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Boštjan Nachbar: «En la NBA, antes había menos respeto a los extranjeros; Juan Carlos Navarro tenía un rol diferente al que estaba acostumbrado»

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Boštjan Nachbar

Boštjan Nachbar nos recibe en la cafetería del Hotel Casa Fuster de Barcelona, ciudad en la que reside y desde la que ejerce como director general de la Asociación de Jugadores de la Euroliga.

 Nachbar tuvo una excelente carrera profesional en el baloncesto. Sus dos décadas sobre el parqué dieron para mucho. Compitió durante seis temporadas en la NBA y militó en equipos de siete países. En los primeros años de este siglo ya presentaba varias de las características que tanto se valoran hoy en el puesto de ‘4’.

Nacido el 3 de julio de 1980, las inquietudes y gustos de Boki van más allá de la canasta. Activo en redes sociales, ha colaborado con Unicef, lanzó un podcast muy popular en Eslovenia y es un apasionado de todo lo relativo al universo, tanto en la vertiente científica como en la ficción (es fan de la saga de ‘Star Wars’).

Además de esloveno, habla con fluidez inglés, alemán, español y serbocroata. «Si quiero explicar algo y no me sale bien en español, ¿lo puedo hacer en inglés?», pregunta. Ningún problema. Salvo alguna que otra palabra, arranca con el español y no para hasta el final.

Sois una familia muy vinculada al baloncesto. Tu hermano menor, Grega, es entrenador asistente del Cedevita Olimpija.

Sí, y también tuvo su etapa de jugador. Nos llevamos cuatro años. Yo soy del 80 y él del 84. Él jugó baloncesto universitario en Estados Unidos y pasó por la primera división de Eslovenia. Decidió tomar la dirección de ser entrenador bastante temprano, porque le gusta esa parte del baloncesto. A mí no tanto [sonríe].

Te has adelantado a la pregunta sobre si te has llegado a plantear una carrera como entrenador.

Con pequeños y jóvenes sí me gusta trabajar, pero ser un entrenador de nivel profesional… Nunca he tenido este deseo.

Has visto desde cerca todo lo que tienen que aguantar.

Demasiado [ríe].

Seguimos con la familia. Tu hija mayor, Tara, ya ha sido internacional eslovena en su categoría.

Ahora juega en Estados Unidos, en la Western Reserve Academy de Ohio. Todavía está en edad de high school. Estuvo tres temporadas en el Joventut, y antes en el Barça. Está enamorada del baloncesto. Como padres hemos buscado siempre el mejor entorno para que pueda seguir mejorando; para que pueda disfrutar de este deporte. Las personas que me conocieron a mí como jugador y ahora conocen a Tara, dicen que de joven yo estaba muy enfocado en el baloncesto, pero que Tara está a otro nivel. Vive por el baloncesto, ve partidos todos los días, y sólo piensa y habla de baloncesto. Es algo bonito, pero también como padre debo hacer que sea consciente de que hay otras cosas en la vida además del deporte.

Por otro lado, nunca me gustó ser el típico padre que presiona todo el día para que sus hijas vayan a los entrenamientos. Los deportes son en primer lugar para disfrutar, sobre todo en el caso de los más jóvenes. Mi otra hija, Ajda, que tiene 12 años, también está todo el día con el baloncesto en la cabeza. Ahora está jugando en la Penya.

Espero que a tu mujer le guste el baloncesto.

Sí, no tiene otra opción [ríe]. Cuando dejé de jugar, con 37 años, ni Tara ni Ajda, la pequeña, jugaban al baloncesto. Ahí le dije a mi mujer: «Por fin no voy a estar cada día en un pabellón, entrenando o jugando». Dos o tres años después empezó Tara con el baloncesto. Y yo, de nuevo, dentro de un pabellón. No puedo escapar.

El plan era que nuestras hijas probasen otros deportes. Tara, por ejemplo, jugó un año al fútbol, y la pequeña hizo baile. Las dos practicaron también kárate. Pero un día dijeron: «Papá, queremos baloncesto. ¿Por qué no nos apuntas?». Y yo pensé: «Joder, otra vez» [risas]. Y así empezamos. Pero está bien porque las veo muy centradas a las dos, también con los estudios y el resto de cosas.

A esas edades, el deporte es un camino muy bueno para tomar responsabilidades y madurar.

Así es, porque si tú tienes un objetivo, que no tiene por qué estar relacionado con el deporte, el resto de las piezas van a encajar. En nuestro caso, hemos procurado ofrecer un entorno que las permita centrarse en el baloncesto, pero sin descuidar otros aspectos. Este enfoque ayuda a que lo que está fuera del deporte funcione muy bien también.

Boštjan Nachbar

En tu caso, de niño practicaste varios deportes antes de decantarte por el baloncesto.

Prácticamente todos.

En Yugoslavia era lo habitual, ¿no? Los niños y los jóvenes jugaban y competían en varios deportes.

Sí, y creo que por eso han salido tantos buenos deportistas de esos países. Te ayudaba a crecer y ser más coordinado, más rápido. En un año yo llegué a entrenar a tenis, fútbol y baloncesto, y también jugaba para equipos escolares de voleibol y balonmano. Cada día hacía algo diferente. Y en invierno, además, en Eslovenia hacíamos esquí. Hice varios deportes hasta los 12 años más o menos, que me decanté por el baloncesto.

¿Por qué motivo?

Sobre todo por la figura de mi padre. Él jugaba. No era profesional, porque en aquella época en Yugoslavia muy pocos equipos te permitían serlo. Cuando él jugaba yo siempre iba con él hasta la pista. También le acompañaba cuando echaba partidillos de 3 vs. 3 con sus amigos. Como he dicho, con ocho, nueve, diez años jugaba también a otros deportes. Fui creciendo y me fui enamorando del baloncesto. No sé, me sentía muy bien cuando jugaba. Era un niño muy alto y en nuestro pueblo no existía demasiada afición; así que me sentía el más fuerte, alguien único cuando jugaba al baloncesto. Así empezó todo.

Naciste en Slovenj Gradec y creciste en Dravograd, dos ciudades pequeñas del norte de Eslovenia. Tuviste que irte pronto a Maribor para jugar al baloncesto.

Vivíamos a una hora en coche de Maribor. Mi padre me llevaba 3 o 4 veces por semana para entrenar. Después del colegio nos tocaba una hora en coche, y no por autopista. La carretera no era buena. Tras el entrenamiento, vuelta a nuestra casa. Llegábamos a las nueve o diez de la noche. Hacía los deberes, me iba a dormir y hasta el día siguiente. Pero este ritmo yo no lo sentía como una presión u obligación. Al revés, tenía el deseo de entrenar cada día.

Si no no se puede aguantar.

La gente siempre me pregunta si era difícil llevar esa rutina, con viajes en coche continuamente. Yo respondo que no, porque quería hacerlo. A mí me gustaba y quería alcanzar el siguiente nivel. Buscaba estar en el sitio que me permitiese mejorar, jugando con gente más alta y con más talento. Aquella fue muy buena época en el baloncesto esloveno. No lo digo sólo por la generación del 80, también por las de los años anteriores.

Debutas con el equipo de Maribor a una edad muy temprana.

Jugué mi primer partido en la Liga profesional con 15 años. Y la temporada siguiente, con 16, ya tenía contrato con el primer equipo. No era el típico jugador número 12, sino que tenía bastantes minutos. Era una época diferente, porque también las reglas lo eran. Cada equipo sólo podía tener dos extranjeros. Un club tenía dos extranjeros buenos, muy buenos, más tres, cuatro o cinco jugadores locales veteranos. Y el resto eran jóvenes.

Había mucho más espacio para los que llegaban desde abajo.

Creo que por esta razón salieron tantos buenos jugadores de Eslovenia. Ya desde muy jóvenes jugábamos contra mayores, contra profesionales. Así aprendes más rápido. No era sólo el hecho de estar dentro del equipo; jugábamos 15, 20, 25 minutos por partido. Con y contra adultos.

En las antiguas escuelas de baloncesto de Yugoslavia siempre se daba oportunidades a los jóvenes. Continuamente se estaba buscando al próximo Toni Kukoč, o al próximo Dražen Petrović. Los entrenadores tenían la valentía, el coraje, de dar la oportunidad a este joven, o al de más allá. Ahora eso pasa muchas menos veces. El deporte es mucho más profesional.

La primera preocupación del entrenador es ganar. Teme por su puesto de trabajo y prefiere recurrir a jugadores experimentados.

Claro, eso es. Además, en Eslovenia nuestro club era como el quinto o sexto más importante de la Liga. No teníamos presión por ganar la competición, porque ahí estaba el Olimpia de Liubliana, que era el mejor equipo del país. La única presión era mantenerse en la categoría.

Muchos equipos podían jugar sin esa presión de ganar algo grande, y daban oportunidades constantemente a los jóvenes. Yo fui uno de ellos, igual que Marko Milič, Rasho Nesterovič, Primož Brezec, Beno Udrih, Erazem Lorbek, Jaka Lakovič, Sani Bečirovič…. Varios de ellos jugaron después en la NBA, y otros en Euroliga, a nivel top. Todos salimos del mismo entorno. Eso no puede ser casualidad.

Has citado a Dražen Petrović y Toni Kukoč. Cuando creciste había un montón de figuras del baloncesto dentro de Yugoslavia. ¿Quiénes eran tus referentes, aquellos en los que más te fijabas?

Mi referente siempre fue Toni Kukoč. Jugaba más o menos en la misma posición y quería ser como él. Pero el mayor respeto lo siento por Dražen. Él fue un referente; la primera gran estrella de baloncesto en Yugoslavia. Me refiero a estrella de dimensión internacional. Enamoró a todo el mundo. Dio el salto a la NBA y destacó con los Nets. Por eso he sentido siempre tanto orgullo de haber jugado con New Jersey. Fue algo especial para mí.

El primer encuentro de Nachbar con la elite se produjo con su fichaje por el Olimpia en 1997. En el gran dominador del baloncesto esloveno compartiría vestuario con Arriel McDonald y algunos de los mejores jugadores del país.

Boštjan Nachbar

Te incorporas al Union Olimpia de Liubliana para la temporada 1997/98. A un equipo que había jugado la Final Four de la Euroliga el curso anterior, y tú seguías siendo muy joven. ¿Cómo recuerdas tu llegada a aquel club?

Ese fue mi primer contacto con el nivel top de Europa. Con 17 años. Entrenaba muy bien y jugaba sobre todo en la Liga de Eslovenia. En Euroliga no tanto, pero fue una experiencia importante. Eso sí, después de un año decidí con mi familia que lo mejor era volver a un club más pequeño, para jugar más y tener más oportunidades. No quería perder esos primeros años de carrera. Pero sí, fue algo especial jugar en uno de los mejores equipos de Europa en esa época. Vi cómo era la dinámica de entrenamientos, viajes, reuniones… También viví la presión que supone jugar ante un pabellón lleno en cada partido.

