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Kostas Papanikolau: «En el Barça, todo era nuevo para mí, pero tuve un entrenador increíble, Xavi Pascual, una gran persona»

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Kostas Papanikolaou (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

Kostas Papanikolaou, capitán del Olympiacos, ha repasado su carrera en Euro Insiders. Ha explicado por qué aceptó marcharse al FC Barcelona en 2013 pese a tener un año más de contrato con el club de su vida.  Un transfer que le sirve para hablar sobre el peso del negocio en las decisiones que se toman en el basket, además de relatar cómo fue su paso por la NBA antes de volver de nuevo a Grecia.

Porque lo que nunca llegó a entender es por qué le vendieron en 2013. Su salida de Olympiacos rumbo al FC Barcelona en 2013, una decisión que durante años se interpretó desde fuera como un movimiento puramente deportivo, pero en realidad tenía que ver con las dinámicas internas de los clubes. El alero recuerda que todavía tenía contrato en vigor y que el proceso no dependió únicamente de su voluntad: «Tenía un año más de contrato con Olympiacos, así que no es que yo me fuera. Olympiacos entró en negociaciones con el Barcelona. Si lo miras desde el lado del negocio, era como: tenemos a Spanoulis, a Printezis, a Lucas, a Mantzaris… no es que se fuera a derrumbar todo el proyecto».

Cuando le comunicaron que había acuerdo entre clubes, se resignó: «Después de que Olympiacos llegara a un acuerdo con el Barcelona, pensé: bueno, supongo que ya no me quieren aquí, así que quizá es el momento de seguir adelante». Tuvo que aceptar lo que había, porque no le plantearon ninguna alternativa: «No voy a decir que me sentí herido, pero fue como… si ellos también lo quieren así…».

Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

Pero sobre su etapa en el Barça no habla mal en absoluto. Era la primera vez que salía de Grecia y asumía un rol protagonista en otro país. «Todo era diferente: nueva liga, nuevo país, todo era nuevo para mí. Fue un poco aterrador, porque tenía 23 años y nunca había jugado fuera de Grecia. Y tuve un entrenador increíble, una persona y un entrenador increíble, Xavi Pascual. Tuve grandes compañeros que me ayudaron mucho Fue un año muy exitoso».

Kostas Papanikolau y Olympiacos

Lo que sí que explica el jugador es que Olympiacos es un club marcado por la cultura obrera del puerto del Pireo. La exigencia de la grada, explica, no pasa necesariamente por ganar cada partido, sino por competir cada balón como si fuera el último: «Nuestros aficionados dicen algo muy claro: no nos importa ganar todos los partidos. Claro que queremos ganar, pero lo que queremos es que luchéis por cada posesión. Mientras luches por cada balón, estaremos contigo. En el momento en que dejemos de ver esa pelea, nos perderás».

Para él, esa mentalidad conecta directamente con la vida de la gente del puerto. «Somos un equipo del puerto. La gente aquí trabaja duro toda su vida. Quieren ver espíritu de lucha. No quieren ver jugadores que tengan miedo de tirarse al suelo por un balón».

Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

Tener ese mismo ADN, con el paso del tiempo y tras un gran periplo, le ha llevado a volver y convertirse en capitán: «Cuando llegué con 19 años nunca pensé que esto acabaría así», admite. Su estrategia fue otra: encontrar la manera de ser imprescindible. «Mi primer pensamiento fue: tengo que hacer lo que sea necesario para ser valioso para el equipo. Hacer algo que nadie más haga. Que dependan de mí por eso».

Todo gracias a dos referentes en el vestuario. De Vassilis Spanoulis y Georgios Printezis aprendió mentalidad, disciplina y forma de competir. «Fui muy afortunado de tener a esos dos al lado. Me enseñaron muchas cosas, no solo en la cancha, también en la manera de entrenar, de perseguir tus sueños».

