
El ciclista protagonista de uno de los mayores fraudes de la historia del deporte, Lance Armstrong, sigue recordando su carrera cada vez que tiene oportunidad, ya sea para esgrimir excusas y justificaciones inverosímiles, ya sea para apelar a no se sabe muy bien qué, y ahora ha sido para recordar a sus excompañeros con una modestia muy relativa.
Entre ellos, varios españoles: «También había muchos grandes personajes en aquella generación, pero todavía hoy hay algo que me pesa mucho: es una pena que los verdaderos personajes y los auténticos guerreros de esta historia hayan quedado en cierto modo eclipsados. Y hablo de gente como George Hincapie, Viatcheslav Ekimov, Chechu Rubiera, Triki Beltrán, Pavel Padrnos, Benjamín Noval… tipos que estaban ahí día tras día». Uno de ellos, Rubiera, declaró en Jot Down Sport que todo el pelotón hacía lo mismo.
El equipo era una fiesta: «La atmósfera que teníamos dentro de ese equipo, en el autobús, en la mesa durante la cena, era increíble. Llegábamos cada día al autobús y yo abría la ventanilla y decía: «Mirad a todos esos cabrones. Hoy vamos a acabar con todos ellos, chicos». Y ellos me miraban como diciendo: ‘¿Qué?’».

Para acabar, por supuesto, hablando de sí mismo: «Yo crecí en Estados Unidos y así es como se habla en los vestuarios. Si ves la NFL, sabes lo que pasa en el descanso cuando un equipo va perdiendo: el entrenador les dice que van a salir ahí fuera y van a destrozar al rival. Ese era el espíritu. Y esos compañeros lo creían. Fue una época mágica. Aún hoy siento un cariño enorme por todos ellos. Fueron compañeros increíbles».
Lance Armstrong y una obsesión enfermiza por la victoria
También insiste en los mismos temas que de costumbre, cómo se empecinó por ganar, por qué solo le valía ser el número uno: «Mira, ganar… no tengo una respuesta clara, ni siquiera hoy. Y es algo sobre lo que paso bastante tiempo intentando entender y analizar. Mi relación con la victoria sigue siendo algo que intento descifrar. Cuando pienso en aquellos siete Tours, sí, los gané todos, pero durante todo ese tiempo lo único que pasaba por mi cabeza era: no pierdas».
Con la salvedad de que ahora emplea un tono mucho más trágico y melodramático: «Odiaba perder, y todavía hoy odio perder. Así que te preguntas de dónde viene eso. Tengo teorías, y sigo trabajando en entenderlo. Cuando estás enfermo y te diagnostican cáncer, y lo comparas todo con un partido o una competición, el marcador es muy claro: ganar es sobrevivir y perder es morir».
Para ponerse estoico: «Si miro atrás a esos siete años, llegando a París siete veces seguidas, lo único que quería era irme a casa. No había una parte de mí que dijera: ‘joder, sí, vamos a celebrar, vamos a descorchar champán, vamos a ver a todo el mundo’. No. Yo pensaba: ‘vale, ya está, he hecho mi trabajo’».

Y luego salir con algo que sabemos que es mentira, porque el ánimo de lucro fue una parte sustancial de todo lo ocurrido: «Lo que me gustaba de verdad era el proceso. Podríamos hablar mucho de eso, porque para mí el proceso lo es todo. Eso era lo que más disfrutaba. De hecho, lo habría hecho gratis. Competir era mi trabajo. Querían que ganara y lo hice. Pero, mirando atrás, creo que no es muy sano lograr algo así y no detenerte a decir: ‘guau, he conseguido esto’. Y es una pena, la verdad. Pero la vida es complicada y seguimos adelante intentando entender estas cosas».
Contra Jan Ulrich
Luego confiesa que solo tiene ojos para un gran rival de todos los que tuvo, el alemán que corrió la misma suerte que él en cuanto al dopaje: «La gente piensa que había muchos rivales, pero en realidad solo había uno que de verdad me preocupaba: Jan Ullrich. Era el único del que estaba pendiente constantemente. Ninguno de los otros me asustaba. Ninguno. ¿Qué tenía Jan? Pues que era un talento extraordinario. Podía hacerlo todo: subir, contrarrelojear, tenía un buen equipo alrededor. En términos de talento puro, era más talentoso que cualquiera de los demás».
Ahora son uña y carne, lógicamente, porque han compartido destino: «Hoy lo conozco mucho mejor y nuestra relación ha cambiado mucho con el tiempo. Hemos pasado por un viaje muy extraño juntos. Con los años me he hecho muy cercano a él. Jan es una persona muy simple, muy directa, y también muy dulce. Yo no soy simple ni especialmente dulce, así que somos muy diferentes. Al conocerlo mejor en la última década me he dado cuenta de que, aunque tenía el talento físico, estábamos construidos de manera distinta. Pero eso no cambia que en aquella época yo estaba preocupado por él. Me motivaba, me asustaba, me inspiraba. Siempre estaba ahí».

