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Shaun Wright-Phillips: «Era nuevo en el Chelsea y vi a Mourinho pegar una patada voladora a una mesa y explotar a gritos: me gustó»

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Shaun Wright-Phillips (Foto: The Mixer)
Shaun Wright-Phillips (Foto: The Mixer)

Hijo de Ian Wright y campeón con el Chelsea de Mourinho, Shaun Wright-Phillips ha contado en The Mixer un montón de historias de la Premier relacionadas con lo que no se puede ver: el vestuario. De hecho, lo más alucinante que cuenta tiene que ver con el comportamiento del entrenador portugués.

No puede guardar mejor recuerdo de él. Primero, porque se llevaron perfectamente: «Y la gente siempre me pregunta: ¿cómo era Mourinho? Y yo digo: era un espectáculo. Nunca tuve una sola discusión con él. Nunca». Y lo adora: «Ese hombre… tengo un lugar especial para él en mi corazón. De verdad. Era un buen tipo. Me encanta».

Segundo, porque lo adoptó como a un miembro más de su familia: «Cuando mis hijos venían a verme, y yo vivía solo, y se quedaban conmigo, los llevaba al entrenamiento. Y él me decía: ‘Mi secretaria cuida de tu hija y yo entretengo a tu hijo mientras entreno’. Eso lo hacía todo el tiempo».

Tercero, porque se consideró bien tratado, de forma justa, en el Chelsea: «Mourinho fue el primero en hacer rotaciones de verdad, por la plantilla que teníamos. Yo nunca esperaba jugar todos los partidos. Pero cuando llegaban las oportunidades, quería hacerlo bien. A veces no haces un partidazo, pero haces muchas cosas por el equipo».

Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)
Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)

Cuarto, porque sus decisiones tácticas se convertían en victorias: «La gente me pregunta cómo fue jugar mi primera final. Mourinho me dijo dos o tres días antes: ‘Creo que tú y Paulo Ferreira vais a jugar’. Y me dijo: ‘Sé que quieres atacar, pero si tú y Paulo dobláis a Cristiano Ronaldo, ganamos el partido 1-0’. Y eso fue exactamente lo que pasó. Era así de bueno. Todo estaba premeditado».

Decisiones que a veces parecían verdaderas locuras: «En un partido en Fulham, ni Joe Cole ni yo jugamos mal. Simplemente no nos llegó el balón. Nos quitó a los dos en el minuto 25 de la primera parte. Yo me estaba riendo, en plan ‘no me puedo creer lo que acaba de pasar’. Joe estaba furioso. Yo me lo tomé con humor, aunque dolía. Él dijo que era táctico. Y funcionó, porque no perdimos. ¿Cómo discutes con un tipo así?»

Quinto, porque le quitaba toda la presión a los jugadores dando la nota en los medios: «Incluso en las ruedas de prensa, si sabía que se acercaba algo importante, lo giraba todo hacia él. Toda la prensa se olvidaba de los problemas del equipo y se centraba solo en Mourinho. Nos protegía de una manera muy inteligente».

Sexto, porque era directo: «Hoy en día ese estilo no funcionaría. Si ahora un entrenador hablara a los jugadores como nos hablaban a nosotros, muchos se vendrían abajo. Mourinho te decía las cosas a la cara. Si no estabas haciendo tu trabajo, te decía que eras una mierda. No te preguntaba qué te pasaba».

Séptimo, porque su energía era contagiosa: «Nunca había visto cómo era Mourinho en un vestuario, hasta una vez que entramos al vestuario en el descanso. Había sido una mala primera parte. Yo era suplente ese día, pero todos estábamos ahí. Él estaba en su despacho. Nosotros sentados, en silencio. Nada pasaba. Pasa por delante, como si fuera al baño… y de repente vuelve corriendo y le pega una patada voladora a la mesa. Todas las bebidas salieron volando. Y yo me quedé mirando, porque era nuevo en el club, pensando: ‘¿Qué cojones acaba de pasar?’. Y entonces explotó. Empezó a gritar. Pero a mí eso me gustó. Me gusta un entrenador así, porque te demuestra que le importa. Prefiero eso a un entrenador que se queda callado, habla a tus espaldas y no te explica nada».

Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)
Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)

Octavo, porque a veces sus decisiones parecían las de un místico: «Antes de una eliminatoria contra el Tottenham me dijo: ‘Vamos a ir perdiendo 2-0 al descanso. Te voy a sacar. Empatamos. Luego vamos a White Hart Lane y ganamos’. Eso fue exactamente lo que pasó. Después de eso ya no puedes discutir nada. Sabía demasiado».

Noveno, porque lloraron cuando se fue del Chelsea: «Fue extraño. Nadie lo vio venir. No había rumores ni mal ambiente. A día de hoy no sé por qué lo echaron. Se despidió del grupo, pero no señaló a nadie. Solo quiso dar las gracias. Había jugadores llorando. Habían creado una familia con él».

Y décimo, porque nadie a quien haya entrenado, dice, habla mal de él: «No hay muchos jugadores que hayan trabajado con él y hablen mal de él. Incluso si no jugabas, te hacía sentir parte del equipo. Te daba un rol. Eso es muy difícil de conseguir».

