Motor

McLaren 2000: Sexo, drogas y defecarse unos a otros

Es noticia
kimi raikkonen 692503267afa5
Kimi Räikkönen

Pocos relatos de la Formula 1 desde dentro habrá habido como el de Marc ‘Elvis’ Priestley en su The Mechanic. Fue hace nada, pero hoy parece un siglo. La primera década de los años 2000 fue un periodo de transición en el que convivieron dos realidades. Por fuera, el campeonato representaba la máxima expresión de la ingeniería y la organización. Equipos como McLaren funcionaban bajo una disciplina casi militar impuesta por la figura de Ron Dennis, que transformó la escudería en una estructura obsesionada con el detalle y el control absoluto.

Y por dentro, ese orden convivía con la cultura del exceso. La Fórmula 1 seguía alimentándose de una fuente económica extraordinaria procedente, en gran medida, del patrocinio de las tabacaleras, que durante décadas habían inundado el deporte con inversiones millonarias y una estética asociada al riesgo, el glamour y la vida al límite. Entraba dinero a chorro y había ambiente de rock stars.

Priestley resume esa mentalidad en una fórmula sencilla: work hard, play hard. Los mecánicos y los ingenieros trabajaban jornadas extremas, sometidos a una presión constante en un deporte que no admitía errores. Ese nivel de exigencia encontraba su contrapunto fuera del circuito, en una dinámica de evasión que se convirtió en parte estructural del ecosistema de la Fórmula 1. Después de horas al límite, en la que una persona se jugaba la vida si alguien metía la pata, nada como irse de juerga después a descargar la tensión.

La abundancia permitía a los equipos operar con presupuestos que hoy resultan difíciles de imaginar. Formar parte del paddock implicaba pertenecer a un entorno privilegiado, con acceso a espacios y experiencias reservadas a una élite global. Mónaco era el paradigma de todo el show. El Gran Premio se convertía en un escaparate donde el deporte y el lujo se confundían. El paddock funcionaba como una acreditación universal que abría puertas en clubes, fiestas privadas y yates. Priestley describe ese acceso como una «llave de la ciudad», un símbolo de estatus que permitía a un mecánico moverse con la misma libertad que una celebrity.

15882556716438
Kimi Räikkönen

Aunque a veces tenía más pinta de botellón. Detrás de las fiestas exclusivas, los miembros del equipo organizaban su propia economía paralela. Compraban alcohol en supermercados locales y lo consumían en las habitaciones de hotel antes de volver a los eventos. Priestley describe un entorno en el que el consumo de alcohol y drogas formaba parte del paisaje.

El día a día, aparte de pillarse ciegos, estaba en encubrirlos, que nadie se diera cuenta, que la imagen cotizaba millones y de ella dependían los millones que ponían las marcas. Priestley asegura que al menos un piloto fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol, aunque el episodio nunca llegó a registrarse oficialmente. La solución fue sencilla. El agente implicado fue posteriormente invitado como huésped especial a un Gran Premio.

Vivían mintiendo y ocultando. En 2005, el equipo comunicó que la lesión de hombro de Juan Pablo Montoya se había producido jugando al tenis. En el entorno interno, Kimi Räikkönen explicó que el origen real había sido un accidente con una minimoto durante un evento de motocross. En otro episodio, el propio Räikkönen se fracturó un brazo en una carrera de motos de nieve. La información se mantuvo fuera del conocimiento de Ron Dennis y se construyó una coartada relacionada con entrenamientos mientras el piloto recibía atención médica discreta en Finlandia.

El control de daños se extendía más allá del ámbito deportivo. Tras una fiesta en Melbourne que terminó con la destrucción de una suite en el hotel Crowne Towers, el entorno de Räikkönen resolvió la situación mediante un pago en efectivo y la entrega de objetos firmados. El objetivo era contener el incidente dentro del hotel y evitar cualquier filtración a los medios. Priestley menciona una práctica habitual de este tipo, con declaraciones diseñadas para desviar la atención.

