
Afronta su última temporada como profesional con 40 años. El suizo Stan Wawrinka fue capaz de ganar tres Grand Slam y, sobre todo, de hacerlo en una época en la que competía contra Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic. Su revés a una mano y su determinación, su fortaleza mental, con las que conquistó el oro olímpico por parejas junto a Federer, también forman parte de la historia. En una entrevista en el canal del Open de Australia ha repasado toda su historia y ha dejado claro cuáles son sus tenistas favoritos.
Su preferencia actual en el circuito está clara. Es seguidor del español Carlos Alcaraz: «soy muy fan de Alcaraz, me encanta verlo. Creo que lo que hace en la pista es… puede hacerlo todo. Siempre sale algo diferente de su raqueta y, sí, es un deportista increíble y un tenista increíble». Y no es una conclusión que haya extraído desde el sofá de su casa, ha peloteado con él, «en los últimos años hemos entrenado bastante».
Del rival del murciano en la final del último Open de Austrialia, Djokovic, explica cómo en un partido contra él tuvo una revelación. Se dio cuenta de que podía ganar a los mejores: «Un año antes, en 2013, cuando perdí contra él 12-10 en el quinto set. Fue una derrota durísima, pero fue la primera vez que algo hizo clic en mí mentalmente. Empecé a creer que podía ganarles, que podía hacerlo una y otra vez. Y eso fue lo que ocurrió al año siguiente».
Cuando ganó a Nadal en la final del Open de Australia de 2014, a Rafa Nadal, en cuatro sets, fue prácticamente el mejor momento de su vida: «Fue una noche increíble, de unos recuerdos increíbles. Ganar un Grand Slam es algo muy especial. Es el máximo objetivo que puedes tener en el tenis. Es el torneo más importante que quieres ganar y que puedes ganar».

Le costó lo suyo llegar: «Tenía 28 años en ese momento, no era joven en el circuito. La emoción que sentí cuando gané… se me pasaron por la cabeza todos los recuerdos de los últimos años, los entrenamientos, los sacrificios, la disciplina y todo lo que había pasado para llegar a conseguirlo».
El último año de Stan Wawrinka
En este 2026, Wawrinka insiste en que no se va a pasear diciendo adiós. Asegura que va a competir en cada partido, aunque sea el último que dispute en cada lugar: «No vengo a mi último año solo para despedirme y jugar este torneo. Vengo aquí como competidor. Quiero ganar todo lo posible».
Quiere cerrar el círculo con dignidad y con resultados: «Me encantaría terminar mi carrera dentro del top 100 del mundo al final de la temporada. Eso significa que necesito ganar partidos». Y para lograrlo está dispuesto a ajustar su calendario, incluso bajando de categoría si hace falta: «También voy a jugar algunos challengers, torneos de otro nivel, porque al final quiero hacer un año completo y lo mejor posible a mi edad y en el momento en el que estoy ahora».
Cuando se le pregunta por el legado que dejará, Wawrinka duda. No quiere ser él quien lo cuente, casi prefiere que sean otros quienes lo definan. Pero, presionado a contestar, se queda con su perseverancia: «No lo sé… quizá alguien que nunca se rindió. Alguien que mostró la pasión por este deporte».
Más que los títulos, le interesa lo que su carrera pueda significar para otros, sobre todo para los jóvenes que empiezan. Wawrinka insiste en que su historia demuestra que el sueño es posible: «Alguien que enseñó que los sueños se pueden alcanzar, da igual…». Deja claro que en el tenis no existe una única receta para triunfar: «Esa es una de las cosas buenas del tenis: no hay solo una manera de ganar Grand Slams o de llegar a tu mejor nivel».

Intenta que la gente crea en un tenis que tire al hedonismo, a lo lúdico, a disfrutar, pese a lo que cuesta convertirse en tenista: «Lo más importante es que disfrutes lo que estás haciendo, que sigas siendo un apasionado. No olvides que el tenis es un juego. Juega el juego. Disfruta de esta vida», afirma.
El revés
No obstante, se le recordará por uno de sus golpeos. Uno de los símbolos más reconocibles de Wawrinka ha sido siempre su revés a una mano, un golpe casi clásico en un tenis cada vez más dominado por la potencia y el revés a dos manos. Pero no fue un gesto natural desde el inicio. Él mismo cuenta que comenzó de otra manera: «Empecé con revés a dos manos cuando empecé a jugar al tenis, a los ocho años».
El cambio llegó pronto, casi por intuición de su primer entrenador. «Cuando tenía 11 años, él se dio cuenta de que mi revés no era realmente natural. Así que me pidió que lo cambiara a revés a una mano», explica. La transición no fue sencilla. Wawrinka admite que modificar un golpe tan estructural siendo niño tiene un precio: «Cuando eres joven, cambiar de dos manos a una mano es difícil, porque no tienes la misma potencia. No vas a ganar tanto al principio porque estás cambiando el revés».
Aun así, aceptó el reto porque el golpe le resultaba más orgánico. «Para él parecía mucho más natural. Yo estaba feliz de cambiarlo y así fue como empezó», dice. La comodidad, sin embargo, tardó años en llegar: «Por supuesto que lleva tiempo… a esa edad no es tan potente, es difícil simplemente devolver la pelota. Probablemente fue hacia los 15 o 16 cuando me sentí realmente cómodo».

