
John Terry ha repasado en un podcast indonesio los años que compartió con José Mourinho en el Chelsea, ahora que es el nuevo entrenador del Real Madrid con la difícil misión de enderezar el errático rumbo de los últimos años. El excapitán inglés recuerda la llegada del portugués al club en 2004 como un aumento salvaje de la exigencia diaria en los entrenamientos.
Terry dice que la primera vez que vieron al portugués tenían miedo porque venía de ganar la Champions con el Oporto y eso imponía: «Estábamos todos viendo la rueda de prensa juntos, y él sale y dice: soy el especial. Los jugadores pensamos: madre mía, estamos en problemas, este va a ser muy estricto. Acababa de ganar la Champions League con el Oporto. Nos quedamos mirando pensando que parecía un tío muy poderoso, y evidentemente acababa de ganar un trofeo enorme. Pero en el momento en que entró en el edificio del Chelsea, todos nos enamoramos de él, la afición, los jugadores. Fue increíble. Hacíamos sesiones de entrenamiento que hoy en día todavía no veo hacer a ningún entrenador. Por la forma en que trabajaba tácticamente, por cómo conocía al rival, de verdad que es un tío increíble, un entrenador increíble y un amigo increíble para mí».
La llegada de Mourinho era un capítulo más dentro de un proceso más amplio. Roman Abramovich había comprado el club en 2003 y había empezado a elevar el nivel general. Con la llegada del entrenador portugués, ese salto se completó y el Chelsea pudo fichar a los mejores futbolistas del momento: «El nivel pasó de aquí a aquí cuando llegó Roman, y luego, cuando fichó a Mourinho, Mourinho llevó los estándares de aquí a aquí, y pudimos fichar a los mejores jugadores. Mourinho fichó a Drogba, a Petr Cech, a Paulo Ferreira, a Ricardo Carvalho, a todos esos chicos, y trajo a todo el mundo al club para darnos la mejor oportunidad de ir a ganar la liga»

Los resultados llegaron rápido. El Chelsea ganó la Premier League dos temporadas seguidas y, según Terry, aquello cambió el equilibrio de poder en el fútbol de Inglaterra: «Ganamos la liga dos años seguidos, algo que primero es muy difícil de conseguir, y además romper el mercado de esos otros equipos fue una declaración muy importante dentro de la Premier League. Creo que eso puso a la Premier League en el mapa a nivel mundial».
La puerta a cero como garantía de calidad de Mourinho
La obsesión de Mourinho por no encajar goles marcó a toda la plantilla. Terry estaba encantado, cuenta, ese era un estilo que le entusiasmaba como central: «Es perfecto para mí, es perfecto. Me encanta, sin goles, porterías a cero. Y así era también en los entrenamientos. Incluso cuando jugábamos algo pequeño, un cinco contra cinco, si encajabas un gol, uno solo, madre mía, se ponía a gritarte a la cara: tienes que hacerlo mejor, esto no es suficiente. Ese nivel de exigencia, encajar un solo gol en un entrenamiento cuando normalmente encajas veinte goles en un partidillo reducido, para él era tan importante que tenías que entrenar todos los días al máximo nivel posible. Los estándares pasaron de aquí a aquí y los jugadores mejorábamos semana tras semana».
Con esa exigencia, empezaron a batir récrords. El Chelsea de Mourinho encajó apenas quince goles en una temporada de Premier League. Terry habla de esa marca con orgullo: «Solo encajamos quince goles en una temporada. Es el récord, y espero que ese récord nunca se supere. Espero que no se rompa nunca, porque es un récord del que estamos muy orgullosos».
El propio Terry recuerda que aquel bloque defensivo no se explicaba solo por los centrales y el portero. Mourinho tenía planes para todas las posiciones: «Mourinho exigía eso también a los centrocampistas, no solo correr hacia adelante y marcar, sino volver atrás y ser realmente sólidos como equipo».