Te enfrentaste en una eliminatoria de octavos de la Euroliga a la Benetton, tu futuro equipo.

Es verdad. Jugué el primer partido del playoff. Me dio la oportunidad el coach Sagadin. Recuerdo que me sentí bastante bien en la pista, pero no jugué muchos partidos y, como he dicho, para mí lo más importante era tener minutos. Por eso volví al Maribor el año siguiente [98/99]. Y luego fui a Laško, el otro equipo esloveno que jugaba en la Euroliga. Eso es algo inimaginable hoy en día. Tener dos equipos en la Euroliga procedentes de un país pequeño como Eslovenia.

Y un tercero, el Krka de Novo Mesto, también llegaría a jugar la Euroliga.

Así es. En la actualidad es imposible. Con los presupuestos que tienen los grandes clubes europeos, el baloncesto esloveno no puede seguir el ritmo.

Con Laško, en la temporada 1999/00,pierdes una final de Copa contra el Olimpia, que se había reforzado para esa temporada con Jasikevičius.

Sí, y también perdimos la final de Liga contra el Krka de Novo Mesto, pero porque tuvimos las bajas de tres jugadores por lesión. Uno de ellos fui yo. Todavía tengo la cicatriz [se señala una parte del antebrazo; NdR]. No recuerdo bien si fue en el último partido de la fase regular o en la eliminatoria contra Olimpia de Liubliana, pero no pude jugar esa final.

Contra Krka tampoco estuvieron Gregor Hafnar, todavía joven y nuestro mejor jugador en aquel momento, ni Mileta Lisica, serbio, que ocupaba plaza de extranjero. Perdimos 3-1 en la final. Teníamos mejor equipo y jugamos muy bien durante la temporada. Nos quedamos bastante decepcionados con el resultado de esa final. Krka, por cierto, tenía a otro jugador esloveno que sería muy famoso después: Matjaž Smodiš. Para la temporada siguiente él se fue a la Virtus de Bolonia y yo a la Benetton.

Antes de cumplir los 20 años, participas en dos ediciones del Nike Hoop Summit, en 1999 y 2000. En aquella época no era tan corriente como ahora viajar a Estados Unidos.

Era totalmente diferente. Hasta este momento sólo habíamos visto las ciudades de Estados Unidos en películas. Fuimos en 1999 a Florida, y en el 2000 primero a Chicago y luego a Indianápolis, donde se celebró el partido. Ahí vi por primera vez un pabellón de la NBA. Sólo los había visto por la tele, así que jugar el Nike Hoop Summit en un pabellón como el Conseco Fieldhouse fue algo especial.

Creo que ese fue el momento en el que puse mi nombre dentro de las listas de los scouts de la NBA, porque antes no venían tantos ojeadores a ver partidos en Europa.

Fue tu escaparate.

Desde ese momento comenzó a hablarse de que Boki Nachbar podría llegar a ser jugador de la NBA. Hasta ese momento era sólo un deseo, pero a partir de ahí empezó a ser una realidad para otras personas. Podría jugar ahí algún día.

En el combinado del resto del mundo del Nike Hoop Summit encontramos varios nombres conocidos. En 1999 estaban Fotsis, Radmanović o Ilievski, que destacó ese día. En el equipo estadounidense, jugadores como Joe Johnson o Kirk Hinrich. Un año después coincidiste con Tony Parker, Marko Popović o Sergi Vidal. Enfrente estaba, por ejemplo, Zach Randolph, que anotó 24 puntos. ¿Algún compañero o rival te impresionó especialmente en esos partidos?

En cierto sentido, todos y ninguno. Éramos de la misma edad, y no se percibía ningún talento excepcional, como por ejemplo había ocurrido en 1998 con Dirk Nowitzki [33 puntos y 14 rebotes]. O con lo que se vio de Pau a esa edad, aunque él no jugase el Nike Hoop Summit.

En ese momento no se hablaba de Tony Parker como alguien tan especial. Era muy bueno, sí, pero no se sabía que iba a tener una carrera con tanto éxito. Los Spurs creyeron en él, y lo seleccionaron al final de la primera ronda. Tony ha hecho una carrera increíble, y también, como has dicho, varios de los que disputaron esos partidos han tenido muy buenas trayectorias.

¿Cómo seguías la NBA cuando vivías y jugabas en Eslovenia?

Me levantaba a las tres de la mañana para ver por la televisión el partido en directo, sobre todo cuando se jugaban los playoffs y las finales. Recuerdo levantarme, salir de mi casa e ir en bici a encontrarme con mis amigos en otra zona del pueblo, donde alguno tenía televisión con satélite. Era una época diferente. Luego, con Internet, todo fue cambiando, y había más oportunidades, pero al principio era así. Además había un programa por la televisión el fin de semana.

¿NBA en acción, no?

Sí, aunque no lo echaban en la televisión eslovena, sino en un canal alemán, ZDF. Había dos programas. Estaba NBA en acción y otro que se llamaba Inside the NBA, que incluía todas las noticias de la semana. Los domingos, igual que la gente iba a la iglesia, nosotros nos poníamos delante de la televisión para ver el programa.

Vuestra cita semanal.

Viendo la NBA desde pequeño me fue entrando un gran deseo de jugar allí. De verdad. Pero era casi inimaginable. Era de un pueblo pequeño de Eslovenia, que ni siquiera tenía un club de baloncesto. Recuerdo que cuando sacaba el tema mis amigos me decían: «¿De qué estás hablando?». Luego también hay que tener mucha suerte en la vida, claro.

Por algunos videos que has ido colgando en tu cuenta de X, Jason Williams te impresionaba mucho en aquellos años.

Bueno, también tenía sus fallos, pero verlo era muy interesante. Llegué a jugar contra él en la NBA y siempre he sentido mucho respeto hacia él. Era un jugador diferente, ¿no? Fue uno de los primeros que nos enseñó que se puede combinar el show con el baloncesto… Porque en Eslovenia, como en general en toda Yugoslavia, el baloncesto era algo muy serio y rígido. Nuestra generación creo que fue la primera que intentó hacer algo diferente: combinar un poquito el show, los pases, los driblings… A veces volvíamos un poco locos a nuestros entrenadores con estas cosas.

Creo que Jason Williams no hubiera llegado a ser profesional si hubiera nacido en Yugoslavia.

No, seguro que no [ríe].

En el verano del 2000, Eslovenia gana el Eurobasket U20 disputado en Macedonia del Norte. Conquistar un título así, con compañeros de generación, seguro que fue un logro muy especial.

Sí, y no sólo por el hecho de ganar un torneo como ese, de tanta importancia, sino también porque supuso la primera medalla de oro para Eslovenia en cualquier deporte colectivo.

Boštjan Nachbar

Habían pasado pocos años desde la independencia del país.

Esta medalla tuvo mucho peso. La gente fuera de Eslovenia no es consciente de la alegría que sentimos. Era la primera vez. Habíamos puesto a Eslovenia en el mapa. Tengo muy buenos recuerdos. Fue especial también al ganarlo con mi generación, con los amigos con los que había crecido. Eslovenia es un país muy pequeño, y todos nos conocíamos desde que éramos niños.

Eslovenia jugó contra España en la primera fase de ese torneo. En ese equipo estaban Pau Gasol, Carlos Cabezas, Berni Rodríguez, José Calderón, Felipe Reyes, Germán Gabriel, Sergi Vidal…  Varios de ellos habían ganado el oro mundial U19 el verano anterior, en Lisboa.

España tenía un equipo con muchísimo talento. Ya se veía que de ahí iban a salir varios jugadores de nivel top. Sin duda.

Nosotros teníamos un equipo muy conjuntado, porque llevábamos juntos muchos años. Al comienzo del torneo no teníamos demasiada idea de nuestro potencial real. Cuando vimos que podíamos competir contra equipos como España y Croacia [Eslovenia perdió por pocos puntos ante ambas en la primera fase; NdR], que eran muy fuertes en esa época, o con Grecia… Fuimos convenciéndonos de que podíamos hacer algo grande.

Eslovenia, que finalizó en segunda posición de su grupo, por detrás de España, superó a la Grecia de Diamantidis, Fotsis o Papadopoulos en cuartos. En semifinales fue el turno de Croacia (74-73). Allí estaba Zoran Planinić, con el que Nachbar coincidiría unos meses en New Jersey Nets, junto a otros apellidos conocidos, como Bagarić, Stojić o Žižić. La final contra Israel, equipo en el que sobresalían Tal Burnstein y Yaniv Green, se resolvió también por la mínima (66-65). Boštjan finalizó el torneo como el segundo mejor esloveno en puntos y rebotes.

Varios partidos se decidieron a vuestro favor en los últimos instantes.

Sí, pasa siempre en este tipo de campeonatos. Nunca es fácil en un Europeo. Nosotros crecimos durante el torneo. En la final contra Israel, mi buen amigo, Smiljan Pavičcon, siguió la canasta clave debajo del aro. Fue nuestra primera ventaja en aquel partido, y acabamos ganando por un punto. Fue un momento muy especial.

Sani Bečirovič fue el anotador más destacado de Eslovenia.

Bečirovič hizo un torneo brutal. Todos estábamos seguros en ese momento de que iba a hacer una carrera… No digo al nivel de jugadores como Dražen o Luka, pero sí una trayectoria increíble. Era un talento… No sé cómo explicarlo; tenía algo especial, un feeling para el juego increíble, pero tuvo muchos problemas con sus rodillas y varias operaciones graves. Llegó un punto en el que no sabía si iba a poder caminar con normalidad en el futuro, ni hablar de correr o jugar al baloncesto. Tiene sus rodillas llenas de cicatrices.

Sin lesiones seguramente hubiese sido de los mejores europeos de su época. Todos los que le vimos jugar al principio de su carrera lo sabíamos. En categoría U20, por ejemplo, fue el MVP, el que mejor torneo hizo, por encima de Diamantidis o Planinić. Hacía unas cosas… Y no estamos hablando de torneos de jugadores de 10 o 12 años; estamos hablando de jugadores de 20 años. Si destacas tanto en esa categoría, significa que tienes mucho potencial.

Incluso con todos estos problemas físicos, acabó haciendo una carrera muy buena. Ganó la Euroliga con Panathinaikos, y estuvo muchos años en el baloncesto italiano, pero nunca pudo ir a la NBA. Sus rodillas no le permitieron jugar allí.

Del júbilo en Ohrid, Nachbar pasó al más alto nivel del profesionalismo. Marcus Brown, Petar Naumoski, Marcelo Nicola, Riccardo Pittis, Jorge Garbajosa o Isma Santos serían sus compañeros a partir de ese verano.

