Atletismo

Mondo Duplantis cifra su techo y se recluye para alcanzarlo

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Armand Duplantis, en la final de pértiga del Mundial Ultimate de Budapest, 11 de septiembre de 2026. Cordon Press

Una leyenda recorre los comentarios en las noticias y las habladurías en la burbuja del atletismo en las redes sociales: Armand ‘Mondo’ Duplantis podría saltar 6,40 o 6,50 metros cuando le diera la gana, ya lo hace a escondidas, pero prefiere ir centímetro a centímetro por puro afán económico. Prioriza los euros a la gloria. «Mónaco es una ciudad muy cara», bromea Duplantis. Acepta la chanza. El periodista Andrea Buongiovanni le acaba de preguntar por esa manía de ir atacando el récord mundial de pértiga centímetro a centímetro y le dice eso de que los motivos son muy obvios. El público del teatro aplaude y ríe la ocurrencia de Mondo.

Estamos en el Festival del Deporte de Trento que organizó La Gazzetta dello Sport. Es 2 de octubre y el sueco cierra una temporada 2026 en la que ha intentado 18 veces sin éxito no tirar el listón cuando lo pone en 6,32 metros. Hasta en el Mundial Ultimate de Budapest, para el que compuso ‘Gold’, la banda sonora, que terminó cantando en el centro de la pista con menos fortuna que con la garrocha, se le resistió. 50.000 dólares que volaron, más las primas secretas de sus patrocinadores.

«Hay un malentendido. La gente se cree que voy allí, salto 6,40 metros en el entrenamiento, y voy poniendo el récord como quiero. No es verdad. Es exponencialmente más difícil. Cuando llegas a estas alturas, hay que hacer un salto completamente distinto a los primeros récords. Sé que un centímetro no es nada, pero conseguir subirlo 10 veces es un gran diferencia. Estoy muy orgulloso. Es muy difícil. Ha habido momentos en los que he podido saltar un par de centímetros más, lo admito, pero es parte del proceso. Yo amo la pértiga, tiene algo de exótico, de loco, de extraordinario. Cuanto más centímetros subo, más pongo el foco sobre este deporte, y eso es algo positivo. Sólo puedo asegurar que en los entrenamientos no salto 6,40m. Eso os lo aseguro, pero algún día lo lograré». Otro aplauso.

Duplantis no niega que le gusta estirar la posibilidad y ganar más dinero. ¿Y a quién no? Pero señala más motivos. Y desmiente a quiénes admiran tanto su genio único que creen que regatea su talento con planeada racanería  La verdad es que su camino hacia el cielo encuentra piedras, que tampoco el atletismo es una ciencia exacta. Que cada salto es imperceptiblemente distinto. Que a un récord en el que un palmo cabe entre su cuerpo y el listón le siguen 18 intentos errados. «Ni siquiera mis mejores saltos han sido perfectos. La perfección es inalcanzable y, aunque lo parezca, no soy perfeccionista. La pértiga es casi una forma de arte, algo acrobático y fluido a la vez, un movimiento donde cada intento te da algo diferente y tienes que responder a lo que ese salto te ofrece», contaba en abril a la revista Esquire.

Por eso su escalada sufre interrupciones. Duplantis empezó a superar a Renaud Lavillenie en 6,17 metros en Torun (Polonia). Era febrero de 2020. Una semana después, en su único récord logrado al primer intento, llegó a 6,18 metros en Glasgow. La pandemia sería el recurso más fácil para explicar por qué tardó 25 meses en elevarse un centímetro más, pero lo cierto es que superar 6,19 metros le llevó hasta 60 intentos –en un máximo, recordemos, de tres por competición– y, con las restricciones más suaves, compitió hasta 11 veces en el verano de 2020 y otras 17 en 2021, cuando conquistó su primer oro olímpico en Tokio.

Duplantis cogió velocidad. Sumó otros tres centímetros en 2022, un par de ellos en 2023, tres en 2024 y otros cuatro en 2025. Se atascó de vez en cuando. Necesitó acumular 15 intentos para saltar sobre 6,23m y 17 hasta los 6,25m, número redondo que conquistó con el segundo oro olímpico de París. Este año un único récord adorna su colección, los 6,31 que saltó en marzo en su propia competición, el Mondo Classic, que organiza en Uppsala, la ciudad sueca que alberga las esencias espirituales del mundo nórdico por su importancia en la era vikinga. De algún modo, es un gran frenazo en su progresión.

