
Pívot alemán con una trayectoria en la NBA tan dilatada que le permite expresar diagnósticos con precisión. Daniel Theis jugó en Boston Celtics, Indiana Pacers, Chicago Bulls y Houston Rockets, entre otros, además de en la Euroliga. Ahora se desempeña en el AS Monaco y ha comentado todo lo aprendido durante su carrera en Euro Insiders. Una serie de lecciones que deberían apuntar todos los europeos que saltan a la mayor competición del mundo.
En su caso, ha dicho que no le fue muy difícil adaptarse porque su rol no exigía un protagonismo esencial: «Yo nunca fui un jugador que necesitara mucho el balón para impactar en el juego. Ponía bloqueos, hacía jugadas de esfuerzo, defendía, reboteaba. Eso me permitió encajar en la NBA, porque al lado de estrellas como Kyrie Irving, Jayson Tatum o Jaylen Brown, solo con poner una buena pantalla ya les facilitas todo».
Sin embargo, ha podido observar cómo los jugadores del continente se estrellan al pretender mantener en la NBA su importancia en la Euroliga: «En cambio, muchos europeos llegan esperando tener el mismo rol que en la Euroliga. Y eso no pasa. Normalmente, aquí son MVP, líderes, con mucho protagonismo, pero en la NBA se convierten en el décimo o undécimo jugador de la rotación, tirando desde la esquina o casi sin tocar balón. Es muy difícil adaptarse si quieres mantener el mismo rol».

Por ese motivo, recomienda lo que están haciendo ya muchos españoles, como Conrad Martínez o Aday Mara, que han marchado a Estados Unidos siendo muy jóvenes: Por eso creo que es más fácil si das el salto cuando eres joven, antes de consolidarte arriba en Europa. Cuando ya eres una estrella aquí, el cambio de rol en la NBA se hace mucho más duro. Al final, el baloncesto es diferente y hay que ajustarse si quieres tener éxito».
No habla de casos como Nikola Jokić, que está triunfando por todo lo alto, pero sí que reconoce que cuando Serbia les pasó por encima en los Juegos Olímpicos de París le causó un dolor especial: «Probablemente fue una de las dos peores derrotas de mi carrera, para ser honesto. Eran mis primeros Juegos Olímpicos, teníamos muchas esperanzas, y perder la semifinal fue durísimo. Y lo peor es que significa que al día siguiente tienes que luchar por la medalla de bronce. Si vas a la final, todavía tienes una oportunidad; si pierdes, al menos eres plata. Pero en la semifinal, si caes, todavía te queda ese partido que nadie quiere jugar. Y justo nos tocó contra Nikola Jokić y Serbia. Estábamos todavía con la decepción del día anterior y fue muy duro. Perdimos también ese partido. Así que, salvo por la experiencia de estar en los Juegos, todo el torneo se sintió como una gran pérdida».
También comenta el espectáculo que dio su compañero Andreas Obst contra Estados Unidos en el Mundial de 2023: «Sorprendió al mundo entero en ese partido contra Estados Unidos. 27 puntos. Nosotros siempre decíamos que era el mejor tirador de Europa, aunque a veces no le dieran tantos tiros. Todo el mundo en Alemania lo sabía, pero quizás los americanos no lo respetaban tanto en el scouting. Y entonces explota en ese partido. Recuerdo que hasta Stephen Curry comentó sobre él después, diciendo que tenía rango ilimitado, que podía tirar desde cualquier sitio de la cancha».

Campeones mundiales en Manila
Se llevaron el oro. Un triunfo que les sirvió para quitarse la espina de haber perdido contra España en semifinales del Eurobasket del año anterior: «Era un éxito, para nosotros también había quedado un sabor de fracaso, porque en casa, en Alemania, habíamos perdido contra España en semifinales y sentíamos que deberíamos haber ganado».
El orden, como es costumbre por esas latitudes, dice Theis que fue el secreto de su éxito: «En 2023 repetimos prácticamente los mismos jugadores y tuvimos a Gordon Herbert como entrenador, que fue clave. Desde el primer o segundo día nos reunió y dejó los roles muy claros. Cada jugador sabía exactamente qué debía hacer: Dennis Schröder era la primera opción ofensiva, otros debían defender, rebotear, aportar energía. Nadie discutió eso, todos lo aceptamos. Y ese fue nuestro mayor punto fuerte. Si miras las estadísticas, en los primeros seis partidos tuvimos cinco o seis máximos anotadores distintos. Cuando Dennis se lesionó, otros dieron un paso al frente. Éramos un grupo muy colectivo, quizá el mejor en el que he estado».
Aunque no todos los jugadores estaban en la misma sintonía: «También se habló mucho de la polémica con Maxi Kleber. Dennis es un tipo que exige compromiso total: quiere que estés dentro al cien por cien, no a medias. Él mismo juega siempre con la selección, aunque venga de 100 partidos en la NBA. Y lo que pidió fue un compromiso de tres años para no tener que volver a preguntar cada verano quién quería jugar y quién no. En el caso de Maxi, venía de una lesión y de renovar contrato, así que le resultaba difícil comprometerse. Al final, diez de los doce jugadores sí aceptaron ese compromiso y eso también fue una de las claves del oro».