En ese mismo 2000 llegas a Treviso para jugar en la Benetton. Con 20 años te encuentras en una de las mejores Ligas de Europa, ocupando además plaza de extranjero. Fuiste, de hecho, el jugador foráneo más joven del torneo. ¿Cómo viviste ese salto?

En esa época no me preocupaba de esas cosas. Ahora pienso en lo que suponía jugar en Italia, en la mejor Liga europea del momento, ocupando plaza de extranjero y en un equipo tan grande como la Benetton…No sé cómo podía aguantar toda esa presión.

En mi lugar podría haber estado un español, un serbio o un griego, y ellos apostaron por mí, un esloveno de 20 años, 19 en aquel momento, ocupase este sitio. Por otro lado, el paso a Italia fue bastante sencillo, porque Treviso está junto a Eslovenia. Son tres horas en  coche desde mi casa. Estaba muy cerca, y el club tenía una organización muy buena. Todos los trabajadores de la Benetton tenían el mayor nivel de profesionalidad, dirigidos por Maurizio Gherardini. Él era el jefe del área deportiva, el mánager general.

Mi primer año fue muy difícil. Con el entrenador Piero Bucchi jugué poco. Él era muy exigente conmigo y no tuvo mucha paciencia. Todo cambió el segundo año, porque vino Mike D’Antoni, que para mí es uno de los mejores entrenadores que he tenido, si no el mejor. Era un técnico que pensaba diferente, que buscaba perfiles de jugadores que pudiesen jugar rápido, con un baloncesto abierto. Nunca olvidaré lo que me dijo antes del primer entrenamiento que tuvimos con él. Me aseguró que yo estaría en el quinteto inicial. Me quedé sorprendido, porque no habíamos trabajado juntos antes. Pensaba que no me conocía, pero me dijo que me había visto jugar bastante. Y, como él me dijo en ese momento, formé parte del quinteto durante toda la temporada. Mike buscaba un perfil de jugador con el que encajaba bien.

Un jugador grande y rápido, que tuviese capacidad para tirar y anotar desde fuera de la zona.

Claro. Correr, «fastbreak» [contraataque] rápido y triple. Ese era su baloncesto, y yo me aproveché mucho de ello. Aprendí un montón con él. También trabajaba con sus asistentes en aspectos individuales, pero lo más importante fue la confianza que me dio. A este nivel, los jugadores jóvenes pueden mejorar todavía, y necesitan hacerlo, pero lo más importante es que tengan la confianza de su técnico. Si esa confianza se complementa con minutos en la pista, ese jugador va a volar. Eso me pasó a mí en la Benetton. Hice una temporada increíble, sobre todo después de lo que había ocurrido el año anterior, con muy poco tiempo en pista. Con 20 años estaba anotando más de 12 puntos por partido en la Euroliga [en su mejor día, clavó 28 puntos, con seis triples, al Slask polaco en Wroclaw; NdR]. Esa temporada ganamos Liga italiana y Supercopa [al Scavolini; NdR], y disputamos la Final Four de la Euroliga. Hicimos la mejor temporada en la historia del club.

Tuvisteis una final de Lega accidentada.

Sí [sonríe]. No habíamos ni acabado el tercer partido contra la Fortitudo cuando se suspendió [faltaban un minuto y dos segundos; NdR].

Boštjan Nachbar

Os tuvieron que dar el trofeo en el vestuario.

Sus aficionados invadieron la pista. Pero fue casi mejor de esa manera. Sentimos su enfado, y eso nos hizo valorar más la victoria. Había una rivalidad baloncestística enorme entre Bolonia y Treviso.

¿Con los dos equipos de Bolonia?

Con los dos, pero creo recordar que más con la Fortitudo que con la Virtus.

Aquel accidentado partido supuso el 3-0 definitivo en la serie final , que coronó a la Benetton como campeona de Italia por tercera vez en su historia. La Effe había quedado primera de la fase regular y contaba en su plantilla con varios campeones italianos del Eurobasket de 1999, como Fučka, Galanda, Meneghin o Basile. Junto a ellos, el exbase del FC Barcelona Anthony Goldwire o Marko Milič, compatriota de Boštjan.

Por si fuera poco, la Virtus de Bolonia, vigente campeona de la Lega y reciente finalista de la Euroliga, cayó ante la Benetton en semis. En este caso, tras cuatro partidos.

En semifinales de aquella Lega ganasteis a la Virtus. Una revancha de la Final Four de Bolonia.

Tenían un equipo brutal. Con Ginóbili, con Jarić

 Tu compatriota Smodiš.

Y también Sani Bečirovič, que jugaba poco, pero estaba en esa plantilla. Más Rashard Griffith, Abbio

Y Rigaudeau.

Tremendo equipo, pero nadie podía seguir nuestro ritmo de juego. Con Tyus Edney de base y el resto corriendo al ritmo que marcaba él. Era algo tan diferente a lo que se veía en Europa… Hasta entonces se jugaba un baloncesto mucho más controlado, mucho más lento. Nosotros fuimos sin duda el primer equipo en jugar así. Recuerdo que en los entrenamientos, Mike D’Antoni nos decía: «Si estás solo tras cinco o seis segundos de posesión, debes tirar. Si no, irás al banquillo». Cuando alguien replicaba, él afirmaba que nadie podía asegurar que después de 20 o 21 segundos íbamos a tener un tiro mejor que un lanzamiento abierto a los seis segundos. Esa era su filosofía. Algo totalmente diferente.

Aquí quería detenerme un poco en la figura de Maurizio Gherardini, el que llevaba el timón desde los despachos y una de las personas más relevantes del baloncesto europeo en los últimos 30-35 años.

[Piensa unos segundos] Él fue la primera persona que entendió la importancia de tener un club muy bien organizado. Eso en primer lugar. Cuando llegué a la Benetton, por ejemplo, vi lo que significaba un club organizado, profesional, de arriba a abajo. Todo funcionaba perfectamente.

En segundo lugar, estaba muy abierto a colaborar con la gente de la NBA. Aprendió mucho de ahí. Y también tuvo una gran visión para descubrir talentos jóvenes. Descubrir y dar oportunidades. Porque cuando traes un joven, hay que darle espacio y minutos. Eso normalmente no se hacía en un club grande.

No conozco a otra persona que haya entendido el baloncesto europeo mejor que él, desde un punto de vista global. Por eso ha tenido tanto éxito por todos lados.

Hace unos meses vi una entrevista en la que Maurizio presumía de que en el draft del 2002,en el que saliste elegido, también obtuvo una posición alta Nikoloz Tskitishvili [número 5]. De una ciudad pequeña como Treviso salieron dos jugadores en primera ronda de la mejor competición de baloncesto del mundo.

Es verdad. En ese momento había muchos clubes europeos que no dejaban a los scouts de equipos de la NBA ir a ver sus entrenamientos, o estar cerca. En nuestros casos, como luego pasó con Bargnani [número 1 en el draft de 2006; NdR], tuvimos la suerte no sólo de tener a un entrenador estadounidense, sino también de contar con un mánager general como Maurizio, que invitaba a todos los ojeadores de la NBA para que pudiesen vernos entrenar y jugar. Además podían conocer el funcionamiento del club desde dentro.

Todos esos ojeadores vieron que aquí también se jugaba un baloncesto serio, que era muy parecido, en el caso de la Benetton, al estilo de la NBA. Por eso luego los Phoenix Sunsvinieron a por Mike D’Antoni y le pusieroncomo entrenador. Protagonizó una historia increíble con Steve Nash de base. Es curioso, todos dicen que aquellos Suns fueron el primer equipo que jugó ese baloncesto de «Seven seconds or less», pero no es verdad. La Benetton fue como un test para Mike. La construcción del equipo era muy parecida a la que luego hubo en Phoenix.

Es como si D’Antoni hubiese tenido un laboratorio para ensayar en Treviso.

Sí, con Tyus Edney, un base rápido que anotaba y asistía con facilidad, y un equipo lleno de jugadores que podían correr a su ritmo.

Por ahí estaba Jorge Garbajosa.

También tiraba desde fuera, como Marcelo Nicola. Además estaban Charlie Bell, Chikalkin, un ruso que era un tirador increíble, Massimo Bulleri, yo mismo… Muchos jugadores que podían lanzar con acierto.

Boštjan Nachbar

Estaba pensando en el ‘5’ de aquel equipo.

Denis Marconato. Pero no jugaba siempre. Teníamos dos tipos de juego, uno con Denis y otro sin él.

Marconato a veces sufriría un poco dentro de ese ritmo.

Bueno, a veces necesitas un grande, en función también de lo que tenga el otro equipo y lo que tú tengas que hacer en defensa. Denis era un poquito más lento pero también era capaz de correr. En el otro esquema, sin ‘5’ clásico, formaban un base pequeño y cuatro jugadores que podían intercambiar posiciones.

En Phoenix la idea de Mike fue muy parecida. El ‘5’ era Amar’e Stoudemire, que también corría como un loco. Con él, además de Nash, estaban Marion, Barbosa, Bell… Como bien has dicho antes, fue un laboratorio para él.

Llegamos al draft de 2002. Fuiste elegido en el puesto número 15, por los Houston Rockets. ¿Esperabas salir en primera ronda?

No fue una sorpresa. Yo sabía que iba a ser seleccionado entre el puesto 11, que creo que era de Washington, y el 18 o 19, que lo tenía Utah. Mi agente y yo tuvimos una cena la víspera del draft con el mánager general de los Jazz. Me dio la mano y me dijo que sería su elección si no era escogido por otra franquicia antes. No obstante, sabíamos que probablemente iba a ser seleccionado en un puesto más alto.

La segunda opción más real eran los Houston Rockets. Representantes de la organización vinieron a verme un par de veces a Italia. Houston tenía el número 15, y Rudy Tomjanovich había estado en la Final Four de Bolonia para verme jugar en directo. Además, había hecho un buen entrenamiento en Houston antes del draft. Me sentía muy cómodo con ellos. Al final fui seleccionado por los Rockets.

Antes has recordado tu llegada a la Benetton de Treviso, con cierta inconsciencia que te quitó mucha presión en el día a día. ¿Te ocurrió algo parecido con tu elección en el draft? ¿Cómo fue ese salto a la NBA?

Siempre digo, hablando de los comienzos en Houston, que tuve buena y mala suerte al mismo tiempo. Depende de cómo lo miremos. Fui seleccionado en la primera ronda, pero el primer «pick» de los Rockets fue Yao Ming, elegido en la primera posición. Todos, no sólo dentro del club, sino también en los medios, pusieron el foco sobre él. Eso me ayudó a afrontar el cambio de baloncesto sin tanta presión. Fue una transición más normal.

Pero, por otro lado, en el club me dijeron que en esa primera temporada no iba a jugar demasiado tiempo. No podían dar protagonismo a dos rookies al mismo tiempo. No había espacio en la rotación, porque además el equipo iba a luchar por alcanzar los playoffs, algo que llevaban algunos años sin conseguir. Era un gran deseo de la franquicia. Al final no nos clasificamos ese primer año, pero sí el segundo [2003/04].

