
Novak Djokovic se ha visto las caras en On Purpose con el divulgador británico Jay Shetty, con el que ha compartido su faceta más íntima y confesiones de peso con respecto a su carrera. Ha reconocido que Rafa Nadal y Roger Federer fueron obstáculos casi infranqueables en sus primeros años, pero también maestros involuntarios que le obligaron a transformar su cuerpo, su mentalidad y su manera de competir. Ellos son sus creadores, de alguna manera.
Sobre Nadal ha ido directo a la cuestión. Físicamente era intratable. No había manera de superarlo por su potencia y resistencia: «El oponente más duro físicamente, Nadal. Sí, seguro. Quiero decir, las batallas con él fueron agotadoras. La final más larga de Grand Slam de la historia, la final del Abierto de Australia 2012: 5 horas y 53 minutos, casi seis horas de lucha extenuante. Gané ese partido en el quinto set, 7-5 o 7-6. Recuerdo la ceremonia de clausura después: estábamos de pie escuchando los discursos de los patrocinadores y, en un momento, ambos nos inclinamos al mismo tiempo y agarramos nuestras rodillas. Podía ver que sus piernas temblaban, mis piernas temblaban, y entonces alguien lo notó y nos trajo dos sillas y agua para poder sentarnos, porque estábamos destrozados».
A veces, como ocurrió en ese día, llegó a ver escenas más parecidas a películas de terror cuando jugaba contra él: Entré en el vestuario, me quité los zapatos y tenía sangre en los calcetines de ambos pies. No lo sentí en la pista, porque con la adrenalina pasas por encima del dolor, pero cuando el cuerpo se enfría es devastador, no puedes ni caminar. Aunque, claro, es mucho más satisfactorio cuando ganas una batalla así».

No tiene dudas de que enfrentarse a él en su terreno, la tierra batida era el mayor reto que se le podía presentar: «He tenido partidos increíbles contra Nadal en tierra batida. La tierra es la superficie más lenta y la más exigente físicamente de nuestro deporte, y jugar contra él en Roland Garros es probablemente el mayor reto que puedas tener en la historia de nuestro deporte, porque llegaba a cada bola. Y yo también era un gran defensor y físicamente muy fuerte, así que nos llevábamos mutuamente al límite, física y mentalmente»
Es más, se extiende y empieza a relatar que a veces sentía experiencias que le ponían casi en trance: «En ocasiones era casi como una experiencia extracorpórea para los dos, donde todo fluía. Jugábamos puntos increíbles que duraban muchísimo, intercambios larguísimos. Y cuando terminabas un partido, te dabas cuenta: ‘Oh, Dios, es como si ni lo hubieras jugado tú, como si algo se hubiera apoderado de ti y todo tu talento, tus habilidades, estaban sobre una especie de plataforma que habíamos creado’. Es como un artista que entra en su zona frente al lienzo y empieza a pintar algo hermoso. Eso sentía muchas veces al jugar contra él».
Y como decía al principio, sigue convencido de que esa rivalidad le hizo mejor: «Ahora, cuando lo hablo y lo recuerdo, me da un gran orgullo y satisfacción haber tenido la rivalidad que tuve con él. Siento que no solo hicimos historia en el deporte, sino que nos hicimos mejores el uno al otro. Y creo que llevamos a la gente que nos veía jugar emociones increíbles».

Fue todo un proceso de superación, porque tuvo que transformarse a sí mismo para ser capaz de superarle, tanto al español como a Federer: «Incluso Nadal es solo un año mayor que yo, pero hizo su irrupción antes que yo. Ya llevaba un par de años en el circuito cuando yo empecé a entrar, y ya era número dos del mundo y había ganado varios Grand Slams. Así que, por supuesto, fue una experiencia un poco surrealista para mí, y traté de disfrutarla y de abrazarla, pero al mismo tiempo sentía: “Está bien, es genial compartir la pista con estos tipos, pero yo quiero ganarles. Quiero los títulos más grandes. Quiero ser número uno. Quiero dominar” Durante ese período de tres años no pude ganar un Grand Slam. Ganaba torneos importantes, pero no los grandes. Y estos dos tipos, Federer y Nadal, me ganaban en todos los partidos importantes».
Rivalidades épicas
Sobre su primer referente, ha citado que, de niño, le inspiraba Pete Sampras, a quien ha descrito como su gran ídolo. «Nuestros estilos de juego no eran iguales, pero me fascinaba su manera de manejar la presión, de aparecer siempre en los momentos importantes»
A la hora de valorar la longevidad de su carrera, el referente entonces es Jimmy Connors, para él, el pionero en demostrar que la edad no era un límite inamovible. «Connors jugó semifinales del US Open con 40 años, todavía dominando el circuito».
También ha tenido unas palabras para Andy Murray. Ha revelado que, cuando se retiró, sintió que una parte de sí mismo también se marchaba. «Después de veinte años enfrentándote a las mismas caras, cuesta aceptar que ya no estén».
Además, ha tenido palabras de agradecimiento para Ivan Ljubičić, el croata que llegó a ser número tres del mundo. Recuerda que, cuando él era todavía un adolescente en el circuito, Ljubičić no dudó en darle consejos técnicos y prácticos. «Me influyó de forma positiva, hasta me recomendó cambiar el patrón de cuerdas o la raqueta. Escuchar eso de alguien que estaba arriba en el ranking me dio confianza para tomar decisiones».

