Análisis táctico

El Real Madrid de Pellegrini: el bluff del sonado regreso de Florentino

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Kaká (Foto: Cordon Press)
Kaká (Foto: Cordon Press)

El primero de junio de 2009, Florentino Pérez tomó de nuevo la presidencia del Real Madrid. Además de Valdano, lo acompañaron Pardeza desde la dirección deportiva y, como consejero, Zidane. En su segunda etapa, corto de sabiduría no se iba a quedar, se dijo Florentino.

El fichaje de proyecto fue Kaká, Balón de Oro dos años antes, que llegaba en plenitud y por quien pagaron 65 millones de euros. Tiempo después, el crack contaría haber rechazado una oferta del City aquel enero porque su única voluntad para dejar el Milan era ir al Madrid, donde por supuesto cobraría menos. Así que Florentino, quien en las presentaciones saca sueños madridistas de donde no los hay, esta vez se sintió honestamente satisfecho.

Pellegrini confía en Kaká y jubila a Raúl

Para que entendiera al brasileño, Juande salió del equipo y en su lugar firmaron un director técnico que compartía la sensibilidad futbolística de Kaká. Fue el chileno Pellegrini. Fiel a sus orígenes, Pellegrini respetaba a los enganches y había aprovechado en el Villarreal a un Riquelme ninguneado en el Barça. «Se nota que el míster es suramericano, no ha habido entrenamiento sin pelota», dijo Higuaín en pretemporada.

Pero el equipo venía de un curso en blanco y, para el nuevo entrenador, se recompuso mucho más allá de Kaká. Como compañeros de ataque, llegaron los jóvenes Cristiano Ronaldo y Benzema para ser titulares, habida cuenta de su coste. Sin embargo, el rendimiento fue dispar.

Iniciado el curso, Cristiano había hecho nueve goles en otros tantos partidos para un Madrid pleno de victorias, cuando se lesionó. Una vez recuperado, se llevó el protagonismo no sólo de Kaká, sino también de Raúl, a quien mandó al banquillo en la mediapunta.

Higuaín (Foto: Cordon Press)
Higuaín (Foto: Cordon Press)

Pellegrini inició con tres delanteros pero acabó por establecer un 4-4-2 que favorecía a Kaká y dejaba al eterno capitán, ya con 32 años, fuera de la alineación. Paradojas de la historia, a Pellegrini le tocó hacer con la leyenda Raúl lo que años atrás su valedor, Valdano, hiciera con Butragueño. Cristiano acabaría el curso como máximo goleador del equipo y Raúl, marchándose al Schalke.

Hacia el encaje de sus figuras, el chileno demostró la flexibilidad táctica que Solari describiría para El País del siguiente modo: «Pellegrini no cree en sistemas perfectos. No supedita el juego de sus equipos a la táctica, sino que la entiende como la inteligencia aplicada al servicio del juego y considera que el mejor sistema es aquel en el que el técnico logra el compromiso de sus jugadores».

Fue el Madrid de Kaká pero sobre todo el de un Cristiano con quien se entendía de maravilla. Un lustro más tarde, aseguraría Pellegrini que «desde que llegó, el Madrid parte de Cristiano y no tiene comparación sin él». Lamentándose de haber tenido «la mala fortuna de perderlo más de mes y medio». Y es que, en su ausencia, el Madrid perdió tres partidos y empató dos, prácticamente la misma cantidad de malos resultados que tuvo en todo el resto de temporada.

La salida de Robben debilita el equipo

La variabilidad táctica también afectó a Benzema, pero en distinto sentido. Llegaba para relevar, como delantero centro, al descartado Huntelaar y a un Van Nistelrooy que vivió lesionado. Y cumplió esta parte del acuerdo, pero no la de imponerse como titular. Después de que en las primeras jornadas el francés viese poca portería, Higuaín le arrebató el sitio a base de goles. Benzema hizo 9 y el Pipa 29, eso sí, disfrutando del doble de titularidades.

Aunque, en la elección de Pellegrini, también influyó la complementariedad. Al respecto, explicaba el propio Benzema que «en los entrenamientos ejercitamos movimientos por fuera, para abrir el campo y ser más profundos en ataque. Pero en los partidos no conseguimos ocupar las bandas».

Granero (Foto: Cordon Press)
Granero (Foto: Cordon Press)

Por impulso natural, Benzema iba al apoyo y caía a la izquierda, mientras Higuaín buscaba las rupturas y tendía a la derecha. «Estamos intentando lograr un funcionamiento colectivo sin cambiar las características de los jugadores», indicó el técnico.

