
En una entrega de 60 Minutes Overtime, el legendario informativo de la cadena estadounidense CBS, el periodista Jon Wertheim ha conversado con Lamine Yamal, la joven estrella del FC Barcelona y de la selección española. A lo largo de la entrevista, Yamal revela cómo es su vida cotidiana, su relación con la fama, sus raíces en Rocafonda, su forma de entender el fútbol como juego y espectáculo, la ausencia de presión pese a su precocidad, su vínculo emocional con España y Marruecos, y la manera en que afronta tanto el éxito como las comparaciones con Messi.
La parte más relevante es en la que reconoce que a veces hay que bajar una marcha antes de dejar a un rival en mal lugar: «En la última pretemporada, estábamos jugando contra un rival de Corea y bueno, sí que es verdad que al final en esos partidos yo siempre intento ir al cien por cien, y a lo mejor el rival, obviamente, pues no es de la calidad de nuestro equipo. Y sí que a veces me pide [el míster] que pues que frene un poco y no es pena porque al final estamos jugando al fútbol, pero sí (…) intento bajar un poco, tocar más el balón porque al final es una persona, al final está jugando contra mí y saldrá en todos lados. Entonces a veces sí que bajo un poco el ritmo, pero si fuera un partido Champions no lo haría».
De hecho, considera que esa persona tiene un entorno, gente que le aprecia, y que no quiere verla en una situación ridícula: «Al final pienso que también tienen amigos y igual que yo si fuera lateral no me gustaría que un jugador que es mucho mejor que yo pues se vaya todo el rato de mí. Le diría que por favor que frene un poco, que luego mis amigos me harán memes con eso».

Por otro lado, por mucho que se insista en que es el nuevo Messi, se niega a aceptar ese papel. Con todo el respeto, aprecia el nivel estratosférico que alcanzó el argentino, pero se desvincula de seguir su estela: «Le respeto por lo que ha sido, por lo que es para el fútbol.s S nos encontramos algún día en algún campo de fútbol, habrá ese respeto mutuo porque somos jugadores y porque él para mí es el mejor de la historia y él también sabe que soy un buen jugador y que le respeto. Es un respeto mutuo y yo creo que los dos también sabemos que ni yo quiero ser Messi y Messi sabe que yo no quiero ser él. Yo quiero seguir mi camino y ya está. No tengo intención de jugar como él, ni de llevar el 10 que llevaba Messi ni nada de eso».
Lamine Yamal ¿España o Marruecos?
Pese a haber tenido la posibilidad de elegir entre Marruecos y España, Yamal explica que la decisión nunca fue tan dudosa como a veces se ha contado. Su aspiración desde niño había sido disputar Eurocopas y Mundiales en el ámbito europeo, y su formación en el Barça reforzó esa afinidad natural con la selección española. Aun así, subraya que mantiene un profundo cariño por Marruecos, el país de su familia, y que haber jugado con ellos tampoco habría sido extraño: «Hubo un momento en que me pregunté si podía jugar con Marruecos, justo cuando llegaron a semifinales del Mundial, pero en el momento decisivo nunca tuve una duda real. Siempre he querido disputar una Eurocopa y jugar en Europa. Con todo el respeto y cariño que siento por Marruecos, que también es mi país, yo me he criado en España y siento que es mi casa. Y aquí veía más cerca la posibilidad de ganar una Eurocopa o un Mundial, y por eso elegí jugar con España».
Yamal regresa a menudo a sus orígenes en Rocafonda, Mataró, un barrio humilde donde el fútbol funcionaba como punto de encuentro. Recuerda que, de niños, ninguno sabía realmente qué sería de su vida, de aquel entorno, dice, surgió su forma de mirar el fútbol como un juego que iguala y une: «En Rocafonda nadie sabía qué sería de su vida: si seríamos futbolistas, pintores o si encontraríamos trabajo. Jugábamos solo por diversión, pero todos soñábamos. El fútbol lo era todo porque dentro del campo todos éramos iguales. Venir de un barrio con pocos recursos te obliga a luchar más y a valorar de dónde vienes».

También rememora los sacrificios de su infancia futbolística, los madrugones, los viajes en tren con su padre, el trayecto en patinete eléctrico hasta la estación y la vuelta agotadora tras los partidos: «Me despertaba muy pronto para coger el tren, salía en patinete hasta la estación, viajábamos casi una hora y llegábamos justos para calentar. Iba con una manta, dormía en el trayecto y jugaba. Lo peor era la vuelta, porque estaba muerto de hambre. Eran pequeñas aventuras con mi padre».
Chico del barrio
Su celebración con los dedos, convertida ya en un gesto reconocible, es otra forma de recordar sus raíces. No es una pose, explica, sino un homenaje sencillo a su infancia y a su barrio: «El gesto de los dedos es el código postal de Rocafonda: 08304. Me nació hacerlo cuando me sancionaron y pude volver a jugar; mi mejor amigo me sugirió esa celebración y se quedó para siempre. Es una manera de recordar de dónde vengo».
En cuanto a su vocación, para Yamal, el fútbol no es solo una profesión, sino la mejor parte de su vida: «Mi mejor momento del día es cuando puedo jugar y disfrutar con mis compañeros. Se nota cuando soy feliz en el campo: lo traduzco en mi juego. No pienso en marcar cuatro goles ni en hacer tres asistencias, pienso en disfrutar. El fútbol va más allá de los números».
Yamal no se ve como un acumulador de récords, sino como un atleta que entretiene: «Juego para que la gente se divierta. No busco hacer todos los récords del mundo ni un millón de goles. Quiero que quien venga al estadio, incluso si ha tenido un mal día, pueda irse a casa con otra cara. Si un niño quiere ser como yo, eso significa más que cualquier récord».

