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Stefanos Tsitsipas: «Rafa Nadal tenía un patrón predecible jugando al tenis, pero lo ejecutaba tan bien que no había manera»

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Stefanos Tsitsipas (Foto: UTS Tour)
Stefanos Tsitsipas (Foto: UTS Tour)

Stefanos Tsitsipas y Grigor Dimitrov se han sentado a hablar juntos en UST Tour y la conversación ha merecido mucho la pena por todo lo que ha revelado sobre la vida en el circuito ATP, los grandes rivales de su generación, las lesiones, las derrotas, las alegrías y por supuesto los excesos.

La primera gran figura en salir al ruedo fue Rafael Nadal. Tsitsipas tomó la palabra para describir al mallorquín: «Rafa te da ventanas para jugar», arrancó el griego, antes de matizar: «Pero si su derecha queda corta, puedes ir a por ella. El problema es que sabes lo que viene, hay un patrón predecible. Solo que él lo ejecuta tan bien que no es fácil para nadie».

La clave del juego del español, según Tsitsipas, está en la reiteración: «Rafa te mata despacio. Y si quieres ganarle, puedes, pero vas a sufrir muchísimo. ¿Estás dispuesto a eso?». Dimitrov añadió que en tierra batida la posibilidad es igual a cero: «En arcilla no tienes el mismo feeling. Es simplemente diferente, tío».

Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)
Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)

Ambos coincidieron en señalar que la mejora del revés de Nadal a lo largo de su carrera fue el golpe que terminó de cerrar cualquier escapatoria posible. «Al final mejoró su revés, y ese revés acabó matándote más lentamente», sentenció Tsitsipas. En cuanto a Dimitrov, cuando le tocó el turno de hablar sobre el rival que más tiempo le robaba en pista (en el sentido mental, de desconcentrarle), tenía otra idea: «Para mí fue Roger. Rafa en tierra, por supuesto, es la tarea más difícil que existe. Pero quien siempre fue capaz de quitarme el tiempo fue Roger».

Fue en este momento cuando la conversación derivó hacia el tiempo entre puntos, y Tsitsipas recordó que Nadal se permitía ciertas licencias que nunca fueron sancionadas: «Rafa era un poco privilegiado con eso».

Djokovic: el que reduce la pista y activa superpoderes

El análisis de Novak Djokovic resultó ser el más técnico de los tres. Tsitsipas escogió una imagen para definirle que es casi física: «Novak hace que la pista se encoja cuando juegas contra él. Te hace sentir que tienes que golpear cerca de las líneas continuamente». Y lo más inquietante, según el griego, es que lo logra sin recurrir ni al ataque desbocado ni a la defensa pura: «No te domina jugando de manera ofensiva ni lenta. Te va apretando poco a poco, muy despacio pero muy seguro, y al final del intercambio tira de la esquina».

Donde Tsitsipas se mostró más asombrado fue al hablar de la capacidad del serbio para encender un interruptor interno cuando más lo necesita. «Novak tiene casi como un superpoder para activar lo que quiera en cualquier momento. Puede estar abajo en el marcador y de repente está corriendo más rápido, moviéndose mejor, viendo la pista mejor». Era, dijo, como si en cuestión de minutos apareciese un jugador distinto al que había frente a él diez minutos antes.

El episodio que más ilustra ese don, para ambos, fue el Wimbledon en el que Djokovic salvó puntos de partido ante Roger Federer. Dimitrov fue el primero en traerlo a la mesa: «Final, punto de partido en Wimbledon. Y lo salvó. Dos veces seguidas cruzado». Tsitsipas completó el razonamiento con una pregunta retórica: «¿Tú no sacas a su esquina? Por supuesto que sí. Y aun así ocurre eso. No tienes nada que lamentar en ese punto».

Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)
Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)

La conversación también rozó la final del Open de Australia que Tsitsipas perdió ante Djokovic estando por delante en el marcador: «¿Perdí el partido por los nervios? No. Estaba bastante tranquilo y centrado incluso yendo tan por delante. Pero vi cómo él empezaba a correr más rápido, a moverse mejor, a ver la pista mejor. De repente el Novak que tenía delante era distinto al de diez minutos antes. Yo no sé lo que pasó ahí».

Mirando atrás en la grabación de esa final, Tsitsipas reconoce que quizá podría haber hecho una sola cosa diferente: «Quizá podría haber bajado medio punto la tensión en mis golpes para tener algo más de libertad, más profundidad, porque estaba forzando mucho y eso durante cinco sets te agota, pero con lo que sabía en ese momento, no podría haber hecho nada diferente para cambiar el resultado de ese partido».

Dimitrov, por su parte, tiene grabado a fuego el partido que disputó contra Djokovic en Madrid. Un duelo épico del que recuerda sobre todo el coste físico: «Estuve dos días con un dolor tremendo. Había tirado de todos los músculos que me rodeaban. Me recordaba a Elastigirl de Los Increíbles». También quedó en la memoria de Tsitsipas, que lo vio como espectador: «Fue uno de los mejores partidos de lucha que he visto nunca. De esos en que hay que darlo todo, todo plano».

Federer: el corredor de fondo que arrancaba como Tyson

Si Djokovic era el que te reducía el espacio y Nadal el que te desgastaba con certeza matemática, Federer era el que te golpeaba antes de que supieras lo que había ocurrido. Tsitsipas lo vivió en primera persona en el US Open: «Salió a la pista y en quince minutos era 6-2. Y yo pensaba que estaba jugando bien. Es como si el tipo fuera tan por delante de ti y tú ni siquiera lo notaras». La sensación, recordó, era casi cómica: «¿Qué más puedo hacer? Nada. Y el tío está tan por delante de mí».

Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)
Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)

Dimitrov señaló que la cualidad que más admira en el suizo es su capacidad para pasar página de forma instantánea: «Lo que Roger hace de manera increíble es lo rápido que cambia al siguiente punto. Tanto si lo gana como si lo pierde, ya está en el siguiente. Yo golpeaba un buen cruzado y ya estaba mirando al siguiente, como si el punto anterior no hubiera existido».

En el plano táctico, Tsitsipas lo definirle como el mejor frontrunner de la historia: «Roger es el mejor corredor en cabeza que he visto de lejos. En el momento en que consigue un break, la probabilidad de que ganes ese set cae prácticamente a cero». Dimitrov completó la imagen con un símil boxístico: «Empezaba los partidos de Grand Slam como Mike Tyson. 4-1 en dos segundos, solo golpes ganadores».

Cuando se planteó la pregunta de si Federer, trasplantado a 2026 con 24 o 25 años, habría dominado igual frente a Alcaraz y Sinner, ambos coincidieron en que la respuesta no es simple. Dimitrov planteó la tesis más elaborada: «Si jugara ahora, jugaría mejor de lo que jugaba entonces. Sería más físico. Porque te adaptas al nivel del entorno. Y con ese talento y esa mentalidad ya acumulada, generaría dudas en los otros dos». Tsitsipas añadió que la clave está en la adaptación: «Cuando el nivel está aquí, tú te adaptas para poder ganar. Y si tienes esa mentalidad y esa capacidad, ya tienes el éxito construido».

El revés a una mano: arte en extinción

Uno de los temas que más apasionó a los dos fue el debate sobre el revés a una mano, un golpe que ambos practican y que las estadísticas muestran en caída libre. Dimitrov aportó cifras que dejaron a Tsitsipas boquiabierto: en 1983, 38 de los 40 mejores tenistas del mundo pegaban de revés con una mano; en 1998, el año de nacimiento del griego, el porcentaje en el top 100 todavía era del 43 por ciento. Tsitsipas no salía de su asombro: «¿Qué? ¿Un cuarenta por ciento? No me lo esperaba para nada».