En su conversación con Shetty también ha habido espacio para hablar de referentes de otros deportes. A Lewis Hamilton lo cita, junto a Nadal y Cristiano Ronaldo, como ejemplo de lo que significa la entrega absoluta. «Admiro a Hamilton porque, como Nadal o Cristiano, nunca pierde la pasión. No importa cuántas veces hayan ganado, siempre salen a darlo todo».
No olvida tampoco un episodio doloroso en su carrera: los Juegos Olímpicos de Río 2016. Allí, en plena racha triunfal, cayó en primera ronda contra Juan Martín del Potro. «Perdí contra un querido amigo, y él luego ganó la plata para su país».
Para motivarse, muchas veces piensa en Michael Jordan: «A veces necesito que alguien me diga que no puedo, para demostrar lo contrario. Jordan hacía eso: fabricarse un rival imaginario y jugar como si tuviera que derrotarlo».
Y sobre Kobe Bryant ha evocado una de las historias más conmovedoras que escuchó de boca de su viuda, Vanessa. El mito de los Lakers jugaba lesionado porque pensaba en aquel aficionado que había ahorrado todo un año para verle. Djokovic trasladó esa enseñanza a su propia vida: «Tras mi operación de rodilla en 2023, todo mi equipo me decía que me olvidara de Wimbledon. Pero yo me acordaba de esa mentalidad de Kobe, y pensé: tengo que intentarlo. Fue el combustible que me permitió llegar a la final en Londres y después ganar el oro en París».
Las lesiones de Djokovic
El serbio también ha hablado de otro rival insalvable, mucho más cruel que Federer o Nadal: las lesiones. «La mayor amenaza para un deportista es el propio cuerpo cuando no responde. No puedes hacer tu trabajo si estás lesionado». Ha recordado la operación de codo a la que tuvo que someterse en 2017, un momento que vivió como una traición personal: «Me prometí a mí mismo no pasar nunca por un quirófano durante mi carrera y, sin embargo, tuve que hacerlo. Lloré durante días porque sentía que me había fallado».

El recuerdo más reciente lo sitúa en Roland Garros 2023, cuando en pleno partido sintió un chasquido en la rodilla: «Nunca había tenido una lesión así. Seguí jugando, pedí los calmantes más fuertes que tuvieran y terminé ganando en cinco sets, pero al día siguiente la resonancia confirmó un menisco roto. Me operaron de inmediato y todo mi equipo me decía que olvidara Wimbledon, que era imposible».
Se pasó tres semanas entregado a una recuperación casi histérica, con muletas primero y entrenamientos de rehabilitación obsesivos después, hasta llegar a Londres en condiciones de competir. «Quería demostrarme a mí mismo que podía hacerlo. Incluso mi fisio me dijo: “ni se te ocurra pensar en jugar”. Pero esa frase me dio el combustible que necesitaba». Contra todo pronóstico, llegó hasta la final en la hierba inglesa y, apenas unos días más tarde, conquistó el oro olímpico en París. «Ese tramo fue el mejor de mi 2024, justo después de pasar por el quirófano».
Derecho a llorar
Es curioso también que Djokovic ha abierto el melón de la vulnerabilidad en el deporte masculino. Durante años, confiesa, vivió con la idea de que mostrar emociones era sinónimo de debilidad, algo que tanto en su casa como en el vestuario se castigaba con severidad. «En mi educación no había espacio para las lágrimas. Con mi padre nunca me sentí seguro llorando; tenía que ser duro, no mostrar errores ni fragilidad».
Esa visión cambió para él hace diez años. Se dio cuenta, confiesa, de que esa dureza deportiva le había convertido en alguien incapaz de expresar emociones: «En el deporte masculino se ve llorar a un jugador y se le tacha de débil. Yo también lo creí durante mucho tiempo. Pero lo cierto es que ese momento en el que se rompen es la prueba de que lo dan todo, de que les importa».

