabiendo que mis nuevos amigos estaban para lo que hiciese falta, parafraseé a Santi Nolla con Zidane y Saviola y les dije: «Tampoco es para tanto, solo dije que yo prefiero a Rodrygo antes que a Vinicius». Otra vez se dio vuelta, otra vez me amenazó y otra vez volvieron a defenderme. Lo mejor vino después. Al parecer, el hermano de Vinicius formaba parte de ese grupo de amigos.

Hoy es viernes, y como todavía no tengo entrada para el partido entre Argentina y México, el objetivo del día será hacerse con una.

2 Comentarios

  1. Grande David, disfrútalo

  2. Pingback: La selección argentina tiene que proclamarse campeona del mundo, no cabe otro resultado

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