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Vlado Gudelj: «El fútbol se va a convertir en fútbol americano, meterán pinganillo a los jugadores»

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Vlado Gudelj

 

Vlado Gudelj (Bosnia, 1966) creció en las calles de un país que vivía sus postrimerías bajo la denominación de Yugoslavia y el régimen comunista de Tito, sin saber que mientras él construía un exitoso futuro deportivo, su patria iba camino de la autodestrucción.

En Vigo encontró su hogar y en el Celta una familia, mientras la suya sufría la crudeza de la guerra de los Balcanes a principios de los noventa. Treinta y cuatro años después de su aterrizaje, el actual delegado del Celta se siente un gallego más, pese a que antepone su rol humano y pacifista frente a cualquier identidad o religión.

Gudelj habla con la serenidad de quien sabe que la vida, igual que el deporte, se juega sin manuales. Reivindica resignado el fútbol de calle, lejos de las escuelas y las pizarras tácticas, a sabiendas de que hoy es una batalla prácticamente perdida.

¿Qué recuerdas de tu infancia en Trebinje? ¿Eras de los que ya jugabas al fútbol desde muy pequeñito?

Hasta los diez u once años que empecé a entrenar al fútbol, antes estaba en la calle jugando a todo tipo de deportes, no solo fútbol. Mi casa en Trebinje está justo pared con pared con el estadio. Para mí ir al estadio era muy fácil, era saltar el muro y ya estaba en el estadio. Era muy amigo de los hijos del utillero. Cuando éramos pequeños nos daba botas para limpiarlas y a cambio nos dejaba jugar en el estadio con una pelota. Tirábamos penaltis, faltas, tiros a portería… En césped natural, que era una maravilla.

El sistema que había era comunismo, pero comunismo abierto. Los niños tenían muchísimas posibilidades de hacer muchos deportes. Yo hacía de todo: gimnasia deportiva, natación… De hecho, los dos últimos años antes de empezar a jugar al fútbol entrenaba a natación. Pero nunca abandonaba la calle, era realmente donde uno aprendía muchos trucos.

¿De qué equipo eras de pequeño?

Del Leotar Trebinje. De los doce años a los dieciséis pasé dos categorías y empecé el primer año en el equipo junior. Con dieciséis años y tres meses debuté en el primer equipo, que estaba en Segunda división. Había veinte equipos y era una competición muy competitiva, había muy buenos jugadores. Jugué hasta los dieciocho y luego pasé a Primera División para jugar en Velez Mostar.

El Celta estuvo a punto de jugar contra tu primer club, el Leotar, en la fase de clasificación de la Champions en 2003.

¡Correcto! De hecho, un ojeador del Celta, Alfredo Caldas, estuvo en mi casa grabando el partido entre el Slavia de Praga y el Leotar, que había sido campeón de la liga de Bosnia. En caso de pasar jugaría contra el Celta, pero al final le tocó el Slavia.

¿A quién habrías apoyado si hubiera pasado el Leotar?

¡Muy complicado! Yo soy de sentimientos. No solo con el equipo, sino con todo lo que es por dentro. Mi abuelo hizo la obra del campo, mi padre tenía un bar que era justo debajo de mi casa… La gente en el descanso iba a tomar cerveza. Algunos no volvían si iba perdiendo el Leotar, se quedaban tomando cervezas toda la segunda parte (ríe).

Después del Leotar vas a Velez Mostar, un club muy marcado políticamente (estuvo muy vinculado al comunismo y a Tito en la antigua Yugoslavia). ¿Se palpaba mucho en el ambiente?

No, antes de 1991 no se hablaba. Mostar era multinacional, multicultural. Toda mi generación no era consciente de si uno era de otra religión, musulmán, o croata, o católico, serbio… Luego, con la política llegó gente con intenciones, nos metieron unas historias que cada uno lo veía de su forma y ya se envenenó todo esto en nada.

Formaste parte de un equipo histórico de Velez Mostar. Ganasteis la Copa de Yugoslavia, subcampeones de Liga, 5-0 a Estrella Roja…

¡Un equipazo! ¡Un equipazo! Jugaba Goran Juric, que luego estuvimos juntos en el Celta, luego estaban Semir Tuce, Kajtaz, Karaveg, Matijevic… Un equipazo. Ganamos un año la Copa del Mariscal Tito (Copa de Yugoslavia) en el 86/87 y perdimos el título en el último minuto contra el Sloboda Tuzla que peleaban por no descender. Lo que quedó a todo el mundo fue la forma de jugar: muy atractivo, muy al ataque. Los campos estaban llenos solo para ver la forma de jugar. Eran partidos atrevidos, atacando con muchos jugadores y nunca calculamos, siempre íbamos con la camiseta desabrochada a por la victoria. Era preferible ganar 4-3 que 1-0. Esto la gente lo valoraba muchísimo.

