
El neozelandés Liam Lawson es uno de los pilotos con más futuro de la Formula 1. Formado en el programa de jóvenes talentos de Red Bull, su trayectoria ha estado marcada por un ascenso fulgurante de los karts a la F3, F2 y Super Formula japonesa, donde se vio que era un piloto agresivo y competitivo listo para medirse a los más grandes.
En esta entrevista en el podcast Gypsy Tales habla de todo ello y demuestra que no se corta un pelo a la hora de opinar de cualquier tema, como la presión extrema del entorno, la gestión mediática, las decisiones internas del equipo y el impacto emocional de competir en la cúspide del automovilismo mundial, pero también de las noticias más frívolas, como la aparición de Kim Kardashian en este negocio de la mano de Lewis Hamilton.
Lawson admite que no estaba al tanto hasta que alguien se lo dicen el mismo día de esta entrevista, «hoy me han dicho dijo: ‘Liam, Kim Kardashian y Lewis Hamilton están saliendo ahora». ¿Qué…? ¿Es oficial?». El corredor no quiere mojarse con el tema porque considera que la mayor parte de la información tangencial a la Formula 1 suelen ser rumores: si es verdad, genial. Me alegro por ellos. Pero salen tantas cosas que simplemente no son… ya sabes… que no son así. Por eso el 90% de lo que lees… quizá incluso más».

Es entonces cuando el entrevistador menciona el caso de Taylor Swift y su influencia en la NFL, y lo conecta con los rumores que la situaron junto a Fernando Alonso. Lawson lo recuerda de esta manera: «Quiero decir, mira lo que Taylor Swift hizo por la NFL. Incluso cuando hubo rumores de que estaba con Fernando hace un par de años, eso también tuvo muchísima repercusión; llegó hasta el punto de que los comentaristas metían pequeñas frases o bromas al respecto. Era como…».
A continuación le preguntan directamente si llegó a hablar con Fernando Alonso sobre ese tema. Lawson se encoge de hombros y explica que su relación con el piloto español comenzó regular: «No, nunca se lo pregunté. Para ser sincero, mi relación con Fernando empezó… fue complicada. Bueno, ahora está mejor. Simplemente empezó mal. Fue en Austin y le hice enfadar. No fue mi intención. Solo estaba intentando correr».
Aquel incidente en pista coincidió temporalmente con los rumores, lo que hacía todavía menos oportuno mencionarlo. «Pero sí, así que no sentí que fuera probablemente el momento adecuado para preguntarle, porque fue por esa época, para ser justos».
El ascenso de Liam Lawson
Lawson también explica qué es realmente la Fórmula 1 por dentro, más allá del glamour y las alfombras rojas. La describe como un deporte de precisión extrema en el que la realidad es mucho más dura de lo que parece desde fuera. El salto desde el karting y las categorías inferiores como la F3 o la F2 hasta un monoplaza de F1 es, según cuenta, ya es brutal: «De F3 a F2 vas cuatro o cinco segundos más rápido, pero cuando llegas a la F1 es como 15 o 20 segundos más rápido», explica, subrayando la magnitud del cambio. Pilotar uno de estos coches exige un compromiso total: «Estás entrando en una curva a más de 300, a fondo, y ni siquiera levantas».

El gran punto de inflexión en su carrera llegó sin aviso previo. Lawson siempre había imaginado el momento de debutar en Fórmula 1 como una llamada soñada, tiempo para asimilarlo y una pretemporada para prepararse, pero la realidad fue muy distinta. «Daniel se rompió la muñeca y, 12 horas después, era: ‘Liam, conduces mañana en la FP3’». No hubo margen para procesarlo ni para avisar siquiera a su familia: «Ni siquiera tuve tiempo de llamar a mis padres. Les mandé un mensaje: ‘Papá, mañana me subo al coche’».
Fue sin anestesia. «Cuando conduces estos coches, el nivel de compromiso es altísimo», explica, consciente de que en la F1 no existe el periodo de adaptación. Desde el primer minuto todo se mide, todo se compara y todo se juzga. «Te ponen a prueba, tío. Te ponen contra las cuerdas».
Los años de Red Bull
El paso por Red Bull fue un aprendizaje demasiado acelerado. «Para mí siempre va a ser eso: no tuve tiempo suficiente para entender el coche», reconoce. Llegó en el tramo final de una normativa ya exprimida durante cinco años, con un monoplaza «muy diferente» al que conocía. «No es que tuviera ‘demasiado tren delantero’ y fuera inconducible, como dice la gente. Es más la sensación que estás buscando. En Fórmula 1 el nivel de compromiso es tan alto que, si no estás 100% cómodo, no pierdes una décima: pierdes medio segundo».
Pone ejemplos concretos. En Melbourne, bajo la lluvia, encontró por momentos esa confianza. «Hubo unas vueltas en seco con slicks en las que me sentí realmente cómodo. Pensé: ‘Vale, esta es la sensación que necesito’». Pero en China, en formato sprint, todo se comprimió. «Tienes una sola sesión de libres y ya estás clasificando. Todo pasa más rápido». En Q1 apenas hay margen, dos intentos, neumáticos que deben estar en la ventana exacta, una vuelta lanzada condicionada por la outlap. «En la segunda vuelta miré el dash’y vi que los neumáticos estaban por debajo de temperatura. Llegas a la curva uno a más de 300, giras… y esa sensación ya no está. Levantas un poco, dudas, y ahí se fue medio segundo solo en esa curva». Así de frágil es el equilibrio.

