NBA

Tim Thomas: «Michael Jordan era grande, pero nunca ganó sin Pippen»

Es noticia
Tim Thomas (Foto: djvlad)
Tim Thomas (Foto: djvlad)

Tim Thomas lleva décadas instalado en Hidden Hills, California, y ya no necesita demostrar nada. Por eso habla de baloncesto como quien habla de leyes matemáticas, lo que cree es que lo cree porque, para él, está demostrado. Como cuando surge el enésimo debate sobre si Scotty Pippen era el jugador más completo de su tiempo: «es probablemente el jugador con más habilidad con el que he jugado. Podía jugar de base, escolta, alero, ala-pívot y pívot. Podía defender a cualquiera en la pista. Yo no me meto en su pelea, pero cuando empiezan a hablar de eso, lo pienso: tío, Michael Jordan era grande, pero nunca ganó sin Scotty. Son los hechos».

Así se ha pronunciado en una entrevista en djvlad, donde reconoce la superioridad de MJ sin problemas, como Kevin Durant recientemente, y considera que además del mejor, fue el pionero: «Jugué en los noventa, había mucho talento, pero sí. Con diferencia. Todo lo que consiguió, la manera en que dominaba, nunca ir a un séptimo partido… Y luego el impacto global. Por eso ahora hay tantos jugadores internacionales ganando MVPs y campeonatos. Fue MJ y los suyos quienes abrieron eso».

Con Larry Bird, Thomas hace una excepción generacional. Lo coloca en una categoría aparte, separada de los debates entre eras. Cuenta el día que Bird le encaró en el banquillo durante un partido de playoffs (Thomas venía de una racha de seis puntos seguidos) y le dijo en la cara: «Chico, si hubiera tenido la oportunidad de jugar contra ti, te habría dado una paliza». Era el entrenador. Lo decía en serio y en broma a la vez. Thomas lo recuerda con respeto genuino: «Todo el mundo habla de grandes jugadores de baloncesto y nunca lo mencionan cuando nombran a los Magic, los Jordan, los Kobe y demás. Pero Larry Bird era frío. No creo que nadie pudiera con él. Pregúntale a Magic. Por eso Magic estaba cabreado cuando tuvo que retirarse en el 92, por lo que se iba a perder con Larry Bird. Encima, Larry  jugó dos años más y luego se retiró él también porque dijo que su principal rival había desaparecido».

Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)
Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)

 

Tim Thomas: del barrio a las canchas

Sobre su vida, la cual desglosa episodio a episodio, Thomas cuenta que nació en Paterson, Nueva Jersey,  que en los ochenta y principios de los noventa era un lugar donde hacerse mayor requería estar muy atento par ano meter la pata. Era el menor de cinco hermanos, criado por su madre: «¿Mi padre? Ya sabes cómo funcionaba eso. Todo el mundo en esa época era un Rolling Stone».

Era en una ciudad pequeña y dura donde el crack llegó como un tsunami que lo arrasó todo: «Era duro. Una ciudad pequeña del interior. Todo el mundo, ya sabes, buscándose la vida para ellos y su familia. Como en cualquier otro sitio. Tuvimos que pasar por eso del crack, ya sabes, la epidemia, que fue una locura. Todo el mundo estaba o vendiendo o consumiendo. Yo era un chaval viendo todo eso. Y entonces el deporte llegó a mi vida y eso fue el todo para mí. Solo enfocarme en eso para alejarme de todo lo demás que estaba pasando».

Su hermano mayor terminó en la cárcel: «Ese día yo iba caminando hacia la esquina y vi al individuo, no quiero llamarle yonqui, al individuo, cruzando la calle. La forma en que estaba montada la esquina, había que rodear donde estaban los tíos. Todo el mundo guardaba su alijo en los cubos de basura. El tío corrió a robarles algo y salió corriendo. Le persiguieron… altercado, bla bla. Cuando pasa algo así, coges tu alijo y te vas. Pero el otro individuo que estaba con mi hermano siguió, siguió pisando al tío».

Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)
Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)

Su padre tuvo cuatro hijos con su madre y desapareció. Reapareció más tarde, cuando llegó el dinero de la NBA: «Cuando llega la pasta, de repente soy tu padre», dice que debió pensar. Aún así, mantuvo una relación «sólida, sin resentimiento».