Vlado Gudelj

Dos mitos del fútbol español, Kodro y tú, eráis la pareja atacante.

Sí, estaba también Predrag Juric (posteriormente jugó en el Burgos, Marbella y Mérida), que era un poco mayor. Kodro es de 1967 y yo de diciembre de 1966. Cuando estaba en el Leotar jugábamos en la selección autonómica y luego en la selección yugoslava, en la sub 17, sub 19 y sub 21. Éramos fijos ahí. Ya nos conocíamos desde niños, desde los catorce o quince años.

Te vas al Celta en 1991, poco antes de que estalle la guerra en Bosnia.

Firmé el contrato y hasta día de hoy, treinta y cuatro años ya… Casi gallego (ríe).

Te encuentras un Celta muy balcánico: Rajtokvic, Juric, Milos Bursac, Milojevic…

El primer año estábamos en Segunda División. Juric llegó seis meses antes y gracias a él vine aquí. Me hablaba maravillas del Celta, del entrenador, que era Txetxu Rojo… Antes de fichar por el Celta, Meho Kodro y yo tuvimos una oferta del Burgos, que estaba en Primera División y peleando por meterse en la UEFA. La opción esa para mí no era tan llamativa. Hablé con Juric sobre Vigo, con el entrenador y con Pedro Herrera, el padre de Ander Herrera, que era el director deportivo. Me daba la sensación de un equipo que tenía afición, una ciudad buena, había predisposición para ser equipo de Primera y para pelear por estar en Europa, en Copa… así que gracias a Juric y Txetxu Rojo firmé por el Celta en Segunda. Kodro me dijo que iba a esperar un poco más a ver si aparecía algo. Y surgió la Real Sociedad y tuvo una trayectoria muy buena en España.

¿Hablabais de política?

Sí, con normalidad. No es lo mismo hablar de política fuera del país que en el mismo país. Con los que tienes alrededor no puedes hablar lo que piensas porque los vecinos, tanto unos como otros, como terceros, hay muchos que han perdido hermanos, padres, primos… No puedes decir a la cara a la gente lo que realmente piensas. Yo también perdí familiares y la forma de hablar no es la misma cuando estás fuera.

Algunas de vuestras parejas eran de diferentes países balcánicos…

Sí, de hecho, mi mujer es croata. Yo soy serbio. Somos de diferentes bandos que nos enfrentamos en la guerra. ¿Viste la película de miedo Durmiedo con su enemigo? (Risas) Esa es en mi casa. Pero yo soy más que amigo con Juric, que es croata, o con Meho Kodro, que es musulmán. Considero que el deporte no tiene nada que ver con política. Habla más de guerra la gente que no estuvo en la guerra que los que estuvieron en primera línea. Tengo varios amigos que estuvieron y siempre me dicen que no quieren hablar de eso. La gente que estaba en otros países habla más de lo que pasó. De hecho, no me gusta hablar mucho de la guerra. Ojalá que nunca suceda en ninguna parte.

Aquí siempre se te consideró bosnio, ¿tú te considerabas serbio por lo que me acabas de decir?

Yo me considero buena persona, nada más. Ni bosnio, ni serbio, ni musulmán, ni croata… Intento ser buena persona como todo el mundo. Digo yo que es lo más importante. No puedo esconderme, soy ortodoxo de Herzegovina, de Bosnia Herzegovina, de Trebinje, que está en la República Srpska. Pero respeto a todo el mundo, como tiene que ser.

Dices en La Voz de Galicia en 1992: «He sido yugoslavo, después bosnio, ahora ni eso… Quizá sea gallego».

(Risas). Ahora sí, llevo tantos años aquí, más que en ninguna parte. Estuve hasta los dieciocho años en Trebinje, luego en Mostar seis y treinta y cuatro aquí. No sumes, eh (bromea riendo), porque te va a salir un número muy grande.

En diciembre de 1992 vas con Ratkovic (Celta), Djukic (Dépor) y Mikulic (Teucro) al aeropuerto de Santiago a recibir refugiados bosnios musulmanes de la guerra. ¿Os llamaron desde de la Xunta para que hicieseis de traductores?

No me acuerdo. Había un grupo de refugiados, gente pobre, mujeres, niños, gente mayor… que venían de la guerra. No sé si eran musulmanes o no. Luego estaban en O Carballiño.

Tu mujer iba a menudo allí al centro de refugiados.

