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Rafa Nadal: «Yo me iba a Ibiza todos los veranos, mi vida no solo era tenis, no lo hice público; [Alcaraz] sí, y lo respeto»

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Rafa Nadal y Christiane Amanpour (Foto: CNN)
Rafa Nadal y Christiane Amanpour (Foto: CNN)

Rafael Nadal sabe mejor que nadie lo que supone convivir con la presión permanente del tenis profesional. Las lesiones, la exigencia competitiva y el desgaste mental marcaron gran parte de su carrera y estuvieron cerca incluso de retirarle prematuramente. Por eso, ahora que observa el ascenso de Carlos Alcaraz, el mallorquín evita juzgar cómo gestiona el murciano su vida fuera de las pistas y sale en defensa de sus escapadas a Ibiza durante la temporada.

En una entrevista concedida a CNN, Nadal respalda la necesidad de desconectar mentalmente del circuito y relativiza las críticas que ha recibido Alcaraz después de hablar abiertamente de esos viajes. «Yo fui a Ibiza todos los años con mis amigos. Todo el mundo necesita encontrar su propio espacio», afirma el extenista español, retirado oficialmente en 2024 tras una trayectoria de 22 títulos de Grand Slam.

Nadal reconoce que durante su carrera también necesitó espacios alejados del tenis, aunque siempre prefirió mantenerlos en privado. «Mi vida era mucho más que el tenis, pero no quería proyectarlo hacia el mundo. No me parecía interesante que el mundo supiera que iba a Ibiza», explica. A diferencia de él, Alcaraz ha optado por naturalizar públicamente esa faceta personal, algo que Nadal respeta completamente: «Alcaraz decidió hacerlo público. Lo respeto. Y parece que además le está funcionando muy bien».

Las palabras del ex número uno llegan en un momento delicado para el murciano, obligado este año a renunciar tanto a Roland Garros como a Wimbledon por una lesión de muñeca. Nadal, sin embargo, considera que el joven español está gestionando correctamente la enorme presión que implica competir en la élite y convertirse en el heredero natural de una generación histórica.

La entrevista gira en gran parte alrededor de las dificultades físicas y psicológicas que acompañaron a Nadal durante su carrera. El balear recuerda especialmente el impacto que supuso en 2005 el diagnóstico del síndrome de Müller-Weiss, una enfermedad degenerativa en el pie que amenazó con apartarle del tenis cuando apenas tenía 19 años.

«Probablemente fue el momento más duro de mi carrera», admite. «Era solo el principio. Estás proyectando tu futuro como tenista profesional, pensando que vas a estar siete, ocho o diez años en el circuito, y de repente parece que quizá no podrás seguir haciendo lo que haces».

Aquel problema físico terminó condicionando buena parte de su trayectoria. Nike llegó a diseñarle una zapatilla específica para aliviar la lesión mediante una plantilla especial que desplazaba el apoyo del pie varios milímetros. Aun así, las dolencias reaparecieron repetidamente en los años posteriores, especialmente en el tramo final de su carrera.

Más allá de las lesiones, Nadal también habla abiertamente sobre los problemas de ansiedad que sufrió durante algunos periodos de su vida deportiva. «Pasé por muchas lesiones, mucha presión, y llegó un momento en el que, de alguna manera, no eres capaz de gestionar todo eso», reconoce. «Cuando no podía salir a la calle sin una botella de agua en la mano, eso ya era algo serio. Necesitaba ayuda y eso fue lo que hice».

El español explica que primero acudió a un psicólogo sin encontrar demasiada mejoría y posteriormente comenzó tratamiento con un psiquiatra alrededor de 2015. «Empecé a tomar medicación durante un tiempo y empecé a notar mejoras después de unos meses. Fue aproximadamente durante un año y luego, por supuesto, me recuperé», señala.

Nadal aprovecha además para reflexionar sobre el desgaste extremo del calendario profesional, que obliga a los jugadores a pasar prácticamente once meses al año viajando y compitiendo. En ese contexto, considera lógico que cada deportista necesite mecanismos distintos para preservar el equilibrio mental.

Su defensa de Alcaraz parte precisamente de esa experiencia. Nadal reivindica la necesidad de desconectar para sobrevivir a una presión constante que él mismo sufrió durante casi dos décadas en la cima del deporte mundial. Son los consejos de un veterano que sabe perfectamente el daño que puede hacer el qué dirán.

 

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