Ciclismo

Fiestas swinger, venganzas y top models noventeras: Pogačar gana su quinto Tour de Francia

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Tadej Pogačar e Isaac del Toro (Foto: Cordon Press)
Tadej Pogačar e Isaac del Toro (Foto: Cordon Press)

Cinco.

Cinco Tours de Francia. La mano, el pentáculo, los Carlos que son el primer Carlos. Cinco Tours. Efeméride gloriosa, una que solo se vio otro póker de veces desde que existe la Grande Boucle, 123 añitos ya (no me toquen los Armstrongs, se lo ruego). Tadej Pogačar lleva una (otra) campaña sideral, una (otra) con tres Monumentos y un pódium. Más Suiza, más Romandía. Más el Tour, claro. Franc Abulnar, pinta de estibador, seguro que pelo en los hombros, tendría orgullo. Abulnar fue, año ominoso de 1936, primer ciudadano de Eslovenia corriendo la Grande Boucle. Solo que entonces defendió los colores del Reino de Yugoslavia. En fin, historias.

La de Tadej Pogačar es grande, muy grande. Y sin embargo no pareciera levantar mucha expectación este último logro. Entre intentonas de Roubaix, sprints por San Remo y récord que caen lo del quinto Tour (vuelvan a leer, un quinto Tour) se daba casi por seguro. Y no. Pero sí.

Estas paradojas tiene, hoy, el emperador del deporte mundial.

Cómo honrar un mito

Empezaba el Tour por Barcelona, porque últimamente los Tours de Francia se marchan fuera de Francia para meter atracos y trincar perras. Al menos hubo estampas cuquérrimas e interés medio en una crono por equipos que no fue crono por equipos, y en la llegada a Montjuic. Victoria de Vingegaard (o de su escuadra, no sé muy bien), victoria para Isaac del Toro. Contexto…

Jonas Vingegaard volvió a vestirse con el jaune tres años después. Lo último que hizo color piolín fue meter un Combloux estratosférico y dejar a Tadej Pogačar con aire meditabundo, reflexionando sobre si merece la pena perder el verano en inventos fuera de su alcance. Cómo cambia el cuento, macho. Ahora es Vingegaard quien busca calendarios insólitos, maglias rosas conquistadas al peso, maillot rojos sobre dos neveras del Cadena Cien. Seguro que hay enseñanzas ahí…

El segundo día, dije, fue trascendente, porque resulta prefacio a nuestro Aquiles y Patrocolo, a nuestro Alejandro y Hefestión, a Ennis del Mar y Mark Twist, a sus colegas cuarentones, esos que recién se divorciaron y ahora salen muchísimo juntos. Montjuic era el primer capítulo de Topacio, el primer beso de Crepúsculo, cualquier miércoles en Al Salir de Clase. Un bromance en ciernes, uno de intensidad gruesa, uno con aire Cincuenta sombras de Grey, tufillo de dominación, de «hasta aquí llegas». Isaac del Toro se estrena en el Tour, con Tadej pastoreando cual border collie (ese mirar nervioso, ese ansia para que pasen cosas) y haciendo numerito final. Aun no lo sabíamos, pero nos esperaban muchas de esas.

Tadej Pogačar (Foto: Cordon Press)
Tadej Pogačar (Foto: Cordon Press)

(Ganó al día siguiente Pogačar, y hasta pilló el amarillo. Ya es tercero, tras Le Blaireau y Merckx, en esa clasificación. En la de parciales deben sumen un intrascendente Cavendish a los dos monstruos).