Y habla de él incluso con camaradería: «Además, él también pasó por una caída pública muy parecida a la mía. Eso fue algo que me afectó mucho. Ver cómo un héroe como Jan quedaba completamente destruido en su propio país y en todo el mundo fue muy duro. Yo no podía tolerar verlo así. Por eso quise ayudarle. Él me obligó a ser el ciclista que fui durante todos esos años. Siempre estaba pendiente de él, siempre estaba preocupado por lo que pudiera hacer. Así que cuando necesitó ayuda, para mí era natural estar ahí».
Regreso a Oprah
Poco más hay destacable. Una mirada atrás al día en el que reconoció la verdad: «Después de la entrevista con Oprah, al día siguiente, el mundo básicamente dijo: ayer eras un héroe y hoy eres un cero. Y entonces tuve que encontrar la manera de seguir adelante. En ese momento lo único que tenía claro era que no iba a dejar que mi salud se viniera abajo. No iba a caer en adicciones, no iba a quedarme tirado en un rincón compadeciéndome de mí mismo. Tenía que seguir moviéndome. Tenía que mantenerme sano».
Sumado a un poco de autoayuda: «Para mí la cuestión más importante era cómo iba a cuidar de mi familia. Eso era lo único que me importaba realmente. Tenía que encontrar una forma de sobrevivir y de seguir adelante. Con el tiempo fui descubriendo nuevas herramientas. Durante gran parte de mi vida me había abierto camino solo con fuerza de voluntad y resistencia. Nunca había pensado realmente en la salud mental, ni en la terapia, ni en intentar entender y desentrañar todo lo que había pasado».
Los orígenes
Finalmente, y ya temas muy trillados, reflexiona sobre el hecho de sobrevivir. Según explica, su historia se divide en tres grandes etapas marcadas por esa sensación constante de pelea. La primera empieza incluso antes de que él fuera consciente de ello: «Nací en Dallas de una chica de 17 años. Pasamos toda la primera parte de nuestras vidas juntos intentando superar las probabilidades en contra».

La segunda llegó con el cáncer que le diagnosticaron a los 25 años: «Ahí sí que estaba luchando literalmente por sobrevivir. Era una cuestión de vida o muerte».Y la tercera fue la caída pública tras el escándalo de dopaje: «En 2012 y 2013 la historia se vino abajo y me encontré en una situación completamente distinta de supervivencia».
Según él mismo reconoce, esa cadena de episodios terminó moldeando su carácter: «Las dos primeras cosas probablemente me prepararon para la tercera. En muchos sentidos, esa última fue incluso más dura. Porque cuando tienes cuarenta y tantos años, cinco hijos y una familia a la que mantener, la presión es todavía mayor».
En este viaje al pasado, recuerda a especialmente el Presidents Triathlon de 1987, una de las pruebas importantes de la época en el deporte que practicaba en los inicios: «Tenía 15 años y decidí competir con los profesionales. Sabía que podía salir del agua con el grupo delantero y, si sales del agua con los primeros, entonces estás en la carrera».
Allí coincidió con figuras como Mark Allen, considerado uno de los grandes nombres del triatlón: «Miras alrededor y ves a Mark Allen, ves a todos esos tipos, y piensas: esto es algo serio». Sin embargo, su objetivo final era otro: ser olímpico. Durante años dio por hecho que el triatlón acabaría entrando en el programa de los Juegos, pero eso no ocurrió hasta mucho más tarde.
Por eso acabó cambiando de deporte: «Siempre había tenido el sueño de ser olímpico. El triatlón parecía un deporte olímpico lógico, pero no lo era. Entonces tuve la oportunidad de entrenar con el equipo de ciclismo en el centro olímpico y decidí intentarlo».