No voy a decir que ese primer año lo perdí. No fue una situación ideal, porque jugué muy poco, pero entrené bien y me preparé para los cursos siguientes. A veces pensaba que si me hubiese seleccionado un equipo que sólo tuviese un «pick» en primera ronda estaría jugando más, aunque es verdad que necesitaba coger peso y fuerza. Estaba muy delgado, y el baloncesto en los 2000 era muy diferente a lo que es hoy. Había mucho más uno contra uno, «isolation» [aclarado], y no se jugaba tan abierto. Además se permitía mucho más contacto. Hoy tocas un poco al rival y te señalan falta; se da muchísima ventaja al ataque. Cuando llegué a la NBA, sin llegar a lo que pasaba en los años 80,todo era muy diferente. Para un jugador europeo joven, delgado, al que nadie conocía, era complicado.

Ese año pasarías horas y horas en el gimnasio.

Mucho tiempo, sí. El siguiente año jugué más, aunque pasó algo que no esperaba. Hubo cambio de entrenador y llegó Jeff Van Gundy.

¿Cómo era tu trato personal con Rudy Tomjanovich? En ese primer año, con pocos minutos, ¿tenías una buena relación con él?

Sí, porque fue muy honesto conmigo. Me dijo: «Boki, el primer año no vas a jugar mucho. Pero el siguiente no nos corresponde ninguna elección en la primera ronda del draft, así que tú tendrás ese rol». Además, la gente de los Rockets me había avisado antes del draft. Me dijeron que si me seleccionaban en el número 15, tenía que ir ya a la NBA; que no podría seguir uno o dos años en Europa. Fue su condición, porque querían trabajar conmigo cuanto antes y prepararme para el futuro.

¿Qué ocurrió? Antes del final de mi primera temporada, detectaron un problema serio de salud [cáncer de vejiga] a Rudy Tomjanovich. Dejó su puesto de entrenador para recuperarse, y durante ese verano cambió totalmente el cuerpo técnico. Llegó Jeff Van Gundy con nuevos asistentes y yo tuve que empezar de cero. Debía darlo todo para que Van Gundy, que no me conocía, supiese quién era y cómo jugaba. No tenía dudas de que si Rudy hubiese seguido, yo hubiera tenido un rol más importante. Ese era el plan para mi segundo año: tener más protagonismo siendo ya más fuerte y rápido. Sabía que mi momento iba a llegar.

El problema fue el cambio total en el banquillo. Empecé desde cero, como el último jugador de la rotación que luchaba por ganar minutos. Con el cambio de entrenador hubo también un cambio de modelo. Todo el mundo sabe que a Van Gundy le gustan jugadores fuertes, buenos defensivamente, americanos, veteranos. Nosotros pasamos en uno o dos años de ser uno de los equipos más jóvenes de la NBA, con Yao Ming, Eddie Griffin, Steve Francis, Cuttino Mobley o yo mismo, a uno de los más veteranos.

En Houston llegué a tener compañeros de equipo que no me hubiera esperado meses antes: Dikembe Mutombo, Charles Oakley, Charlie Ward, Tyronn Lue, Jim Jackson, Clarence Weatherspoon… Comenzamos a parecer un equipo de los 90. Pasamos de un extremo a otro en un verano. Y yo ahí, en el medio. No era fácil.

En ese segundo año llegáis a playoffs, y os encontráis con los Lakers de O’Neal, Bryant, Payton y Malone.

Conseguí entrar en la rotación de ocho jugadores. Creo recordar que ya en el principio de temporada Jeff Van Gundy dijo que jugaría con nueve o diez jugadores durante la temporada, y en playoffs reduciría la rotación a ocho. Yo entré ahí, después de un año trabajando duro y luchando para tener minutos.

Jugué más de 10 minutos en un par de partidos contra los Lakers, y acabé contento con mi rendimiento. Al fin pude jugar partidos grandes en la NBA, en playoffs. Fue una buena experiencia, sobre todo porque fue contra aquellos Lakers; contra Kobe y Shaq.

En aquellos años, sin tanto acceso a Internet o a canales de televisión internacionales, tendíamos a idealizar mucho a las estrellas de la NBA, como si fuesen de otro planeta. Cuando te ves frente a esos Lakers, con Phil Jackson de entrenador, ¿qué sentías? ¿Estabas impresionado o más bien motivado?

Bueno, durante el partido no pensaba en eso. Más tarde sí. Por ejemplo, vi unas imágenes por ESPN en las que salía haciendo un mate delante de Kobe [sonríe]. También en mi primera temporada tuve un momento así. En un partido contra Orlando Magic hice un movimiento ante Grant Hill, que siempre había sido uno de mis ídolos, y logré la canasta. Cuando salí de pista y me senté en el banquillo, daba vueltas a la cabeza: «Estoy jugando contra Grant Hill [sonríe]».

Boštjan Nachbar

Un sueño de juventud que se convertía en realidad.

Me acuerdo también de un encuentro contra New York Knicks, mi equipo de la NBA favorito en los 90. Allí jugaban en ese momento Allan Houston y Latrell Sprewell. Pensé contra quién estaba jugando y me impactó. Pero sólo fue un momento. Cuando entras en la dinámica de un partido no piensas en eso. No te da tiempo. Estás demasiado enfocado en el juego.

Antes de todo eso, compartiste un workout previo al draft con Michael Jordan.

Eso fue algo diferente. Un momento surrealista. Surrealista. Estaba en el vestuario y no sabía que iba a venir Jordan a hacer un entrenamiento con nosotros. Éramos tres jugadores: Jiří Welsch, Jared Jeffries, que creo que acabó siendo elegido por Washington en el número 11,  y yo. Estábamos en el vestuario, preparándonos para el workout, y entró alguien.Yo no vi quién era. Se sentó, se puso las zapatillas y de repente levanto la cabeza y me encuentro con Michael Jordan [ríe].  Se acercó a nosotros: «How are you?». En ese momento él jugaba en los Wizards.

Venía de disputar su primera temporada después de su regreso al baloncesto profesional.

Además tenía mucha influencia dentro de la organización de los Wizards. Ese día entrenó con nosotros. Ahí había un técnico, pero él estaba al lado, hablando y enseñándonos cosas. Fue algo increíble. Cuando la gente me pregunta si jugué contra Michael Jordan, yo respondo que tuve una experiencia mejor: poder hablar con él, preguntarle cosas, mientras nos enseñaba sus movimientos ofensivos, el ‘fade away’… Entrenamos una hora, hora y media con él. Una experiencia muy chula.

En Houston coincides con Yao Ming. ¿Cómo era tu relación con alguien tan mediático?

Podríamos hablar una hora sólo de él. Es un tío muy listo; una persona muy inteligente. Pero por otro lado ha tenido una presión inimaginable en su vida. Tenía detrás a un país como China. Aunque no hubiera redes sociales entonces, no te puedes imaginar la cantidad de medios y personas que nos seguían a cada entrenamiento, partido o evento. Era como un circo. Después de uno o dos meses ya estaba harto. Yo lo veía, porque hablaba mucho con él, comíamos juntos durante los viajes… Estábamos siempre juntos.

Recuerdo lo que pasaba con las votaciones para el All-Star Game. Su figura arrastraba masas.

Es que era casi imposible para él salir del hotel cuando estábamos en otra ciudad. Cien personas esperando fuera, medios de comunicación, fotógrafos… Todas las televisiones hablaban de él. Era una persecución constante, y claro, un tío que roza los 2,30 metros no se puede esconder. Una situación muy difícil. La gente piensa que está muy bien ser alguien como Yao Ming, pero ha tenido una vida bastante complicada.

Por cierto, era buenísimo. La habilidad y coordinación de movimientos que tenía con esa altura…

Como jugador era increíble. En cuanto a su vida privada… Lo viví muy de cerca y él lo supo gestionar muy bien. Como he dicho antes, Yao es muy inteligente.

En diciembre de 2004 sales de Houston, rumbo a New Orleans. A veces los jugadores en la NBA casi son los últimos en enterarse de sus propios traspasos. ¿Cómo sucedió en tu caso?

Yo no sabía si al final saldría de Houston, o cuándo lo haría. Pero tenía claro que quería irme a un equipo donde pudiese jugar más. Estaba en mi tercera temporada en la NBA. En la primera había jugado poco, en la segunda comencé a tener más minutos y en la tercera jugaba, pero sin mucha regularidad. Algunos partidos sí y otros no. Estaba en el límite de la rotación de Van Gundy. En mi tercer año en la NBA necesitaba jugar, encontrar un equipo que me diese minutos con continuidad.

Lo ideal era un equipo que no tuviese presión por entrar en los playoffs. Mi agente habló con los Rockets, y resulta que ellos también querían hacer algunos cambios dentro del equipo. Al final acordamos el traspaso a New Orleans Hornets. Fue una solución perfecta para mí. Allí jugué mucho y bien, y firmé un nuevo contrato. Era un cambio necesario.

Boštjan Nachbar

En los Hornets tus números crecieron mucho. Por ejemplo, en febrero de 2005 metiste 21 puntos contra Utah Jazz, con un 4/5 en triples.

En New Orleans empecé a jugar con continuidad. Estaba en pista 20-25 minutos por partido, y a veces más. Incluso llegué a jugar de ‘2’. El equipo no ganó muchos partidos, pero, viéndolo en perspectiva, creo que en la organización no había mucho interés en sumar victorias, para así poder aspirar a una plaza más alta en el siguiente draft. De hecho, New Orleans eligió a Chris Paul en 2005; a uno de los mejores bases de la historia.

Así funciona la NBA, pero en ese momento no me preocupaba. Quería jugar. Al final de temporada firmé un nuevo contrato, por tres años. Todo salió muy bien. Si no jugaba, sabía que esa temporada podía ser mi última en la NBA, porque no conseguiría otro contrato. Fue fundamental para mí que todo el mundo viese que tenía nivel para jugar en la NBA.

En la temporada 2005/06 coincidiste con Macijauskas, un tirador espectacular. A él no le fue bien en su paso por la NBA.

Creo que podría y debería haber jugado más. Pero en su posición estaba JR Smith, que había sido elegido por New Orleans en el draft de 2004. Byron Scott le dio muchas más oportunidades a él. En realidad el entrenador no conocía bien a Macijauskas.

En aquellos años también jugaron en la NBA, con escaso protagonismo, Jasikevičius o Spanoulis. Creo que seguía habiendo cierto desconocimiento y prejuicios sobre los europeos, sobre todo los de posiciones exteriores.