El argentino se impuso a Benzema porque abría más el campo por un sector derecho sin extremo disponible. Un costado que, por confección del mejor XI, también se presentaba huérfano de centrocampistas. Toda vez que, en las jugadas lanzadas, Kaká buscaba delanteros a quienes filtrar pases. Era todo lo que Higuían necesitaba para expresar su máximo nivel y así sucedió.

No obstante, si la doble punta estaba bien nutrida, en cuanto a la función de extremo ocurrió todo lo contrario. Pellegrini recordaría años después que «pasaron muchas cosas con las que no estuve de acuerdo desde un principio. En la pretemporada vendieron a Robben y Sneijder, quienes ganarían torneos y jugaron finales de Champions en Alemania e Italia, respectivamente. Por lo que no estaría muy equivocado cuando me opuse a su marcha».

Sin Robben, el equipo carecía de alternativa para buscar desborde exterior de máximo nivel. En los entrenamientos, llegó a escucharse a Pellegrini indicar al canterano Juanfran que se pegara a la cal para desbordar y centrar. De haberse mantenido Robben, la sociedad entre alejados con el pasador Xabi Alonso hubiera sido determinante y las opciones de ataque, múltiples. Pero sin el neerlandés, el equipo se empobreció.

De la salida de Sneijder al aporte de Van der Vaart

Mientras que la venta de Sneijder perjudicó al equipo incluso en mayor grado, ya que enturbió la idea de juego que trataba de instaurar Pellegrini. La sintetizó así: «Yo quiero que se juegue con simpleza, a uno y dos toques, que haya pausas para elaborar las jugadas. Pero tenemos que tener en cuenta que no podemos hacer el mismo fútbol que el Barça porque tenemos unos jugadores que nos llevan a jugar más directos y verticales».

Pellegrini había imaginado a Sneijder como nexo entre Xabi y Kaká. Una vez se lo vendieron, pidió el fichaje de Cazorla para esas labores, que tampoco se concretó. Los únicos ritmistas de toque corto que le quedaron fueron Guti y el repescado Granero. La historia también muestra que, a esas alturas, eran opciones menores.

A sus 33 años, Guti estaba lejos de su mejor nivel. Tuvo problemas físicos, jugó poco y discutió con el entrenador al descanso del Alcorconazo, partido de Copa que el Madrid perdió 4-0 en octubre, cuando fue sustituido. Ganó titularidades en el último tramo de temporada, con el juego del equipo muy discutido, pero al acabarla se iría a retirar a la liga turca.

Sin un interior de entidad, Pellegrini hubo de formar distintos centros del campo, buscando potenciar las transiciones de Kaká. Su ex compañero Costacurta definió al brasileño como un acelerador: «figura que podía llevar el balón de un lado a otro a mucha velocidad». Era, en efecto, su mayor virtud.

Marcelo (Foto: Cordon Press)
Marcelo (Foto: Cordon Press)

Kaká, Cristiano e Higuaín necesitaban campo para abarcar, por lo que Pellegrini mantuvo su idea de generar fútbol rápido. Mientras en fase defensiva, propuso una consecuente espera en bloque medio. A este respecto, explicaba el propio Cazorla que, a diferencia de Pellegrini, en el Villarreal «Valverde quiere que presionemos más en campo contrario». El Madrid robaría y saldría lanzado a través de Kaká.

De este modo, Kaká firmó su mejor temporada de blanco. Tuvo los galones también como chutador de penaltis, otorgados por el entrenador, y respondió. La hizo primero como goleador, marcando lo mismo que Benzema. Y luego como conector y asistente. Sin embargo, a inicios de 2010 se perdió dos meses por lesión y hubo de jugar en su lugar Van der Vaart, que estuvo a la altura.

El neerlandés había sido descartado en verano, pero no se recibieron ofertas y entonces continuó. Cuando le tocó jugar, ejerció un rol similar al de Kaká. Expuso Pellegrini que «Rafa ha entendido a la perfección su función de enganche. Es el eslabón siguiente entre Xabi y los delanteros. Baja a por la pelota y le da buena salida».