La Grande Boucle terminó, en lo que se refiere a la lucha por el primer puesto, allá por La Mongie. Subiendo Tourmalet, auténtica leyenda de este deporte que tanto gusta maltratar, minusvalorar y dejar olvido en sus leyendas. Pero a veces… Y esta fue una. Con final tras falso llano tipo Aprica, Tourmalet pasa a la colección de recuerdos para el Pogačarismo Ilustrado. Paterberg, Cipresa, Grappa, Los Machucos, Romme, Plateau de Beille, Hautacam. Faltaba el mito de mitos. Y llegó. Fue fácil, o al menos parece que fue fácil. Quedan casi cincuenta kilómetros, queda lo más duro del puerto, entra del Toro, hace cien metros epatantes, despega Tadej. Game Over, fermé, S´acabao. Empieza, allí, el show de Tadej Pogačar, más superior que nunca, menos depredador que otras veces. Moviendo desarrollo imposible con más soltura que Tarangu en la cuesta del Villalonso, haciendo muecas como Buster Keaton en un funeral, las manos sobre los frenos, la espalda moviéndose cual péndulo a punto de echarse a dormir. Pero avanzando, avanzando más de lo que nadie nunca hizo en este bendito rollo. Minutos en la llegada, el quinto a wikipedia…

A por Tadej no sale Vingegaard (mira hacia otro lado, no amaga, termina con aires ullrichescos en Beille´98), y tampoco Seixas. Lo primero pareciera epílogo, lo de Paul quizá prologue. Paul Seixas tiene, por si ustedes no lo saben, diecinueve añucos. Quedó cuarto en todo un Tour de Francia tras haber hecho primavera gloriosa. A sus diecinueve añucos (a los de usted, lector o lectora, a los de quien escribe) hacer una primavera gloriosa era salir de fiesta, no palmar muchas en la uni y, con suerte, tocar zagal o zagala. Y él mira… Sucede que trae tantas expectativas, hay tanto anhelo de novedades, que a muchos les pareció poco su Tour. Decepción… no, pero sí correcto, sin más. Y es con más. Con mucho más. Que yo recuerde nadie lo hizo mejor antes de los veinte (quiten a Henri Jardy, cuando Antonin Magne se cagaba en los pañales), que yo recuerde nadie tuvo tanto protagonismo antes de poner un “dos” a los añines. Es, desde cualquier punto de vista, acojonante. Y una promesa sideral, una que transpira amor propio, grandeur

(Aunque no atacase demasiado, tú).

Hubo también, por estos días, sprints. A veces competidos (competidos de llegar compitiendo), a veces regalados (regalados de llegar con regalo, sin oposición, sin mayor amenaza que una escapada de, no sé, Germán Nieto). En los primeros destaca, como casi siempre, Mads Pedersen, un tío que dignifica su profesion. Etapa en Foix, cien fugas, dosmil refriegas, trabajando para sus (no) líderes, rapiñando puntos para el verde a reprises contra los Miguel Ángel Iglesias de turno. Imposible no quererlo. Imposible no caer en comparaciones con gente como Kooj, Merlier (este por partida triple), Philipsen o John Cena disfrazado de Søren Wærenskjold. Todos ellos tuvieron un Tour exitoso (muy exitoso, si te llamas Tim), un Tour exitoso que nadie recordará en tres meses (bueno, salvo sus representantes). El ciclismo es un deporte arcaico, un deporte de digestión larga, uno que huye de higlights y mierdas tipo Kings League, uno que a veces tarda veintiún días en ver su resolución. Un deporte, en suma, con difícil acomodo a los tiempos que corren, con difícil enganche para la juventud poco atenta. En esa tesitura, desaprovechar horas de tele con tedio y siestitas es un lujo que no nos podemos permitir… Hay que repensar estos rollos.

Paul Seixas (Foto: Cordon Press)
Paul Seixas (Foto: Cordon Press)

¿Saben de quién nos acordaremos dentro de tres meses? De Mathieu van der Poel. De Mathieu van der Poel en el barro, de Mathieu van der Poel en Monumentos, de Mathieu van der Poel ganando por la Grande Boucle. Mathieu van der Poel es el reverso luminoso de los sprínters… es carismático, es hermosísimo sobre la bici, es luchador y resiliente. Mathieu es una leyenda que agradecemos poder mirar hoy. Su etapa es justo premio para un ciclista que no deja indiferente a nadie.

(Su única etapa, sí. No hablo de critériums nunca, y no haré excepciones por muy bonito que salga, por mucho Montmartre, Amélie Poulin o Tullerías que me pongan. Si no hay tiempos es un critérium).

