Tenis

Dominic Thiem: «El tenis es un deporte de ricos, desde los 13 a los 18 años te tienes que gastar un millón de euros aproximadamente»

Es noticia
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)

La pregunta es clara y directa: «¿El tenis se está convirtiendo en un deporte de ricos?» Y la respuesta que da Dominic Thiem también: «Sí. Porque la formación es muy cara. Por ejemplo, en nuestra academia intentamos ayudar a las familias con menos recursos para que, si un niño o niña tiene talento, pueda entrenar igualmente y perseguir el sueño. Pero el tenis es muy caro. Desde los 13 hasta los 18 años, o hasta el punto en el que el chico o la chica empieza a ganar dinero, hay que pagar entre 80.000 y 100.000 euros al año. Así que hablamos de casi un millón en total, que es una cantidad increíble de dinero y que prácticamente nadie puede permitirse. Aunque ayudemos a los padres y busquemos patrocinadores o inversores para financiar la carrera, sigue siendo carísimo. Tenemos, por ejemplo, un jugador de 17 años que compite en el US Open júnior y es muy bueno, pero cuando tienes 15 o 16 años y empiezas a jugar los Grand Slams júnior, viajas casi como un profesional: 30 o 35 semanas al año. Y no hay premios en metálico, así que solo gastas. Necesitas apoyo, sí o sí».

No habla sin saber. Thiem ha sido uno de los grandes en el tenis de la última década, campeón del US Open 2020 y finalista de tres Grand Slams. Lleva un año retirado, pero está volcado en la formación de nuevos talentos, aunque se haya estrellado con la barrera del dinero, tal y como ha comentado en Business of Sport.

Thiem detalla además que existen mecanismos de inversión privada que permiten a jóvenes promesas cubrir esos gastos, pero hipotecando su futuro. Algo parecido a los préstamos que se dan en Estados Unidos para poder estudiar: «Es un acuerdo bastante común: alguien invierte 50.000 o 100.000 euros al año en ti y, a cambio, recibe un porcentaje de tus ingresos futuros, normalmente limitado a un máximo. Yo mismo lo hice cuando tenía 15 o 16 años: recibía 80.000 al año y lo devolví a partir de los 21, cuando empecé a ganar mucho más».

Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)

Ya en su época como profesional notó que no solo es que el deporte sea de ricos, es que hace falta tener cultura de ricos, es decir, de gente que sepa manejar el dinero: «Cuando empecé a subir en el ranking y a ganar dinero, no me interesaba nada cómo funcionaba el dinero ni qué hacer con él. Solo quería que, al final de mi carrera, estuviera seguro financieramente. Tuve mucha suerte de contar desde los 18 o 19 años con un gran asesor financiero, en quien confié desde el primer día. Él se ocupó de todo y me fue explicando cuando empecé a interesarme más».

De hecho, algo que también tuvo que aprender fue a funcionar como una empresa: «En el circuito, los números que se publican parecen enormes, pero de un cheque de, por ejemplo, 65.000 libras en Wimbledon, fácilmente se pierde un 60%: primero impuestos en el país donde juegas, luego en el tuyo propio, y además los gastos de entrenadores, fisioterapeutas, viajes y equipo. Incluso con los patrocinadores tienes que pagar impuestos en función de los días que pasas en países como Reino Unido o Estados Unidos, porque tu imagen aparece en televisión con su ropa o su logo».

No es nada que parezca descabellado, pero los ingresos que permiten sostener ese presupuesto vienen de las victorias. Si el tenista no gana, su empresa se va al garete: «Los contratos de patrocinio funcionan con un fijo anual, llamado retainer, y muchos bonus. Pero si bajas en el ranking o te lesionas, esas cantidades se reducen drásticamente. Cuando estás en el top 3 o top 5, los acuerdos son muy buenos, pero si caes, tu retainer puede bajar muchísimo. A la vez, si ganas torneos (ATP 250, 500, Masters 1000 o Grand Slam) recibes primas adicionales».

Peter Thiem (Foto: Cordon Press)
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)

¿Qué estrategia económica seguir en esas circunstancias? Para Thiemda la clave fueron los contratos a largo plazo con los patrocinadores, priorizar la duración: «En mi caso, la estabilidad vino de relaciones largas: estoy con Adidas desde 2011, con Babolat desde 2015, con Rolex y también con Red Bull, que fue clave porque incluso me ofrecían su centro de alto rendimiento cuando estaba lesionado. Siempre busqué acuerdos a largo plazo y que encajaran con mi personalidad. Hubo ofertas que rechacé porque no me representaban, aunque fueran económicamente muy grandes».

