
Hoy es más fácil encontrar a Magic Johnson hablando de negocios que de baloncesto. Su relación con la cancha se ha ido desdibujando y parece que para el gran público ya es más interesante cómo invierte su dinero que cómo metía sus canastas. Sin embargo, de vez en cuando, hablando de la información salmón, suelta perlas que están relacionadas con el basket, como sus alusiones en su última aparición a Michael Jordan.
En referencia a los patrocinios con ropa deportiva, Magic recibió una oferta de Converse que le pagaba más que Nike en efectivo y la aceptó. La de Nike era menos dinero, pero le ofrecían acciones. Al decidirse, lo que no sabía era el golpe en la mesa que iba a dar Nike con su siguiente lanzamiento: «Me di cuenta de que había cometido un error cuando Michael Jordan salió con las Air Jordan. Ahí supe que me había equivocado. Yo podría haber tenido parte de eso, ¿verdad? Así que la cagué a lo grande. Cuando eres negro y estás sin un duro, coges la cifra más alta, y por eso decidí irme con Converse».
Al hilo de Jordan, también aprovecha para opinar sobre las controversias sobre si es mejor o peor que LeBron James: «No te confundas. Amo a LeBron, pero… No. Sí. Tenemos eso documentado. Eso está documentado. Cuando Michael Jordan despegaba con la lengua fuera… Espera, escucha, porque muchos de vosotros no habíais nacido entonces. 1991 contra mis Lakers. Mano derecha. Pensábamos que lo teníamos. Cambió a la izquierda en el aire, giró contra el cristal y entró. No hay nadie vivo que haya podido hacer eso. Ese chico era demasiado bueno. Te lo digo ahora mismo. Pero LeBron también es un fuera de serie. Es un fuera de serie, pero no es Michael».

Al final, con el paso de los años, si de algo han sido conscientes Jordan y él es de la suerte que tuvieron en la vida de explotar en ese momento del baloncesto y convertir la NBA en una liga universal: «cuando Michael y yo nos vemos, nos damos una palmada en la espalda y decimos: “Hermano, ¿puedes creerlo?”».
No es para menos, la cita de Barcelona 92 se considera un hito en la historia del deporte, pero épicas aparte, lo fue la mejor campaña de marketing jamás concebida en el deporte. La NBA se situó como líder de todos los torneos del mundo y llegó prácticamente hasta todos los países, pero es que pusieron absolutamente toda la carne en el asador: «El Dream Team fue el mejor baloncesto en el que he estado involucrado y ser el base de ese equipo y representar a la NBA y a nuestro país… Pero sobre todo poder jugar con Michael y por fin estar a su lado, con Larry Bird, Charles Barkley, la versión más delgada de Charles Barkley; Patrick Ewing, David Robinson, Scottie Pippen, Chris Mullin, Clyde Drexler… fue increíble. Es el mejor equipo jamás reunido, y estoy orgulloso de decir que estuve en ese equipo».
Casualmente, Magic tuvo una visión en Barcelona. Y no fue deportiva. En la ciudad condal se dio cuenta de que quería ser rico, pero rico de verdad: «Fuimos a España y estaban organizando una gran recepción. Estábamos en un yate. Se estropeó el aire acondicionado del yate, así que nos hicieron bajar a todos y volver al autobús. Otro yate se acercó. Subimos a ese segundo yate. Empecé a hablar con el tipo y le dije: ‘Esto es una locura, que haya aparecido un segundo yate. Pero… ¿de quién era el yate que se estropeó?’ El tipo me dijo: ‘Era mío’. Entonces le pregunté: ‘¿Y este yate de ahora, de quién es?’ Y me contestó: ‘También es mío’. Ahí dije: ‘Eso es riqueza de verdad. Eso no es solo ser rico, es otra cosa’. Y me dije: ‘Quiero ser como él’. Ese hombre era Micky Arison, dueño de los Miami Heat, y cambió mi vida porque me hizo ver cuánto camino me quedaba por recorrer».