Shaun Wright-Phillips sin Mourinho

Tras la salida de Mourinho, Wright-Phillips sitúa el punto de inflexión emocional de su etapa en el Chelsea en la llegada de Avram Grant. No tanto por los resultados, el equipo siguió compitiendo al máximo nivel, como por una gestión que, a su juicio, rompió códigos básicos dentro del vestuario al no explicar sus decisiones: «Había jugado todos los partidos hasta llegar ahí», explica.

No hubo explicación previa ni posterior. Simplemente, al entrar en el vestuario el día del partido, su nombre no estaba en la lista. «No nos dijeron nada. Ni antes ni después. Eso es lo que más duele. Al menos ten la decencia de decirme por qué». Para él, no fue solo una cuestión deportiva, sino un tema de educación y personal: «Hay cosas de las que no te recuperas». Esa sensación de arbitrariedad marcó el final de su relación con el cuerpo técnico. A partir de ahí, todo pasó a ser «estrictamente profesional».

Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)
Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)

Por tanto, regresó al Manchester City en 2008. Un transfer que tuvo algo de simbólico y algo de puramente accidental. Él siempre había dicho que volvería antes de retirarse, pero no imaginaba que ese retorno coincidiría, apenas tres días después, con la compra del club por Abu Dhabi. «No tenía ni idea. Si lo hubiera sabido, habría pedido mucho más dinero», bromea. La realidad es que su decisión no tuvo nada que ver con el nuevo escenario: «Podía haberme quedado en el Chelsea, no me estaban echando. Pero con Inglaterra necesitaba jugar más y tuve que tomar esa decisión». También influyó una conversación decisiva: «Hablé con Jermain Defoe y me dijo: ‘No es lo que tú crees’. Con eso ya tuve suficiente para volver al City».

El impacto del cambio se percibió de inmediato, sobre todo el día del fichaje de Robinho, convertido en símbolo del nuevo City. «Ese día había muchísimos rumores. Cuando estás allí piensas: tenemos nuestra plantilla, el United está justo al lado, ¿por qué iba a elegirnos?». Ni siquiera el propio brasileño parecía tenerlo claro: «Él pensaba que fichaba por el Manchester United. No sabía que había otro equipo en Manchester».

Sin embargo, más allá de la anécdota, Wright-Phillips guarda un recuerdo muy especial de Robinho: «Era una alegría tenerlo en el vestuario. Música brasileña a todo volumen, haciendo malabares, trucos… En partidos grandes, con tensión, él estaba relajado. Venía de otro mundo y valoraba mucho dónde estaba». Como futbolista, no duda: «Podías ver perfectamente por qué había jugado en los clubes en los que había jugado. Me hizo un lío el primer día. Me rompió en el área. Nunca lo olvidé».

Junto a David Silva

El otro nombre que marca esa etapa es David Silva, aunque su impacto no fue inmediato. Wright-Phillips reconoce que al principio hubo dudas: «Llegó tarde después de la Eurocopa, se perdió la pretemporada. Nos mirábamos y decíamos: ‘No va a aguantar, es muy pequeño’». El cambio fue radical tras verlo jugar por dentro: «Jugamos un amistoso contra el Inter, el del triplete, y lo pusimos de mediapunta. Ahí fue cuando pensamos: este no es extremo. Tenía una inteligencia, una conexión con los delanteros… corrías y el balón te llegaba». Fue entonces cuando nació su apodo: «Fuimos nosotros los que empezamos a llamarlo Merlin, el mago».

Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)
Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)

Para Wright-Phillips, Silva encarna al futbolista que solo se comprende desde dentro del campo. «No puedes quitarle el balón. Cada vez que vas para un lado, se gira hacia el otro con el mismo pie». Incluso recuerda una jugada que terminó con él lesionado: «Tenía la pelota, hizo un pequeño amago de hombro, giró… yo intenté copiarle y me destrocé la rodilla. Tuve que salir. Nunca volví a intentarlo». Entre bromas y admiración, deja una sentencia clara: «Si preguntas a los jugadores, casi todos te dirán que David Silva está en su once histórico de la Premier».

A las órdenes de Mancini

Al contrario que con Mourinho, la relación de Shaun Wright-Phillips con Roberto Mancini nunca terminó de encajar. No fue una cuestión personal fuera del campo, «fuera del entrenamiento nos llevábamos bien, sin problemas», sino de concepción del juego y del control. «Tenía una manera muy robótica de gestionar. Esto es lo que quiero que hagas y así es como tiene que hacerse», explica. Para un futbolista que había crecido tomando decisiones por instinto, esa rigidez suponía un choque frontal: «Yo jugaba mucho por sensaciones, por lo que veía en el partido y por dónde podía hacer daño».