La revelación llegó en sexto grado, en su primer campamento de baloncesto. Para entonces ya medía casi 1’83. En séptimo y octavo llegaron los estirones definitivos: «En el parque, cuando ibas a jugar contra los mayores, tenías que poder. Tenías que manejar el balón, tirar, provocarlos hablando, todo eso. Ahí es donde desarrollas tu dureza, tu repertorio».

En el Paterson Catholic High School, los que le veían jugar ya creían que estaba listo para la NBA. Kevin Garnett lo diría años después: «En aquel entonces todo giraba en torno a ese ‘niño grande’ de Patterson llamado Tim Thomas. Dios mío, ya estaba listo para la NBA siendo su segundo año».

La clase del 96: Kobe, Vince Carter y Rip Hamilton

Antes de que existiera el mito, Thomas lo vio. Jugó en el que muchos consideran el mejor equipo AAU de la historia con Vince Carter, Rip Hamilton y un tal Kobe Bryant que acababa de llegar de Italia con el hambre de quien tiene algo que demostrar: «Mucha gente no entiende que cuando Kobe llegó de Italia, ya tenía esa determinación. Siempre supiste que iba a ser especial porque era un tipo diferente, un animal diferente, con esa mentalidad desde el principio. Obviamente tenía un padre que había jugado en la liga y eso le daba perspectiva. Pero cuando llegó con nosotros, quería no solo demostrar que pertenecía al grupo: quería demostrar que iba a ser mejor. Vince era el número uno de su clase, y yo y Kobe estábamos en la misma clase. Él entró con la mentalidad de: voy a ser de verdad. Porque teníamos mucha atención mediática, y para nosotros unirlos fue diferente. Fue diferente».

Ganaban por 60 puntos. Dejaban equipos llorando. Rip Hamilton contaría después que Kobe tenía sus objetivos, pero que Tim Thomas era el número uno: «Un montón de gente no entiende que me describía como el número uno y a Kobe como el número dos, o yo era el número dos y él el uno, como quieras verlo. Pero en el ABCD basketball camp, el último verano, el primer partido metí un mate y me arranqué la uña. Me pusieron un vendaje blando y jugué el último partido así. Y tuve que sentarme a ver a Kobe matar a todo el mundo. Así que ya puedes elegir tu versión. Hay a quien le gusta el pescado y a quien le gusta el filete».

De ese Kobe adolescente al que vería años después en los playoffs, hay una línea directa que Thomas puede trazar con precisión: «Siempre tuvo la mentalidad, pero se desarrolló después. Lo de los handles lo perfeccionó con God Shammgod. Y los grandes, como Kobe o MJ,  simplemente llegan a un punto y se quedan ahí. Cuando llegan a ese punto, van a tirar ese lanzamiento todos los días 2.000 veces. Así que ese tiro tiene un 70 u 80%. Eso era lo de Kobe. Y sacrificó tanto. Nosotros salíamos, íbamos a cenar. Kobe: ‘Me voy al gimnasio’. Entraba muy temprano. Se quedaba más tarde que nadie. Hacía tres o cuatro entrenamientos al día. Cuando algunos hacíamos dos al día. Su mentalidad era que no le importaba nadie que básicamente se cruzara en su camino».

Una anécdota resume esa frialdad competitiva. Un verano, coincidieron en un viaje de Adidas junto a T-Mac. «Kobe no quería entrenar con nosotros para nada. Se iba a hacer sus cosas en otro sitio. Encontraba el gimnasio y se iba solo. No quería que viéramos lo que estaba haciendo. Y entonces me di cuenta: ‘este tío, es amable con nosotros, pero si llegara el momento, intentaría matarnos para ganar’».

Tres veces McDonald’s All-American y los pagos ilegales

En su último año de instituto promedió 25.3 puntos, 14.5 rebotes y 4.6 tapones por partido. Fue McDonald’s All-American tres veces y dos veces jugador del año en Nueva Jersey. La decisión de ir a la universidad en lugar de al draft fue puramente económica, quería ser top-10 y doblar el contrato de zapatillas: «Siempre quise ser top-10 pick. Siempre. Porque en aquella época era más sobre el dinero con la posición en el draft. Si me hubiera presentado ese año, la historia podría haber cambiado. No en el sentido de que Kobe no se convirtiera en el Kobe que todos conocemos, Dios lo tenga en su gloria, sino en cuanto a en qué equipo habría acabado. ¿Y si Boston lo hubiera elegido? ¿Crees que lo habrían traspasado?».

Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)
Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)

La magnitud de lo que dejó sobre la mesa siendo un chico de 18 años con una madre soltera y cinco bocas que alimentar resulta difícil de procesar incluso años después. En su último año de instituto, Adidas le puso 18 millones de dólares garantizados sobre la mesa. Y él pasó. «Era el riesgo. Estaba apostando por mí mismo. Y sabía que era suficientemente bueno como para apostar por mí».

Fue a Villanova. Y aunque él insiste en que no le pagaron nada ilegalmente, el salvaje oeste del reclutamiento universitario de la época queda perfectamente descrito en una cifra que suelta casi de pasada, un equipo le ofreció 3 millones de dólares, una casa de 2 millones y cuatro vehículos para que se comprometiera con ellos: «¿Cómo canalizan las universidades ese tipo de dinero? No lo sé. Supongo que eran boosters, donantes ricos», matiza.

El número siete del draft y los Sixers de Iverson

El draft de 1997 le dejó en el puesto siete, elegido por los New Jersey Nets y traspasado de inmediato a los Philadelphia 76ers. Tim Duncan primero, Keith Van Horn segundo, Chauncey Billups tercero. Thomas lo sabía antes de que lo llamaran: «Empiezas a escuchar los rumores. Y además tu agente recibe información. Yo sabía que iba a ser el siete» Su mujer estaba embarazada. Toda su familia estaba en Charlotte. Fue un momento surrealista.

En Filadelfia encontró a Allen Iverson antes de que Iverson se convirtiera en el icono que hoy conocemos: «Tenía el corazón más grande, tío, dentro y fuera de la pista. No le importaba el tamaño. Solo quería ganar y haría lo que fuera. He visto a este tío en la sala de tratamiento una hora antes del partido, destrozado, sin poder ni caminar, se trata un poco, llega la hora y se ata las botas y sale a sacar 35 o 40. Un animal diferente. Él, Kobe, MJ, animales diferentes».

En su año de rookie promedió unos 13 puntos sin que nadie le diseñara jugadas específicas. Él y Iverson iban juntos a todos lados. «A donde él iba, íbamos nosotros. Al club, salíamos del club, él saltaba a mi espalda. Caminábamos hasta los coches. Juntos en todo».

Milwaukee: los NFL y la noche en Oakland

Llegó a Milwaukee con una plantilla que incluía a Ray Allen, Sam Cassell y Glenn Robinson. Le costó entender el traspaso, «nunca quise ir ahí», recuerda, pero acabó siendo su hogar durante varios años. Los Bucks llegaron a las Finales de Conferencia, perdieron contra aquellos Lakers de Shaq y Kobe que ganaron tres títulos consecutivos. Anthony Mason llegó al equipo y con él empezaron a pasar cosas. Una noche en Oakland, los Bucks fueron a una fiesta que tenían los Raiders y los 49ers, cruzaron el puente y Mason la lió: «Si conoces a Mace, era bebedor y nunca quería una mesa VIP para relajarse. Siempre quería estar en el centro, en la barra. Y empezó a meterse con los tíos de la NFL por sus IDs porque en aquella época no se reconocía mucho a los jugadores de fútbol americano, porque llevan cascos. La NFL les daba tarjetas, y nosotros como jugadores de la NBA lo sabíamos. Pero Mace siguió metiéndose con estos tíos. Seguía y seguía. Y yo lo iba viendo, y cuanto más bebíamos, más seguía. Somos más altos que ellos, son más bajos, pero más fuertes y más pesados. Y yo pensaba: ‘esto no va a acabar bien para nosotros’».

Aquello fue una escena cinematográfica: «Siguió y siguió. Un tío se hartó y le lanzó un golpe. Mace le devolvió el golpe. Se estaban tirando bebidas encima. Yo estaba en medio intentando decirle a Mace: ‘esto no va a ir bien’. Pero si conoces a Mace, a Mace no le importaba una mierda nada. Nunca. Y lo siguiente que sabíamos, estábamos espalda con espalda intentando abrimos paso hacia fuera. Esa noche nos dieron bien. Mis respetos a los 49ers».