Iba mucho. También la mujer de Goran Juric y Ratkovic. Entendíamos que lo pasaban mal sin sus familias y su gente más cercana. Nosotros también éramos recién llegados aquí y nos gustaba estar en contacto con la gente de ex Yugoslavia. Ellos se olvidaban un poco más del problema. Si te tienes que ir a otro sitio, la mente te queda en casa con la gente que se quedó: los hombres, hijos, tíos, maridos…

Decías también en esa época que «el comunismo yugoslavo no era como el ruso, se podía hablar. Yo no sé si era bueno o malo, pero se vivía bien».

¡Siii! Se vivía muy bien. Muy bien. Estamos hablando desde después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1990. En ese tiempo Yugoslavia era muy próspera en todos los sentidos: economía, deporte, incluso en la política. No había restricciones, aunque muchas veces los medios de comunicación dan una imagen de Yugoslavia totalitaria, del presidente Tito que era dictador… Habla la gente que le interesa. De aquella no nos faltaba nada. Yo me acuerdo ir a todas las partes del mundo con pasaporte yugoslavo. Podías entrar en Moscú y Nueva York sin visado, no pasa hoy en día.

Eso sí, los deportistas no podían salir del país antes de cumplir veintiocho años. Para no rebajar la calidad de la liga de fútbol y baloncesto. Eran ligas muy competitivas y tenían mucho éxito. A día de hoy ya salen muy jóvenes, con diecisiete o dieciocho años, y se hacen más fuera del país que dentro.

Vlado Gudelj

¿Hasta que año había esa norma?

Hasta 1988 o 1989, dos o tres años antes de que viniese yo a Vigo.

Estaba aquí también en esa época el croata Velimir Perasovic (jugador del Breogán) pero no quiso ir al aeropuerto a recibir a los refugiados musulmanes. La Voz de Galicia recoge una supuesta frase suya: «Esos que vienen son los que han provocado la guerra». ¿No quiso ir por ese motivo?

No lo sé, eso hay que preguntarle a él. Yo no lo veo así: si es musulmán, si no… Si uno tiene necesidad, ¿por qué no ayudarlo? Pasar la necesidad de un ser humano a un tema político no corresponde a los deportistas, hay que verlo como ser humano. Da igual si lleva cruz o no lleva cruz. ¿Qué más da? Sea quien sea, da igual.

De algún modo actuaste como Srdjan Aleksic.

Era un chico serbio de Trebinje que defendió a un musulmán y lo mataron por eso. Ahora tiene una lápida con una dedicatoria. Yo lo conocía porque entrenamos juntos en alguna ocasión. Su padre, Rade, era muy buen jugador de baloncesto, jugó en Sarajevo. Trebinje era muy pequeñito, son 30.000 habitantes y nos conocíamos todos.

Eran tiempos complicados. Explicar qué es una guerra es muy difícil. Igual que pasa con Israel y Palestina. Desde fuera percibíamos, pero no interiorizamos lo que sucedía allí.

¿Cómo vivías esas dos situaciones a la vez? En España marcabas goles y había alegría; mientras en vuestro país se desarrollaba una guerra horrible, recibíais noticias de amigos y familiares que habían matado, otros huían…

Era muy complicado. Las guerras son inexplicables. Los sentimientos de uno, las ideas… llegan al límite. En esas situaciones la mente de cada uno responde de una forma. Nadie puede juzgar una situación límite, cuando hay muertes, barbaridades… Ojalá no se repita en ningún sitio más.

¿Tenías contacto frecuente con la familia o no había telecomunicaciones en la guerra?

Sí, aunque no funcionaba el teléfono allí, estaba cortada la conexión, pero tenía a mis amigos militares en Serbia y me ponían a mis padres para poder hablar con ellos. Sabía lo que pasaba allí.

Con el que también hablabas mucho era con Prosinecki. Le serviste de apoyo cuando no brillaba en el Madrid…

Es un jugador referente en el fútbol de Yugoslavia. Su trayectoria era complicada: de Zagreb se fue a Estrella Roja, ganó la Copa de Europa, tenía uno de los contratos más importantes del mundo del fútbol de aquella, vino al Madrid… Era una persona maravillosa, un crack. Un referente para todos los jugadores de Yugoslavia por su técnica, su forma de jugar, de sacar las faltas, cómo amagaba, técnicamente era un jugador importantísimo.

El Madrid no estaba bien, eran los últimos años de la Quinta del Buitre y estaban ya mayores. El Barça de Cruyff cogía el camino hacia el éxito. Si el entra en el Madrid dos o tres años antes seguro que hace más.

También tenías buena relación con Stojadinovic, Djukic… los yugoslavos del Dépor.

Sí, Djukic era un jugador impresionante. Jugó muy bien en el SuperDepor, luego en Valencia también. Yugoslavia ha dado muy buenos jugadores, tanto a España como a otros países.

Otro era Predrag Juric, que jugó en el Real Burgos y marcó un gol al Madrid.