Luego presume de su trato con las celebrities esos días, del acceso a los castillos más nobles que le dio el basket: «En Mónaco, el príncipe Rainiero nos recibió en el gran castillo. Estábamos todos los jugadores charlando en un lado y vi que, al otro lado, estaban el Príncipe Rainiero y el comisionado Stern. Dije: ‘Tengo que conocer a este hombre que dirige todo Mónaco’. Así que crucé y me presenté: ‘Hola, soy Magic Johnson’. Él me dijo: ‘Sé quién eres’. Le pregunté: ‘¿Cómo diriges todo esto? Dame un poco de conocimiento’. Y me quedé con él hablando unos 30 minutos sobre Mónaco y sobre cómo gobernaba. ¿Sabes qué hizo después? Llamó a su hijo y a su hija, me los presentó y les dijo: ‘Mientras Magic esté aquí, vosotros vais a salir con él’. Y así fue: me llevaron a los clubes nocturnos, a recorrer la ciudad… Ese hijo con el que yo salí entonces… ahora es el príncipe de Mónaco. Y pensé: ‘Por eso valió la pena que me acercara a hablar con él’».
Y una invitación a trepar a todo aquel que consiga colarse en un ágape de cierto nivel: «¿Por qué cuento esto? Porque a veces hay que salir del grupo en el que estás. Si siempre te quedas con los mismos, solo tendrás los mismos resultados. Cuando vayas a un evento y veas a alguien importante en un rincón, acércate y preséntate. Puede que solo tardes dos o tres minutos, pero ese momento puede cambiar tu vida. Eso me pasó a mí en Mónaco».
De hecho, asegura el tópico de que lo que aplicaba en las canchas de basket es lo que luego le hizo exitoso en los negocios. Una filosofía que donde es siempre exitosa es en las clases a empresarios, que suelen pagar bastante bien por este tipo de charlas con estrellas del deporte: «Soy competitivo también ahora. No quiero perder en nada. Me voy a dormir a las 8 de la noche, me levanto a las 4 de la mañana. Hago ejercicio durante 2 horas y después paso todo el día en la oficina. Voy a tope. A tope, a tope. No necesito que nadie me dé una palmada en la espalda ni nada. Me motivo yo solo. Todo lo que aprendí como jugador de baloncesto lo he llevado a los negocios. Soy un hombre disciplinado. Hago toda la investigación porque antes tenía que investigar a mis rivales. Ahora investigo empresas y negocios. Y además soy un perfeccionista. Me gusta hacerlo todo de la manera correcta. Y esa es clave. La forma en la que vas a hacer crecer tu marca y mantener tu marca es siendo muy cuidadoso con lo que dejas entrar y con lo que muestras en las redes sociales, porque eso afecta a tu marca. Así que soy muy, muy especial con las empresas en las que invierto y con lo que publico en redes sociales, porque no quiero que nada dañe ni diluya mi marca».
La NBA ya no es lo que era, según Magic Johnson
Hace unos meses, en una entrevista en Byron Scott’s Fast Break, Magic ha criticado la dosificación que se hace de los jugadores y la monitorización de la carga para evitar lesiones. Algo que comparte con Michael Jordan. Ellos querían jugar todos los partidos: «Y estuve con Michael Jordan y me dice: ‘Earvin, no sé por qué estos tipos…’ Porque si miras su historial, jugó prácticamente todos los partidos, como cinco o seis temporadas a lo largo de su carrera sin perderse ni uno. Jugó todos los partidos. Nosotros queríamos jugar todos los partidos. Pat Riley o nuestro preparador, Gary Vitti, tenían que asegurarse de decir: ‘no, no, no, no, no… B, no te pongas el uniforme, no vengas a sentarte al banquillo’, porque querías jugar, porque quieres jugar por tus compañeros y con tus compañeros. Me hacía ponerme una camiseta; no le dejaba ponerse el uniforme cuando no podía jugar, porque sabía que arrancaría el maldito jersey y entraría al partido. Era como: ‘no, no, no, no, no; te puedes poner el chándal, pero vas a llevar camiseta, ¿sí? No, no, pantalones y todo eso’, porque no queríamos que te los arrancaras y entraras, porque eso es lo que haría. Porque si yo pensaba que íbamos a perder, voy a entrar. Ahora es diferente, ¿verdad? Y los aficionados lo ven, y están reaccionando a la monitorización de la carga: no pueden ver a sus estrellas. Hace un par de semanas puse un partido y no estaban las dos estrellas de cada equipo: eso lo arruinó todo».