Aunque su de capitanía es más sobrio. «No soy el tipo que va a gritar todo el tiempo. Creo que somos adultos. No creo que vaya a cambiar algo si te grito. Creo que puedo influir más hablando con sentido común y dando ejemplo».

La infancia

Al recordar de dónde viene, Papanikolau siente nostalgia de años en los que la vida era más sencilla: «Vivíamos en una comunidad pequeña. Éramos libres. Nos encontrábamos en la plaza, nuestros padres no tenían miedo de que pasara algo. Yo volvía caminando a casa con diez años por la noche. Hoy no dejaría a mis hijos hacerlo en Atenas».

Spanoulis y Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Spanoulis y Papanikolau (Foto: Cordon Press)

Eso sí, no eran una familia en una situación boyante: «Venimos de una familia muy humilde. Apenas llegábamos a fin de mes». Su padre, policía de profesión, omó decisiones que marcaron su carrera deportiva. «Se retiró antes de tiempo para no dejarme solo cuando firmé con Aris. Podía haber esperado unos años más para tener una pensión mayor, pero dijo que no le importaba. No quiso que su hijo estuviera solo. Condujo siete horas, durmió en el coche, me vio jugar y al día siguiente volvimos. Nunca nos faltó amor».

Pero esos años de carestía fueron muy educativos para él: «No nos decían ‘no queremos comprártelo’, nos decían ‘no podemos permitírnoslo’. Desde pequeños entendimos que había problemas económicos». Por eso el baloncesto era una vía para ayudar en casa. «Vi una salida para ayudar a mi familia. Quería que mis padres dejaran de sentarse a hacer cuentas para ver cómo llegar a fin de mes».

De hecho, a él le llevó al primer equipo que Olympiacos andaba corto de cifras: «La suerte es una parte muy grande de nuestra vida y del deporte. El club decidió bajar el presupuesto y el entrenador dijo: voy a poner a estos chicos de 20 años a ver qué pueden hacer. Si hubiera estado otro entrenador, quizá no habría tomado esa decisión».

En la NBA

En la NBA, la exigencia diaria cambió por completo su percepción del cuerpo: «El primer día entendí que esto era diferente a todo lo que había vivido», recuerda. Cuenta que en Houston tenían una prueba física que consistía en recorrer la pista de línea a línea treinta veces en dos minutos. «Hice 22 o 23 y casi vomito. Ahí me di cuenta de que esto no era nada a lo que estuviera acostumbrado». Las rutinas tampoco daban tregua, cuatro sesiones de pesas por semana en plena temporada, trabajo explosivo, cargas máximas. «Iba al pabellón a las nueve de la mañana y volvía a casa a las cuatro de la tarde. Cada día». De aquella experiencia extrajo una conclusión: «El cuerpo humano no tiene límites. Cuanto más lo empujas, más te devuelve».

Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

Sobre James Harden destaca su inteligencia competitiva y su capacidad para convertir el contacto en ventaja. «La forma en que leía el juego, cómo provocaba la falta, cómo se enganchaba al defensor y aun así anotaba… es un arte». Pero si alguien le dejó realmente asombrado fue Stephen Curry. «Cuando empezó Curry… Dios mío. Ese tipo estaba en otro nivel. En otro planeta». Lo describe como un movimiento constante, casi imposible de seguir: «Solo corría, corría y corría. Salía de los bloqueos, recibía mano a mano y volvía a salir. Era durísimo».

En esa categoría de jugadores «de otro planeta» sitúa también a Kevin Durant y LeBron James. Con Durant dice que había poco que hacer: «Cuando levanta el balón por encima de la cabeza, se acabó. Es decisión suya si la mete o la falla. Nadie puede defenderle». De LeBron recuerda una acción concreta que explica bien cómo es su físico: «Pensaba que lo tenía, que no tenía dónde ir… y en un segundo ya me había pasado. Es una fuerza de la naturaleza». Incluso Derrick Rose, ya lejos de su pico tras la lesión, le sorprendió por la velocidad: «Era rapidísimo incluso después de la lesión».