El final de una era

Tadej Pogačar siempre saluda en la escalera. Tadej Pogačar ayuda a las viejecitas para subir la compra. Tadej Pogačar recoge su habitación antes de salir, conduce sobrio cuando vamos a comer, dice “por favor” y “muchas gracias”. Tadej Pogačar sonríe, corrige micromachismos, recicla, adoptó a tres perros y dos galápagos. Así que sí.

Tadej Pogačar es un puto psicópata.

Porque Tadej es Petrović mejor educado, es Grbovic escondiendo las tijeras, es Đorđević en el Palau, pero con pelo. Bajo la imagen de chico tierno y abrazable esconde un corazón puramente balcánico, uno al que le va la marcha, uno que rememora afrentas durante tres generaciones o más. Tadej Pogačar nació con el nombre de Vito Andolini, y jamás olvida. Aunque luego haga cucamonas en el pódium, aunque abrace a sus (cada vez menos) némesis.

En el mundo de Tadej Pogačar solo caben victorias de Tadej Pogačar. Asi que cuando algo se tuerce… en fin, hay que volver el universo a su sitio.

Como en Le Lioran.

Le Lioran es el último Trasimeno de Tadej Pogačar. Después llega Montmartre, sí, también Roubaix, cositas menores. Pero Le Lioran dolió. Por ser ante Jonas Vingegaard. Por perder lo ganado en una cabalgada. Por meter dudas, maledicencias. El otro es mejor. El otro escala más, se adapta al Tour. Gastas demasiado en primavera. Nunca más de amarillo en París.

Y eso Tadej lo recuerda. Porque, como cualquier psicópata, a Tadej Pogačar le cuesta el olvido. Igual que Merckx, el tío de las 500 victorias, recordaba mejor cualquier derrota. Igual que Hinault aun casca nueces con los dedos cuando escucha Superbagnéres. Los dominadores (un escalón por encima de los campeones) son así.

Check. Vendetta. A otra cosa. Que nadie ose toserme. Ganar, destruir.

Domeñar.

Juan Ayuso (Foto: Cordon Press)
Juan Ayuso (Foto: Cordon Press)

La segunda semana del Tour tuvo recorrido pelín infame (como toda la Grande Boucle, que solo traía una etapa en condiciones, y llegaba el último sábado) y resoluciones bien cucas, porque las resoluciones han sido bien cucas. Fue, también, cuando conocimos a los sospechosos de cada julio, esos ciclistas que ves en sobremesa por la tele, los que acabas conociendo mejor que al profe de Derecho Administrativo. Así que inicias relaciones más o menos sólidas con tipos que se llaman Pedersen, o Sepp Kuss (este casi te da un disgusto pasando Sarenne), Pablo Castrillo, Raúl García Pierna (gran Tour el suyo), Paret-Peintre (Kate Moss en bici, maillot patrocinado por ozempic) o Mauro Schmidt. Algunos trincan premio, otros no, pero se les coge cariño. Ah, por allí anduvo, también, nuestro admirado Ben Healy. Ben Healy, con sus pintas de tener resaca espantosas, Ben Healy, con esa caruca de «me hago uno y bajo». Ese Ben Healy. Ganas pero no demasiadas fuerzas. Ha perdido en un año, Bean Healy, más que una clínica de bótox si cerrasen instagram.

Pero queremos tanto a Ben Healy…

La noticia de esta segunda semana fue, sin duda, un final de era. Caída de Jonas Vingegaard, pinta feucha, mano al hombro, me he visto cientos. Clavícula y para Copenhague. Por primera vez en un lustro no serán Tadej y Jonas primero y segundo del Tour, y nunca antes se vio tal dominio por una pareja. Pero es que, mirando a futuro, analizando rendimientos, estudiando declaraciones, suponiendo suponeres, cotejando palmarés y calendario… En fin, que aquello me supo a despedida. No sé si de la Grande Boucle, pero sí de la «gran» Grande Boucle.

Veremos.