Uno de sus peores años desde que irrumpió en la élite mundial ganando el Europeo de Berlín 2028 con 18 años es uno en el que ha saltado hasta siete veces por encima de 6,15 metros, el techo que tocó Serguei Bubka. Así es su talento. También uno en el que ha roto una racha de imbatibilidad de casi tres años al perder en Estocolmo y Londres. En su ciudad, cinco días antes de su boda con la modelo Desiré Inglander. En Londres se tuvo que retirar con molestias en su muslo izquierdo. «Tiene a 30 familiares en la ciudad y sale todos los días, no sé ni por qué está aquí», dijo su amigo y rival Sam Kendricks para justificar su mal rendimiento en la parada sueca de la Liga de Diamante.

Los preparativos y emociones de una boda de estrella mundial, que llegó a vender a Vogue en exclusiva, y de la mudanza de Estocolmo a Mónaco, su nuevo hogar, sin bajar el ritmo de competiciones y un rival que ha crecido hasta hacerle sudar, el griego Emmanuíl Karalís, son razones poderosas para explicar la ausencia de récords durante el verano. Manolo, coetáneo de Duplantis, amigo desde las competiciones de la adolescencia, ha elevado el nivel esta temporada y con 6,20 metros se ha situado como el segundo pertiguista de la historia en llegar más alto. Cada vez se siente más capaz de ganar a Duplantis y no tiene miedo a subir el listón de cinco en cinco o de diez en diez centímetros con tal de ponerle en apuros cuando se quedan los dos solos. Eso ha dado más trabajo al sueco, que acostumbraba a celebrar la victoria sobre los 6 metros y gestionar los siguientes minutos según sus deseos: el récord de la competición primero, el del mundo después. Ahora Duplantis tiene que sumar intentos para garantizarse el triunfo. Karalís es una motivación, pero también un incordio.

Es tiempo de recalcular. Duplantis cumplirá 27 años en noviembre. No tiene ninguna prisa por la retirada. En Trento aseguró que aún se veía diez años más compitiendo, que podría llegar a los Juegos Olímpicos de 2036. No hay que olvidar que su ídolo es Renaud Lavillinie, que acaba de cumplir 40 tras un verano de salto en salto. El francés alcanzó su máximo con 27. Sergey Bubka tocó su techo con 29. El reloj corre en su contra en una disciplina donde la velocidad lo es todo. Sobre todo para Duplantis, tan capaz que sobre el listón toca de oído. Hace dos años le contaba a Gianluca Gazzoli que solo saltaba pértiga una vez a la semana, el resto del tiempo trabajaba carrera y fuerza. «Me entreno como un velocista que hace algo de gimnasia», resumía. Un tipo capaz de correr los 100 metros en 10,37 segundos sabe que su margen de mejora está en entrar aún un poco más rápido al cajetín, pero todas las evidencias científicas acuerdan también que el pico de máximo rendimiento en ese apartado llega entre los 24 y los 28 años.

Por eso, Duplantis tiene un plan. Le puede quedar una década en el atletismo, pero quizá no tanto tiempo para seguir rascando centímetros. Por eso ha renunciado al Europeo de pista cubierta de Valencia, en marzo, y también a la temporada invernal. Las competiciones bajo techo, sin el impedimento del viento, ofrecen condiciones más favorables. La mitad de sus plusmarcas han llegado así, a pesar de que el calendario ofrece menos oportunidades. Pero Duplantis prefiere sacrificar sus tres tentativas invernales para coger impulso. Regresará en primavera. «Este año he competido demasiado. Necesito un tiempo de relax, más estructurado para trabajar más la velocidad, la energía. Quiero hacer 6,40 metros en los próximos años y estoy creando un entrenamiento que me pueda llevar a ese objetivo. Es nuestro objetivo final», desvela.

Un invierno en la sombra para florecer en un camino hacia los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y alcanzar cielo al que él mismo ha puesto cifra. Quién sabe si dará tiempo a los astros se alineen y el récord, tan redondo, caiga en California. Duplantis suele superarse en los grandes escenarios.

El investigador sueco Ather Gattami estableció en un estudio que podría llegar a 6,51 metros. El pionero de la pértiga en España, Ignacio Solá, aseguró este verano en Eurosport que podría llegar a 6,50 metros. Duplantis dice a veces que no quiere ponerse límites, pero entiende la utilizada de fijarse una meta más realista, más cercana. Lo seguirá intentando centímetro a centímetro, pero sabe que tiene que darse prisa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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