Sí, y también está el caso de Navarro, que tenía un rol diferente al que estaba acostumbrado. En general había menos respeto hacia los jugadores extranjeros. Era diferente si eras alguien con un talento especial, sobre todo si además eras alto, como Dirk Nowitzki, Yao Ming o Pau Gasol; también podías tener la suerte de ser seleccionado por un equipo como los Spurs, el primero que entendió y supo de verdad lo que estaba pasando en el baloncesto europeo. Ahí tienes, entre otros, el caso de Tony Parker. En otras franquicias era diferente. Por eso no resultaba tan sorprendente que un jugador como Macijauskas no tuviese oportunidades. Un año después regresó a Europa.

Formabas parte de los Hornets cuando Nueva Orleans sufrió el huracán Katrina en el verano de 2005. Durante la temporada 2005/06 os tocó jugar en Oklahoma.

Como ocurrió en agosto, ningún jugador sabía lo que había pasado con sus pertenencias. Yo estaba en Belgrado, concentrado con Eslovenia para el Eurobasket, cuando salieron las noticias del Katrina. Durante una o dos semanas no sabía lo que había ocurrido con mi apartamento, mis coches… Tuve suerte, porque no había entrado agua y la casa estaba bien. La NBA organizó con los Hornets el transporte de las pertenencias de los miembros del equipo desde Nueva Orleans a Oklahoma. Cuando llegué a Oklahoma City, a finales de septiembre, todas mis cosas estaban ya allí.

En Oklahoma la vida fue algo diferente. Encontré con mi mujer una casa pequeña y estuvimos bien, pero fue un cambio raro.

¿Algunos compañeros se vieron más afectados personalmente?

Sí, algunos perdieron cosas importantes. P. J. Brown, por ejemplo, me contó que había entrado agua en su casa de Nueva Orleans. La casa y el coche los tienes asegurados, así que, dentro de lo malo, son pérdidas recuperables. Lo que en su caso se perdió para siempre fueron álbumes, fotos, recuerdos de su familia, de su peque, de sus padres… Eso duele, claro que sí. En esa época no había redes sociales y las fotos no se compartían. Perdió lo que tenía en el sótano de su casa. Todo destruido.

Esas son las historias que duelen, pero la mayoría de los jugadores tuvimos suerte. Teníamos la casa en el lado del río [Misisipi] que no quedó tan afectado.

Tus mejores momentos en la NBA se producen con la camiseta de los Nets. Llegas en febrero de 2006 a New Jersey.

Eso sí que fue una sorpresa, aunque todos en el vestuario sabíamos que la franquicia iba a hacer un intercambio de jugadores. Nos habíamos quedado sin Chris Andersen, «Birdman», que dio positivo en un control antidopaje, y teníamos problemas de lesiones. Uno o dos días antes del «trade deadline» de febrero nos encontrábamos sin un ‘5’ en el equipo.

Esa jornada previa al día en el que se cerraba el mercado hicimos un intercambio para traer a Steven Hunter, de los Philadelphia 76ers. Él era el elegido para el puesto de ‘5’, pero habló con el entrenador y le dijo que algo no iba bien. En un test médico habían encontrado un problema en su rodilla. Al final el intercambio no se aprobó y Hunter se quedó en los Sixers.

El día siguiente ya se cerraba el mercado. Todavía me acuerdo. Estaba en un restaurante con mi mujer, después del entrenamiento. Vimos las noticias y no salió nada. Pensé que era muy raro que el equipo todavía no hubiese hecho ningún movimiento. Cuando llegué a casa, puse la ESPN en la televisión y vi que salía mi nombre como parte de un traspaso a New Jersey a cambio de dos jugadores, un ‘4’ y un ‘5’. Cuando vi mi nombre me quedé impactado: «No puede ser». Así que llamé a mi agente para decirle que me iba a los Nets. Él no tenía ni idea. «Te llamo ahora», me contestó. A los dos minutos me llamó y me confirmó el movimiento. Todo pasó un par de minutos antes del «trade deadline». No tuvieron tiempo ni de avisar a mi agente antes de cerrar la operación. Pasó todo muy rápido, en cinco minutos. Varias llamadas y nada, al día siguiente ya tomé un vuelo a New Jersey.

Esa segunda parte de la temporada no jugué mucho, pero los siguientes dos años sí que jugué un montón con los Nets. En la 2006/07 ganamos muchos partidos y entramos en los playoffs. Alcanzamos la segunda ronda, pero ahí perdimos contra los Cleveland Cavaliers de LeBron James.

En New Jersey coincides con Vince Carter. De él seguro que habías visto un montón de highlights cuando seguías la NBA desde Europa.

Para mí fue el talento más grande de esa generación. Sin comparación con otros. Ni con Kobe, ni con Tracy McGrady… Como talento puro, el más grande. En el sentido de que podía hacer de todo. Por ejemplo, esto la gente no lo sabe, pero él tiraba muy bien con la mano izquierda. Igual de bien que con la derecha. Le he visto en algunos entrenamientos meter diez triples seguidos con la zurda. Tenía la misma técnica con las dos manos en los tiros lejanos.

Era algo especial. No tuvo tanto éxito ni ganó tanto como Kobe, pero como talento, para mí, el número uno. Sin duda.

Boštjan Nachbar

Jason Kidd estaba también en ese equipo.

Es el mejor base con el que he jugado. Era muy introvertido y hablaba poco, pero cuando decía algo, le escuchabas. Con él jugar era muy fácil. Te encontraba en sitios donde tú no esperabas que te viese.

El 7 de diciembre de 2006, Jason Kidd deslumbró con 38 puntos, 14 rebotes y 14 asistencias. El problema fue que enfrente estaba Steve Nash (42 puntos, 13 asistencias y seis rebotes); y en el banquillo rival, un viejo conocido de Boštjan: Mike D’Antoni. Tras dos prórrogas, Phoenix Suns se llevó una batalla preciosa (161-157).

En aquel memorable Suns-Nets de finales de 2006 no jugó Nachbar. Una anécdota dentro de una etapa que permitió ver su mejor versión en Estados Unidos.

Tu récord anotador en la NBA se produce con los Nets: consigues 29 puntos el 10 de marzo de 2007. Encima frente a los Rockets.

Lo recuerdo bien. El partido se jugó en Houston [sonríe].

Con unas medias de 9.2 puntos y 3.3 rebotes en la temporada regular (9.9 puntos por partido en playoffs), el curso 2006/07 consolidó el estatus en la NBA de Boštjan Nachbar. Se convirtió en un sexto hombre fundamental para su equipo. Sextos clasificados en el Este, los New Jersey Nets acabarían cediendo en semifinales de Conferencia ante LeBron James y sus Cavaliers, no sin antes llevarse una serie muy especial para Nachbar.

En los playoffs de 2007 los Nets se midieron a los Raptors en primera ronda. En Toronto Maurizio Gherardini tenía un cargo muy importante, y tu excompañero en Treviso Jorge Garbajosa era uno de los referentes del equipo. Lástima que se había lesionado de gravedad en marzo.

Y también estaba Bargnani... Era como jugar contra la Benetton [sonríe].

Aquellos Raptors contaban con dos eslovenos: Nesterovič y Slokar.

Más Bosh, Calderón… Eran los favoritos para ganar esa primera ronda. Sin embargo, no sé cómo decirlo, estábamos seguros, ya desde antes del primer partido, de que íbamos a ganar. No sé cómo explicarlo.

Había una energía muy positiva dentro del vestuario.

Algo así. Sabíamos que íbamos a ganar. Con el nivel de los veteranos, con Jason Kidd, con Richard Jefferson, con Vince Carter… Para Carter además, con su pasado en Toronto, era muy especial. Ganamos la serie 4-2, creo recordar. Jugamos muy serios y fue algo más sencillo de lo que pensábamos, pero porque jugamos muy bien como equipo. Hicimos una serie brutal [Nachbar promedió casi 13 puntos ante los Raptors; NdR].

En esos Nets también estaba Nenad Krstić.

Pero Nenad en ese momento estaba lesionado. Estaba fuera. Ese fue el golpe de mala suerte que tuvimos con aquel grupo. Nenad estuvo cerca de ser un jugador de All-Star. La gente lo ha olvidado, pero llegó a ser en una temporada el mejor ‘5’ del Este, después de Ilgauskas. Se lesionó la rodilla [en diciembre de 2006; NdR] y estuvimos sin ‘5’ casi toda la temporada.

Con él, creo que podríamos haber hecho mucho más en playoffs; incluso aspirar a alcanzar la final de la NBA. Teníamos realmente un equipo completo. Pero nos faltó Nenad. Muy mala suerte.

Aquella temporada perdimos con Cleveland en semifinales de Conferencia, y durante la campaña siguiente el equipo llegó a un punto en el que se veía que no iba a ser capaz de dar el siguiente paso. Jason Kidd quería ir a un aspirante al anillo y pidió el traspaso. Nosotros lo entendimos. Se marchó a Dallas en 2008. Así funcionan las cosas en la NBA. Cuando tú llegas a un punto en el que ves que no puedes avanzar más, muchos veteranos piden ser traspasados.

Vuelves a Europa en el verano de 2008. ¿Tenías ya en mente una salida de la NBA o fue algo que surgió sobre la marcha? Es verdad que el Dinamo de Moscú te hizo una oferta tremenda por tres años.

Fue una época muy rara. Algunas ofertas recibidas por jugadores de la NBA en 2008 y 2009 eran de unas cantidades que en Europa no se habían visto antes. Fueron los casos de Josh Childress, Linas Kleiza, Jorge Garbajosa, que se marchó a Khimki…

Nenad Krstić, tu compañero en los Nets, también se marchó al baloncesto ruso. En su caso al Triumph Lyubertsy.

Recibimos unas ofertas desde Europa que podían competir con los contratos «mid-level» que ofrecían en la NBA. Yo no tenía un gran deseo de volver, pero me encontré con una situación extraña. En el verano de 2008 muchas franquicias querían ahorrar dinero para las estrellas que iban a salir al mercado en los veranos siguientes. Recuerda lo que hizo Miami en 2010, juntando a LeBron, Wade y Bosh… No diré imposible, pero en ese contexto era muy difícil encontrar un buen contrato. Tuve ofertas de New Jersey o de Atlanta, y también los Clippers quisieron hablar conmigo, pero al final tomé la decisión de volver a Europa por uno o dos años, y luego ya me plantearía si podía volver a la NBA.

Cuando vi que otros jugadores hicieron lo mismo que yo, estando en una situación muy parecida… Eso facilitó mi decisión. Normalizó la situación.

Al final no se dio ese regreso a la NBA.

Mi plan era jugar en Europa una o dos temporadas e intentar volver, pero sabía que siempre es muy difícil regresar allí. Después tuve ofertas, oportunidades de volver, pero siempre acabé eligiendo permanecer más cerca de casa. Nació mi primera hija, luego la segunda, fue pasando un año tras otro y, con 32 o 33 años, ya era tarde para regresar a la NBA. Así que al final me quedé en el baloncesto europeo.