Antes, todo era más pasional y visceral, había menos cálculo. Valga como prueba que Magic sigue odiando a los Celtics como si no hubiera pasado el tiempo: «Vamos a ser realistas: los odio incluso hoy, todavía los odio. Y cuando les ganamos en el 85, fue la primera vez. ¿Ves? Y en el 84 nos dieron una gran lección cuando perdimos con ellos. Pero volvimos, todos mejoramos y nos volvimos más duros mentalmente. Eso era lo único que necesitábamos: ser un poco más duros. Así que cuando nos golpeaban, no discutíamos, simplemente se la devolvíamos más tarde. En el 84, estábamos intentando pelearnos con ellos, y ellos nos ganaron. Pero en el 85… y luego en el 87—creo que ese fue el mejor equipo que haya jugado al baloncesto, en el 87 arrollamos a todo el mundo. Y luego volvimos, campeones en el 87 y 88, y llegamos a las Finales tres años seguidos en ese período. En el 89 habríamos ganado otra vez si Byron no se hubiera roto el tendón de la corva y luego yo también. Porque estábamos arrasando a todos, 13 victorias seguidas. Estábamos jugando uno de los mejores baloncestos que la liga haya visto. Así que, en resumen, todo se trata de ganar. Todos los títulos significan mucho, pero Boston es lo máximo: cada vez que pueda ganarle a Larry Bird y estar por encima de él, seré feliz».
Sigue siendo perfectamente consciente de que ese odio es lo que atrajo a los aficionados a las pantallas: «Todos sintonizaban el Lakers – Celtics porque sabían que nosotros los odiábamos y que ellos nos odiaban a nosotros. Y que algo iba a pasar: podía estallar una pelea, pero también iban a ver algo especial que no se volvería a ver, porque estaban los Showtime Lakers y los Celtics también eran muy buenos. Larry Bird podía meter 30 puntos aunque Michael Cooper estuviera en su trasero, pero aún así podía anotar 30. Kevin McHale era imparable. Pero también ibas a ver a Byron tirando triples, a Coop con el ‘Coopa Loop’ o metiendo de tres, y luego a James Worthy, tan elegante, uno de los jugadores más bellos que he visto nunca: cuando llegaba en contragolpe era pura belleza. Y, por supuesto, el jugador más dominante de todos los tiempos, Kareem Abdul-Jabbar. Así que teníamos algo único. Y además teníamos banquillo. Esa es la diferencia hoy en día también».
Si tuviera que rescatar algo de la NBA actual, su debilidad no es estadounidense. Su referencia es Nikola Jokic: «Hemos visto muchos grandes jugadores. Alguien preguntó dónde ponerlo entre los grandes, y yo dije: no puedes ponerlo aún al nivel de los más grandes, pero en su posición ha cambiado el juego. Es un pívot que puede tirar de tres, postear, jugar desde el codo, y puedes correr la ofensiva a través de él. Es un jugador único. Para mí es el mejor jugador de la NBA ahora mismo. Su IQ de baloncesto está por las nubes. Y te gana porque juega fuera de ritmo. No salta, pero usa su cuerpo, te choca y consigue su tiro. Lo único que no hace, como Kareem, es dominar en los dos lados. No es un gran taponador, defensivamente es algo débil. Pero es el mejor jugador hoy».

En otras entrevistas recientes, también ha salvado de la quema a Kevin Durant: «Me recuerda a Shaq y Kobe. ‘Oye, Shaq, tú llévame al último cuarto’. Kobe decía: ‘Yo me encargo. Voy a llevarnos a casa’. Y necesitas a una persona como Kevin Durant que además puede meterte a un equipo en problemas de faltas. No es solo su capacidad anotadora, también te mete en problemas de faltas». Todavía hay esperanza.


«Y estuve con Michael Jordan y me dice: ‘Irvin, no sé por qué estos tipos…»
¿Quién coño es Irvin?
Dice Earvin que era su verdadero nombre.
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