Su estilo, afirma, nace de un instinto que combina la confianza absoluta en sus capacidades con la valentía de encarar siempre: «Aunque vea a tres rivales, nunca pienso que me van a quitar el balón. Mi juego es encarar y resolver. Si pasara cada vez que viera dos o tres jugadores delante, sería otro futbolista. Confío en mi instinto y en mi forma de jugar. Para quienes nacimos en un barrio humilde, el fútbol lo era todo. Dentro del campo todos éramos iguales, viniéramos de donde viniéramos. Fue el primer amor de mi vida y siempre lo será, porque mis amigos, mis padres y yo vivimos el fútbol como parte de nuestra historia».
Otro recuerdo que comentan es el debut de Yamal en el Camp Nou. Reconoce que, en aquel instante, todo lo que había soñado durante quince años se materializó de golpe: «Al calentar y ver el Camp Nou supe que estaba viviendo lo que había soñado toda mi vida. Sentí nervios buenos, una mezcla de ilusión y adrenalina en el estómago. El tiempo pasaba muy rápido y solo pensaba en disfrutar cada segundo antes de entrar al campo».
Y entre todos los goles que ha marcado, hay uno que destaca por encima del resto: el que anotó contra Francia en la Eurocopa: «Si tengo que elegir un gol, me quedo con el que marqué a Francia en la Eurocopa, por importancia y por lo bonito que fue. También me gustó mucho el que marqué hace poco contra el Brujas».
Más allá del talento y de la repercusión que ha generado su irrupción, Yamal insiste en que lo que más le importa es ser percibido como una persona sincera y natural: «Quiero que me vean como alguien sincero, como una persona que dice lo que piensa. No quiero aparentar una cosa en público y ser otra en privado. Me preocupa lo mío, disfruto de la vida que tengo y valoro lo que me rodea. Ojalá quien me conozca de verdad vea exactamente a la misma persona que habla en una entrevista».

Con el paso de los meses, también ha tomado conciencia del impacto social que está generando: «Mucha gente me dice por la calle que ha vuelto a ver fútbol por mí: abuelos, mujeres, niños… Incluso mi madre ve ahora todos los partidos. Se ha recuperado esa ilusión: las bambas de fútbol en el cole, las camisetas con mi número, los turistas con la del Barça. En mi equipo de trabajo, Bernardo siempre me dice: ‘Me vuelve a gustar el fútbol cuando te veo jugar’».
Con la mira puesta en el Mundial
Con la mirada puesta en el futuro inmediato, Yamal reconoce que atraviesa el mejor momento de su carrera y que llega al Mundial con una confianza plena. Y percibe a España como una candidata seria: «Creo que España vuelve a llegar como una candidata real a ganar el Mundial y yo no podía llegar en mejor momento. Me siento importante y con muchas ganas. Si seré la cara del equipo no lo decido yo: eso depende de la gente. Yo solo pienso en jugar y en disfrutar».
Finalmente, de coña, alude a su imagen con aparato dental: «Ojalá dependiera de mí, pero no sé si estaré con brackets en el Mundial. Tendré que preguntarle a mi dentista. La verdad es que me quedan bien; si me toca llevarlos, los llevaré sin problema».


Juega muy bien
Lo más importante en esta vida es ser una buena persona y sentir la paz interior de tener amor dentro de ti. Y dedicar tu vida a algo que te apasione y que sirva para ayudar a los demás. Parece ser que en Lamine se cumple todo esto. Larga vida le dé Dios.
ESCANDALAZO MUNDIAL
Al terminar el Real Madrid – Celta Megia Dávila SE HA ENCARADO con quintero González
Su mujer es Yolanda parga,REPRESENTANTE DEL CTA en la RFEF
BOOOOOOOOMMMMMMMMMM
El chico nació en España pero es marroquí, él mismo lo reconoce en la entrevista: juega con España porque tiene más posibilidades de ganar títulos. Lo que también le da más visibilidad, más publicidad, más contratos, más dinero. Es español por el interés, su corazón es africano. No me representa ni le considero mi compatriota. Que le vaya muy bien.
Me cago en los putos muertos del moderador y en su tia la calva. Presuntamente.
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Cuando Vox mandemos en España os vais a enterar los de el Partido Popular.
Semos umano señor Muderador gitano pero umano dejame poner mesage
o te rajo
Espero que sepan orientar bien al chaval, su futuro es muy grande.