Más allá de las diferencias de nivel, el matiz entre ambos estaba en esa salida a la que se refirió Pellegrini. Si Kaká unía sobre todo desde la conducción, Van der Vaart lo hacía desde el pase. Tal como lo definió Pardeza, «nos ayuda en el juego de transición pasando el balón desde el centro del campo a la zona del ataque. Cambia la orientación de una banda a otra con mucha naturalidad y le gusta tener la pelota. Nos ayuda a tener más posesión y a hacer circular más el balón por el suelo».

Granero junto a un doble volante táctico

Van der Vaart era un pasador, pero era otro futbolistas con alma de atacante. Como Pellegrini no quería volver a desequilibrar la estructura, no lo usó de volante, a fin de no contravenir su naturaleza.

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Así, a espaldas de Kaká, para iniciar esos ataques rápidos desde las fases de posesión y defensa, Xabi ganó el puesto a Gago como mediocentro natural y Lass se impuso a Diarra como segundo volante. «Los objetivos que les he planteado en los entrenamientos son que den salida con pocos toques, presionen el balón y lleven la iniciativa», expuso el técnico.

Desde el doble volante se iniciaba y se presionaba. Grosso modo, Xabi llevaba el peso organizativo y Lass el destructivo, escorado a la derecha, mientras que el tercer volante era ese socio técnico para Kaká. En la segunda mitad de temporada, tras las críticas recibidas por un par de malos resultados en enero, ahí ganó fuerza Granero.

Como Albiol y Arbeloa, el canterano había sido recuperado una vez demostró su nivel en Primera. El nuevo Madrid fue de zidanes y pavones no experimentales. Explicaba Xabi que «no soy incompatible con Lass, sólo que con Granero y Guti soy más posicional». Granero quitó minutos a Lass, pero sobre todo actuó como interior izquierda, retrasando entonces al puesto de lateral a la opción predilecta de Pellegrini: Marcelo.

El rol de Marcelo y la mala confección de la zaga

A su llegada, Pellegrini descartó a Heinze, salió también Torres y pidió un lateral zurdo para usar como centrocampista a Marcelo. El brasileño era un zaguero con espíritu de enganche y su entrenador lo sabía. Pero el refuerzo no llegó. La única opción era retrasar a Drenthe, pero aquel Madrid pretendía ser una cosa seria.

Al no tener relevo, Marcelo inició como lateral. Sin embargo, tras la primera derrota liguera, contra el Sevilla en la sexta jornada, el técnico modificó el planteamiento.

Pellegrini, en ausencia de otro de mayor calidad, decidió acercar Marcelo a Kaká, ubicándolo como interior. Surgió así una gran sintonía, explicada por Marcelo del siguiente modo: «Xabi se queda como único volante central, Lass en la derecha y yo en la izquierda. Cuando subo al ataque o tiro la diagonal, Kaká hace la mía y entonces intercambiamos posiciones».

Como lateral jugó entonces Arbeloa. Pese a ser limitado técnicamente y actuar a pierna cambiada, con él, la lógica de ese sector se mantenía. Ante todo, el español era un buen defensor. «La contribución de Arbeloa es muy importante para la solidez que estamos demostrando atrás», expuso Ramos. Y, como en lo ofensivo la banda izquierda era visitada tanto por Marcelo como por Cristiano, sus defectos se veían minimizados.

Gago ante Forlán (Foto: Cordon Press)
Gago ante Forlán (Foto: Cordon Press)

En fase de grupos Champions, el Madrid perdió ante el Milan el primer partido y sacó un empate en el segundo, esta vez con el Arbeloa-Marcelo en la izquierda. La vuelta se jugó en noviembre y Leonardo, técnico de los italianos, declaró que «lo hicieron muy bien con los dos laterales más defensivos que en la ida y dando más vuelo a Marcelo y Kaká. Con este detalle táctico nos crearon muchos problemas». Sin embargo, el indiscutible central Pepe se lesionó en diciembre para toda la temporada, rompiéndose los ligamentos en Mestalla. Y todo se torció.

La lesión de Pepe quiebra el funcionamiento y el Madrid cae en Champions

Sin un central de su nivel, Ramos hubo de abandonar el lateral para actuar de central, pasando Arbeloa a la derecha y retrasándose Marcelo a su zona de origen. Esto perjudicó el funcionamiento global.

Vacío de centrocampista, el costado derecho era un elemento sorpresa que se activaba desde el pase medio de Xabi sobre la irrupción del potente Ramos. A sus 23 años, el sevillano venía de ser campeón de Europa con la selección repitiendo esfuerzos una u otra vez a lo largo de la banda, mientras Arbeloa no aportaba nada ofensivamente.