El conflicto estalló en un ejercicio concreto, durante un once contra once en el que Mancini marcaba patrones cerrados de juego. «Quería que me dieran el balón de espaldas y que mis compañeros pasaran por detrás de mí», recuerda. Wright-Phillips se negó a ejecutar la jugada tal como se le pedía y explicó por qué: «No soy un jugador grande. Si alguien viene fuerte por detrás y no me pitan falta, el otro queda fuera de posición y nos cogen al espacio. No tiene sentido». Mancini insistió. Él volvió a no hacerlo. «No porque no quisiera obedecer, sino porque no funcionaba». La discusión fue pública y el desenlace inmediato: «A partir de ahí, la relación se torció».

El caso de Nedum Onuoha refuerza su tesis. Mancini justificó su ausencia alegando falta de velocidad, algo que Wright-Phillips considera incomprensible: «Era el más rápido de la plantilla, un velocista». El propio cuerpo médico tuvo que intervenir: «El doctor fue y le dijo: ‘Vas a tener que buscar otra excusa, porque no puede ser esa’». Nada cambió. «Ahí te das cuenta de que ya no va de fútbol». Ni siquiera una pretemporada sobresaliente alteró el escenario: «Marqué en todos los partidos. Daba igual. Nada se movía».

De esa etapa, Wright-Phillips extrae una conclusión contundente: «Esto es el fútbol. A veces no es que no seas lo suficientemente bueno. Es que el entrenador no te ‘ficha’». Cuando eso ocurre, explica, el rendimiento deja de importar. «Puedes jugar bien, puedes hacerlo todo, pero si no eres su tipo de jugador, no hay nada que hacer». Una lección aprendida a base de minutos perdidos y decisiones ya tomadas de antemano.

Los últimos días

El tramo final de su carrera en Inglaterra lo sitúa en QPR, un club al que llega con a jugar, pero sobre todo a ayudar. «Ya estaba en la parte final de mi carrera. Quería jugar al fútbol y echar una mano a otro club». Lo que se encuentra, sin embargo, es un entorno caótico, con decisiones tomadas más por nombre que por proyecto. «Tenían dinero y gente con ganas de invertir, pero trajeron a los scouts y a los agentes equivocados. Empezaron a fichar jugadores de mi edad o mayores, gente que ya iba de salida. Era como un Supermarket Sweep: no fichaban por cómo querían jugar, sino por lo que los jugadores habían sido».

Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)
Shaun Wright-Phillips (Foto: Cordon Press)

Con Neil Warnock en el banquillo, el vestuario se convirtió en una sucesión de escenas surrealistas. Wright-Phillips recuerda su primer partido con el técnico recorriendo el vestuario con unas tarjetas estadísticas en la mano, repartiendo estrellas a los jugadores antes de un partido clave: «A uno le decía que tenía tres estrellas, a otro que solo dos… Yo estaba mirando y pensando: ‘¿Qué está pasando aquí?’».

La etapa con Harry Redknapp fue más dura. Wright-Phillips arrastraba un problema serio en el tobillo que le provocaba bloqueos y dolor constante. Aun así, decidió aguantar y entrenar toda la pretemporada: «No quería operarme porque estaba intentando volver a entrar en el equipo, demostrar que todavía lo tenía». Cuando vio que no contaban con él, pidió pasar por quirófano. La respuesta fue negativa. «Dije: ‘Da igual lo que digáis, me opero. Soy yo el que vive con el dolor’». A partir de ahí, la relación se rompió. Una vez más, pero con otro míster.

Fue entonces cuando apareció el otro partido, el que se juega fuera del campo. «Empezaron a salir historias diciendo que yo solo estaba allí por el dinero», cuenta. Wright-Phillips cree que el mensaje salió del propio club, filtrado para justificar su ausencia: «Era una forma de poner a la afición en mi contra». No le afectó demasiado, «tengo la piel bastante dura», pero sí dejó huella. Paradójicamente, cuando marcó contra el Chelsea con la camiseta de QPR, el relato cambió de golpe. Y cuando más tarde fichó por New York Red Bulls cobrando mucho menos, un titular desmontó las críticas: «Si solo jugara por dinero, no estaría aquí».

Con el tiempo, aprendió a leer esos mecanismos con distancia. «Los entrenadores también arruinan carreras», dice sin cortarse un pelo y con Mourinho en el recuerdo por haber sido para él todo lo contrario.

 

4 comentarios

  1. Roban y luego lloran

    – GOLEADA DE LIDER al mallorca PESE AL ESCANDALO quintero González
    – lamine yamal BALON DE ORO
    – Rashford CADA DIA MEJOR
    – Marc Bernal EL FUTURO
    – Lewandowski KILLER
    – LAPORTA manda a Florentino y su Superliga negreira A CASCAR
    – Vinicius BALON DE PLAYA

    • 10 días después CARA DE TONTO

      • Penalti para el Real Madrid.

        Crisis total en el Real Madrid

        En 3 años la caja pasa de +213 M€ a -312 M€.
        Las tiendas caen un 22%
        Deuda +1300M€
        Conciertos al Metropolitano y Bernabéu a juicio
        Mbappé en Paris porque no se fia de médicos del club
        El equipo no juega a nada y Xabi fuera
        La SAD en camino

  2. Pingback: Shaun Wright-Phillips repasa su carrera y explica por qué Mourinho marcó su etapa en el Chelsea - Hemeroteca KillBait

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