Fútbol Femenino

El compromiso de DAZN con el fútbol femenino también se renegocia

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Elena Julve, del FC Badalona Women, ante el Granada CF en Palamós (26 de septiembre de 2026). Foto: © David Pastor Andres/SOPA Images vía ZUMA Press Wire.

En febrero de 2024, Rafa Nadal explicó a Ana Pastor que las deportistas debían cobrar más que los hombres si generaban más dinero. La frase tenía la contundencia de las cuentas claras, aunque la entrevista contenía otro argumento menos repetido, el de la necesidad de ofrecer las mismas oportunidades. Entre ambas ideas cabe una industria entera. Para generar ingresos hay que conseguir público; para conseguir público hace falta que alguien permita encontrarte antes de pedirte la tarjeta.

DAZN parecía entenderlo cuando adquirió los derechos de la Liga F en septiembre de 2022. El acuerdo ascendía a 35 millones de euros por cinco temporadas, hasta la 2026-27. Su consejero delegado, Shay Segev, anunció que quería convertir a las futbolistas, entrenadores y clubes en nombres familiares e inspirar a la siguiente generación. El comunicado corporativo presentaba a la plataforma como el socio perfecto. Una ambición considerable para un compromiso que acabaría revisándose antes de completar el calendario anunciado.

En el verano de 2026, con una temporada pendiente, aquel contrato dejó paso a un nuevo concurso. La fecha merece precisión y las acusaciones gratuitas sobran, puesto que un especialista consultado por la Cadena SER explicó que el acuerdo contemplaba la salida anticipada. La discusión pertinente está en la distancia entre el compromiso proclamado y la estabilidad proporcionada. En agosto, a menos de tres semanas del comienzo, la competición todavía estaba resolviendo quién la televisaría. Las jugadoras podían preparar la temporada; sus clubes debían preparar también la incertidumbre.

El desenlace tiene interés. DAZN volvió a hacerse con los derechos. El 19 de agosto, la Liga F anunció que emitiría los ocho encuentros de cada jornada durante tres temporadas, mientras RTVE y TV3 ofrecerían cuatro en abierto. La plataforma continuaba dentro después de que la competición hubiera tenido que sacar nuevamente al mercado un año previamente vendido. Para los departamentos de comunicación, aquello podía presentarse como una renovación. Para quienes necesitan presupuestar una temporada, el rodeo resulta bastante menos elegante.

Las cifras también piden limpieza. Los cinco millones por temporada para el paquete de pago y los dos millones para el abierto eran precios de reserva del concurso. La primera ronda terminó sin ofertas que los alcanzaran; el importe definitivo no se hizo público. Así lo explicaba 2Playbook. Presentar esas cantidades como pagos confirmados convertiría una crítica justificada en una contabilidad imaginaria. El secretismo económico, por cierto, contrasta con la facilidad para publicar declaraciones de entusiasmo.

La audiencia tampoco estaba desplomándose. Según la propia competición, la temporada 2025-26 reunió 7,5 millones de espectadores acumulados, un 11,2 % más. El crecimiento coincidió con la ampliación de las emisiones en abierto. Esa cifra necesita su apellido, acumulados, porque no equivale a personas siguiendo simultáneamente un partido ni a suscriptores dispuestos a pagar. Describe, eso sí, una competición cuya exposición aumentaba mientras su acuerdo televisivo perdía estabilidad. Despacharla como un producto que no interesa exige ignorar una parte molesta de los datos.

Sería injusto borrar lo invertido por DAZN o sus iniciativas gratuitas, puesto que en 2024 ya ofrecía tres encuentros por jornada sin suscripción, mediante registro. Precisamente por eso cabe exigirle una explicación más ambiciosa que la rentabilidad inmediata. Una compañía que se presenta como constructora de audiencia acepta una responsabilidad en el resultado. Si los espectadores crecen y el negocio sigue sin funcionar como esperaba, también merece examen su manera de distribuirlo, promocionarlo y venderlo.

Los problemas económicos existen. En 2024-25, los clubes ingresaron 56,6 millones y acumularon pérdidas antes de impuestos de 16,2 millones, según el informe del Consejo Superior de Deportes recogido por 2Playbook. Cuatro de los dieciséis cerraron con beneficios. La asistencia rondó las 1650 personas por partido. Son cifras que piden gestión cuidadosa, calendarios razonables y paciencia; los llenos extraordinarios todavía no describen la rutina de las gradas.

Ganar un Mundial y dos Ligas de Naciones tampoco convierte automáticamente cada jornada doméstica en un acontecimiento. El éxito deportivo abre una puerta; atravesarla comercialmente requiere trabajo. Y la profesionalización necesita sostener salarios y estructuras mientras se forma esa costumbre de ver partidos. Exigir que toda esa transformación produzca beneficios con rapidez puede acabar castigando precisamente a quienes se prometía impulsar.

La televisión pública aporta continuidad y acceso. DAZN conserva su oferta de pago y puede seguir proclamando su compromiso. Sería saludable que el próximo comunicado incluyera indicadores verificables de ese compromiso, como la inversión promocional, la audiencia conseguida o la permanencia. Las futbolistas ya tienen un marcador donde rendir cuentas cada domingo. A sus socios audiovisuales también les vendría bien uno.

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