Preguntado por el mercado de fichajes actual, Terry vuelve a poner a Mourinho como ejemplo de entrenador que conocía exactamente qué jugadores necesitaba y que además se implicaba de forma directa en cada operación: «Tienes que confiar, y aquí es donde todo vuelve a la propiedad y al entrenador. Si esas dos cosas funcionan, esos dos van a conseguir a los jugadores adecuados. No te encuentras con un jugador y piensas que lo habéis pagado de más, porque esos entrenadores conocen a los jugadores y conocen el nivel que necesita ese club en ese momento. Miras atrás, a cuando llegó Mourinho, trajo a Drogba, a Petr Cech, a Paulo Ferreira, a Ricardo Carvalho. Él sabía que esos chicos estaban listos, pero además era él quien se implicaba directamente en los fichajes».
Una llegada profética
Terry cree además que la llegada de Mourinho al Chelsea estuvo marcada por el azar. Todo se remonta a una eliminatoria de la Champions League de 2003, cuando el Chelsea cayó ante el Mónaco en semifinales, el mismo torneo que acabó ganando el Oporto de Mourinho: «Conocía a Mourinho de antes, porque el año en que el Oporto ganó la Champions League nosotros jugamos contra el Mónaco en semifinales y perdimos. Si hubiéramos ganado al Mónaco, habríamos jugado la final contra el Oporto. En esa semifinal, el Mónaco se quedó con un jugador expulsado, deberíamos haber ganado ese partido, y si lo hubiéramos ganado, habríamos eliminado al Oporto. Así que si Mourinho no gana la Champions League en 2003, creo que quizá nunca llega a ser entrenador del Chelsea. El hecho de que perdiéramos contra el Mónaco, y que el Oporto siguiera adelante y ganara la Champions League, tiene como una conexión ahí. Si el Chelsea gana esa eliminatoria, quizá Mourinho no gana la Champions League, y entonces quizá no llega a ser entrenador del Chelsea. A veces pienso que estas cosas están planeadas, que están escritas».
Pese a la disciplina táctica, Terry destaca la libertad que Mourinho concedía a los futbolistas una vez empezaba el partido. El entrenador confiaba en el criterio de sus jugadores dentro del campo, no era alguien que agobiase con la pizarra: «Tuve entrenadores de primer nivel como Mourinho que nos daban libertad para actuar en el campo. Como jugador, cuando estás en el terreno de juego tienes toda la información táctica, pero algo pasa y las cosas cambian, y lo ves, y tienes que adaptarte. Mourinho podía decirte no vayas por ahí, pero el peligro estaba ahí, así que tenía que ir, y luego él y yo hablábamos de eso después. Tienes que dar esa libertad a los jugadores, confiar en lo que hacen, no un sistema demasiado rígido».

Terry compara también el carácter de Mourinho con el de Carlo Ancelotti, el otro gran entrenador con el que ganó títulos en Stamford Bridge: «Vi tantos entrenadores distintos, como Mourinho y Ancelotti, entrenadores de primer nivel pero con caracteres muy diferentes. Uno un poco más agresivo, el otro más tranquilo, y los dos tuvieron éxito en todo el mundo».
En el caso del Chelsea actual, para el excapitán, el club necesita hoy un perfil de entrenador parecido al que llegó en 2004, alguien capaz de liderar desde el primer día y de imponer un nivel de exigencia inmediato al vestuario: «Miro la era de la Premier League, miro a los mejores equipos. En el Manchester United estaba Alex Ferguson al mando. En el Arsenal estaba Arsène Wenger al mando. Pep Guardiola estaba al mando en el Manchester City. Jose Mourinho estaba al mando en el Chelsea. Todos estos entrenadores tenían el control absoluto del club, y por debajo de todos ellos había jugadores con mucha experiencia dentro del grupo para llevar el vestuario, para marcar el tono y el ritmo de los entrenamientos y los estándares del día a día. Así que para mí todo empieza por la propiedad y el entrenador, y los jugadores llegan después».
Paul Gascoigne, el ídolo de la infancia
Mucho antes de convertirse en el gran capitán del Chelsea, Terry soñaba con jugar en otra posición. Su referente no era un defensa, sino Paul Gascoigne. El inglés explica que de niño jugaba como centrocampista y que se pasaba horas viendo al exinternacional porque representaba un tipo de futbolista que, en su opinión, apenas existe ya: «Paul Gascoigne era mi héroe. Yo jugaba en el centro del campo cuando era pequeño y me encantaba verle. La forma en que regateaba, la libertad con la que jugaba… Estaba un poco loco fuera del campo, pero dentro era un jugador especial. Hoy ya no quedan muchos futbolistas como él. También disfrutaba muchísimo viendo a Wayne Rooney. Eran jugadores que me encantaba ver jugar».
Curiosamente, Terry terminó siendo defensa por accidente. Llegó al Chelsea con catorce años para jugar en el centro del campo, pero dos defensas del equipo juvenil enfermaron antes de un partido y el entrenador le pidió que ocupara su sitio. Aceptó sin pensárselo, marcó dos goles y fue elegido mejor jugador del encuentro. Nunca volvió al mediocampo: «Me daba igual dónde jugar. Si me decían de lateral, de delantero o incluso de portero, habría aceptado. Lo único que quería era jugar con el primer equipo».
Los italianos que enseñaron a profesionalizar el Chelsea
Antes de la llegada de Mourinho, Terry recuerda que el Chelsea ya había empezado a cambiar gracias a un grupo de futbolistas italianos que enseñó a los jóvenes ingleses qué significaba ser un profesional. Gianfranco Zola, Roberto Di Matteo, Gianluca Vialli o Ruud Gullit se convirtieron en un ejemplo diario dentro del vestuario: «Nos enseñaban a cuidarnos. Antes de entrenar iban al gimnasio, después hacían pesas, estiraban, comían bien… Para nosotros, que éramos jóvenes, fue una lección constante. Además, dedicaban mucho tiempo a transmitirnos todo lo que sabían».