La apuesta le salió bien. Poco después ya estaba centrado en el ciclismo y acabó cumpliendo su objetivo: «Entré en el equipo, fui al Mundial júnior y después a los Juegos Olímpicos de 1992».
Adicciones y decadencia
La entrevista concluye en la parte más oscura de su vida, y quizá la única en la que sí que merece comprensión, cuando perdió el control de sí mismo y se refugió en el alcohol: «Yo no era alcohólico en absoluto, simplemente bebía mucho», dice. «Teníamos amigos en casa, cenábamos, bebíamos vino… era algo social».
Sin embargo, asegura que con el tiempo empezó a notar una especie de voz interior cada vez más insistente: «Esa voz empieza como un susurro, luego se convierte en una conversación y al final es un grito». Cuando decidió hacerle caso, afirma que el cambio fue inmediato: «Si miro mi vida como una gráfica, después de empezar terapia la línea sube, pero cuando dejé de beber sube aún más».
La conversación termina con otra reflexión muy habitual en Armstrong cuando habla de su caída pública, la de los amigos que permanecieron a su lado cuando estalló el escándalo. Según explica, el episodio le permitió identificar con claridad quién estaba realmente de su parte: «No puedes pasar por algo como lo que yo pasé sin descubrir quiénes son tus amigos de verdad».
Muchos desaparecieron, dice, pero otros se quedaron: «Hay gente que podría haber dicho que había demasiado humo, demasiada polémica, y marcharse. Pero no lo hicieron». Y concluye con la que considera una de las lecciones más valiosas de toda su historia, como si todo dependiera de los demás y no de uno mismo: «Es la enseñanza más importante de todo esto. Saber exactamente quién está contigo».


Lance capo…digan lo que digan…para mí un ciclista en toda su extensión…
Ha sido la cabeza de turco de una realidad, el dopaje, que afecto a TODOS.
En igualdad de condiciones también habría sido el mejor. Quien no lo quiera ver, pues vale. Los periodistas deportivos estarían más guapos muy calladitos. Gentuza muchos de ellos.
Nos hizo vibrar con el ciclismo pero no nos olvidemos que el deporte profesional es todo dopaje y mentira,y lo será hasta el final
Hay muchos bots que siempre escriben lo mismo «gran artículo». Pero no. Cuando un artículo comienza ya con una visión tan sesgada del protagonista, todo lo que venga después (también las muchas pullas) hay que leerlo ‘cogido con pinzas’.
Lance Armstrong fue la cabeza de turco de un sistema que estaba podrido (y que seguramente lo siga estando). No hay ni un solo ciclista de los 90-2000 que afirme que había corredores sin dopar: Tony Rominger dijo que en su primera carrera en profesionales llegó a una minutada del pelotón (en una carrerucha cualquiera) y que ahí le dijeron que o tomaba ese extra, o ni acabaría la temporada; el propio Prudencio Indurain dijo en su día, en entrevista telefónica tras la retirada de su hermano, que una de las razones de ese retiro eran los nuevos controles que se avecinaban y los líos que pudiese haber (y zas, caso Festina al minuto).
Iban todos hasta las trancas y por tanto, compitieron en ‘igualdad’. Armstrong fue el campeón del mundo en ruta más joven de la historia, y un prodigio físico que siendo adolescente le ganaba triatlones a los mejores profesionales de EEUU. Ganó esos 7 Tour porque era el mejor, y era el mejor porque era un enfermo del entrenamiento y de la competición, al contrario que Ullrich, que le igualaba/superaba en talento pero estaba a años luz en lo demás. Y al resto de la época, simplemente, no les daba para competir con Armstrong. Pero dopados? Dopados todos.
Fue lo que fue. Y quien viese el ciclismo de los 90-2000 y pensase que era un deporte limpio, era un ingenuo al que hay que pedirle que se dedique a otra cosa. Sería como sorprenderse ahora de que un día Pogacar diese positivo. Mundos de Yuppi.
Respecto a la entrevista, si Armstrong dijo lo que pone en el artículo, pues no cuenta nada nuevo que no haya contado ya un ciento de veces. Nada relevante.
Pingback: Lance Armstrong reflexiona sobre su carrera y el impacto en sus compañeros - Hemeroteca KillBait
¿Y si se hubieran respetado las condiciones de igualdad de la competición desde el inicio? Es decir, ¿y si nadie se hubiera dopado? Creo que así se verían los campeones de verdad, quién era/es bueno realmente… Ahora está todo adulterado y (qué pena) con la sombra permanente de la duda…
Noto algo de rencor hacia Lance en este artículo, pero sólo un poco. Miremos un poco a los casos en España. La diferencia? Aquí aunq te pillen, eres un semi dios.