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Novak Djokovic: «Carlos Alcaraz me pasó por encima en la final de Wimbledon 2024»

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Novak Djokovic (Foto: Blic TV)
Novak Djokovic (Foto: Blic TV)

¿Mala suerte para Djokovic o para Alcaraz? El español ya le espera en las semifinales del US Open y, el serbio, al menos, ha dado unas declaraciones en Blic TV donde no ha ahorrado en detalles para explicar por qué perdió contra Alcaraz en Wimbledon de 2024.

Todo tuvo que ver con su lesión del menisco. En un principio, quiso saltárselo, porque solo pensaba en los Juegos Olímpicos, y su equipo estaba de acuerdo: «La mayoría de las personas a mi alrededor. Mi fisioterapeuta Miljan Amanović, que además es mi padrino y una de las personas más cercanas a mí desde hace 20 años, entre otros, estaban en contra incluso de pensar en Wimbledon. Todos decían que lo único sensato era centrarme en recuperar la rodilla para los Juegos Olímpicos. Yo les dije: de acuerdo, es lo lógico teniendo en cuenta los plazos, pero veamos cómo voy progresando».

Sin embargo, la recuperación fue mucho mejor de lo que esperaba: «El cirujano me recomendó a un especialista en rehabilitación de rodilla, un francés, que vino y pasó 3-4 semanas conmigo. Me dijo: ‘iremos día a día, ya veremos cómo evoluciona’. Y realmente el proceso fue fantástico. Yo trabajaba con él dos veces al día, entre 4 y 5 horas diarias, además de otras rutinas. Mi mujer incluso se quejaba, decía: ‘te he visto menos que cuando viajas a los torneos, aunque estés en casa, en realidad no estás’, porque estaba totalmente volcado en recuperarme. En ese deseo encontré fuerza, motivación extra e investigué todos los métodos posibles, por supuesto dentro de lo permitido, para alcanzar cuanto antes la recuperación completa».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Fue por eso que se atrevió a competir en Wimbledon, el problema es que no estaba al cien por cien, aunque llegó a la final. No obstante, Alcaraz le esperaba en ese partido y no tuvo piedad: «Y así llegué a Londres. Vi que podía jugar y, resumiendo, llegué a la final, pero Carlos Alcaraz me pasó por encima una vez más. Simplemente me di cuenta de que todavía no estaba al 100 %, pero todo eso me alegró porque sabía que aún tenía 10-12 días más antes de Roland Garros y, en definitiva, antes de los Juegos Olímpicos que se disputaban allí».

Djokovic en los Juegos Olímpicos

Para Djokovic, el oro olímpico en París 2024 no fue solo un título más, sino la culminación de toda una carrera. El serbio no duda en situarlo por encima de cualquier Grand Slam: «Toda mi carrera olímpica y todo lo que pasó antes de París contribuyó a que yo viviera este oro olímpico y este éxito como el mayor logro de mi carrera, y lo digo abiertamente, sin problema, porque realmente lo es».

El camino hasta esa medalla estuvo marcado por los fantasmas de ediciones anteriores. Djokovic lo recordó con crudeza: «Gané el bronce en mis primeros Juegos Olímpicos, y después, en tres participaciones, tuve dos semifinales que perdí. Sobre todo en Tokio, donde iba un set arriba y 3-2, sacando contra Zverev, y de repente me quedé vacío. Al día siguiente, por el bronce, tampoco pude. Esas son las peores derrotas de mi carrera. Eso deja una marca, una cicatriz».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Por eso, la conquista en París tuvo un valor emocional incomparable. «Las emociones más intensas que he vivido en una pista de tenis y en toda mi carrera profesional fueron cuando gané la final y mi medalla de oro. Ese momento, la entrega de las medallas, escuchar el himno en el centro de la pista, ver nuestra bandera elevarse en París… fue algo realmente especial. Estaba feliz de ver a un niño serbio sonreír de nuevo en París».