Wawrinka cree que el revés a una mano no desaparecerá, pese a que cada vez sea menos frecuente. «Siempre va a haber jugadores de primer nivel con revés a una mano. Para mí es uno de mis golpes favoritos de ver», afirma. Y señala a un heredero actual, un jugador que le entusiasma por estética y talento: «Ahora uno que me encanta es el revés de Musetti. Es un tenis precioso y su revés es increíble. Es muy bonito de ver».
El secreto del tenis suizo
El orgullo suizo también aparece en la conversación. Le preguntan por el «secreto» de un país pequeño que, sin embargo, ha producido una cantidad extraordinaria de campeones: Federer, Hingis, él mismo, medallistas olímpicos, jugadores top-10. Pero Wawrinka no cree que haya una fórmula mágica. «No creo que haya ningún secreto. Si lo hubiera, sería todo muy fácil».
Para él, la explicación es más simple y más humana, todo se basa en la continuidad de los referentes. «Hemos tenido mucha suerte en Suiza de contar con tantos grandes campeones en el pasado. Y en cada generación hemos tenido un campeón, ya fuera en el tenis femenino o en el masculino. Eso probablemente ayudó a la generación joven a querer formar parte de este deporte».
Pero no hay un sistema centralizado ni una escuela única, sino más bien de trayectorias individuales. «Si lo miras un poco, siempre fueron atletas individuales, con su propio entrenador privado y su propio equipo privado, los que consiguieron cosas», señala. Y vuelve a insistir en que no hay receta universal: «No sé qué más decir. Si hubiera un secreto, me lo guardaría para mí… ¡pero no hay secreto!».
Pelotear con 40 años
De lo que sí puede hablar es de su secreto de la longevidad, aunque sabe que el tiempo ha pasado y ya no es el mismo: «Siempre he sido honesto conmigo mismo. Tengo 40 años, así que por supuesto que nunca voy a ser tan bueno como hace diez años», admite. Pero su ambición no ha desaparecido, solo se ha transformado: «Estoy intentando empujar ese límite. Estoy intentando ser la mejor versión que puedo ser hoy».

Lo importante, insiste, es que todavía entra a la pista con fe. «Hoy siento que cuando entro en la pista soy competitivo. Siento que puedo ganar a algunos jugadores. No a todos, probablemente, pero a algunos sí». Y esa sensación, a su edad, es suficiente para seguir. «Entro a la pista pensando: sí, puedo hacer cosas buenas».
Eso no quita que no haya achaques. En los últimos años, la carrera de Wawrinka también ha sido una lucha contra el cuerpo. Habla de cirugías, de dolor y de largos regresos, especialmente en la rodilla y en el pie. «Fueron años realmente duros, con la rodilla, con el pie y todo eso. Hubo momentos complicados, sobre todo porque el pie me llevó un año entero volver», recuerda. La lesión más grande llegó cuando estaba en uno de los mejores momentos de su vida deportiva: «Mi primera gran operación de rodilla fue en 2017, cuando estaba en mi mejor ranking, jugando mi mejor tenis. Pero tuve que pasar por esa cirugía».
Aun así, su motivación siempre fue la misma, no acabar su historia desde una camilla. «Mi sueño es no terminar por una lesión, sino terminar de una manera en la que sienta que todavía puedo ser competitivo», explica. Por eso siguió insistiendo, incluso bajando el nivel de los torneos, sin que eso le afectara en lo esencial. «Jugar algunos grandes torneos, pero también torneos más pequeños, challengers, no es un problema. La pasión sigue ahí», dice. Porque lo que lo sostiene no es el escenario, sino el vínculo con el juego: «Amo este deporte. Amo el proceso. Amo practicar. Disfruto la emoción que siento cuando juego».
Por último, le preguntan por una de las frases más famosas del tenis, la cita de Samuel Beckett que lleva grabada: «Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better» («Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor»). Para Wawrinka, resume mucho más que una carrera deportiva: «Eso no es solo tenis. Es la vida en general. Siempre tienes que levantarte otra vez».
En el tenis, insiste, perder no puede ser un estigma. Es parte del oficio. «Incluso cuando estás en lo más alto, no ganas todos los torneos. Siempre acabas perdiendo un partido, un torneo», explica. Por eso defiende una pedagogía distinta: «No enseñamos lo suficiente a los jóvenes que perder no es algo negativo. No es siempre malo. No es: pierdes, eres malo. No. Tienes que aprender de ello». Porque este deporte, como la vida, está hecho de derrotas inevitables: «Si vas a jugar al tenis, vas a terminar perdiendo muchos puntos, muchos partidos, muchos torneos. Así que necesitas encontrar una manera de seguir siendo positivo con eso».


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