¡Sí, sí, sí! Era muy buen jugador y ha marcado muchos goles como ese. En Burgos estaban tres jugadores de Velez Mostar del equipo que ganó la Copa y se jugó la Liga en la última jornada. Estaban Karabeg, Barbaric y Juric. Los tres se vendieron en paquete un año antes de que fuésemos Meho y yo. Eran muy buenos jugadores y muy buenos amigos.

Mi debilidad es Goran Juric. ¿Sabes cuando de niño juegas en la calle, que siempre se elige primero a los que son mejores y al que es dueño del balón. Pero si te toca elegir primero, siempre coges al mejro. Pues si a mí me tocara elegir primero, yo elegiría a Goran Juric, es un crack.

¿Por qué acabó tanto jugador balcánico en la Liga en los 90?

Primero porque la liga era competitiva y se pusieron de moda los jugadores del país. En Italia 90, Yugoslavia eliminó a España con dos goles de Stojković y ya se hablaba mucho de él. Después, el equipo que gana la Champions League es el referente. Como en 1991 ganó Estrella Roja, Yugoslavia venía de un buen campeonato del mundo, el sub 20 fue campeón del mundo en 1987… Los jugadores yugoslavos estaban de moda. No te hablo de Italia que en aquellos tiempos tenía la mejor liga del mundo y allí jugaban todos los grandes: Savicevic, Boban, Boksic, Jugovic, campeones de Europa… unos cracks. En Balcanes hay mucho talento, no solo en fútbol, también en baloncesto.

Vlado Gudelj

Hablemos de tu llegada a Vigo. Lo primero que hacen es enseñarte la playa de Samil y darte marisco.

Esto era típico cuando venía un jugador nuevo. Era obligación del club llevarte por arriba, por Mos, por la autovía. Te impresionan esas vistas a Vigo. Mes de julio, la ría al fondo, Islas Cíes… Estaba tremendamente prohibido venir a Balaídos por la Avenida del aeropuerto, por abajo.

Desde ahí nos llevaban a Samil. Era un día espectacular, la playa llena, muchísima gente… Y después nos llevaban a un restaurante que se llamaba Puesto Piloto, ya no existe. Cuando sacaron marisco… Había centollas, nécoras… Era la primera vez que lo veía en mi vida. Le dije al camarero que me sacase un filete de ternera, que yo no comía eso (ríe). Fue a otro bar a buscar un filete para traerme.

Eso sí, después de dos o tres meses volví al restaurante y le dije: «Todo lo que me trajiste cuando fiché aquí, tráemelo ahora» (ríe). Desde ahí soy aficionado al marisco.

¿Cómo era el día a día en el Celta? ¿Encontraste mucho contraste respecto a Velez Mostar?

Yo me dedicaba solo al balón y al campo. Es cierto que las instalaciones no son las que tienen los jugadores a día de hoy, pero lo importante era el campo. Tienes balón, tienes césped, y a partir de ahí demuestra lo que quieras. Ahora mejoran mucho el rendimiento, pero la realidad de un futbolista es que o sabes o no sabes. Tu entre hacer la entrevista aquí o abajo, no te va a cambiar como periodista, digo yo. Si comes no sé qué o si duermes no sé qué… Yo siempre digo que no tiene nada que ver y muchas veces discuto con la gente.

Hoy en día los jugadores son de escuela y de campus de fútbol. Antes no salían jugadores de ahí, salían de la calle. ¿Qué diferencia hay? En la calle tú solo tienes que ser inteligente y aprender a tomar decisiones. En la escuela y los campus te obliga el entrenador y tienes que hacer lo que decide el entrenador. Por eso a día de hoy el entrenador es el 80% del éxito de un equipo y antes eran los jugadores ese 80%. Tenían más talento a pesar de haber pocas instalaciones, campos malos, tecnologías… lo que quieras, pero mucho más talento. Hoy es fútbol de campus y de escuela, donde los niños empiezan a entrenar con ocho años. Te viene el entrenador y te dice «tienes que controlar así y darle así». Si tú solo en la calle no aprendes cómo tienes que hacerlo, nunca va a ser igual porque no es lo mismo. No es uno más uno es dos, en la escuela sí, pero en la calle no. Tú te enfrentas a uno gordo, a uno más fuerte, a uno que te mete… En el fútbol este no. Y juegas con zapatos, no juegas con tenis o botas de 200 euros. Esa es la diferencia.