Ah, también marchó para casa, en la crono, Lipowitz. No fue culpa suya esta vez (o sí, otros pasaron bien por ese sitio), pero es que Florian es un paisano desesperante. Piernas de caballo, cerebro de mosquito, dijo Luis Ocaña de Bernard, y este… No sé si no maneja bien códigos ciclistas, si naufraga tácticamente, si no lleva los patitos en fila, si no es el lápiz más afilado del estuche, si es un coche de tres puertas, si le falta la patatina pa´l kilo. No sé. Pero hace cosas raras. Y la otra opción es que sea un ególatra que corre, antes de nada, contra sus compis. Así que prefiero pensar lo de la patatina, porque soy muy respetuoso…

Ese día ganó Remco Evenepoel. Seguro que repite.

Flamencos con tila, eslovenos con capazo

En Solaison, por ejemplo, en el capítulo más tórrido (al menos hasta entonces) del bromance Tadej-Isaac. Con Pogačar haciendo lo posible e imposible para dejar bien claro, para que todo el mundo viese, para que nadie llevase a error (repasen la entrada «Pogačar psicópata») que él podía ir más rápido, que podía marcharse solo, que los amores son bellos, sí, pero poner caritas y hacer gestos de dar un paseo con Tito y el Piraña también mola mucho. En fin, lograron pódium, pero estas imágenes saben regu…

Lenny Martínez (Foto: Cordon Press)
Lenny Martínez (Foto: Cordon Press)

Pero ganó Remco, dije, y ganó en montaña, que no es poca cosa. Y subió al pódium, e hizo segundo, y se puso a pasar facturas (tú, tú, tú, tú también, so gordo) a los que no confiaban en su desempeño francés. Pasa que Remco tuvo piernas grandes, pero actitud de «ases-doses». Pasa que es un chavalín airado, colérico, alguien siempre a punto de estallar, pasa que es Francis Begbie, que es Tommy de Vito, que es Steve Austin… Pasa que con Remco sales de fiesta y, joder, sabes que vuelves a casa con historiones, pero también un par de magulladuras, alguna denuncia por agresión y dos o tres cristales en los nudillos. Y, eh, por mí perfecto, porque el ciclismo es sitio de malhostiaos. Por eso guay, Evenepoel.

Por eso me jode, me jode muchísimo, que en julio se ponga hasta las cejas de Focusin. Que venga calmado, al menos en el desempeño deportivo. Que solo regale malos modos a periodistas y cámaras, pero nunca disponga más allá de lo evidente. Que me prometan Tiburón y me llegue Flipper. O Liberad a Wally, vaya. Es un paso adelante en su carrera, este Tour… pero también es una demostración (casi) empírica de que quizá el Tour le queda lejos…

Ya ven, qué paradoja.

Otros dos nombres de estos días finales son Richard Carapaz y Juan Ayuso. El español para mal, porque se calza un declive que ríete de Ronaldinho. Va de aguante en aguante hasta la petada final. Folclórico ante los reporteros, como siempre (es culpa de otros, el profe me tiene manía), tuvo la raza de comportarse en gran campeón camino Sarenne. No borra lo de antes (ni la Vuelta charlotesca de 2025) pero da esperanzas. Ahora volver a Andorra, descansar y a por la ronda que se celebra al sur de su patria.

En cuanto a Carapaz… en fin, es difícil sobreestimarle. En rendimiento, protagonismo y resultados puede ser el segundo mejor ciclista de este julio. En perspectiva histórica quizá es el mejor latinoamericano de siempre. Y luego que tiene cosas antiguas, arcaicas, cosas que nadie más se acuerda ya de hacer, pero que a él le sirven. Tirar como un perro para mantenerse a vista de Kuss durante kilómetros y kilómetros (eso también provoca fallos). Hacer ataques martinfarfánicos de mecha corta y alcance discretito. Llevar la cara de mala hostia más cara de mala hostia en todo el pelotón. Ausentes los soviéticos (ahí Abdou y Piotr eran inigualables), Richard defiende a quienes vemos la vida con ceño fruncido. Y lo mola todo. Dos etapas, montaña, combatividad, arrobas de carisma (carisma callado, carisma de sudor y no de videos para imbéciles en tiktok). Grandeza. Ojalá le ponderásemos como debe, a Richard, pero sale poco en los periódicos porque cambió de equipo…