El recibimiento en la Villa Olímpica también le dejó una huella imborrable: «Lo que hicieron mis compañeros de equipo fue inolvidable. Muchos de ellos competían a la mañana siguiente y aun así vinieron a recibirme, a celebrar conmigo. Realmente me hicieron sentir que les debía algo, porque pusieron de lado sus propios compromisos para estar allí».

Djokovic en la Copa Davis

En otro momento, Djokovic ha recordado emocionado sus experiencias en la Copa Davis y lo que significa para él representar a Serbia: «El último partido que jugué en la Davis Cup frente al público serbio fue hace siete años. Cambió el formato, ya no se juega tan seguido en casa, y por eso digo algo que me resulta extraño, pero que debo decir: puede que esta vez haya sido la última en mi carrera. No porque planee retirarme ya, sino porque no sé si dentro de siete años seguiré compitiendo».

El tenista ha insistido en que, más allá de los títulos, lo que le motiva en esta etapa de su carrera es vestir la camiseta nacional: «Es una enorme responsabilidad, un honor, un privilegio y un orgullo representar a Serbia. Jugar por mi país es lo que realmente me inspira en esta parte de mi carrera. Todo lo demás son una especie de preparativos para estos torneos prioritarios».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Además, lo importante para él es transmitir ese sentimiento a las nuevas generaciones: «Quiero que los más jóvenes lo vean y entiendan qué significa la selección, el orgullo de llevar el escudo de tu país en el pecho. En nuestra llamada ‘generación dorada’ no había dudas: todos queríamos estar, luchábamos por entrar. Espero que eso continúe y que los nuevos, como Kecmanović o Međedović, mantengan ese mismo espíritu».

La hornada serbia

Algo de lo que no suele hablar mucho y esta vez ha surgido es el tema de sus compañeros de generación. Aquí ha recordado    a los compañeros con los que construyó la historia reciente del tenis serbio. «Nosotros, a los que llaman la generación dorada, ganamos la Davis Cup, jugamos finales y varias semifinales, y siempre representamos a Serbia con lo mejor que teníamos. Viktor Troicki, Janko Tipsarević, Nenad Zimonjić y yo, y después también Dušan Lajović, Filip Krajinović o Ilija Bozoljac. Creamos una verdadera sensación de pertenencia y comunidad».

El serbio ha explicado que, para ese grupo, nunca fue necesario convencer a nadie para que se sumara al equipo. «Nunca fue una cuestión de si querías o no estar en la selección. Todos esperábamos con ganas la convocatoria, peleábamos por entrar. Esa cultura de selección era algo natural para nosotros». Ahora solo queda esperar a los que tienen que recoger el testigo: «Espero que los nuevos lo sigan sintiendo así. Kecmanović tiene una fantástica relación con los colores de Serbia, y Hamad Međedović también. Incluso los juniors que ganaron la plata en el Europeo lo viven con ese orgullo. La esperanza es que el futuro de la selección sea igual de brillante».

Orgullo serbio

Serbia es un país pequeño, por eso los éxitos de sus deportistas se magnifican, aunque no son pocos. Ocurre algo parecido al caso esloveno. Djokovic, aunque se encontraba ante su público, lo ha puesto una vez más de manifiesto: «Creo que mucha gente coincide en que, si hay algo que realmente vale en Serbia, es el deporte. Sean cuales sean las dificultades en el país, los altibajos o los problemas, el deporte siempre ha sido una fuente de orgullo, de alegría y de unión».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Cree que por eso hacen falta referentes para mantener vivo ese espíritu en las nuevas generaciones. «Es muy importante que en cada disciplina exista al menos un deportista que sea ejemplo, que arrastre a los demás. Yo lo veo en el voleibol, con Maja Ognjenović, que para las jugadoras jóvenes es una líder y una mentora. Ese tipo de figuras son las que transmiten el espíritu de equipo y de selección. En el tenis, aunque no es un deporte colectivo, intento que también exista esa continuidad».

Para Djokovic, ese sentido de pertenencia va más allá de las victorias puntuales: «Lo esencial es que los más jóvenes sientan lo que significa representar a Serbia, que lo vivan con orgullo y con pasión. Eso es lo que asegura que el futuro del deporte en nuestro país siga siendo brillante».