Hoy en día son más rápidos, es normal. Juegan en mejores campos, tienen dieciocho fisios, drones grabando el entrenamiento, todo está estudiado… Pero talento, talento, talento, son pocos. Hoy valen 60 o 100 millones de euros jugadores que en los años 80 serían normalitos, tirando a malos. No se pueden comparar con jugadores que tienen talento de calle. No van a salir más Messi, ni Ronaldinho, ni Maradona… No van a salir. Es imposible que salgan con ese talento de una escuela de fútbol. Cuando sale uno es como Mbappé: más rápido, más fuerte, choca con el hombro, te deja en el suelo y marca gol. Antes, con el Balón de Oro no había dilema con Messi; ahora todo el mundo puede ser Balón de Oro, empezando por Dembélé, Mbappé… Pero bueno, es fútbol.

Había un cura en el vestuario cuando llegaste…

Estuvo en el vestuario unos partidos hasta que perdimos dos o tres partidos y el entrenador no quiso que entrase más. O cuando nos dejó de invitar a mariscadas… (ríe).

¡¿El cura os invitaba?!

Sí, siempre, cada dos o tres meses nos invitaba a una mariscada a toda la plantilla y a los entrenadores. Empezamos a perder partidos, él dejó de invitarnos y a partir de ahí ya no entraba más al vestuario (risas).

Pero cuando tú llegaste el inicio fue espectacular.

El primer año arrancamos muy bien. Yo tuve suerte y en los primeros cinco partidos marqué nueve goles. Era una sorpresa para todo el mundo en España. Era un doblete por partido excepto en el quinto que hice uno contra el Barcelona B. Yo también me sorprendí.

Era un equipo de gente de casa, nos llevábamos muy bien. Después de entrenar nos íbamos quince o dieciséis personas a un bar, salíamos por la tarde con las novias y mujeres juntos… Era un ambiente espectacular. Eso lo transmitíamos en el campo de fútbol. No es como a día de hoy, éramos más amiguetes.

¿Es cierto que cuando terminó la racha goleadora el presidente te llamó y te comentó si salías por la noche, tomabas copa, fumabas…?

Sí, puede ser. Yo fumaba entre cinco y diez pitillos al día. La cultura deportiva no es como se exige a día de hoy. No teníamos conocimiento de lo que es el descanso, nutrición, los campos no estaban bien, los fisios tampoco… No tiene nada que ver.

Ahí el entrenador me respaldó muchísimo. El segundo año tardé en marcar goles, estaba preocupado porque no rendía lo que se esperaba de mí. Todo el mundo estaba en contra mía. Un día vino el entrenador y me dijo: «Mira, me da igual si marcas goles o no. Tú serás titular hasta el último partido de Liga. No te voy a cambiar en ningún partido». Me dio ánimo, igual había partidos que no marcaba goles, pero me dejaba la piel en el campo. Jugando mal, después en la rueda de prensa, Txetxu Rojo decía «para mí el mejor fue Gudelj». Yo dejaba la sangre y todo en el campo por él.

En Vigo cumpliste uno de tus sueños que fue ver de cerca a Maradona.

Sí, era mi ídolo. Lo sigo desde muy niño. Recuerdo verle en Japón. No jugó el Mundial de 1978 en Argentina, pero jugó el campeonato del mundo sub 20 en Japón. Jugaba con Díaz, que luego fue entrenador. Fue la primera vez que lo vi y era un crack. Ganaron 3-1 a los rusos en la final y se proclamaron campeones del mundo.

¿Te acuerdas lo que le dijiste a un fotógrafo el día que jugaste contra él?

Sí, que me hiciese fotos que yo iba a correr detrás de él. Y que cuantas más fotos hiciese mejor. Me pegaba a él a propósito (risas). Tuvimos mala suerte porque ya eran sus últimos años en activo y ya estaba un poco abandonado.

Esa foto la guardarás, ¿no?

Sí, claro.

Vlado Gudelj

 

Para foto la del recibimiento de madrugada en el aeropuerto después de tu doblete en Tenerife que os metió en la final de Copa de 1994.

Es de los momentos que me quedó de recuerdo en el mundo del fútbol. Hasta semifinales no nos veíamos capaces de llegar tan lejos. En cuartos habíamos ganado al Oviedo, cuando nació mi hija mayor, y en octavos al Logroñés. Nos tocó el Tenerife en semifinales. Venía de eliminar al Madrid y era un equipazo. Tampoco había mucho ambiente, pero claro, ganamos en Vigo 3-0 e imagínate… En Vigo de repente se despertó celtismo, una conexión entre la ciudad y el equipo para animarnos y meternos en la final. La última vez que la habían jugado era en 1948 contra el Sevilla.

Fuimos a jugar contra el Tenerife de Valdano, un equipazo. En la primera parte nos metieron dos goles y fueron muy superiores. Un palo, ocasiones… les faltaba un gol. Después en la segunda parte, en un saque de banda de Salva, estaba Aguilera marcándome, se resbaló un poco, el balón se presentó delante de mí y marqué gol con la zurda. Con el 2-1 había más tranquilidad. Después empatamos a dos.

