
Kaylia Nemour se coronó como la reina de la gimnasia artística mundial en el paréntesis de un deporte que espera a que Simone Biles deshoje la margarita sobre si regresa o no para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Ninguna gimnasta completó una ejecución más espectacular que la joven argelina en el Mundial que terminó el domingo en Rotterdam. Hasta dos veces subió a lo más alto del podio, algo que no había logrado antes en una competición global. A su conocido dominio de las paralelas asimétricas el sábado sumó otro oro en la barra de equilibrio el domingo. Solo se le escapó la medalla en el concurso completo del viernes. En la primera rotación, la del salto, se hundió en el despegue y su Yurchenko con doble giro previsto se quedó en un simple salto extendido. Los jueces penalizaron la improvisación, rebajaron la dificultad a 3,6 puntos y no llegó a 13 con la ejecución. Un lastre que arrastró toda la competición. A pesar de mostrarse como la mejor en la barra (14,500) y en las asimétricas (14,866), anticipando lo que llegaría el fin de semana, se quedó cuarta, a 34 milésimas del podio.
Fue una oportunidad desaprovechada para Nemour en un concurso sin favoritas. Biles solo compareció como invitada de honor en la grada, la rusa Angelina Melnikova no pudo defender el título porque Países Bajos le negó el visado presumiblemente por apoyar la invasión de Ucrania y la brasileña Rebecca Andrade, que regresaba tras un año sabático, ha abandonado el salto para cuidar su rodilla sometida a tres cirugías y se ha centrado en el salto, donde ganó el oro en Rotterdam. El título acabó recayendo en una semidesconocida que apenas había brillado más allá de la competición por equipos, la texana Skye Blakely, de 21 años, la mejor en nada pero la más regular en todo. La estadounidense ganaría después el bronce en el salto y las asimétricas.
Nemour admitió su decepción, pero no permitió que la afectara con las finales por aparatos menos de 24 horas después. Enfundada en un traje azul plagado de pedrería plateada que brillaba en las cámaras de televisión, se subió a su aparato predilecto, las asimétricas, y enlazó sueltas con una velocidad admirable, cambiando manos, abriendo y cerrando piernas. Su nota de dificultad, 7 puntos —y aun así dos décimas más baja que en París 2024—, era la más alta de todo el Mundial en el global de los diez aparatos de hombres y mujeres. Un nivel extraordinario en un deporte en el que las dificultades por encima de 6 son la excepción. Con una nota de ejecución de 8,3, pulió los defectos de la ronda clasificatoria, aunque no pudo evitar dos pequeños fallos en una doble plancha final en la que se comió la pirueta y un minúsculo paso en el aterrizaje. Con todo, Nemour compitió la primera y dejó sin opciones al resto, condenadas a pelear la plata medio punto por detrás. La nota final de 15,333 solo fue superada en el certamen por el chino Jingyuan Zou, que ganó las paralelas con 15,733 porque prácticamente clavó un ejercicio de dificultad menor.
A la argelina, esta vez de verde, le tocó en suertes abrir también la final de la barra de equilibrio del domingo, esa superficie de apenas 10 centímetros de ancho sobre la que las gimnastas logran virguerías. Subió hasta el aparato con una rondada y un triple mortal, enlazó hasta series de tres saltos acrobáticos, no se olvidó del split, un gran salto en el que la gimnasta abre 180º sus piernas en el aire, ni del Korbut que homenajea a la gimnasta soviética, un mortal hacia atrás en el que se aterriza a horcajadas sobre la barra, y clavó la salida con flip flap, un salto acrobático en el que la gimnasta se impulsa con los pies, apoya las manos en la barra y cae de nuevo de pie, y un doble en carpa.
Nemour necesitó armarse de paciencia porque sus 14,566 podían ser superados. A diferencia de las asimétricas, no se trataba de una puntuación de extraterrestre. La china Zhang Quingying, de 17 años, ya le había ganado el año pasado en el Mundial de Yakarta. Esta vez, con un ejercicio dos décimas más alto en dificultad, le igualó la nota, pero decidió la mejor ejecución (8,266) de Nemour para adjudicarse su primer gran título universal en la barra.
El conflicto que le llevó a competir por Argelia
Es un paso de gigante hacia su ambición de convertirse en la gimnasta más completa a punto de cumplir en diciembre 20 años. Kaylia Nemour no se conforma con ser la reina de las asimétricas, donde ya posee dos oros mundiales y el oro olímpico de París. Aquella final del 4 de agosto de 2024 en la pirámide de Paris Bercy se interpretó como un puñetazo en el orgullo de Francia. El país organizador no pisó un solo podio en la gimnasia a pesar de haber criado a uno de sus mayores talentos. Nemour nació en 2026 en Saint-Benoît-la-Forêt, un pueblo de menos de un millar de habitantes a la orilla del Loira, en la región central, y a 12 kilómetros de allí, en el club Avoine-Beaumont, se inició en la gimnasia a los cuatro años.