Tuvo más temas, este final de Tour. Tuvo una intoxicación alimentaria en los compìs de Tadej, que hacían cola por los váteres franceses, que iban dejando regalines en cunetas y autocaravanas. El mismo líder salió con coulotte negro algún día, por si acaso. Entre eso, un control antidopaje a horas intempestivas (un control antidopaje autorizado por un juez, con lo que eso debiera significar) y el récord estratosférico de Alpe d´Huez (meca de los gilipollas, templo sagrado de quienes solo quieren mamarse, Agartha de móviles y analfabetismo) pues hubo cierto runrún alrededor de Tadej. Runrún del que ustedes imaginan, porque ya sabes… De los futbolistas nadie dudó nada en el reciente Mundial, por cierto. Pero oye, que tenemos más tiros en esto de las bicis que una fiesta de Mötley Crüe, y tampoco nos pilla escandalizaos. Servidor a estas alturas de su existencia no pone la mano en el fuego ni por Steve Rogers, pero tampoco sacaré las antorchas por gusto. Entiendo las cejas enarcadas, pero muchas obedecen a factores y actuaciones que extralimitan, por mucho, la razón supuesta de tal enarcamiento. O, dicho de otra forma, que subieron Alpe d´Huez muy a toda pastilla, pero explicar esa pastilla solo por las pastillas obvia elementos tecnológicos, científicos y nutricionales. Elementos que, creo sinceramente, existen, y pesan. Así que seguiré aquí, con la mirada de Nils Holgersson al final de la serie, porque el chaval cínico del primer capítulo era un imbécil de cuidado…

Y eso, que nos faltaba Sarenne, y Sarenne confirma algunas cosas. Confirma que Seixas no llega al pódium (cuando tenga la edad del ganador será el año 2033… esa es la magnitud de su proeza), confirma que Lenny Martínez da menos la cara que Bebeto en un penalty en el 91, propone menos que Sonia Monroy en un trivial, tiene menos amigos que Robert the Bruce por Cornualles. Buen desempeño, el de Lenny, pero es uno de esos ciclistas a los que se hace complicado bancar, oigan…  Y, por último, en Sarenne tiene Tadej ganas locas de montar un Borodino, pero se queda cuidando de los chavales, haciendo la merienda y fregando después vajilla. Tiró, en este Tour de Francia, mucho más tiempo Pogačar de Isaac que del Toro de Tadej. Pero muchísimo más. El pentacampeón gregariando por un pódium ajeno. Como hacía Merckx con van den Bossche, como hizo Anquetil con Rudy Altig, como Hinault a Greg Lemond… Relean. No. Pues aquí sí. Qué quieren, salió todo perfecto, Pogačar no abona un margarita en México hasta que se muera, del Toro pondrá morritos por los Elíseos… Pero a mí no me gustó. Me pareció indigno, una imagen fea, una humillación para el maillot amarillo. El intenso bromance acabó en una fiesta swinger donde Tadej pagó las copas, dio charla, planteó asuntos… y luego se quedó solo en un lado, comiendo cacahuetes. Vestido con la prenda más sagrada de este sagrado deporte.

Moderneces, en fin…

Con todo… gloria a ti, rey Tadej Pogačar. Empieza, hoy, el obstáculo más imposible en las bicis.

Empieza, hoy, el sexto Tour.

Cacas, coulottes negros y espantos

Alpe d´Huez: récord, Pantani, subnormales

Sarenne y las imágenes para más de 18 de del toro y pogacar. Pogacar exibiendo ganas de montar un Borodino. Del toro ha tirado menos que ayuso, y mira lq euse montó. Podium, pero fisuras. Corredor raro. Cuando cede seixas tampoco tira ni un segundo para que Tadej gane la etapa

Montmartre. Recorte y sin tiempos en meta. Criterium

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