La temporada del retorno salió peor de lo esperado. El ambicioso proyecto del Dinamo, dirigido desde el banquillo por David Blatt, se estrelló en cuartos de la Eurocup (contra el Hemofarm serbio) y tampoco alcanzó las rondas finales en la competición liguera. No fue suficiente el buen rendimiento de Nachbar, integrante del quinteto ideal en ambos torneos (en la Eurocup tuvo unas medias por partido de 16.1 puntos y 4.8 rebotes).

El conjunto moscovita sí disputó el choque decisivo en la Copa, pero el Unics de Marko Popović y de su excompañero en la Benetton Chikalkin se llevó la final con claridad.

Boštjan Nachbar

Fichas por Efes para la temporada 2009/10. Poco después, en noviembre, el Real Madrid te quiso fichar como recambio de Hervelle. De hecho, en enero de 2010 hiciste unas declaraciones al respecto.

Sí. En mi primera temporada hubo conversaciones entre mi agente, el Efes y el Real Madrid, pero al final no se llegó a un acuerdo para ese movimiento. Estuvimos bastante cerca y llegué a pensar que me iría al Madrid.

Nachbar estuvo dos temporadas en Estambul. Durante los cursos 2009/10 y 2010/11, por el Efes Pilsen desfilaron, al margen de la base de jugadores turcos,Bootsy Thornton, Charles Smith, Daniel Santiago, Igor Rakočević, Mario Kasun, Miroslav Raduljica, Nikola Vujčić… A su vez, por el banquillo pasaron Ataman y Perasović.

El botín final fue escaso. A nivel nacional, dos títulos de Supercopa. En la Euroliga, dos eliminaciones en el Top 16.

Esa primera temporada en Efes no sale bien.

No jugué a buen nivel. Por otro lado, ese año teníamos a 12 jugadores con un reparto de minutos bastante homogéneo. No había una estructura con los roles marcados. Esta situación no me gustaba mucho, porque al final es importante saber quiénes son los líderes, quiénes tienen un papel más secundario, quiénes van a jugar menos… No sólo fue mi caso. Creo que ningún jugador acabó contento con su papel. Fue una temporada muy decepcionante.

La segunda campaña fue un poco mejor. Jugué más minutos y a un nivel más alto, pero en general mi experiencia en Efes no fue demasiado buena. Me gusta mucho Estambul, y ahí también pude disfrutar con mi hija Tara, que era muy pequeña. Guardo buenos recuerdos fuera de la pista, pero dentro no me encontré bien. Además al final tuve el problema en el tobillo. Una lesión bastante complicada.

Por esa lesión te perdiste el Eurobasket de 2011.

Y unos meses de la temporada 2011/12. Empecé a jugar en enero, en el UNICS, en Kazán.

Semanas antes, en diciembre, estaba en Estados Unidos, en Charlotte, entrenando con los Bobcats. Había tenido ofertas, pero era el año del «lockout» en la NBA. Además, yo quería esperar, tener tiempo para recuperarme por completo del tobillo. En ese sentido, el cierre patronal me vino bien.

Cuando se acabó el «lockout», aunque no había firmado nada, empecé a entrenar. En la primera sesión de trabajo con los que iban a ser mis compañeros de equipo, se lesionó el base. Ellos sólo tenían un hueco en la plantilla, así que incorporaron finalmente a un jugador para el puesto de ‘1’ y yo volví a Europa.

Aquel fue mi último intento de volver a la NBA. Esas son las típicas historias que pasan por detrás y que la gente no sabe. Tenía las maletas preparadas y mi mujer se venía conmigo, porque dábamos por hecho el fichaje, y al final nada. Cambio de plan [ríe].

En Kazán estuviste sólo unos meses.

Era para no perder toda la temporada. Si volvía a Europa, quería poder disputar la Euroliga. Jugamos bastante bien [UNICS alcanzó los cuartos de la competición; NdR]. Sabía lo que quería: tres o cuatro meses con un equipo para entrenar y jugar. Ya está. No tenía planes de quedarme ahí a largo plazo, y el club lo sabía.

En 2012 llegas a Alemania, al Brose Baskets. Allí relanzas tu carrera.

Después de esa temporada en Kazán tuve la oportunidad de ir a otros clubes. Hablé con Besiktas y tuvimos contactos con Olympiacos. Creo recordar que también con otros clubes de Euroliga, aunque nada serio. Luego llegó la oferta del Bamberg. Hablé con su entrenador [Chris Fleming] y me dijo: «Mira Boki, no tenemos un equipo fuerte, fuerte; por eso te necesitamos. Vas a jugar más de 30 minutos por partido». Eso me interesaba muchísimo.

Ganarías mucha importancia y visibilidad.

Sí, porque venía de dos temporadas no muy buenas en Estambul. Y después, tras la lesión, necesitaba encontrar un sitio donde fuese a jugar muchos minutos. Creo que fue una de las mejores decisiones de mi carrera.

Los 36 puntos anotados al CSKA en enero de 2013 (récord personal en Euroliga) son un buen ejemplo del acierto de la decisión de Boki Nachbar. Con 16.1 por partido, superó la media de puntos de Bojan Bogdanović, Spanoulis y Lampe. Sólo Bobby Brown terminó por encima.

En la 2012/13 acabas con la segunda mejor media anotadora de la Euroliga.

Casi lo gano [sonríe]. Fue una temporada muy buena. Nos clasificamos para el Top 16, que fue un éxito para el Bamberg, ganamos la Bundesliga [3-0 en la serie final ante EWE Baskets Oldenburg; NdR], nació mi segunda hija… Tengo muy buenos recuerdos de Alemania. De hecho, pensaba que me quedaría ahí hasta el final de mi carrera. Hablé con ellos para firmar un nuevo contrato, de 3 o 4 años, pero luego llegó la oferta del Barcelona. Mi mujer quería quedarse en Alemania, porque la experiencia estaba siendo muy buena y vivíamos muy bien, en una ciudad pequeña y familiar. Pero, por otro lado, nos dimos cuenta de que el Barça suponía la última oportunidad de jugar en un equipo top. Tenía 33 años en ese momento.

Boštjan Nachbar

Varios años después de tu retirada vives en Barcelona. Se ve que la ciudad os gustó.

Sí, todavía estamos aquí. Creo que fue una decisión correcta. Tengo muy buenos recuerdos y muchos amigos de los dos años que jugué en Barcelona. Mantengo el contacto con varios jugadores con los que coincidí en el equipo. Disfruté mucho y la ciudad nos encantó.

Tu entrenador en Barcelona fue Xavi Pascual. Siempre has hablado muy bien de él.

Espero que un día vuelva a ser entrenador del Barcelona.

¿Qué es lo que más destacarías de Xavi como entrenador? ¿Era cercano con los jugadores?

Siempre tuve muy buena relación con él. El primer año jugué más y en el segundo tuve menos minutos, porque era el momento de dar más oportunidades a los jóvenes. Yo lo entendí y nunca tuve ningún problema con Xavi. Todavía somos buenos amigos, y cuando nos vemos nos quedamos hablando un rato. Tengo mucho respeto por él.

Conmigo fue siempre muy abierto y honesto. Nos comunicamos muy bien. Es uno de los mejores entrenadores desde el punto de vista táctico. Es muy listo. Entiende muy bien el juego y sus trucos. Sabe cómo hacer pequeños cambios dentro de un partido en función de lo que hace el rival. Preparaba un ataque para sorprender al tipo de defensa que planteaba el otro equipo y te dejaba solo, en buena posición para anotar.

Es muy bueno. Para mí sigue siendo uno de los mejores entrenadores europeos. Espero que tenga la oportunidad de volver a entrenar pronto en la Euroliga.

Tu primera temporada en Barcelona, la 2013/14, tiene muchos contrastes. Perdéis la final de Copa por el tiro de Llull y el Madrid os arrasa en la Final Four, pero en la final de la ACB, al mejor de cinco partidos, ganáis vosotros.

Con todo el respeto al Real Madrid, fuimos el mejor equipo ese año. No tengo ninguna duda. En la siguiente el Madrid fue superior, pero en la 2013/14 éramos mejores. Jugamos muy bien toda la temporada, y entramos en la Final Four con una facilidad increíble, ganando casi todos los partidos [sólo dos derrotas en el Top 16 y un 3-0 en la serie de cuartos; NdR], porque teníamos muchísima calidad. De verdad.

Por una mala jugada defensiva perdimos la Copa contra el Madrid; en la Final Four tuvimos un día fatal, y perdimos de más de 30 puntos, pero creo que en el playoff final de la ACB se vio que éramos mejores. En ese sentido me dio un poco de lástima. Con nuestro nivel podíamos haber incluso ganado el triplete. Teníamos calidad para ello. La siguiente temporada fue diferente.

Con Navarro tenías muy buena relación, ¿no? Anunció su retirada poco después de que lo hicieses tú. Leí que intentaste tenerle en la Basketball Symphony, el partido de despedida que organizaste en Eslovenia junto a Sani Bečirovič, en agosto de 2018.

Sí, guardamos buena relación. Él ahora está al otro lado [sonríe], pero cuando lo veo nos damos un abrazo y charlamos. Siento un montón de respeto hacia él. Ha hecho una carrera increíble. Lo conozco casi desde pequeño, porque nos enfrentamos en categorías U16 y U18, en nuestros primeros pasos en el baloncesto. Somos del mismo año y ambos hemos tenido carreras largas. Además, en un momento dado, jugamos y ganamos dentro del mismo equipo. Para mí es algo muy especial.

Hablando de carreras largas, jugaste en Barcelona con Ante Tomić y Marcelinho Huertas.

Están locos, locos [ríe]. Tienen mucha calidad como jugadores, pero también como personas. Son increíbles. Sobre todo lo de Marcelinho es algo especial de verdad. Con más de 40 años no sólo está dentro del equipo, sino que es el mejor. Es impresionante, porque normalmente los bases, cuando superan los 30 años, tienen problemas: en su posición llegan jóvenes más rápidos y fuertes. Marcelinho sigue jugando, y muy bien. Le he dicho que su objetivo debería ser que un día su entrenador sea más joven que él. A ver si lo consigue, que no faltará mucho [sonríe].

En 2015 llegas a Sevilla, tu último destino como profesional.

Sevilla es una ciudad espectacular. En total viví cinco años allí con mi mujer, porque tras dejar de jugar en 2017 nos quedamos tres años más. Se vive muy bien, y la gente es muy agradable. La primera temporada en Sevilla salió bastante bien. Sobre todo en la segunda mitad del curso jugamos un baloncesto realmente bueno. A ese nivel todo el año hubiéramos alcanzado el playoff, sin duda.