La infancia de Djokovic

En una segunda parte de la entrevista, se pone menos patriótico y más intimista. Ha recordado lo que significó crecer en un contexto difícil en los años noventa. «Recuerdo perfectamente esos tiempos, vivíamos alquilados durante muchos años, cinco personas en setenta metros cuadrados. Éramos cuatro hombres y mi madre, que hacía absolutamente todas las tareas de la casa y más. Mi padre luchaba de todas las formas posibles para darnos lo mínimo. Fueron tiempos muy duros y cualquiera que los haya vivido sabe de lo que hablo».

La experiencia, de alguna manera, configuró la personalidad que ha tenido siempre: «Mi situación ahora es completamente diferente, gracias a Dios puedo permitirme lo que quiera para mí y para mis seres queridos. Pero lo importante es que yo pasé por la escasez y la pobreza. Eso moldeó mi carácter, mi mentalidad y mi forma de ver la vida».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Pero eso no le privó de estar rodeado de figuras que hicieron mucho por él: «Tuve la suerte de estar rodeado de personas que creían en mí incluso más que yo mismo: mis padres, pero también entrenadores como Jelena Genčić o Niki Pilić. Ellos no solo me transmitieron conocimiento deportivo, también me enseñaron sobre la vida. Con Jelena, siendo un niño de siete u ocho años, aprendí por qué era importante escuchar música clásica, leer libros o leer poesía. Me explicaba cómo eso influía en las ondas cerebrales, en la capacidad de relajarse y concentrarse».

El inat

Inat es una palabra serbia de origen turco que alude al mayor grado de cabreo que pueda tener una persona. El momento en el que lo ve todo negro y tira para delante arrasando con lo que haya. Pues Djokovic lo considera una parte esencial del carácter serbio: «Creo que lo que nos diferencia como pueblo es el inat, algo muy difícil de traducir, una mezcla de orgullo y obstinación. A veces lo usamos contra nosotros mismos, pero si se canaliza bien es una fuerza enorme. Esa terquedad nos da energía, nos ha salvado como nación en muchas situaciones a lo largo de la historia».

Lo que no le convence tanto es el cambio tecnológico: «Hoy vivimos en una era digital. El desarrollo tecnológico en los últimos quince años ha sido tremendo. Todos los niños tienen móviles, tabletas… es inevitable. Como padre, uno se pregunta cómo manejarlo, cómo poner límites. No es sencillo». A él al menos, le está costando: «Soy padre de dos niños pequeños de diez y siete años y, por ahora, mi mujer y yo estamos en contra de que tengan teléfono. Pero no es fácil, porque ellos se quejan y dicen: «Todos en el colegio tienen, menos nosotros. ¿Por qué no podemos?». Su mundo es distinto y no es sencillo criar a los hijos en ese ambiente».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Aunque lo que es más grave para él es que le ha salido un hijo del Partizan siendo él, de toda la vida, del Estrella Roja: «Siempre quise que mi hijo pudiera elegir. Aunque en casa tenía camisetas de la Estrella Roja, un día volvió de un partido con los amigos con bufanda y camiseta del Partizan. En tres horas había cambiado de equipo. Me sorprendió, pero respeté su decisión. Incluso ahora dice que en fútbol anima a la Estrella Roja y en baloncesto al Partizan. Para los verdaderos hinchas eso es inaceptable, pero para mí lo importante es que él viva el deporte con respeto».

De paso, ha comentado que lo único que no tolera es la violencia verbal en los estadios. «Le dije claramente: puedes animar a quien quieras, pero no quiero escucharte insultar a nadie. En el momento en que insultes, no vuelves a ir conmigo al partido. El deporte debe vivirse con espíritu competitivo, pero con respeto. Quiero ganarte, quiero vencerte en la pista, pero nunca desearte lo peor ni insultar a tu familia».

