Perfiles

Ben O’Connor: «En el Tour, las cámaras y micros de Netflix eran lo peor, se colaban en el bus, nos pillaban cabreados, tirando cosas…»

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Ben O’Connor (Foto: ROADSIDE CYCLING)
Ben O’Connor (Foto: ROADSIDE CYCLING)

Uno más de los australianos del pelotón, Ben O’Connor, del Jayco-AlUla, ha recordado su escalada más dura, el camino hacia la elite en una entrevista en Roadside Cycling. Entre caídas, episodios clave y la vida cotidiana del pelotón, ha destacado su opinión de las cámaras y micrófonos de Netflix, que considera invasivos y una herramienta ideal para sacar de contexto lo que ocurre durante la carrera.

Los presentadores, Tom y Jet, le preguntan por la plataforma, ya que sospechan que se fuerza la realidad para que sea «puro show», «un poco mentira». La respuesta: muchos corredores acaban molestos después de las etapas, por mil razones: por su rendimiento, por algún conflicto con alguien… y el cámara estaba por ahí antes, escondido en algún sitio. muchas veces, cuando entrabas al bus, ellos se colaban también con la cámara. Eso era un poco un ‘no deberíais hacer esto’. Con el tiempo lo frenaron, pero ya tenían imágenes de gente entrando al bus enfadada, y la cámara ahí delante».

Pero no eran solo las cámaras: «Lo peor eran los micros. No solo para un protagonista, para todos. Había micrófonos plantados en el bus, delante o en medio. Los equipos les dejaban ponerlos donde quisieran, porque pagaban una cuota y había dinero de por medio».

Aunque había algo de control: «Los equipos podían decir que sí o que no a ciertas cosas. Por ejemplo: nada de audio en el baño, obviamente. Y también se suponía que el equipo tenía cierto control editorial. El responsable de prensa del equipo veía todo lo que iba a salir y podía aprobarlo o rechazarlo».

Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)
Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)

Sin embargo, seguía habiendo problemas de manipulación sacando situaciones de contexto: «A mí me mandaron un clip del Tour 2023. Sale el jefe del equipo gritándome porque yo me había parado en una etapa. Pero lo que no enseñan es que al final del día estaban diciendo por la radio que un compañero tenía que esperarme… y yo llevaba desde la mañana diciendo: ‘no me esperéis, hoy voy a parar’. Entonces queda como si yo fuera el problema, pero está sacado completamente de contexto. Eso es lo que hacen: construyen una narrativa».

El australianismo de Ben O’Connor

Ben O’Connor explica que la presión que experimentó en el Decathlon, una escuadra francesa, se vive de manera completamente diferente, sobre todo cuando todo el calendario gira alrededor del Tour. Tras su cuarto puesto en la general, el foco sobre él llegó a ser insoportable: «Desde fuera, en Australia, parece mucha presión mediática, pero no es nada comparado con estar en un equipo francés y terminar cuarto. Para ellos es gloria absoluta. Te fichan por poco, ganas una etapa y haces cuarto, y de repente todo se construye alrededor de ti. ‘Ahora tenemos un trabajo enorme’, me dijeron. Y es así: de pronto tu carrera cambia, ya no es lo mismo».

Esa dinámica, dice, convierte el Tour en un territorio muy exigente mentalmente: «Es duro lidiar con esa intensidad, con esa presión que está siempre ahí. Durante el Tour todo se vuelve francés, todo lleva a Francia. Y hay cosas que acaban siendo agotadoras, que te pregunten constantemente cómo estás. Parece algo normal, pero llega un punto en que sientes que están intentando medir tu estado emocional todo el tiempo. ‘¿Está enfadado? ¿Está bien? ¿Está frustrado?’… y además está la barrera del idioma. Mi francés era todavía muy limitado, así que había malentendidos, pequeños choques».

En ese contexto, valora especialmente el cambio cultural que ha encontrado en Jayco-AlUla, donde son australianos. Para él, son más honestos: «Creo que los australianos, por naturaleza, somos bastante buenos diciendo las cosas de frente. Y también criticando de manera justa. Eso es lo que más ha destacado en este equipo, la honestidad. Ser capaz de decirte: ‘hoy has tenido un día terrible, hoy has estado mal’. O al revés: ‘hoy has hecho un gran trabajo, pero no estuviste ahí para rematarlo’. Hablarlo claro es algo que aquí hacen muy bien».

Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)
Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)

O’Connor contrapone esa cultura, más sincera, con lo que vivió en Francia: «En otros equipos, en Decathlon en particular, eso faltaba. El aire no siempre estaba limpio cuando debería haberlo estado. A veces daba la sensación de que la gente se cubría más de lo que tenía que cubrirse. No había una cultura real de debrief, así que las cosas se quedaban flotando. Aquí no: aquí se habla, se aprende y se pasa al día siguiente».

Puntos UCI vs mentalidad de ganar

O’Connor, además, entra en el debate que atraviesa hoy al pelotón:, la obsesión por los puntos UCI frente a la ambición deportiva clásica. Reconoce que el sistema está diseñado para premiar la acumulación en carreras menores: «Con el sistema tal como está montado, las carreras de un día son la manera de conseguir puntos. Puedes arrasar. Si mandas a un corredor fuerte a pequeñas carreras italianas con una subida, puede ganar y sumar una cantidad enorme de puntos. Es fácil».

Sin embargo, insiste en que dentro del equipo la consigna sigue siendo otra: «En Jayco, el mensaje principal fue claro: ganar. No preocuparse por los puntos. Ganar. Esa sigue siendo la mentalidad. Pero todos los equipos de nuestro nivel tienen que ser conscientes de ello, porque el cambio puede ser rápido. Un año estás abajo y al siguiente puedes transformarte».