Por eso se muestra cercano a ejemplos como el de Cristiano Ronaldo, al que todavía se le ve llorar tras derrotas a pesar de su palmarés delirante. «Me gusta que siga emocionándose después de todo lo que ha ganado. Significa que aún le importa, que no ha perdido esa pasión». Él mismo ha llorado muchas veces tras derrotas durísimas, ya sea en un vestuario vacío o sobre la pista, sobre todo en Juegos Olímpicos o Copa Davis. «Cuando juegas por tu país, el golpe duele más. He llorado mucho, y hoy sé que está bien».
La dureza balcánica
Parte de esa imagen de hierro que tenía que mostrar le venía por la cultura serbia y la situación que vivió en su país cuando era niño. Con apenas 12 años, en plena guerra y sanciones contra Serbia, su padre le mostró un billete de 10 marcos alemanes, el equivalente aproximadamente a diez euros actuales, y le dijo que aquello era todo lo que tenían para mantener a una familia de cinco. «Ahí entendí que no tener éxito no era una opción. Tenía que triunfar, era cuestión de supervivencia para mi familia».
No fueron años fáciles. Relata que muchas veces no podía viajar a competir porque no había dinero y que su padre llegó a pedir préstamos a prestamistas vinculados a la delincuencia, con intereses abusivos. «Mi padre es mi héroe por lo que hizo para que yo pudiera seguir jugando al tenis, en un país sin tradición ni cultura tenística y en la peor época posible. Había que sobrevivir». De aquel contexto nació la mentalidad inquebrantable que lo caracteriza, pero también un poso de inseguridad: la sensación de no ser suficiente, de no estar nunca a la altura.

De esta manera, ya no tarda tanto en superar las derrotas: «A veces tardo una hora en superarlo, otras veces medio día, un día o incluso una semana. No hay regla». Aunque su reacción inmediata al perder es el aislamiento: «No me gusta el pequeño discurso para animarme justo después del partido. Solo quiero estar solo, que me dejen en paz. Necesito caminar, soltar la rabia, abrazar a mis hijos si están cerca. Ellos son los únicos que pueden entrar en mi espacio en ese momento».
Tenista de fe
Finalmente, Djokovic ha insistido en que, más allá de su preparación física y mental, ha habido algo que lo ha sostenido en los momentos decisivos: la fe. «Siento que hay una fuerza superior que interviene cuando más lo necesito». Recuerda que, en algunos partidos, ni él mismo podía explicar cómo había conseguido ganar. «En Wimbledon 2019 contra Federer, todas las estadísticas estaban de su lado, yo no estaba jugando bien… y sin embargo terminé levantando el trofeo. Le dije a mi familia: no sé cómo lo he ganado. Y al mismo tiempo, en el fondo sí lo sé: porque hay algo más grande que nosotros».
Se define como un hombre de profunda espiritualidad, orgulloso de sus raíces cristianas, pero abierto a aprender de otras religiones y tradiciones. «Creo de verdad en Dios y en esa fuerza espiritual superior que te ayuda si abres tu corazón, si rezas y si crees». Esa convicción lo ha acompañado desde niño y se ha reforzado con la práctica diaria de meditación, respiración consciente y visualización. Ese es su secreto, ha confesado.


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Para mí, el mejor : Federer cómo persona dentro de la cancha el también, el 1o., el segundo Dokovic, excelente como jugador, como persona los que lo hemos visto jugar, conocemos sus falencias. Ahora jugando a esta edad y a ese nivel, ocupará el 1er. lugar, «eres para mí el mejor, y el Número 1
Para mi, el verdadero lord del tenis será por siempre por muy lejos Roger Federer
Para mi, el verdadero lord del tenis sera por siempre y por muy lejos Roger Federer
Para mí, sin duda alguna, el más grande ha sido Novak.
Sobrevivir en un país en donde no existía la más mínima posibilidad de salir adelante y lograr lo que logró contra todas las adversidades, lo ha único.