Al día siguiente tuvieron que presentarse en el entrenamiento con los moretones. No hubo denuncia policial, no hubo vídeo: «Era esa época, tío… Hoy, olvídalo. TMZ te tiene por todos lados. Habría multas, suspensiones, pero entonces si salías con Mace, te metías en una pelea o dos».

Detroit: armas en la calle y conflictos de bandas

Si Oakland fue un susto, otra noche en Detroit fue una película de terror. Fueron a apoyar a un compañero en su primer partido en su ciudad natal. El jugador tenía vínculos familiares con una banda. Y alguien de una banda rival tenía una novia relacionada con la familia de ese compañero. El resultado fue que el equipo se encontró moviéndose por Detroit en cinco o seis limusinas sin saber lo que estaba pasando a su alrededor: «Ninguno de nosotros como jugadores sabía lo que pasaba. Estábamos básicamente al frente de este convoy de vehículos. Cuando llegamos al sitio adonde íbamos, era calle directa. Había que aparcar en doble fila. Y en limusina. Mientras aparcábamos, dos vehículos se pusieron al lado de los cinco vehículos en los que íbamos y todo el mundo saltó fuera apuntando y era por una chica. Iban vehículo por vehículo. Si no es por mi hombre Jackie Miles, que era el de seguridad, un ex agente… Salió y desactivó toda la situación. Pero estábamos literalmente parados en ese bloque con, no quiero nombrar las armas, pero con material de alto calibre apuntando a todos los vehículos. Y en todos había jugadores de la NBA apoyando a nuestro compañero. Fue un momento real».

Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)
Tim Thomas (Foto: I Am Tim Thomas)

Nueva York: el G-Unit, el Game y la bala esquivada

El traspaso a los Knicks en 2004 fue, en sus palabras, un sueño hecho realidad. Allí estaba Stéphon Marbury. Era volver a casa. Además, las oficinas de G-Unit, el sello de 50 Cent, estaban justo enfrente del Madison Square Garden. En aquel momento, 50 Cent estaba en la cima de su carrera y su enfrentamiento con Fat Joe y el colectivo Terror Squad vivía uno de sus momentos más tensos. En medio de ese contexto se movía Thomas, que llevaba una cadena de G-Unit que el propio 50 le había regalado. Recuerda especialmente una noche en Miami en la que coincidió con gente del Terror Squad. «Al entrar en el club tuve que pasar justo por delante de ellos. Era como caminar por el barrio más peligroso del mundo».

Sin embargo, la situación no llegó a mayores: «Cuando llegamos a nuestra mesa, ellos ya habían mandado botellas antes de que yo pidiera las mías. Pregunté de dónde venían y me dijeron: ‘Del tipo del TS’». Entonces entendió lo que estaba ocurriendo y concluyó: «Esa noche supe que estaba a salvo».

Pero la historia más peligrosa de ese período no ocurrió en un club, sino a las puertas de la emisora Hot 97. Thomas estaba filmando su primer DVD aquella semana y, el día del tiroteo, una tormenta de nieve le hizo cambiar de planes y decidir no acudir: «En retrospectiva, podrían haberme matado ese día porque hubo disparos. Por suerte nadie murió. Pero a mi colega New Jersey Devil le alcanzó una bala, creo que fue solo un roce. A otro tipo le dispararon en la pierna. Quién sabe. Las balas volaban. Yo habría estado del lado de Game ese día, formando parte de su séquito. Dios sabe qué habría pasado».

Kenyon Martin: la pelea más pública de la NBA

La rivalidad con Kenyon Martin fue la más sonada de su carrera. Empezó con una falta dura, siguió con palabras, y escaló hasta un nivel que el propio Thomas admite que no se ve a menudo en la NBA. Martin apareció con una camiseta con la cara de Thomas llorando. Le retó a encerrarse con él en una habitación y ver quién salía. Sin embargo,  no quiere ni recordarlo: «Ese tío está en la fraternidad, hermano, no quiero seguir siendo un bully y no quiero seguir yendo y viniendo en podcasts intentando hacer esto para conseguir clics. No estoy en eso».

Tim Thomas (Foto: nba.com)
Tim Thomas (Foto: nba.com)

 

Lo que sí cuenta, brevemente, son los dos encuentros cara a cara que tuvieron. El primero en Nueva York, Thomas fue a buscarlo, no hubo armas, solo puños. «Le vi como a un hombre. Se acabó. Solo juego de nudillos, sin problemas». Al día siguiente, en Dallas, Martin estaba en el mismo club. Llegó rodeado de treinta personas. Thomas tenía a un par de amigos con él y salieron de ahí sin que pasara nada. «Si yo llamo a treinta tíos, es otra historia».

