
El fútbol es un juego, eso ante todo, por eso las matemáticas, las proyecciones y los cálculos tienen un valor subjetivo. Todo depende de múltiples variables y todas ellas están vinculadas entre sí. Ferran Torres ha sido el héroe de España en el Mundial, pero tras una actuación cuestionada contra Cabo Verde, tuvo que salir desde el banquillo. Cierta afición y la prensa ya le habían puesto en el punto de mira.
Su gol en la final fue incontestable. Había que seguir esa jugada, que se conoce que no era tan intuitiva, puesto que Giuliano Simeone la vio tan fuera que se puso a arreglarse las medias. Sin embargo, no fue un gol que requiriera de una técnica excelsa. Esa cualidad la pudimos ver en su asistencia a Merino contra Portugal. Ese pase medido al área que abría una defensa muy bien cerrada, fue un caño a Rúben Dias.
¿Posibilidades de que eso ocurra? Pocas, pero ocurrió. Más de un aficionado español piensa que España le ha privado a Portugal de dos mundiales. Los partidos contra el vecino ibérico han sido los más disputados en las dos ocasiones en los que España ha ganado y posiblemente los que más le han costado, más incluso que las dos finales, contra Países Bajos y Argentina, por duras que fuesen. Pero ahí estuvo el detalle, en un caño.
Sin embargo, nada era casual. Esta temporada ha sido la de la consolidación de Ferran en el proyecto de Hansi Flick, donde su polivalencia como extremo por ambas bandas y como delantero centro le han convertido en un comodín imprevisible. Tras muchas dudas, por fin ha contado con minutos y ha alzado el olvidado trofeo Zarra, junto a su compañero Lamine Yamal, que distingue al mayor goleador español de La Liga. En la Copa del Rey, de hecho, fue el protagonista absoluto.

El jugador venía de una trayectoria ascendente, que podría haber sido espectacular si no hubiera sido, como lo bautizó El Mundo Deportivo, El rey del poste. En febrero llevaba seis. Su rendimiento fue lo suficientemente reseñable como para que el Barça decidiera ofrecerle la renovación de un contrato que expira el 30 de junio de 2027, pero que no puede abordado hasta septiembre por el fair play financiero tras los fichajes. En su contrato se dice que hay que pagarle siete millones si renueva, una cifra importante y que dejaría tieso a Laporta para firmar incorporaciones. Entretanto, el PSG parece que ha mostrado interés en agenciárselo y tener en su plantilla a dos españoles de lujo, Fabián y él.
Lo cierto es que a Ferran le ha costado cuatro años explotar de verdad en el Barça desde que llegó a mitad de temporada en la 2021-22. Su juego en equipo fue excelente, entendió perfectamente el concepto y se entendió con los compañeros, pero si se le cuestionó por algo fue por su definición. Le llaman Tiburón, pero a veces le ha faltado colmillo. Aunque el mérito quizá haya sido de Flick, que fue quien lo puso de delantero centro y logró que aparecieran en el acto sus virtudes. No fue idea suya, antes también colocaron esa pieza en ese punto del tablero Luis Enrique y, cómo no, Guardiola.
En el Manchester City, club al que llegó con 20 años, Guardiola nunca lo tuvo por un titular indiscutible pese a soltar 23 millones al Valencia por él. Tampoco era fácil tener minutos en una plantilla en la que estaban Sterling, Mahrez, Bernardo Silva, Foden, Gabriel Jesús y Agüero, pero su eficacia sí fue de crack. Consiguió un gol cada 140 minutos, un registro importante teniendo en cuenta su edad. La idea de Flick de emplearlo como 9 fue la misma que había tenido Guardiola años atrás.

No faltaron hitos importantes. Un hat-trick al Newcastle con un gol espectacular de tacón y una racha en Champions propia de Mbappé o Haaland. No obstante, los analistas apuntaron que no era un talento individual como el jugador prototípico de ese club. Rendía bien, era eficaz, sí, pero ante todo dependía del juego colectivo. Su instinto no era de cocinarse las jugadas para hacer su gol, sino que sobre el campo tiene una mentalidad táctica, piensa en colectivo, y no saber hacer la guerra por su cuenta.
Una lesión jugando con España fue lo que le sacó de la ecuación en Inglaterra y, cuando se recuperó, ya estaba ahí el interés del Barça. Guardiola tiene fama de no poner impedimentos cuando un jugador quiere irse de su vestuario y en este caso así lo expresó en los medios. Reveló que Ferran quería irse y el club, que lo había fichado por 23, lo vendió por 55. Se podría decir que se fue con un lacito. Aparte, el nivel ofensivo hombre por hombre que tenía el City en ese momento era imbatible.
Ahora surgen rumores de que Ferran no está a gusto en el Barça, pero las dudas sobre su juego no se han disipado. La selección española, un equipo en el sentido más profundo de la palabra, era el lugar ideal para su forma de entender el juego. Y pocos equipos hay más parecidos a La Roja que el FC Barcelona. Quizá solo el PSG de Luis Enrique, que es precisamente quien parece que trata de seducirlo. Su mentalidad, esquemas y escuela ahora mismo son muy similares. Y ahí surge la gran duda, si su destino fuese otro club ajeno a esta filosofía ¿Podrá Ferran triunfar fuera de estos contextos, puede un tiburón cazar fuera del agua?