De todos modos, para Djokovic, esa pasión forma parte de la identidad nacional, pero debe canalizarse de forma positiva. «Los serbios somos un pueblo muy apasionado. Esa fuerza, esa intensidad, es como un fuego volcánico que arde dentro de nosotros. Puede ser peligrosa si se convierte en odio, pero si se canaliza de la manera correcta es lo que nos hace únicos. Yo intento transmitir con mi ejemplo que esa energía puede convertirse en algo que inspire y una a la gente».

Agobiado por tener que opinar de todo

Algo que tampoco le gusta, ha reconocido, es que se le pongan en el punto de mira cada vez que hay un problema político y se le exija una opinión: «Muchas veces surge la pregunta: ¿por qué Novak no dijo nada sobre tal tema?, ¿qué piensa Novak de esto o de aquello? Entiendo a la gente, pero a veces me atribuyen un peso excesivo. Yo decido personalmente en qué cuestiones me pronuncio. Escucho a mi familia, a mis asesores, a la gente de confianza, pero al final soy yo quien toma la decisión».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Admite que esa presión le obliga a medir muy bien sus palabras. «Algunas veces siento que debo pronunciarme, otras veces no. Intento no reaccionar de forma impulsiva porque cada vez que he actuado desde la emoción, no ha terminado bien. Prefiero pensar a largo plazo, tener un propósito y actuar de manera preventiva. Es mejor crear y ser productivo que reaccionar de forma constante a lo que ocurre».

Aunque está acostumbrado a que el silencio se interprete como su postura: «Lo que no me gusta es que, si no dices nada, inmediatamente se entienda como que estás en contra. Ese dualismo, de blanco o negro, de estar con unos o con otros, me parece equivocado. Yo quiero que haya una zona intermedia, un espacio gris».

La humillación australiana no se olvida

Sin aludir al inat, pero en lo que sería un buen ejemplo de sus efectos, Djokovic ha recordado los sucesos de Melbourne en 2022, cuando fue detenido y deportado. No lo olvida: «Aquello fue un auténtico infierno, tanto para mí como para mi familia. Estuve retenido diez horas en el aeropuerto, me quitaron el teléfono durante varias horas y después me trasladaron a un hotel donde llevaban años encerrados inmigrantes que ni siquiera podían abrir una ventana. Conocí el caso de un joven que había llegado con quince años y seguía allí con veinticuatro. Nueve años en una habitación. Mi situación puso el foco en ellos y, gracias a esa atención, algunos pudieron salir y obtener asilo. Eso fue al menos algo positivo que salió de todo aquello».

Ha explicado que tuvo la oportunidad de regresar a casa de inmediato, pero decidió pelear legalmente. «Mis abogados me dijeron que podía tomar el vuelo de esa noche y volver a Serbia, pero les contesté: «Se han olvidado de que soy serbio. Si algo es injusto, voy a luchar hasta el final». Y gané ese primer juicio. Estuve en libertad unos días, aunque con helicópteros siguiéndome y la sensación de ser tratado como un criminal».

Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic (Foto: Cordon Press)

Pese a la victoria inicial, finalmente fue deportado. «El 99,9 % de la gente cree que me expulsaron porque no estaba vacunado. Eso no es verdad. Fui deportado porque el ministro de Inmigración tenía, por ley, el derecho discrecional de hacerlo si consideraba que yo perturbaba el orden público en Australia. Ese fue el motivo oficial. De hecho, había cumplido todos los requisitos: tenía una exención médica porque había pasado la covid recientemente, y esa exención había sido validada por dos paneles médicos independientes. Otros dos deportistas entraron antes que yo con los mismos papeles y jugaron sin problema, pero en cuanto aparecí, todo se convirtió en un escándalo político».

La experiencia ha dejado una huella profunda en él. «Me llevaron escoltado al avión como si fuera un delincuente, con agentes a cada lado. La gente me miraba con desprecio. Fue un sentimiento horrible. Y luego, durante horas, veía en los canales de noticias internacionales que yo era la noticia principal del día: cada uno de mis movimientos, hasta cuándo iba al baño, era seguido por las cámaras. Fue una experiencia única, muy dolorosa, que me marcó para siempre».

 

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