50 Cent intentó organizar un combate de boxeo entre los dos. Thomas propuso que fuera una versión más tranquila, una pelea de bofetadas, cobrar y marcharse: «Cuando hay un cheque encima de la mesa, podemos darnos bofetadas y ya. No hace falta que vayamos de verdad el uno contra el otro». Martin no quiso.

El baloncesto de hoy: demasiados triples, poco Kobe

Con todo lo contado, no es de extrañar que Thomas considere que el juego actual es «blando». Y señala directamente a Stephen Curry como el punto de inflexión que cambió la lógica del deporte: «Ahora todo está más orientado al tiro. Por culpa de Steph. Bueno, no puedes culparle porque es un jugador más pequeño y ese es su don. Pero cuando cambias las reglas, entonces se convierte en un problema. Ahora mismo en la NBA, si vas a un partido, es probable que entre los dos equipos metan 60 tiros de tres. El aspecto creativo ha desaparecido. Ya no ves muchos Kyrie Irving que digan: ‘déjame romper a este tío con un movimiento y su contramovimiento’. No lo ves tanto. Ves mucho estilo europeo de juego, más rápido, más movimiento de balón hacia tiros. Ya no hay más: ‘dáselo a Kobe o al que sea para que haga lo suyo».

Es algo sistemático, casi parece un juego industrial: «En la época en que jugué, obviamente esa siempre será nuestra opinión porque jugamos con el juego interior primero, luego hacia fuera. Pero algunos partidos los ves y piensas: ‘todos están tirando triples’. Ya no hay juego de espaldas al aro, ni siquiera el juego de media distancia ha desaparecido. Shai hace un buen trabajo con eso, con la media distancia y todo eso, pero no hay muchos tíos ya en ese modo».

Phoenix: un Kobe diferente y 1-0 en playoffs

Después de que los Bulls lo relegaran al banquillo, en lo que él mismo describe como el peor momento de su carrera, llegó a Phoenix casi de improviso, directamente desde su casa en Nueva York, adonde les habían ordenado regresar. Allí se encontró con Steve Nash, dos veces MVP, y con el ritmo de juego más rápido que había visto en su vida: «Fue una de las mejores experiencias porque me estaban enterrando. Me mandaron a casa. Estaba corriendo por Nueva York, intentando mantenerme en forma, en Basketball City y sitios así. Y de repente me vi directamente en la mezcla con Steve Nash, un tipo que era sencillamente increíble. Dos veces MVP. Con el balón en las manos, encontrándote siempre, haciéndote el juego más fácil. Era divertido porque jugábamos rápido. Era como streetball».

A lo largo de su carrera, Tim Thomas ganó más de 100 millones de dólares. «No se lo digas a nadie». Lo dice entre risas, pero lo dice: «Todos pasamos por ese proceso. Y el proceso es este: vienes del barrio, nunca has tenido nada, y cuando por fin lo tienes quieres lo último de todo, la casa más grande, lo mejor en cada cosa». El primer error, recuerda, fue comprarse un Mercedes 600 Coupé nada más salir de la universidad, cuando todavía vivía en su barrio. «Estaba allí con el mejor coche. Era lo máximo de Mercedes. Los Maybach aún no existían. Tenía el mejor coche del barrio. Y aun así volví y me compré un Range Rover. Tenía dos coches y, en ese momento, no tenía ningún sentido».

Tim Thomas
Tim Thomas

Pero a diferencia de muchos compañeros de generación (y él nombra casos concretos sin dar apellidos, jugadores con anillos que le han pedido dinero prestado en años recientes) Thomas tuvo el mismo equipo financiero desde el principio. Invirtió en bolsa, en propiedades y sigue teniendo tres inmuebles. «Nunca fui jugador de azar. En el avión, los tíos jugaban. Yo la banca. Gracias a Dios que nunca me metí en eso».

Cuenta con detalle el caso de un compañero al que su asesor financiero llegó a robarle casi 70 millones de dólares mediante un método sencillo, basado en el acceso online a la cuenta y una cadena de peticiones intermediadas. «Cada vez que necesitaba algo, el tipo llamaba a los gestores y les decía: ‘Oye, el jugador necesita 10.000 en su cuenta’. O les decía: ‘Se va a Miami, necesita 50.000’. El dinero llegaba a la cuenta y, en cuanto entraba, lo sacaba». Una historia que, explica, se repite en cada generación de deportistas profesionales.