El periodista Bob McKenzie, a comienzos de la temporada 2004, visto el bajo rendimiento del McLaren escribió en el Daily Express que daría una vuelta desnudo a Silverstone si el equipo lograba ganar una carrera ese año. Contra todo pronóstico, Kimi Räikkönen se impuso en el Gran Premio de Bélgica y McKenzie cumplió su promesa meses después. Recorrió el circuito cubierto únicamente con la pintura de los colores de McLaren.

Priestley también describe un ritual de despedida para un mecánico que abandonaba McLaren. El hombre fue desnudado por completo, atado a un carrito de neumáticos y paseado a lo largo del pitlane ante la mirada de otros equipos. La situación derivó en un episodio aún más extremo cuando uno de sus compañeros decidió defecar sobre él. Michael Schumacher presenció la escena y presentó una queja formal por el comportamiento del equipo, lo que provocó una reacción inmediata de Ron Dennis y sanciones internas.

«Uno de los chicos fue desnudado por completo, atado de forma segura a un carrito de neumáticos y desfilado de arriba abajo por el pitlane mientras se invitaba a todos los presentes a contribuir con algo para rociarlo. Estaba pintado con todo el desorden habitual, pero entonces nuestro amigo decidió elevar los niveles de impacto considerablemente. Dejó el carrito en el suelo, con su víctima tumbada boca arriba incapaz de moverse y luego procedió a defecar sobre el pecho del pobre tipo. El desfile continuó hasta que Michael Schumacher se dio cuenta de lo que estaba pasando y, comprensiblemente disgustado, fue a las oficinas del circuito para quejarse del «salvaje equipo McLaren»»

Pero mira quién habla. Michael Schumacher en Suzuka, en 2003, tras proclamarse campeón del mundo montó una noche de locura en el karaoke Log Cabin. Según el relato, Schumacher llegó a sustraer un montacargas junto a miembros de Toyota y acabó causando destrozos en las oficinas de hospitalidad, lanzando incluso una mesa a través de una ventana. Estaba tan mamado que apenas podía mantenerse en pie y terminó cayendo por una ventana hacia el césped.

benetton ford celebrates winning formula 994610520 ba29e6
Michael Schumacher

Por su parte, el departamento de comunicación de McLaren trabajaba de forma constante para contener informaciones sobre las fiestas del piloto finlandés. En una de ellas, descrita como especialmente precisa en la prensa, se hablaba de una juerga de tres días con episodios de desnudez pública y daños en un club nocturno. Años después, durante el Gran Premio de Mónaco de 2006, las cámaras captaron a Räikkönen desnudo en el jacuzzi de su yate tras abandonar la carrera.

El encubrimiento alcanzaba también a la vida social del paddock. Priestley reconoce haber presenciado situaciones en las que el consumo de drogas era evidente en limusinas y fiestas privadas. El contraste entre culturas dentro del paddock se hacía visible incluso en los detalles más cotidianos. En McLaren, el orden respondía a una lógica casi doctrinal. Ron Dennis imponía un control absoluto sobre cada aspecto del equipo, con una obsesión por la imagen y la perfección que alcanzaba también la vida diaria en el garaje. La música estaba prohibida durante los fines de semana de Gran Premio y cualquier elemento que se percibiera como poco profesional quedaba fuera. Esa misma filosofía se extendía incluso a la alimentación, con restricciones sobre productos como el chocolate o los dulces, considerados incompatibles con la imagen de excelencia que Dennis quería proyectar.

Sin embargo, a pesar de la rivalidad en pista, existía una camaradería real fuera de ella entre los mecánicos. Los mecánicos de Renault, situados en el garaje contiguo, contaban con uno de los mejores sistemas de sonido del paddock y compartían tanto la música como pequeños gestos de complicidad. Ante las limitaciones impuestas en McLaren, preparaban de forma discreta paquetes con chocolatinas, refrescos y otros productos que hacían llegar a sus compañeros, en una especie de red informal de apoyo. La música también traspasaba las paredes temporales de los boxes, con peticiones de canciones que circulaban en notas escritas entre un equipo y otro.