Una década de ejercicios acabó por machacar sus rodillas. En 2021 necesitó operarse de una osteocondritis disecante en sus dos rodillas porque una parte de sus huesos había perdido el flujo sanguíneo. Su cirujano estimó que necesitaría ocho meses de recuperación y que en marzo podría retomar sus entrenamientos, un criterio que chocó con el de los servicios médicos de la Federación Francesa de Gimnasia, que consideraba que era demasiado pronto para Nemour y tendría que estar un tiempo sin representar a Francia para recuperarse. Eso inició un conflicto entre Nemour, su familia y su club y la federación, que quería que la gimnasta se trasladara al INSEP de París o al centro de Saint-Étienne para entrenar allí con el resto de gimnastas que soñaban con ser olímpicas en los Juegos de casa. La clásica manía federativa de controlar a los deportistas en sus centros y evitar que fueran por libre. Nemour acabó tan harta de aquel conflicto que encontró una vía de escape en Argelia y se nacionalizó en el país de su padre, que iba a correr con los gastos de su preparación en Francia.
La federación francesa, enfadada y celosa, trató de obstaculizar el movimiento. La ministra de Deportes francesa, Amélie Oudéa-Castéra, se vio obligada a intervenir para permitir su salida. Las autoridades galas se acordarían de aquel desencuentro fatal cuando vieron a su gimnasta ganar la plata mundial para Argelia en asimétricas en Amberes 2023, donde patentó el Nemour, un movimiento que agrupaba el cuerpo en carpa y daba más dificultad aún a una suelta de tkachev posterior —este año, en febrero, llegaría al código el Nemour II—, y más aún en los Juegos de París, cuando Nemour, a sus 17 años, se convirtió en la primera gimnasta africana en conquistar el oro olímpico.
Aquella historia de venganzas y huidas aún no había terminado. En mayo del año postolímpico, sumida en una pequeña crisis, Kaylia Nemour decidió abandonar su club de toda la vida con graves acusaciones hacia sus entrenadores Marc y Gina Chirilcenco. La habían convertido en una gimnasta excepcional, sí, pero el precio a pagar había sido demasiado alto. Otra historia de abusos y humillaciones en la gimnasia. Nemour contó a Le Parisien que si no ejecutaba como debía un ejercicio, Marc le enviaba al vestuario y le obligaba a regresar corriendo y pedir disculpas uno a uno a cada entrenador. Todo lo contó en un libro que salió el pasado diciembre, L’Ombre de l’or (La sombra del oro).
«Estuve bajo una enorme presión psicológica diaria. No me sentía capaz de vivir otro ciclo olímpico. Después de los Juegos, perdí la motivación», recordaba en una entrevista a International Gymnastic Media. Entonces ya se había trasladado a Dijon y había empezado a entrenar con Nadia Massé, la joven de gafas y flequillo que corrió a abrazarse a ella tras cada actuación en Rotterdam. Desde luego, sus métodos eran otros, y los resultados confirman que siguen funcionando. «He mejorado muchísimo en la barra de equilibrio y en general, incluso en la competición individual. He ganado más potencia en las piernas y he cambiado radicalmente mi forma de competir y de abordar la gimnasia. Eso me ha ayudado muchísimo, porque creo que si me lo hubieran preguntado hace dos o tres años, probablemente no habría podido soportar la presión ni lograrlo. Así que, trabajando con Nadia, he progresado en muchísimas áreas», valoró tras sus dos oros.
La Federación Francesa de Gimnasia, que ya cuestionaba los métodos de los Chirilcenco en el club de Nemour desde 2022 y por eso no confiaba en su rápida recuperación de las rodillas, cerró en mayo el procedimiento administrativo contra ellos al no encontrar pruebas sobre sus abusos, aunque advirtiéndoles sobre la actitud que debería tomar para seguir entrenando a gimnastas de la selección. Elena Colas, de 16 años y campeona de Europa de barra este verano, defendió a los que también eran sus entrenadores en Avoine-Beaumont, que están valorando ofertas económicas para irse a entrenar a Catar.
Mientras tanto, Kaylia Nemour, que escapó primero de la federación y después de sus primeros entrenadores, ha conocido mundo, ha aparcado su ciclo formativo en panadería y ha llegado a entrenar unas semanas en el World Champions Centre de Spring (Texas), el club de Simone Biles, o en Berna. Ahora quiere seguir añadiendo dificultades, movimientos y aparatos y conquistar la gran corona, el concurso completo individual, en los Juegos de Los Ángeles. «Me llamaron mentirosa, tramposa y cazafortunas en las redes, pero quiero centrarme en mis objetivos deportivos y en mi vida como mujer joven. Quiero superarme, no quiero más dramas», dijo en L’Equipe parafraseando sin quererlo a Fangoria.