El recibimiento yo creo que nunca se va a repetir. Llegamos a las cuatro de la mañana y entré en casa a las nueve. Cuando llegó el avión en Vigo los aficionados rompieron las vallas del aeropuerto. Entraron en la pista y no podíamos salir del avión. ¡Hay una foto que está la gente al lado del avión! Y luego salir del avión, coger las maletas y llegar a Vigo… era imposible.

Todo ese tiempo entre semifinales y final, Vigo era todo azul celeste. Todos los días. Fue una cosa increíble. Antes de la final jugamos contra el Albacete y nos quedamos allí porque era un sinvivir volver a Vigo. Después de los entrenamientos A Madroa estaba lleno de gente así que buscamos más tranquilidad y nos quedamos allí.

¿Todavía le das vueltas al penalti de Alejo en la final contra el Zaragoza?

Sí, fue una pena. Tan cerca y tan lejos. El Zaragoza también tenía un equipazo, ganaron al año siguiente la Recopa de Europa. Nosotros aguantamos bien con nuestra forma de jugar que no era tan atractiva. Después de la expulsión de un jugador del Zaragoza (Aragón) pudimos apretar un poco más, pero los penaltis son una lotería. Ellos marcaron cinco, nosotros cuatro y fue una decepción para todos.

El año siguiente, 1995, tenéis la famosa crisis de los avales que casi cuesta un descenso a Segunda B a Celta y Sevilla…

Estábamos en pretemporada en Manzaneda y cuando nos dijeron que bajábamos a Segunda B… De primeras no se lo creía nadie, era un bulo. Al día siguiente nos despertamos y lo vemos en todos los periódicos. ¿Qué hacemos ahora? Esperar acontecimientos.

La gente se lanzó a la calle, tanto en Vigo como Sevilla, y en ese momento solo piensas que a ver si lo arregla la gente que tiene que arreglarlo. Al final salió bien. El fútbol tiene que ser de la gente y no puedes hacerle tanto daño a la gente o a una ciudad por un aval. A mí me parece muy estricto las cosas que pueden pasar por un tema jurídico. No lo entiendo muchas veces, pero bueno, la ley es así. Aunque no es para todos igual. Ahora la ley de inscripciones del Barcelona, venden palcos… Y cuando es necesario para castigar a alguien, por la mínima lo crujen.

Hubo una gran manifestación en Madrid y cuando regresaron los hinchas os juntasteis con ellos para celebrar la decisión de que seguíais en Primera al ampliar la Liga a 22 equipos.

Eran tantas cosas en tan poco tiempo. Costaba reflexionar. Nos juntamos en Balaídos y fuimos a Plaza Ameríca, jugadores y afición.

Volviendo al campo. En 1997 le haces un hat-trick histórico al Madrid de Capello que os salva en la última jornada.

El Madrid venía de ganar la Liga una semana antes. Decían es fácil, no te preocupes, no están motivados… ¿Pero quién se puede fiar? Yo conozco muchos equipos que sin jugarse nada… Mira el Deportivo, dos veces contra el Valencia sin jugarse nada. En una perdieron la Liga y en otra bajaron a Segunda. No te puedes fiar.

Era un partido límite, había mucha presión. No querías que entrase tu nombre en la lista negra de bajar a Segunda. Al final salió todo bien, estábamos motivados y ellos no estaban del todo bien. Fue un momento crucial por el tema de derechos televisivos. Todos los equipos que se mantenían ese año en Primera tenían derecho a firmar contratos con las televisiones. A partir de ese año los equipos empezaron a tener mucho más dinero de lo que tenían un año antes. Por eso los directivos deseaban tanto que nos mantuviésemos. A partir del año siguiente empezaron a invertir dinero y ficharon jugadores importantes. Ahí cambió el rumbo del Celta y luego entró en UEFA, llegando a jugar Champions.

Vlado Gudelj

¿Había rumores con el Madrid de que pudiesen estar primados?

No… ¿Cómo le vas a pagar al Madrid? ¿Con qué? Si había jugadores del Madrid que cobraban el presupuesto anual del Celta. No hay forma. Es como comprar a Amancio Ortega por 100.000 euros.

¿Cómo recuerdas los derbis con el Dépor?

Todo lo que conlleva un derbi entre ciudades cercanas es importante para los jugadores, para la afición y para todos. No sé como hizo el Dépor pero hizo un equipo competitivo, el SuperDepor. Pero nosotros no quedamos atrás. Con garra, con deseo, salíamos al campo y no nos ganaba el Dépor. La mejor Navidad que tuve fue cuando ganamos al SuperDepor en Coruña 1-2 en 1994. Fue las mejores vacaciones que tuve. Ganar en Riazor de aquella era muy importante. Empatamos bastantes veces en Coruña y también en Vigo.