91h2ymABuUL. SL1500

Una vez, en Singapur, durante el primer Gran Premio nocturno, Flavio Briatore detectó que la música en el garaje de Renault sonaba a un volumen inusualmente alto. Al conocer que la razón era la aversión de Ron Dennis al ruido, decidió convertirlo en una provocación. Ordenó a su asistente desplazarse al centro de la ciudad para comprar los altavoces más grandes disponibles. Amplificó aún más el sonido y lo proyectó hacia el garaje vecino de McClaren.

Los coches de alquiler se convertían en una extensión de la adrenalina del circuito. Los mecánicos, habituados a trabajar con máquinas de alto rendimiento, utilizaban estos vehículos sin ningún tipo de consideración, en episodios que parecían Mad Max, con carreras de cachondeo entre ellos reventándolos por completo.

Cómo no, en España, a finales del año 2000, tras una noche de fiesta, un grupo de mecánicos destruyó por completo un monovolumen Mercedes durante el trayecto al aeropuerto. Iban tirando piezas del vehículo a la carretera y el interior lo dejaron completamente desmantelado. Abandonaron al final el cochje sin intención de asumir consecuencia alguna.

Los rituales internos también eran impresionantes. McLaren tenía ritos propios de fraternidades de estudiantes universitarios estadounidenses. Había humillaciones públicas y bromas pesadas, ejecutadas incluso en el pitlane. El caso más conocido es el del polvo azul utilizado para detectar fugas en los motores, una sustancia capaz de teñir la piel durante días. Priestley introdujo este polvo en los guantes de Kimi Räikkönen antes de una carrera en Brasil en 2006. Tras dos horas de carrera, el sudor activó el compuesto y las manos de Räikkönen quedaron teñidas de un azul intenso. Al regresar al garaje y saludar a Ron Dennis y a varios directivos, el color se transfirió también a ellos. El propio Räikkönen tuvo que intervenir para que no expulsaran al mecánico.

Era un buen tipo el finlandés. Su llegada a McLaren en 2002, como sustituto de Mika Häkkinen, confirmó de inmediato el sentido de su apodo, Iceman. En pista y en el garaje, su actitud era fría, directa y casi minimalista. Sus aportaciones técnicas rara vez iban más allá de un «el coche está bien» o «quizá deberíamos purgar los frenos». Su relación con el entorno era funcional. Cuando no se requería su presencia, desaparecía con naturalidad, a menudo para dormir en cualquier rincón, debajo un banco, sobre un armario de herramientas o en el asiento trasero de un coche de alquiler.

Fuera de ese contexto, su comportamiento era de otra pasta. Räikkönen mantenía una relación estrecha con sus mecánicos, sin jerarquías.  Compartía con ellos viajes privados a Laponia, donde combinaban motos de nieve y alcohol en condiciones extremas. La amistad pasó a hermandad y de ahí surgieron las confianzas para ese tipo de bromas.

Briatore y Alonso (Foto: Cordon Press)
Briatore y Alonso (Foto: Cordon Press)

La respuesta del piloto finlandés a la broma del polvo azul llegó meses después, durante unas vacaciones del equipo en Finlandia. De madrugada, Räikkönen y varios amigos irrumpieron en la habitación de Priestley. Mientras lo sujetaban, le afeitaron una franja de cabello desde la frente hasta la nuca, un «mohicano inverso», lo que le obligó a raparse por completo al día siguiente.

También aparece Lewis Hamilton, que introduce un contraste generacional dentro del mismo equipo. Su vínculo con McLaren se remonta a etapas previas a su debut en 2007. Priestley recuerda con claridad una actuación en GP2, en Turquía 2006, donde Hamilton protagonizó una remontada desde la decimoctava posición hasta el segundo puesto, apoyado en un estilo de frenada agresivo y preciso que marcaba diferencias. Un crack, pero en sus primeros pasos dentro del equipo era como un niño pequeño, todo dudas, se acercaba a los mecánicos para preguntar por sistemas de cableado, sensores o detalles técnicos que otros pilotos solían delegar. Era tan naive, que en uno de sus primeros actos promocionales, al ver su imagen proyectada a gran escala, reaccionó con incredulidad hasta el punto de emocionarse.