La selección

Si Papanikolau tiene una certeza en baloncesto, es la selección griega, un compromiso innegociable. «Mientras me sigan llamando, iré. Es un honor estar allí. No es que ellos me deban algo a mí; yo les debo a ellos. La selección me dio la oportunidad de tener la carrera que he tenido. Nadie me conocía antes de eso».

Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. Hubo años de frustración, eliminaciones dolorosas y oportunidades perdidas. Evoca especialmente la derrota en el Eurobasket de 2022 como un golpe difícil de digerir. «Estaba muy mal. Pensaba: si no es este año, ¿cuándo?». La sensación de haber dejado escapar una ocasión irrepetible le acompañó durante meses.

El baloncesto actual

Donde ya no conecta tanto es con la tecnología que domina el baloncesto hoy. «Ahora vivimos en la era de Internet, de Instagram. Es bonito jugar un partido, cortar el vídeo y subirlo: mira cómo anoto», admite. Pero enseguida marca distancia: «Nada de eso reemplaza el trabajo duro de verdad».

Su crítica no va dirigida a los jóvenes, sino a la mentalidad. Recuerda que las grandes figuras del baloncesto griego no construyeron su legado a base de publicaciones, sino de horas invisibles. «¿Crees que Spanoulis, Papaloukas, Diamantidis tenían redes sociales para mostrar que estaban anotando o entrenando? No. Trabajaban».

entre los 15 y los 25 años, prácticamente no conoció vacaciones. «No celebraba Navidad, ni Semana Santa, ni nada. Estaba en campus, entrenando. Estaba persiguiendo mi oportunidad No hay otra manera. Tienes que trabajar para ganártelo. Nada te será regalado».

Identidad defensiva

Así forjó él su rol sobre la cancha. Desde joven entendió que, en un vestuario lleno de talento ofensivo, su lugar debía construirse desde otro sitio. «El entrenador me dijo: no me importa cuántos puntos anotes, quiero que no recibas ni una canasta fácil de tu jugador y que cojas todos los rebotes que puedas. Si haces eso, jugarás».

Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)
Kostas Papanikolau (Foto: Cordon Press)

La defensa, explica, no es solo actitud; es preparación. Papanikolaou insiste en el valor del estudio previo, del scouting detallado. «Una parte muy importante es conocer al jugador al que te vas a enfrentar. Todos tenemos tendencias. Cuando estás cansado, vuelves a lo que más te gusta hacer». Su trabajo consistía en detectar esos hábitos y cortar la ventaja antes de que apareciera. «Si sabía que quería ir siempre hacia la derecha, intentaba forzarle hacia la izquierda. Son pequeños detalles».

Nunca le obsesionó el número de puntos. Su ambición era otra: hacerse imprescindible. «Yo no quería ser el máximo anotador. Quería ser importante». Esa mentalidad explica por qué nunca sintió que su rol estuviera limitado. Para él, el baloncesto es un engranaje donde cada pieza cumple una función. «En una máquina necesitas cada pequeño engranaje para que todo funcione. Yo quería ser ese engranaje».

Con el paso de los años, la experiencia ha compensado lo que el físico ya no puede dar como antes. «Hay jugadas que hoy leo mejor que cuando tenía 22 años», admite. La energía puede variar, pero la lectura del juego crece. Y ya no hace falta brillar, simplemente apoyar y sostener el equipo, Ccmo un estibador más del puerto del Pireo.

2 comentarios

  1. Pingback: Kostas Papanikolau repasa su carrera: del Olympiacos al Barça, la NBA y su regreso como capitán - Hemeroteca KillBait

  2. Aparte de «fusilar» entrevistas de otros, encima manipulan. El juntaletras titula algo relacionado con el equipo que soborna. En el cuerpo de la entrevista, no supone ni el 1 % de los comentarios del jugador griego, pero así, manipulando, es como sobreviven estos de la esquinita.

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