Para explicar el declive, Tsitsipas apuntó a la evolución del saque: «En los años ochenta, la mayoría no sacaban bien, era fácil restar. Cuando empezó a ser más difícil restar, quizá algunos pensaron que con dos manos tenían más apoyo». Dimitrov, en cambio, jamás tuvo dudas. Empezó con el revés a una mano desde los seis o siete años y desde entonces nunca lo cambió: «El primer golpe que aprendí fue el slice. Y después de eso, el revés».

Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)
Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)

Tsitsipas estuvo meses alternando los dos tipos de revés, apareciendo un día con uno y al día siguiente con el otro, hasta que la entrenadora asistente de su club perdió la paciencia: «Stef, ¿vas a decidirte algún día? Esto me está agotando», le dijeron. Y su respuesta fue que se quedaría con el de dos manos. Y al día siguiente fue al entrenamiento con el de una. Y desde ese día no ha vuelto a cambiar.

Ambos coincidieron en que hay pocas sensaciones comparables en el tenis a un revés cruzado bien golpeado. «No hay nada mejor que golpear un revés a lo largo de la línea cuando le das en el centro. Te sientes el mejor del mundo», afirmó Dimitrov. Tsitsipas fue aún más lejos: «Hay algo mejor que un revés ganador a lo largo de la línea: un slice ganador a lo largo de la línea. Eso también tiene mucho sentimiento». Ambos admitieron que en hierba el slice baja y mordido es casi imposible de gestionar para los jugadores de dos manos.

Lesiones y cuerpos al límite

Dimitrov relató con detalle cómo fue la rotura del pectoral que sufrió ante Sinner en Wimbledon, un episodio que empezó con un sonido equivocado. Días antes del partido había enganchado un dedo en los pantalones y escuchó un crujido que interpretó como una costura rota. Cuando, en pleno partido, al sacar fuerte, volvió a escuchar exactamente ese mismo sonido, pensó de nuevo en los pantalones. Solo al acercarse a la red, con el brazo caído, entendió que algo iba muy mal: «De repente empecé a sentir mareo, dolor, como una oleada de sangre. Pensé: ¿qué me ha pasado?» Los fisios me quitaron la camiseta y se podía ver cómo el músculo se movía así. Y me dijeron: ‘No puedes seguir’».

Tsitsipas recordó un episodio igualmente grotesco vivido en Roland Garros, en un partido contra Gasquet que ambos jugaron al límite físico absoluto. Los dos sufrieron calambres severos casi al mismo tiempo, Tsitsipas en los flexores de la cadera, «prefiero mil veces los calambres en la pantorrilla, al menos puedes estirar», y Gasquet acabó vomitando en pista. El árbitro, implacable, no permitió que nadie tocara a ninguno de los dos jugadores: «Les dije: al menos ayudadme a levantarme. Y me dijeron que no podían tocarme. Tuve que arrastrarme hasta algo donde apoyarme». El problema era que no había comido en todo el día: «No tenía hambre. Fue un error enorme. No tenía combustible en el depósito».

Los excesos de juventud que no llegaron a serlo

La conversación arrancó con un tema inesperado: el alcohol. Dimitrov reveló que jamás ha probado una gota en su vida, y explicó el porqué. A los 16 años, solo en la academia de Mouratoglou en Barcelona, salía de lunes a domingo, volvía a las siete de la mañana, dormía dos horas y se iba a entrenar: «Si alguien me hubiera visto entonces, habría pensado que ese chaval nunca iba a ser tenista. ¿Con 16 años? Solo en la academia, amigos, y tomando el autobús al centro de Barcelona». Pero lo que le hizo no beber fue precisamente ver el efecto que el alcohol tenía en sus compañeros de salidas: «Veía lo que les hacía y pensé: ‘si yo bebo, eso me va a pasar a mí’. Y esa imagen se quedó grabada en mi cabeza».

Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)
Stefanos Tsitsipas (Foto: Cordon Press)

Su primer contacto con el alcohol no llegó hasta la Laver Cup, que ganó junto a Federer y Nadal. Roger le insistió en que brindara con ellos. «La presión de Roger. Pensé: tengo que tomar algo. ¿Y qué? No me gustó. Eso no es para mí». Tsitsipas, en cambio, reconoció haber estado borracho en una ocasión en Dubái y recuerda con orgullo haber despachado en Mykonos una botella de tequila en solitario durante una cena con amigos sin aparente efecto: «Pensé: quizá el alcohol no me afecta. Hasta que meses después, en Dubái, entendí que sí tengo mi límite».

El circuito de 2008 y el de 2026: lo que mejoró y lo que se perdió

Dimitrov, que debutó en el circuito en 2008, trazó una comparación entre el tenis de entonces y el de ahora. Lo primero que destacó fue la mejora en las condiciones para los jugadores: «Todo ha mejorado. Las superficies, las pelotas, los torneos, la manera en que se cuida a los jugadores. Estamos muy mimados, tenemos de todo». Pero también identificó una pérdida difícil de cuantificar: «Antes había un poco más de unidad. La competición era un poco más… suave, digamos. Las relaciones entre jugadores eran más distendidas». Y añadió, con una sonrisa, que ahora hay muchos más abrazos y choca-manos, pero que antes, cuando llegabas a la pista, todo era mucho más duro: «La tolerancia era mayor. Recuerdo cosas que pasaban en pista que hoy serían impensables».

Tsitsipas aportó la perspectiva de quien entró al circuito años después. Para él, lo que se ha perdido es el romanticismo: «Antes del confinamiento, en mis primeros años, el tenis tenía un lado más romántico. Después te vas poniendo en contacto con la realidad». Y compartió una reflexión sobre el aislamiento que impone el deporte de élite: «En este deporte estás aislado. No interactúas de la misma manera. Por eso es tan difícil mantener siempre la parte intelectual de ti mismo junto a la de competidor feroz que todos esperan que seas».

Sobre los nuevos problemas de la era moderna, ambos coincidieron en odiar las pantallas LED del fondo de las pistas. Dimitrov confesó que antes de sus partidos pide que las bajen de intensidad: «Cuando la pelota cae, se funde con todo lo demás. Pierdes la pelota durante milisegundos». Tsitsipas añadió que se enteró hace poco de que eso se puede solicitar: «Me lo dijo Cédric Mourier recientemente. Yo no sabía que podía pedirlo. Pensaba que era algo fijo». Y Dimitrov no dudó: «Los odio. No me gustan nada. Lo que echo de menos de 2008: no había pantallas LED detrás».

¿Haría más feliz un Grand Slam?

Quizá el momento más revelador de toda la conversación llegó cuando Dimitrov se preguntó en voz alta si haber ganado un Grand Slam le habría hecho una persona más feliz, pero: «No cambiaría lo que he visto, vivido y experimentado solo por tener ese título. ¿Un Grand Slam es bonito y todo eso? Sí. Pero, ¿de verdad te hace más feliz cada día cuando te despiertas? No necesariamente».

Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)
Grigor Dimitrov (Foto: Cordon Press)

Tsitsipas fue igual de categórico: «Para mí es gratificación instantánea. Lo vas a disfrutar la primera y la segunda semana, y luego pasas al siguiente. ¿Qué más hay?» Y Dimitrov cerró el argumento con una anécdota personal. Tras ganar las Finales ATP en Londres y llegar al número tres del mundo, se sentó solo en unas escaleras mientras la celebración continuaba a su alrededor: «Alguien se acercó y me preguntó qué pasaba. Y yo le dije: nada, aquí sentado. Era genial, estaba contento por muchas razones. Pero no era la felicidad máxima, definitiva». El circuito, explicó, no deja tiempo para saborear nada: «Para nosotros siempre es el siguiente. El siguiente día, el siguiente entrenamiento, el siguiente partido».

3 comentarios

  1. Habéis puesto una foto de Rublev en vez de Tsitsipas

  2. Buena broma con la foto de Rublev

  3. Cómo van a saberlo si jamás ganaron un GS.

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