Pero en ese ambiente, la evolución fue rápida. A medida que su rendimiento crecía y comenzaba a competir de igual a igual con Fernando Alonso, su comportamiento empezó a endurecerse y la tensión se trasladó a la pista. En Mónaco, Hamilton ignoró indicaciones de mantener posición detrás de Alonso y presionó hasta el límite. En Hungría, durante la clasificación, se apartó del plan establecido, lo que provocó una reacción directa de Alonso y desencadenó uno de los episodios más tensos de la temporada.

Alonso, convencido de que McLaren estaba favoreciendo a Hamilton, decidió actuar durante la última parada en boxes. El plan establecido indicaba que debía esperar unos veinte segundos antes de reincorporarse a pista, con el objetivo de encontrar un hueco limpio. Cuando recibió la señal de salida, Alonso permaneció detenido de forma deliberada durante varios segundos adicionales.

Detrás de él, Hamilton esperaba para realizar su propia parada. Ese retraso resultó determinante. Cuando el británico pudo salir del box, ya no disponía de tiempo suficiente para completar la vuelta y cruzar la línea de meta antes de que finalizara la sesión. La maniobra dejó a Hamilton sin opción de marcar un último intento y alteró de forma directa el resultado de la clasificación.

El episodio provocó una reacción inmediata dentro del equipo. Las cámaras captaron la tensión en el muro de McLaren y la frustración de Ron Dennis, cuya relación con ambos pilotos quedó aún más deteriorada. En el interior del garaje se produjeron hubo gritos y estuvieron a punto de liarse a palos.

Lewis Hamilton (Foto: Cordon Press)
Lewis Hamilton (Foto: Cordon Press)

La intervención de la FIA puso orden. Alonso fue sancionado con la pérdida de cinco posiciones en la parrilla de salida y McLaren quedó excluida de la suma de puntos en el campeonato de constructores en esa carrera. A partir de ese momento, la fractura interna se hizo total. El garaje se dividió en dos bloques que dejaron de interactuar con normalidad, y la comunicación entre ambos lados se redujo al mínimo imprescindible.

El incidente marcó un punto de no retorno. La desconfianza entre Alonso y la dirección del equipo se intensificó hasta desembocar en una amenaza explícita por parte del piloto español, que llegó a plantear la posibilidad de revelar información vinculada al caso Spygate, el escándalo por el que multaron a McLaren con cien millones de dólares y la expulsión por haberse hecho con documentos técnicos de Ferrari.

La experiencia previa de Alonso en Renault, bajo la dirección de Flavio Briatore, le había acostumbrado a que el equipo se organizara en torno a su figura. En McLaren había otra ley, igualdad total. Desesperado, el asturiano repartió sobres con dinero en efectivo entre los mecánicos de su lado del garaje. Concretamente, en cada uno había 1.300 pavos.

Dennis ordenó la devolución del dinero y exigió que Alonso realizara una donación a una causa benéfica. La intervención no redujo la tensión. El conflicto alcanzó su punto máximo en Hungría. De ahí el chine que le llevó a liarla en el pitstop.

Pitney colgó el mono de mecánico harto de tanto viaje y posiblemente desgastado en la francachela constante en la que vivían. Ahora es comentarista, pero la Fórmula 1 actual presenta un paisaje mucho más controlado, donde la estandarización técnica ha reducido buena parte de lo inesperado.

La introducción de límites presupuestarios, la homologación de múltiples componentes y la restricción en el desarrollo han traído un entorno más igualado en términos de rendimiento, con diferencias cada vez más estrechas entre equipos, pero se ha cepillado la innovación radical y los riesgos técnicos que se sumían. Si entre bastidores sigue habiendo las mismas juergas, lo sabremos dentro de unos años.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*