El problema fue la segunda temporada. El club hizo muchos cambios durante el verano. Es una situación que se puede entender, pero también se vio un poco el problema del baloncesto en Sevilla. Hay mucho amor por este deporte, pero falta profesionalismo.

Hace mucho tiempo que la ciudad no se identifica con un equipo.

Justo ese verano ocurrió la venta de acciones que acabaría desembocando en el Real Betis. Perdimos la mitad de los aficionados, se bajó el presupuesto y el equipo se debilitó. Es una lástima, porque una ciudad como Sevilla debería tener siempre un equipo en la ACB [la campaña 2016/17 acabó en descenso, aunque, finalmente, el Betis fue readmitido en la competición; NdR].

La carrera de Nachbar, como se empezó a apuntar en el histórico Europeo U20 del año 2000, iba a estar muy ligada a la selección eslovena. A nivel absoluto, su estreno fue el Eurobasket de 2003, en Suecia. En su primer partido en el torneo, firmó 21 puntos contra Italia, futura medalla de bronce. Israel, en el cruce previo a cuartos, acabó con esta aventura inicial.

Boštjan Nachbar

Formaste parte de una generación de jugadores eslovenos de gran nivel. ¿Qué crees que os faltó para conseguir más éxitos a nivel absoluto? Si repasamos torneo por torneo, es evidente que en 2009 es cuando más cerca estáis de una medalla; pero en el Eurobasket de 2005, por ejemplo, ganasteis en la primera fase a Grecia, que sería la campeona, y a Francia. Ya teníais entonces nivel para competir con los mejores. Sin embargo, en cuartos de final perdéis de forma abultada contra Alemania. En aquella selección jugaban contigo Lakovič, Bečirović, Nesterovič, Lorbek, Milič, Brezec…

En 2005 yo creo que nos faltaba experiencia. Era la primera vez que jugábamos con la nueva generación. En el anterior Europeo, en 2003, seguían teniendo un rol muy importante los jugadores veteranos. En 2005 se dio el relevo a los jóvenes, y por eso nos faltaba experiencia, aunque teníamos un equipo fuerte. Los tres primeros partidos los jugamos en el Pionir, un pabellón más pequeño. Se llenó de eslovenos.

Como si jugarais en casa.

Igual. Jugamos muy bien y, al ser primeros de grupo, el sistema de competición nos metió directamente en cuartos. Pasaron cinco días, perdimos algo de ritmo y luego, en el Belgrado Arena, nos tocó jugar ante cerca de 20 000 espectadores, con 3 000, 4 000 eslovenos arriba en la esquina. Esa situación fue como un shock para nosotros. No entramos al partido con la misma energía de los encuentros anteriores. Comenzamos ante Alemania bastante flojos, y era un partido en el que se decidía todo. Contra Alemania, con Dirk Nowitzki, no era fácil. Perdimos, pero al final conseguimos entrar al Mundial de Japón, que era nuestro primer objetivo. Eslovenia no había estado nunca en ese torneo. En 2005 no ganamos medalla pero logramos el éxito más grande en la historia de la selección nacional. Clasificamos a un país pequeño para el Mundial.

En el Mundial de 2006 jugáis contra Estados Unidos en la primera fase, y tienes una buena actuación [15 puntos y 7 rebotes]. Por lo que viste ese día, y dado que conocías a esos jugadores de la NBA, ¿te imaginabas que ese equipo podía acabar con un batacazo como el que tuvieron ante Grecia en semifinales?

Diría que estaban confiados, como si hubiesen ganado ya el torneo.

¿Tanto se notaba?

Yo al menos lo percibía así. Además varios de sus jugadores eran jóvenes todavía, sin experiencia internacional. Creo que afrontaron el campeonato pensando que lo tenían ganado simplemente por ser la selección de Estados Unidos. Se acabaron encontrando con una realidad diferente.

El verano siguiente te perdiste el Eurobasket que se celebró en España.

No tenía un seguro médico, y en aquella época las reglas con ese tema no estaban muy claras. Me encontré en una situación bastante rara. Iba a entrar en mi último año de contrato con New Jersey y no quería competir con Eslovenia sin que tuviese el asunto del seguro arreglado. No quería correr el riesgo de lesionarme durante el Europeo, y luego estar sin jugar durante mi último año de contrato en NBA… Tomé la decisión de no ir. Creo que ha sido la única vez que me he perdido un torneo grande con Eslovenia, al margen de la ocasión en la que estuve lesionado.

Volviendo a la pregunta sobre nuestros resultados en los grandes torneos, siempre nos faltaba algo. A veces también un poquito de suerte; por ejemplo, en 2009 perdimos en la prórroga contra Serbia en la semifinal [96-92], y en el partido por la tercera plaza, un día después, de un punto contra Grecia [57-56]. En este tipo de campeonatos, una decisión arbitral o un tiro libre puede cambiarlo todo. Lo importante fue que se vio que podíamos estar ahí, con los mejores. Dos años después, en el Eurobasket de 2011, fuimos con algunas bajas.

En el Eurobasket de 2009 se pudo contemplar una versión muy competitiva de Eslovenia. En un grupo de la primera fase en el que también estaban España y Serbia, las finalistas del torneo, fue capaz de arrancar una victoria contra los plavi (con 17 puntos y nueve rebotes de Nachbar) y sólo se inclinó ante España en la prórroga. Tres triunfos en la segunda fase (frente a Lituania, Polonia y Turquía) fueron el prólogo de unos cruces taquicárdicos.

Eslovenia se impuso a Croacia en cuartos por 67-65, pero en semifinales se topó con Serbia y, sobre todo, con una versión estelar de Teodosić (32 puntos). Nachbar (18) fue uno de los mejores de su equipo, que cayó en la prórroga tras rozar la gloria en el tiempo reglamentario.

En 2009 el seleccionador era Jure Zdovc. ¿Cómo fue la experiencia de ser dirigido por él? Sería un referente para ti desde su época de jugador.

Muy positiva. Jure Zdovc hizo una cosa muy buena. Antes de 2009 siempre se hablaba de que el objetivo era llegar a cuartos en un Europeo o entrar entre los seis primeros para llegar al Mundial. Pero Jure desde el primer día afirmó que el objetivo debía ser jugar la final del Eurobasket. A nosotros nos pareció muy difícil de primeras, pero con ese objetivo jugamos desde el primer día. Con la meta de llegar a la final y luchar por ganarla. Nos faltó poco para dar el último paso. Jure es un buen entrenador. Muy bueno.

Un año después, el Mundial 2010. Fue el segundo que disputabas con Eslovenia.

Ahí no teníamos el equipo completo. Nos faltaban muchos jugadores. Creo que otras selecciones tenían mejor plantilla: Turquía, Serbia, Estados Unidos, España… Perdimos en cuartos contra Turquía, que era el anfitrión. Fue un duelo muy complicado para nosotros. En el 2009 teníamos un equipo mucho más fuerte.

Antes no lo he comentado, pero en el último partido previo al Eurobasket de 2009 se lesionó Beno Udrih. Mala suerte. Era un gran base, titular en la NBA. Después se lesionaron Goran Dragić y Jaka Lakovič. Goran no jugó los últimos partidos, y Jaka sólo tenía un pie sano en la semifinal y en el encuentro por el tercer puesto. Son las cosas que pasan. Se lesionan dos bases y tú necesitas a un tercero, que podría ser Beno, pero que ni siquiera estaba en el torneo.

El verano de 2013 fue el último de Nachbar con la selección eslovena, que además era la anfitriona del Eurobasket. Božidar Maljković se sentaba en el banquillo, y entre sus asistentes figuraba un joven Aleksander Sekulić. Eslovenia cayó en cuartos con la Francia de Tony Parker (27 puntos) y finalizó el campeonato en quinta posición, tras ganar a Serbia y Ucrania.

Boštjan Nachbar

 En 2013 acaba tu etapa como jugador de selección.

Nuestra generación había perdido poco a poco su fuerza. En 2013, en Eslovenia, ya no estaba Smodiš, por ejemplo [se retiró ese mismo año, pero llevaba tiempo con problemas en la espalda; NdR]. Creo que hicimos un torneo muy bueno pero también tuvimos un poco de mala suerte. En cuartos nos encontramos con Francia, el mejor equipo del torneo y el que lo acabó ganando. A veces ocurren así las cosas. Ese fue mi último torneo con Eslovenia, sí.

Cuando la gente comenta que a nuestra generación siempre le faltó algo, yo digo que sobre todo nos faltó el poder jugar todos juntos en un gran torneo. Nunca lo conseguimos. En 2011 faltaba yo, en el 2010 no estaban Beno Udrih ni Smodiš, antes hablamos del 2009, en el 2007 no estaba yo… Siempre faltaba alguien, y esa fue nuestra realidad. Si hubiéramos podido competir todos juntos alguna vez… Luego puedes ganar o no, pero eso nos faltó.

¿Cómo valoras el papel de Eslovenia en el último Eurobasket, por cierto?

Creo que sacamos el máximo al equipo que teníamos. Por un lado estaba Luka y por el otro los once jugadores restantes. Lo digo con respeto para todos ellos; Luka es tan bueno que está a otro nivel. Por otro lado, a nivel de conjunto, estamos en un periodo donde se está produciendo un cierto cambio generacional. Haber acabado entre los ocho primeros está bastante bien. Debemos estar contentos.

Como dices, Luka está a otro nivel. ¿Te sigue sorprendiendo o te acabas por acostumbrar a sus exhibiciones?

Bueno, ya no me sorprende nada de él [sonríe]. No sólo mete 30-40 puntos, coge 10 rebotes o da 10 asistencias; es que tiene la capacidad de controlar el partido. Al final tú miras la estadística y ves que otros jugadores, como Antetokounmpo, Şengün o Jokić, hacen grandes números, pero Luka es diferente;  juega casi en las cinco posiciones, controla el juego, rebotea, asiste, mete los puntos que debe meter, cuando se necesita un triple lejano él lo convierte… Es un jugador muy especial.

Nachbar anunció su retirada el 14 de mayo de 2018, con una carta y un bonito video de su niñez, en el que se le podía ver dando sus primeros pasos en el baloncesto. En su caso, el reciclaje profesional fue inmediato. Ese mismo año se fundó la Asociación de Jugadores de la Euroliga (ELPA), y desde el principio Boki ocupó el cargo de director general. En junio de 2022 fue reelegido por el Consejo de Jugadores de la ELPA.

 El trabajo de Nachbar ha quedado positivamente marcado por la firma, en 2021, del Acuerdo Marco de la Euroliga (EFA). Renovado en 2024, se trata del primer convenio colectivo, a nivel europeo, entre jugadores y una competición deportiva internacional. Abarca varias áreas, desde la duración de los campeonatos y las sesiones de entrenamiento hasta cuestiones de seguridad, salud, imagen y derechos comerciales.