El anillo que rechazó

Se retiró en 2011. Fue por amor a su mujer. Tenía 34 años, su mujer había tenido complicaciones tras el parto de su tercer hijo, y ella había dejado su carrera de medicina por la de él. «Tomé la decisión de apartarme. Ella dejó su carrera por la mía. Soy mayor, 34 años, económicamente estable. Pensé que era el momento perfecto».

Ese año los Dallas Mavericks (el equipo que él había dejado durante la pretemporada) ganaron el campeonato. Le llamaron para ofrecerle el anillo, pero no lo quiso: «Lo rechacé. Soy el tipo de individuo que si no estuve ahí… No. Aunque también es verdad que tampoco lo merecía realmente, seamos honestos. Pero lo rechacé igual. Nah».

¿Rabia por perdérselo? Ninguna. Dice que estaba completamente centrado en lo que tenía que hacer en casa. «Obviamente deseas que los tíos ganen. Y lo genial fue que me llamaron. Pero yo estaba en casa viéndolo por televisión. Es una decisión que tomé en firme».

La mañana que no podía creer

Mucho más grave fue lo que vino después. El accidente de Kobe Bryant ocurrió dos manzanas de su casa en Hidden Hills. Ese domingo de enero de 2020 estaba despierto temprano dándole de comer a su bebé. Había niebla. Siempre hay helicópteros en Hidden Hills intentando fotografiar a los famosos. La casa vibra cuando pasan cerca: «Podíamos oírlo. Podíamos sentirlo porque la casa se movía. Pero en realidad no se veía nada. Entonces empezó a sonar el teléfono. Y pensé: estoy en la Costa Oeste, ¿quién me llama a estas horas? No le di importancia porque eran llamadas de gente al azar. Pero cuando te llama tu madre y te dice: ‘Oye, ¿has visto lo que le ha pasado a tu chico?’, le preguntas: ‘¿A quién?’. Y te responde: ‘A Kobe, creo que ha muerto’. ¿Qué? Enciendes las noticias, lo ves y piensas: joder, es el helicóptero que acabo de oír, o de sentir. A dos manzanas de aquí. Intentas acercarte a la esquina y está todo completamente cortado».

Entró en estado de shock: «que caminé como cuatro horas seguidas por Hidden Hills. Podrías haber pensado que era un caballo. Solo caminaba, tío. Caminando los senderos. No podía… no podía comprenderlo, tío. No podía». Habían coincidido poco después de que Thomas se retirara. En temporada regular se saludaban, hablaban de las familias. En los playoffs, nada. «No hay nada de qué hablar. Es como si no te conociera», recuerda divertido. «Ese era Kobe».

Coaching por amor al arte

Desde 2023, Thomas entrena baloncesto en el instituto Paramus Catholic en Nueva Jersey. Quería estar cerca de su hijo pequeño. No quería los viajes del baloncesto universitario o profesional. El dinero del coaching de instituto es irrelevante comparado con lo que gana con sus inversiones.

Su programa AAU, Tim Thomas Players, lleva décadas funcionando. Ha producido 31 profesionales, 30 McDonald’s All-Americans y ha enviado aproximadamente 12.000 chicos a la universidad. J.R. Smith pasó por él, Kyle Anderson, Dylan Harper. «Eso es mi Hall of Fame. Tuve una gran carrera, estoy estable económicamente. Pero mi bendición es seguir siendo la bendición de otros. Eso es la belleza».

 

4 comentarios

  1. José Carlos

    Ni al contrario creo yo, Pippen que es uno de los mejores de la historia tampoco ganó sin Jordan, hay que tener un gran equipo que te rodee.

  2. Jesus Otamendi

    Que ganó Scottie Pippen sin MJ? Casos de cosas en las declaraciones de algunos

  3. Es una verdadera lástima que lo aportado por un gran jugador como Tim Thomas se pierda en la lamentable traducción aquí ofrecida.

  4. Pingback: Tim Thomas: lecciones de una carrera en la NBA y la influencia de Michael Jordan y Scotty Pippen - Hemeroteca KillBait

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*