El Celta es más consistente históricamente. El Dépor siempre dice que ellos ganaron títulos, la Copa… Nosotros fuimos más constantes. También podemos decir que nuestro filial ganó al primer equipo del Deportivo. Para nosotros eso fue como un título. Pero, en general, yo estoy deseando que la gente pueda ver otra vez el Celta-Deportivo, es un partido importante para todos.

Esos derbis eran muy calientes en esa época…

Sí, sobre todo mis primeros años. Mucha pelea, en la calle… Aunque ya había vivido esto en Yugoslavia.

A nosotros nos tiraban piedras, rompían el autobús, era peligroso… Nos sacaban de Riazor no sé por qué carretera, por el monte… (ríe). Era una carretera secundaria, pero también se enteraban por donde íbamos y nos tiraban piedras. Teníamos que volver a Vigo con los cristales rotos.

Acabas tu carrera en otro histórico de los 90, en el Compostela, pero ya en Segunda…

Ya estaba en horas bajas. El club hizo unos años buenos antes con Fernando Vázquez y Fernando Castro Santos. Pero ya iba de más a menos. Tenía compañeros de mi primer año en el Celta: Fabiano, Nacho, Borja Agirretxu y estaba también Saula, que era paisano mío… Lo pasamos bien, pero había tantos problemas que era imposible mantener el nivel. Había impagos y se veía que no iba adelante.

¿Cómo era Caneda?

Con Caneda cada día era una anécdota (risas). Nos pusimos de huelga y nos encerramos en el vestuario siete días. Fui a El Corte Inglés a comprar sacos de dormir. Yo, como todos los jugadores. Siete días y siete noches, hay una película (ríe).

AFE nos pagaba la comida. Pedías lo que quisieras. La encargaban en el Restaurante Ruta Xacobea. En siete días cada uno ganó tres o cuatro kilos (risas). Caneda pasaba al lado del vestuario y decía: «No hay dinero en la caja. Podéis estar encerrados un año entero, pero no vais a cobrar. Da igual, no vais a cobrar». Así estuvimos siete días y después ya se veía que no iba para adelante. Ni nos pagó ni nada. Fuimos todos a juicio, le ganamos, pero al final cambió el nombre de una letra del Compostela y empezó de cero. No llegamos a cobrar ese dinero nunca.

Vlado Gudelj

Tuviste en 2003 un partido homenaje contra el Oporto en Balaídos. ¿Mourinho dio orden a sus jugadores para que tú no tocases el balón?

No, lo que pasa es que vino a competir. Me lo dijo antes del partido: «Mira, nosotros venimos aquí a competir y jugar un partido serio». Esto fue en marzo. En la pretemporada anterior se enfrentaron Celta y Oporto en Braga. Era amistoso pero el partido terminó con pelea entre los dos equipos. El siguiente partido contra el Oporto fue mi homenaje. Mourinho me dijo: «Vamos a competir como un partido de Liga de Campeones».

Y claro, yo me había retirado hacía tres años, sin entrenar, había ganado unos cuantos kilos… Parecía en el campo una foca (risas). La primera entrada me la hace Jorge Costa, me levantó dos metros y dije: «Dios mío, estos no van de broma, eh». El segundo balón me da un pase Juanfran y otra vez: Carvalho por detrás. Era mi homenaje pero que me saquen en camilla tampoco es… Jugué quince o veinte minutos y pedí el cambio.

Todos los homenajes típicos son 4-4, hay muchos goles, de cachondeo todo el mundo… ¡Mi homenaje era el partido más competitivo que se podía ver! ¡Y perdimos 2-0!

Para mí fue importante porque vinieron todos mis amigos de Yugoslavia, de aquí… Lo pasamos muy bien. Fue cuatro años después de que me fuese del Celta y estoy muy orgulloso, había 15.000 o 20.000 personas. Eso es lo más importante para mí, que fuese tanta gente me impresionó. Porque no es solo ser futbolista, hay cosas que aparte de futbolista son igual o más importantes.

A día de hoy es difícil que un jugador cuando se va de un equipo, aunque sea muy importante… Después de seis meses o un año se olvida todo. En mi caso fue al contrario y por eso agradezco a la afición, a Vigo y a todo el mundo celtista.

Para terminar, dos más actuales. ¿Qué opinas de la nueva hornada de delanteros de la antigua Yugoslavia, como Dusan Vlahovic, Jovic…? ¿Tienes la sensación de que ha bajado el nivel?