El formato de la Euroliga ha cambiado mucho a lo largo de los años. Tú disputaste alguna de aquellas ediciones con un Top 16 del que sólo pasaba a la Final Four el primero de cada uno de los cuatro grupos. No sé si era lo más justo, pero tenía una emoción tremenda. Apenas había margen de error y cada partido era casi una final.

Eso podía funcionar antes. Ahora ya no, porque para que una Liga tenga la oportunidad de generar dinero, necesitas más partidos. El deporte es diferente a cómo era 20 años atrás.

Ha cambiado mucho. Tú no compites sólo con otras Ligas de baloncesto, sino que compites directamente con otros deportes. Vale, el fútbol está por encima de todo, pero tienes por ejemplo la Fórmula 1 y el tenis, y ahora está creciendo mucho el deporte femenino. Si estás compitiendo con los demás deportes, no puedes ofrecer una competición con pocos partidos. La gente no lo seguiría tanto.

La Euroliga ha seguido en ese sentido el modelo de la NBA. Asegura al aficionado quecada año verá a todos los equipos en su pabellón, y que, aunque un club tenga un mal año, jugará un número elevado de partidos.

Eso es fundamental, y por otro lado también lo entiendo. Es muy difícil convencer a los patrocinadores y a los aficionados, prometiendo un equipo fuerte, si cuentas con el riesgo de que tu recorrido en un torneo se acabe después de unos pocos partidos. Ahora te aseguras jugar casi 40 partidos en Euroliga.

Además creo que también es muy importante para cada Liga, sobre todo en baloncesto, que cada equipo juegue contra todos sus oponentes. Que no tengas que esperar más de un año para jugar contra un equipo determinado, aunque, por otro lado, el calendario es brutal para un jugador de baloncesto.

El calendario, uno de los grandes frentes en tu actual trabajo.

Todos estamos contra esto. A nadie le gusta. Pero el problema no es sólo con la Euroliga.

El problema es el entorno de baloncesto que tenemos en Europa, en general.

Todos quieren su parte de la tarta.

Claro. Se ha cambiado el modelo de baloncesto que conocíamos hace años. Si no juegas cada semana, es como si no existes, porque dejas de ingresar dinero. Ese es un problema.

En tu trabajo en la Asociación, creo que cuentas con una gran ventaja. Con una carrera desarrollada en tantos países, y con diferentes roles dentro de los equipos, puedes ponerte en la piel de prácticamente cualquier jugador de la Euroliga.

Sin duda. Puedo entenderlos perfectamente. Con las experiencias de haber jugado en Italia, en Alemania, en Rusia, en Turquía, en España, en Eslovenia, puedo relacionarme mejor con ellos. Entiendo el entorno en el que viven los jugadores y cómo piensan los clubes.

¿Ha cambiado mucho el papel del jugador dentro del baloncesto europeo?

Un poco, pero no tanto como piensa la gente. En la NBA sí; es otro mundo. Allí todo el poder lo tiene el jugador. Creo que siempre es más sano que haya un balance entre el poder del jugador y el poder del club o entrenador. En la NBA tiene demasiado poder el jugador, y eso no es siempre bueno. Hay que tener un equilibrio, que lo es que siempre hemos andado buscando en Europa. Aquí históricamente el jugador no ha tenido ningún poder o ha tenido muy poco.

Boštjan Nachbar

 Encontrar el término medio siempre es complicado.

Ahora, en la Euroliga, creo que estamos cerca de encontrar este equilibrio. Esto no le gusta a mucha gente, entre ellos varios dirigentes y entrenadores, pero lograrlo es parte de mi trabajo, de mi vida.

Aparte de las cuestiones relacionadas con el calendario, ¿en dónde estáis poniendo más el foco para mejorar las condiciones de los jugadores de la Euroliga?

Son muchas cosas. Creo que en los últimos 6 o 7 años hemos cambiado muchísimo. Por eso hay tanta diferencia entre los clubes de Euroliga y el resto. Se ha aumentado mucho el profesionalismo dentro de las organizaciones con todas las reglas que hemos puesto. La lista es muy larga. Creo que las normas relativas a los entrenamientos son muy importantes: un entrenamiento por día, con una duración y un trabajo determinados…

Nosotros hicimos un análisis en 2018. La duración media de la pretemporada en los clubes de Euroliga estaba en torno a los 52 días. Este año ha durado 32. Puedes pensar que 20 días no van a ningún lado, pero para un jugador es muchísimo. La posibilidad de tener un verano más largo, para descansar y para prepararse, lo cambia todo.

Esto es sólo un ejemplo. Nuestro convenio colectivo son más de 40 páginas. Otro día podemos hablar dos horas sólo de ello [risas]. Son muchos elementos.

Había mucho trabajo por hacer en 2018, cuando empezó la Asociación de Jugadores.

A nivel de Euroliga, cada club hacía sus cosas como quería. Ahora hemos puesto las mismas reglas para todos. Eso ha cambiado muchísimo la situación.

Hablando con jugadores, sobre todo con los que ya estaban antes de las medidas tomadas por el convenio y siguen jugando, te das cuenta de que ellos aprecian la diferencia. Es enorme. Los derechos que tienen los jugadores y las protecciones que tienen en sus contratos, negociadas por nosotros con la Euroliga, han aumentado muchísimo. No se pueden romper los contratos como se hacía antes, no se pueden poner multas después de un mal partido… Tampoco se puede fijar un entrenamiento en cualquier momento, cuando alguien quiera.

Estas reglas no las hemos establecido sólo para dar más poder a los jugadores. Nuestro objetivo principal es ayudar a los profesionales para que puedan alargar sus carreras al máximo.

En estos últimos años se ha hablado mucho de la salud mental de los deportistas. ¿En la ELPA estáis desarrollando iniciativas de apoyo al jugador en este sentido?

Desde hace tres años estamos colaborando con Mar Rovira, que es una psicóloga deportiva. Ha trabajado con Ricky Rubio y ahora está con nosotros. Hemos desarrollado un programa en el que pueden entrar los jugadores para trabajar con ella de manera individual.

Tengo la certeza de que hay jugadores de Euroliga dentro del programa, pero como director de la ELPA no puedo ni quiero saber quiénes son. Cada vez que hago visitas a los equipos hablo de este programa y noto que hay jugadores interesados, pero si entran o no es su decisión, y es un tema confidencial. Si no lo fuera, el programa no podría existir.

Otro asunto recurrente son las salidas laborales de un jugador cuando se retira. ¿Tenéis alguna formación enfocada a preparar al profesional para el día después del baloncesto?

Sí, se llama Second Career Program. Trabajamos con Beatriz Roca, una especialista en este tipo de formaciones. En este caso sí sé el número y los nombres de los que están dentro del programa, que va muy bien. Tenemos más de 30 jugadores que ya han empezado con esa formación. Algunos de ellos ya se han retirado y otros todavía están en activo.

Está muy bien ver que hay jugadores que hicieron el programa y están dando los primeros pasos después de su carrera. Son los casos, por ejemplo, de Kyle Hines, que está de asistente del mánager general del equipo de G League de los Brooklyn Nets [Long Island Nets], o de Sergio Rodríguez, que ahora es director deportivo del Real Madrid.

En conexión con esto, también ofrecemos la posibilidad de tener títulos académicos. Estamos colaborando con dos instituciones de Barcelona, el Johan Cruyff Institute y el ISDE. Y en los últimos tres años, doce jugadores de la Euroligahan acabado un máster mientras desarrollaban su carrera. Creo que esto es algo especial, porque antes no ocurría. Nos preocupa muchísimo ayudar a los jugadores a prepararse para una carrera profesional después del baloncesto.

Boštjan Nachbar

Para acabar, y desde tu posición actual, me gustaría que me dieses tu opinión sobre las informaciones acerca de la expansión y los planes de la NBA para el baloncesto europeo.

Esto es un proyecto a largo plazo. Parece que la NBA tiene una intención seria, pero, ¿cómo y cuándo ocurrirá? Creo que en este momento no lo saben ni ellos. Hay mucha política por detrás, y ese triángulo NBA-FIBA-Euroliga es fundamental. Cuando hablo con la gente de cada una de las partes siempre intento dar nuestro punto de vista: todo el mundo necesita a todo el mundo. Ninguna parte puede hacerlo sola. Espero que encuentren la manera de trabajar juntos y hacer algo bueno, no sólo para sí mismos, sino para el conjunto del baloncesto europeo. Crear una Liga para competir con la Euroliga creo que sería malo para las dos partes. No quiero ver dos competiciones, porque Europa no es tan grande como para tener dos Ligas al máximo nivel.

El punto de vista de los jugadores es muy importante. Lo que más me preocuparía, en caso de que empezase una nueva competición, sería el asunto de los derechos de los jugadores. No quiero que se pierdan los derechos por los que los jugadores de Euroliga han luchado en los seis o siete últimos años. Sería un desastre empezar desde cero de nuevo.

Hay cosas que cuesta mucho conseguirlas pero pueden perderse en un momento.

Cuesta muchísimo conseguirlo. Muchas peleas, no sólo reuniones y negociaciones. Mucha gente no lo entiende. La generación de jugadores de Euroliga que han dado estos pasos lo han hecho no sólo para asegurar sus derechos, sino los de las nuevas generaciones. Ha sido un trabajo muy grande, que nuestra generación, por ejemplo, no hizo en su día.

Debemos conseguir que, cuando empiecen los movimientos serios de esta nueva competición, los jugadores estén presentes en las discusiones. Al final, las decisiones más grandes sobre el cómo y el quién las toman clubes y propietarios, pero los derechos de los jugadores son también muy importantes y no se pueden perder.

Si miras la Euroliga creo que la competición tiene mejor producto en la pista que nunca. Podríamos hablar de ello, pero dentro de la cancha los jugadores están más contentos que nunca. Es una competición en la que se sienten muy seguros, con más espacio y derechos; los estándares dentro de los clubes son más elevados y profesionales que nunca. Vamos por el buen camino y no se puede perder lo conseguido. Ese es nuestro objetivo.

2 comentarios

  1. Aquella final de la ACB que el Barsa le gana al Madrid se debe en gran parte al churro histórico de Huertas que le ayudó al Barsa a decidir la eliminatoria en el Palau más tarde con los arbitrajes de cortesía. Cuando el Madrid ganó al Barsa aquel año fue varias veces por paliza, mientras que el Barsa le ganó al Madrid con lo justito. A partir del año siguiente, solo hubo un equipo en España.

  2. Warren Jabali

    gran entrevista pero 0 pasion el entrevistado. La palabra contrato sale al menos 50 veces en el texto, la palabra aficion ninguna. Los signos de los tiempos empezaron a cambiar ahi, cuando el empezaba a jugar. Eso si hay que da r el entorno adecuado a las hijas para que jueguen mejor que las que no tienen el entorno adecuado y asi convertir nuestro amado deporte en una endogamia de altitos y altitas.

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