Los años de Daniel Theis en la NBA
Theis no fue hasta que se enfrentó a Curry que tomó conciencia de que estaba jugando en la NBA, «…Obviamente hay partidos que marcan. La primera vez que jugué contra LeBron James, la primera vez que jugué contra Stephen Curry, fue cuando me dije a mí mismo: ‘vale, ahora sí estoy en la NBA’. Estaba en la cancha contra los mejores del mundo». Pero siempre tuvo claro que su lugar estaba detrás de las estrellas: «En la NBA el baloncesto es diferente. Claro que lo disfruté, sobre todo por el talento que hay, pero si miras un partido allí ves que es mucho más iso-ball. Los jugadores buscan sus situaciones de uno contra uno. Y si eres un pívot, la mayor parte de tu rol consiste en poner un bloqueo y luego ir a por el mate, o abrirte para dar espacio. El resto del tiempo estás viendo a las estrellas crear sus tiros. La temporada regular es así: necesitan lanzar, necesitan sumar puntos».
En Europa todo era distinto, el juego es más táctico y colectivo: «En cambio, la Euroliga es un baloncesto completamente distinto. La pista es más pequeña, la línea de tres está más cerca, y no existe la regla de tres segundos defensivos. Eso cambia todo: puedes cerrar la zona y obliga a que el juego sea más táctico, más colectivo. Es otro tipo de baloncesto, mucho más estratégico». Por eso le fue bien, por poder entender esa diferencia: «Yo promediaba menos de diez puntos y seis rebotes, pero siempre tenía minutos porque hacía ese trabajo sucio. No me frustraba si no tiraba; entendía mi rol y eso me ayudó a mantenerme».
Tampoco le costó encajar en Boston Celtics, era un equipo que por aquel entonces funcionaba como un reloj: «Cuando llegué a la NBA, los Boston Celtics me dieron una oportunidad increíble. Mi primer año jugué mucho: creo que disputé 64 partidos antes de lesionarme. Y no era fácil, porque teníamos un equipazo. En ese vestuario estaban Kyrie Irving, Gordon Hayward, un joven Jayson Tatum que era rookie, Jaylen Brown, Marcus Morris, Al Horford, Aron Baynes, Terry Rozier… todos ellos. Para mí, venir de Alemania y encontrarme en ese grupo fue algo impresionante».

Eso no fue así en todas partes. En Indiana, por ejemplo, quedó relegado rápidamente: «Con los Pacers, mi relación con Rick Carlisle no fue buena. Desde el primer día me dijo que no iba a jugar mucho porque había demasiados pívots en la plantilla. Eso creó una especie de muro entre nosotros. No llegamos a tener una relación cálida ni confianza mutua. Fue una etapa complicada y creo que fue el entrenador con el que menos encajé».
El peregrinaje que siguió no lo llevó bien ni él ni su familia: «Lo más duro de la NBA fueron los traspasos. Recuerdo mi primer traspaso: estaba con los Boston Celtics, habíamos jugado en Milwaukee, y justo después del límite de traspasos me llaman y me dicen: «gracias, pero te vas a Chicago». Me dolió mucho, porque había estado tres años y medio allí y no había pensado en esa parte del negocio. De repente tienes que recoger tus cosas, mudarte, hacer maletas, mientras tu familia también tiene que cambiarlo todo. Para un jugador solo, quizás es fácil: coges tus cosas y te vas. Pero yo tengo dos hijos pequeños, mi mujer, el colegio… eso lo hace mucho más duro. Con el tiempo entiendes que a veces no es que un equipo no te quiera, sino que formas parte de un movimiento por contratos o ajustes financieros. Pero igualmente afecta».
Lo curioso es que mantenerse tantos años en un segundo plano no era un plan para toda la vida. Theis volvió a Europa en busca de más reconocimiento y balón: «Cuando decidí volver a Europa y fichar por el AS Mónaco, fue una decisión acertada. Quería volver a sentirme protagonista, disfrutar del baloncesto sin pensar tanto en contratos o en los traspasos de la NBA. En Mónaco recuperé ese placer de jugar, de competir cada partido por algo, de sentir el ambiente de las canchas europeas. Y la temporada fue increíble: llegamos al Final Four de la Euroliga, y pude vivir otra vez ese sentimiento de luchar por títulos importantes».

Endurecerse para crecer
Sobre sus orígenes formativos, no olvida a su entrenador Andrea Trinchieri, que en Brose Bamberg si algo hizo fue endurecerle: «Venía de un equipo pequeño y él me ayudó muchísimo a crecer como jugador. Era un entrenador muy exigente, perfeccionista, que no toleraba repetir errores. Tenía sus ideas muy claras y todo debía salir perfecto. Yo era joven y bastante cabezón, así que discutíamos mucho: él me decía algo y yo le contestaba. Tuvimos una relación de amor–odio, pero en el fondo fue muy importante para mi desarrollo. Ganamos tres campeonatos de Alemania seguidos, siempre con pabellones llenos, y aunque la Euroliga fue durísima, aprendí a competir al máximo nivel. Trinchieri fue decisivo en esa etapa de mi carrera».
Aquel aprendizaje es el que ha seguido el resto de su vida. Aprecia el valor de la derrota por lo que tiene de pedagógico: «En cuanto a la mentalidad, creo que el fracaso enseña más que el éxito. Cuando ganas, puedes relajarte, sentirte satisfecho. Pero perder te da motivación, te obliga a trabajar más duro para volver a tener otra oportunidad. Mis derrotas más duras —la semifinal olímpica perdida contra Francia, el bronce que se nos escapó contra Serbia, la final de Euroliga— son las que más me han empujado a mejorar».


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Hablan como si Europa fuera un país, nada tiene que ver un Danes, un serbio, un español más alla de estar en el mismo continente. Que enorme complejo de inferioridad, los chinos no van a querer ser incluidos en la misma canasta que un japones, tailandes, coreano, indio, etc. Cada país tiene su historia y cultura, que tontería decir «europeo» como si todos fueran iguales
Bon vespre! No hi estic d’acord Mr. Bordaberry. En la meva opinió el bàsquet europeu té una identitat clara. D.