Sí, claramente. No se puede comparar con un Boksic, Stojkovic… Solo la suma de todos los goles de aquellos delanteros, con la suma de los de hoy… la diferencia es doscientos o trescientos goles. Yo cambiaría las reglas, el fútbol va muy por delante que el reglamento. Hay que buscar una forma de jugar mucho más atractivo. Hay partidos que, de verdad, hay veces…

El fútbol de los Balcanes sigue dando talento, pero las ligas han dejado de ser competitivas. ¿Apostarías a una Liga conjunta con Eslovenia, Croacia, Albania, Serbia, Bosnia… para subir el nivel y volver a aumentar la pasión por el fútbol?

Es la única forma. Los buenos jugadores no los encuentras si no estás en una liga competitiva con partidos importantes.

La estructura, instalaciones deportivas, aunque van mejorando cada año, no son como en Europa. Por eso salen los chicos muy jóvenes. Para hacerte jugador tienes que venderte con diecisiete o dieciocho años. Si no, es imposible. Luka (Modric) también salió de niño. Estuvo cedido del Dinamo de Zagreb en Mostar, en el Zrinjski, siendo muy joven. Luego fue al Tottenham.

Sin liga fuerte no hay jugadores fuertes. Si no juegas contra fuertes y mejores que tú, no mejoras. Por eso le digo yo a los niños que el resultado hay que dejarlo en segundo plano. No me vale que el Celta gane al Deportivo, Madrid o Barcelona… 8-0. Eso es formación, competición no. Aunque el entrenador tiene que cambiar el chip y no ser competitivo, sino ser de formar. Y es complicado asimilarlo porque el objetivo de cada uno es llegar a competir.

El resultado de todo esto es que el fútbol se va a convertir como el fútbol americano. Me refiero a tácticamente. Va a tener tres entrenadores para la línea defensiva, tres para el mediocentro y tres entrenadores arriba. Y vas a tener veinte personas en palco que van a estar en continuo contacto con el entrenador, movimientos… Al final te van a meter el pinganillo para ver cómo tienes que hacer la jugada, cuando tienes balón…

A nosotros que somos mayores a veces nos gusta más lo de antes. Y a la gente le gusta más eso.

Vlado Gudelj

Pero hay mucha nostalgia, se nota que se echa de menos el fútbol de los noventa.

A veces me meto en Youtube y veo goles de Messi de hace quince años, jugadas de Iniesta, Zico, Maradona… Ves cosas que hacían… Y me dice gente que las defensas no eran fuertes… Yo digo: las hostias que pegaban, patadas en campos malos…

Eso me lo dijo Patxi Salinas, que les dejaban dar…

Bueno, Patxi Salinas siempre señalaba al balón y dejaba marcas al contrario desde la rodilla hasta el tobillo (risas).

A día de hoy, menos Lamine Yamal, que me levanta de la silla, no veo vídeos de jugadores que dices «¡buaah!». Un balón largo a Haaland, a ver si aguanta, lo baja, pasa al mediocentro, abre a la banda, centro y a ver si marca gol… Mueven rápido el balón, pero no ves esa habilidad, ese pase entrelíneas que hacía Xavi o Iniesta… ¡O Iago! Por ejemplo, Iago Aspas da gusto verlo con treinta y ocho años cuando juega. Tiene talento. Yo lo veo entrenando todos los días y los pases que da, improvisas cosas… Iago a nosotros nos dio la vida. Tener a un jugador quince años como él es una maravilla.

7 comentarios

  1. Alguien sabe si el apellido de Mbappé es Pérez? Porque siempre que hace gol dice Mbappé (P).

  2. Dice el amigo Vlado:
    «El Celta es más consistente históricamente. El Dépor siempre dice que ellos ganaron títulos, la Copa… Nosotros fuimos más constantes.»
    Obviamente son más constantes en su ausencia de títulos y trofeos. El Celta es un equipo para abstemios, les faltan las copas. Ni una han disfrutado en 100 años de historia ☺️

  3. Grande el tanque de Mostar

  4. Pingback: Vlado Gudelj: recuerdos de su infancia en Yugoslavia, su carrera en el Celta y la evolución del fútbol - Hemeroteca KillBait

  5. Al margen de los títulos de la sección de baloncesto y atletismo, ojalá sigamos sin títulos en la de fútbol pero con ex-jugadores como Gudelj en el organigrama del club, promocionando la cultura gallega en lugar de deturpar el topónimo en el nombre del club y sin aficionados como tú o Nacho Carretero que tiene que mencionar al Celta porque de recuerdos de viejas glorias viven los amargados y los fachas con los tercios de Flandes. No todo son títulos en la vida. Y el mejor ejemplo es el aficionado medio coruñés.

  6. Grande Vlado, muchos recuerdos de mis primeras visitas a Balaídos y del genial fútbol de los 90. Lo de ahora es otra cosa.

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