Terry recuerda especialmente a Gianfranco Zola, de quien dice que era una de las mejores personas que ha conocido. Aunque reconoce, entre risas, que durante los entrenamientos no le trataba con demasiados miramientos: «Yo era un chaval desesperado por llegar al primer equipo. Les daba patadas a Zola, a Vialli… Los demás me decían que parara porque Vialli era el entrenador, pero yo solo quería demostrar que podía jugar con ellos».
Roberto Di Matteo y la charla que cambió una final
Terry también dedica unas palabras a Roberto Di Matteo, el entrenador que llevó al Chelsea a conquistar la Champions League de 2012. Cree que quizá no era el técnico más prestigioso del momento, pero sí el que mejor entendía lo que necesitaba aquel vestuario por su pasado como jugador del club: «Sabía perfectamente lo que significaba el Chelsea para los aficionados, para los jugadores y para todo el mundo que rodeaba al club. Quizá no era el mejor entrenador del mundo, pero aquella noche sabía exactamente lo que necesitábamos».
La prueba llegó la víspera de la final contra el Bayern de Múnich. Todos esperaban una charla táctica sobre el rival, pero Di Matteo hizo algo completamente distinto: «Entramos en la sala pensando que íbamos a ver un vídeo sobre el Bayern y puso un montaje con mensajes de nuestras familias, de nuestras mujeres, de nuestros hijos y hasta de los abuelos de algunos jugadores brasileños, que llevaban años sin verlos. Todavía hoy se me pone la piel de gallina al recordarlo. No necesitábamos hablar del Bayern. Necesitábamos aquello».
Ancelotti, el entrenador que se fue de fiesta tras ser despedido
Otro de los entrenadores que más marcó a Terry fue Carlo Ancelotti. El excapitán del Chelsea recuerda especialmente el día en que Roman Abramóvich decidió despedir al técnico italiano tras un partido contra el Everton. La reacción de Ancelotti sorprendió a todo el vestuario por la naturalidad con la que asumió la decisión: «Entró en el autobús y nos dijo simplemente: ‘Chicos, me han despedido’. También nos dijo que el equipo no había rendido bien y que asumía toda la responsabilidad».
Aquella misma noche, Terry, Lampard y Drogba decidieron sacarlo a cenar por Londres para agradecerle todo lo que había hecho por el equipo. El recuerdo sigue haciéndole sonreír: «Terminamos de madrugada con Carlo bailando con una corbata del Chelsea atada en la cabeza y tomando algo con todos los jugadores. Fue un momento muy especial porque vimos otra cara de él y entendimos la enorme persona que era».
Drogba, el hombre de las grandes finales
Si hay un compañero al que Terry sitúa por encima de casi todos es Didier Drogba. El inglés sostiene que algunos futbolistas dejan un legado que va mucho más allá de los títulos y considera que el delantero marfileño pertenece a ese grupo: «Hay jugadores que llegan a un club y dejan una huella para siempre. Didier es uno de ellos. Cuando llegaban los momentos difíciles, siempre aparecía él. En las finales siempre marcaba».

Terry cree que nadie merecía más que Drogba convertirse en el héroe de la final de Múnich. El delantero marcó el gol del empate y transformó el penalti decisivo en la tanda: «No podía haber un final mejor para él. Marcó de cabeza en la final de la Champions y luego lanzó el penalti definitivo. Ese era Didier. Siempre aparecía cuando más lo necesitabas».
Odio eterno al fútbol moderno
Terry también deja una reflexión crítica sobre el fútbol actual. El exdefensa del Chelsea cree que el juego ha perdido parte de la espontaneidad que tenía durante su carrera y que la obsesión por los sistemas ha acabado perjudicando el espectáculo: «No disfruto viendo la Premier League. Todo es demasiado lento, demasiado pase hacia atrás y hacia los lados. Antes atacábamos, marcábamos goles, éramos agresivos y luchábamos por el equipo. Ahora todo es demasiado táctico para mi gusto».
El inglés considera además que el VAR ha contribuido a cambiar la naturaleza del juego. A su juicio, el fútbol se ha convertido en un deporte mucho más calculado y menos emocionante para el espectador: «El VAR también es un problema. El fútbol se parece cada vez más a una partida de ajedrez. Es más aburrido, más lento y creo que los aficionados ya no pueden disfrutarlo tanto como lo hacíamos nosotros».
Terry cree que muchos entrenadores actuales complican innecesariamente un deporte que, en el fondo, sigue siendo muy sencillo. Aunque defiende la importancia de la táctica, insiste en que antes de cualquier sistema están la intensidad y el compromiso de los futbolistas: «Hoy todo el mundo está complicando demasiado el fútbol. Al final son once contra once. Puedes ser muy táctico, pero si no haces bien las cosas básicas, si no trabajas y no compites, no vas a ganar ni a tener éxito».
Por eso, si algún día llega a entrenar un equipo profesional, asegura que intentará dar más libertad a sus jugadores. Cree que Mourinho acertaba al preparar los partidos al detalle, pero también al permitir que los futbolistas tomaran decisiones cuando el encuentro cambiaba sobre el césped: «Hay que confiar en los jugadores. Les das toda la información posible, pero el partido cambia y ellos tienen que adaptarse. No me gustan esos sistemas tan rígidos. Hay que dejarles pensar y jugar».