Rafa Nadal, la cruz de Dominic Thiem

Y por si no fuera suficiente la tensión de saber que si pierdes o te lesionas tendrás graves problemas económicos con terceros, Thiem habla de que encima tenía que enfrentarse a personajes como Rafa Nadal. Alguien a quien tener enfrente en la pista era como una condena antes siquiera de empezar: «Si eres rival de Rafa en la final de París, no te lo ponen fácil. El presentador empieza a presentar sus títulos: 2005, 2006, 2007… y el público enloquece. Tú estás allí escuchando y ya sientes que has perdido el partido. Es una de las peores experiencias que he tenido en mi carrera».

En su primera final, en 2018, entró con la mentalidad equivocada: feliz por estar allí, pero sin creer realmente que podía ganar. Y ahora piensa que fue un grave error: «Sabía que no estaba al cien por cien físicamente y él tenía ya diez títulos. Ese día entendí que no era mi momento». Al año siguiente, tras haberle derrotado semanas antes, la confianza era distinta: «Lo vi como un 50-50, estaba convencido de que podía ganar. Jugué muy bien, pero él elevó el nivel de forma impresionante. Fue increíble».

La sombra de las finales perdidas le persiguió hasta su coronación en el US Open 2020, el único Grand Slam que figura en su palmarés. Pero incluso ese triunfo estuvo marcado por la pandemia: «En un año normal, al día siguiente de ganar te recogen a las seis de la mañana para ir a los programas más importantes de televisión. Yo lo hice todo por Zoom, en un aeropuerto vacío y regresando a casa en pleno confinamiento. Fue muy diferente a lo que esperaba. No pude disfrutarlo como otros campeones».

Proyecto nuevo 2025 10 08T182505.198
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)

En lo deportivo, aquella final contra Alexander Zverev fue también un martirio psicológico: «Era mi cuarta final y la primera en la que los dos teníamos un 50% de opciones. Al principio estaba congelado, bloqueado por los nervios. En el tercer set ya me veía perdido, pensaba: ‘Se me ha escapado otra vez’. Pero en el fondo siempre queda una chispa de esperanza, y al soltarme empecé a jugar mejor. En un Grand Slam siempre tienes una oportunidad, aunque sea mínima. Esa vez la aproveché».

Para Thiem, ganar o perder no siempre dependía de la táctica, sino de la capacidad de imponer su propio juego: «Contra Rafa o Novak, lo esencial era si yo conseguía jugar mi tenis antes de que ellos impusieran el suyo. Si ellos dominaban, no había forma de volver. La clave estaba en resistir y hacer valer mis armas, aunque la presión fuera insoportable».

Pero el día después llegó lo peor, el ¿y ahora qué? A la euforia inicial siguió un vacío inesperado: «Durante semanas me sentí invencible, pero al parar todo con la pandemia y ya con mi gran objetivo cumplido, me quedé sin metas. Fue duro. Siempre pensaba: ¿será esta mi última oportunidad?».

La despedida

Peor aún fue tener que retirarse. Thiem explica que tuvo la suerte de poder planificar su despedida con meses de antelación, lo que le permitió esquivar el vacío que tantos deportistas sienten cuando cuelgan la raqueta. «No fue de un día para otro. En marzo de 2023 decidí que iba a parar y mi último partido fue en octubre. Ese tiempo fue una especie de transición: todavía me sentía jugador en activo, pero ya estaba preparando la vida después del tenis».

Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)
Dominic Thiem (Foto: Cordon Press)

En ese proceso buscó consejo de otros atletas que también se habían retirado jóvenes, algunos de manera forzada por las lesiones. «Lo que más me repetían era: mantente ocupado. Ese fue el consejo número uno. Y fue exactamente lo que hice. Mi último partido fue un martes, y el miércoles ya tenía mi primera cita fuera de la pista. Estar ocupado me salvó».

La clave, añade, está en no dejar que los días se vuelvan eternos ni en perder de golpe el hábito de imponerse metas: «Si pasas cuatro, cinco o seis meses sin hacer nada, los días se hacen larguísimos y te hundes. Si no tienes un objetivo dentro de ti, es realmente duro. Por eso empecé a fijarme metas fuera de la pista, algo que nunca había hecho. Hasta entonces todo giraba alrededor del tenis».

Con solo 31 años al retirarse, tenía por delante otra vida que organizar: «Fue crucial haberme puesto enseguida a trabajar en proyectos nuevos. Descubrí que también puedes plantearte objetivos en otros campos, y eso me ayudó a no caer en el bajón después de la retirada».

 

 

Un comentario

  1. Pingback: Dominic Thiem analiza el alto coste económico del tenis profesional - Hemeroteca KillBait

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*