La explicación técnica ayuda a entenderlo. «Es como confiar en una fuerza invisible llamada downforce. Vas a fondo, giras y confías en que el coche se va a pegar al suelo. Pero si hay una ráfaga de viento de cola, estás fuera. En estos coches, si pierdes la carga y te vas de lado, no importa lo rápido que sean tus manos, la carga se ha ido».
Sobre Max Verstappen recuerda en la conversación las salvadas en mojado, como lade Brasil, cuando el coche parece perdido y vuelve milagrosamente a la trazada. «Tiene un control del coche increíble», opina Lawson, y además es un tío legal: «Fue súper amable conmigo. Antes de llegar al equipo me ayudó mucho, cualquier pregunta que tuviera. Y después también. Fue realmente bueno conmigo».
En 2021, en el duelo con Lewis Hamilton, rememora que «eso fue el pico de la Fórmula 1». Dos pilotos empatados a puntos en la última carrera, el título decidiéndose en la última vuelta. «Llegó un punto en que era inevitable que acabaran chocando». Para Lawson, aquello evidenció algo más amplio, la dimensión emocional del deporte. «Puedes sentir la intensidad en todo el equipo, en miles de personas en la fábrica. Y cuando ves la emoción en el muro… entiendes lo que significa ganar o perder así».
2026
Esta temporada, es para Lawson como una página en blanco. «Es una oportunidad para todos. El año pasado entré al final de un ciclo de normativa. El coche llevaba cinco años desarrollándose y ya era lo que era. Ahora podemos ser parte de ese desarrollo desde el principio y quizá hacerlo más cómodo para nosotros».

Pero el orden de prioridades es claro. «Lo primero es la fiabilidad», subraya. «Antes de pensar en hacerlo rápido, tienes que asegurarte de que el coche termina las carreras». Con motores y sistemas nuevos, el desafío inicial no es ganar décimas, sino sobrevivir a la distancia de gran premio. Solo después llega el rendimiento puro. «Construir un coche que aguante y luego hacerlo rápido. Ese es el proceso».
La gran diferencia estará en la gestión energética. «Es muy, muy sensible», advierte. La utilización de la batería, cuánta energía despliegas y cuánta regeneras, será determinante. «Si te equivocas, te penalizará mucho». Ya en los primeros test lo ha comprobado: «Hubo una vuelta en la que llevaba el mapa equivocado y gasté toda la batería antes de la curva uno. Iba a 350 km/h yo solo, sin rebufo… y me pasé de frenada completamente». Además, los coches tendrán menos downforce y tenderán a deslizar más. «Hay más movimiento, más gestión desde el volante. Veremos diferencias no solo por velocidad, sino por cómo cada uno gestione la batería».
Logística y desgaste
La Fórmula 1 parece glamour, pero por dentro es una agenda que no perdona. «No creo que la gente tenga una perspectiva real de lo que pasamos con los viajes, los husos horarios, todo eso. Los fines de semana a veces arrancan el martes. El lunes es día de viaje, martes y miércoles tienes contenido y medios, el jueves ya estás en el circuito… y si hay triple-header, el domingo por la noche vuelas directo al siguiente país». Brasil puede enlazar con Qatar o Las Vegas. «Es 24/7», resume. «Y luego vuelves a lo mismo otra vez».

El propio fin de semana es una cinta transportadora. «Sales del coche y vas directo al debrie». Casco fuera, auriculares puestos, pantallas encendidas. «Nos traen la comida y comemos mientras hablamos con los ingenieros». Salvo el jueves, «el único día en que no comes en un debrief», no hay pausa real. «Desde que llegas al circuito hasta que te vas, todo está asignado. No hay un momento en el que no estés haciendo algo». Glamour hacia fuera; por dentro, una rutina milimétrica que no deja espacio ni para «ir al baño sin mirar el reloj», bromea.
Estrés
Todo esto sin mencionar el lado más oscuro que rodea hoy a la Fórmula 1, la fabricación de titulares, la desinformación y la industria del clickbait. Lawson explica cómo una frase dicha en tono de broma puede convertirse en polémica en cuestión de horas. Recuerda una entrevista en la que, entre risas, comentó que McLaren debería escuchar el himno de Nueva Zelanda por el origen de Bruce McLaren. Al día siguiente, los titulares hablaban de un piloto «indignado» por el himno británico. «Estaba literalmente riéndome cuando lo dije», lamenta. «Es salvaje lo inexacto que es tanto de lo que se publica. No entiendo cómo está permitido».
Tras un episodio en México en el que se hizo viral, su teléfono «no paraba de vibrar» con notificaciones y mensajes. «Mi móvil iba a romperse», dice. A partir de ahí eliminó las aplicaciones y silenció todo el contenido relacionado con la F1. «Borré todas las redes del teléfono durante bastante tiempo. Y ahora tengo todo lo de Fórmula 1 silenciado. Solo veo amigos y familia».

Lawson extiende esa reflexión al acoso en redes, especialmente entre los más jóvenes. Cree que el bullying ha cambiado de naturaleza, antes se quedaba en el colegio; ahora te persigue hasta casa a través del móvil. «Es muy fácil hacer la vida imposible a alguien desde una pantalla. El 99% de las cosas que la gente escribe online no tendría el valor de decirlas en persona».
En la Fórmula 1, ese fenómeno se amplifica por el fanatismo nacional. El piloto reconoce que, tras ciertos incidentes, su perfil se llenó de comentarios y banderas. Cita casos como el de Franco Colapinto, cuyos rivales han visto sus redes inundadas de mensajes de aficionados argentinos. «Está bien que la gente apoye a su piloto, pero no hace falta ir contra el otro».


Pingback: Liam Lawson habla sobre su relación con Fernando Alonso y las presiones en Fórmula 1 - Hemeroteca KillBait