Con los cambios que generó la ausencia de Pepe, el equipo se debilitaba en la defensa de área, pero principalmente mermó en la lógica ofensiva. Y un equipo que pierde su razón de juego es algo insostenible, sobre todo a esos niveles.

A fin de sincronizarlo, Pellegrini devolvió a Ramos al lateral y los cambios en la retaguardia fueron constantes. Probó seis centros de zaga distintos. En el camino sólo quedó un Metzelder fuera de forma, tras lo de Alcorcón, y ganó peso Garay.

Dijo Garay que «la llegada de Pepe y su rendimiento nos ha facilitado las cosas porque nos ha quitado presión». Y dijo Albiol que «estar al lado de Pepe es el mejor método de aprendizaje. A mí me ha ayudado a ser más contundente». La de Garay con Albiol era una buena pareja, pero Pepe daba otra dimensión.

Con todo, el Madrid mantuvo buenos números defensivos, pero fue un equipo peor. Así, a mediados de febrero se perdió la ida de dieciseisavos de final Champions ante el Lyon, con Ramos y Marcelo como zagueros, Granero de interior y Lass fuera por sanción. Kaká fue señalado, mientras Pellegrini atajó: «Anduvimos muy mal con el balón en el pie. No me preocupa Kaká, me preocupa el equipo. Me preocupa el funcionamiento colectivo. Nos faltó movilidad con el balón y creatividad. El mérito es del Lyon. Caímos en el fútbol físico que nos propusieron».

Mientras que, al mes siguiente, el Bernabéu presenció el empate que consumaba una eliminación inesperada y dolorosa. Esa noche la pareja de centrales estuvo compuesta por Albiol y Garay, toda vez que Marcelo y Xabi no pudieron jugar, al estar sancionados. Kaká fue sustituido y su esposa lanzó a Twitter lo siguiente: «Técnico cobarde siempre tira a la basura a un jugador para desviar la atención de su propia incompetencia».

Benzemá (Foto: Cordon Press)
Benzemá (Foto: Cordon Press)

Para la crítica general, resulta que Pellegrini también era responsable del bajón del megafichaje. Sin embargo, los hechos dicen que, en adelante, Kaká nunca se acercaría a su mejor versión.

Pellegrini acaba de récord su breve tiempo en el Madrid

Tras caer en Champions, Valdano respaldó públicamente a Pellegrini, acudiendo a su contrato. Pero el técnico sólo acabaría la temporada por su buen hacer en Liga y casi dando las gracias. En el desenlace, Pellegrini expuso que se sintió «calumniado y descalificado. La eliminación en la Liga de Campeones por tercer año consecutivo fue el peor aspecto de la temporada, pero merece un análisis más profundo». Se refería a la calidad del plantel en su conjunto, pero nadie lo entendió.

El Madrid de Pellegrini hizo un récord de victorias y el último partido que perdió fue el Clásico de la fecha 31. «Hoy nos ha ganado un equipo que en estos momentos es superior a nosotros», sentenció sobre el Barça de Guardiola, que formaba una alineación plena de estrellas.

A la última fecha, su Madrid llegó con posibilidades de ganarle la Liga al intratable Barça vigente campeón de Europa, y entonces declaró que «si no la logramos será porque no ganamos en el Camp Nou, cuando fuimos superiores y sufrimos una derrota injusta; merecimos al menos el empate. Nos falta ese punto porque en el Bernabéu el Barcelona fue superior». Pero la perdió y el resultado no le valdría para mantener el puesto.

Años después, Pellegrini ponderaría sus logros y ajustaría cuentas: «con el Madrid no pude ganar títulos por muchas circunstancias, pero sumé 96 puntos, cosa que no había hecho nadie. Asumo los contratiempos desde mi responsabilidad, pero del Madrid me echaron en agosto. No fue por el Alcorcón ni por nada. Pero no guardo rencor a nadie».

Por orden expresa del presidente, el Madrid cesó a Pellegrini y firmó a Mourinho. Con él llegaron Carvalho para la zaga, así como Khedira, Di María y Ozil, futbolistas de máximo nivel que además compensaban el centro del campo. Entonces el Madrid pudo ganar algo, al menos la Copa.

3 comentarios

  1. Javi Roldán se ha olvidado de que hay más equipos más allá del Real Madrid.

  2. Ahora mismo el Madrid es el tercer equipo de España. Y con los árbitros. Un respeto.

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