Más que una cuestión de calendario, para él el problema está en cómo se corren los finales, incluso cuando se llega con ventaja numérica. Pone un ejemplo concreto de frustración táctica: «Una cosa que podríamos haber cambiado es intentar tener más corredores vivos en el final. Este equipo ha nacido de domésticos que se sacrifican para dejar a uno en la parte decisiva, pero a veces necesitas dos o tres. Este año en Lieja llegamos con números: éramos cinco en el final. Y aun así, trabajamos, nos sacrificamos, llegamos al sprint… y Matthews queda bloqueado, también Mauro queda bloqueado, hacen 20º, y sales con nada, pese a ser el equipo con más gente ahí».

Su reflexión es amarga, la superioridad no garantiza el resultado: «Eso es lo que pasa: puedes hacer todo bien, puedes llegar con ventaja, y aun así salir sin nada. Es un deporte tan delicado, tan frustrante… pequeñas cosas tienen consecuencias enormes».

Tampoco estuvo bien en Italia

O’Connor admite que sus primeros años en el World Tour estuvieron la soledad, la nostalgia y la sensación de no estar preparado para una vida tan europea. «Yo nunca había vivido fuera de casa», reconoce, al recordar su primera temporada completa. Vivía en Lucca, en la Toscana, un lugar privilegiado, pero se le hizo cuesta arriba: «Era un pueblo pequeño, y no sabía cómo moverme, cómo conocer gente. Pensaba que ser profesional era quedarte en casa, ser serio, no salir… pero al mismo tiempo no lo llevaba bien. Me iba a comer helado todo el rato porque estaba triste. Pizza en cada esquina… era fantástico, pero a la vez era triste, solitario».

Ben O'Conno (Foto: Cordon Press)
Ben O’Conno (Foto: Cordon Press)

Ese choque entre el ideal romántico del ciclismo y la realidad cotidiana le pasó factura. O’Connor admite que casi acaba con él: «Me encantaba, pero al mismo tiempo era realmente difícil. Podría haber girado hacia otro lado muy rápido. Podría haber sido un ciclista terrible y haberlo estropeado enseguida».

Acabó suplicando volver antes de tiempo. «Llamé a Ralph después de Canadá, después de Montreal, y le pedí por favor que no me mandara a otra carrera. Solo quería irme a casa», confiesa. «Estaba desesperado. Estaba muy homesick. Nunca había estado lejos. Y fui muy sincero: ‘estoy así, estoy fatal’». Al final, fue una cuestión de supervivencia: «Me gustaba, sí, pero necesitaba volver. Estaba lejos de entender lo que era realmente ser profesional».

El cuarto puesto

Sin embargo, logró adaptarse a la exigencia de estar fuera de casa y a las carreteras europeas. El gran punto de inflexión en su carrera llega con su victoria de etapa en el Tour de Francia y el posterior cuarto puesto en la general: «La primera vez fue un shock, porque no lo veía venir. Había tenido un inicio terrible de Tour y de repente me encuentro delante pensando: ‘¿Qué estoy haciendo?’. Era mi primer Tour de verdad, y yo no estaba nunca en cabeza, siempre en medio, intentando sobrevivir».

La victoria no fue solo un éxito deportivo, sino una experiencia emocional: «Después es como… pensar cuánta gente te ha visto hacer algo increíble. Y cuánto significa para los demás. Vas caminando por la zona de meta, viendo las galerías, antes de llegar al autobús, y no puedes evitar pensar: ‘¿Qué estará haciendo mi mujer ahora mismo? ¿Mis padres estarán llorando? ¿Mis amigos estarán perdiendo la cabeza?’ Sabes que lo que acabas de hacer afecta a los demás de alguna manera».

Incluso durante la etapa, estuvo cerca del colapso emocional en plena subida final: «Fue difícil no tener un ataque de pánico en esa última subida. Pensaba: ‘Dios mío’. Porque todavía tenía que descolgar a algunos corredores. No era un día que estuviera hecho, era un día en el que todo dependía de mí». No era una victoria preparada por el equipo, sino una especie de hazaña individual: «No es que estés dando las gracias porque te han dejado perfecto. Es más bien: ‘¿Qué acabas de hacer tú solo?’».

Ben O'Connor (Foto: Cordon Press)
Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)

El después fue un caos extraño, una euforia contenida porque la carrera seguía. «Tuvimos dos cervezas, una copa de champán, y me fui a la cama», dice, pero el descanso era imposible. «El teléfono era una locura. No puedes responder a todo. Solo haces scroll, intentas ver cosas. Creo que dormí a las dos o tres de la mañana. Demasiado tarde. Pero era día de descanso al día siguiente, así que no te preocupas tanto».

Se dejó la piel. «Para mí fue el peor día en bici de toda mi vida», admite, consciente de la brutalidad del esfuerzo. Recuerda incluso cómo corredores consagrados estuvieron al borde del fuera de control: «Van Aert ese día estaba esprintando para entrar en el tiempo. Entró por cinco segundos. Greg Van Avermaet casi se queda fuera. Luego en la cena bromeaban: ‘Tú has tenido un día increíble y Greg estaba casi llorando, nunca había sufrido tanto’. Es el Tour: un día puede ser gloria para uno y el infierno para otro».

Esa victoria, y el cuarto puesto final en París, cambian su vida en un instante. «Tu vida pasa a ser completamente diferente», resume. «De repente ya no eres el mismo corredor. Todo el mundo te mira de otra manera. Y tú también entiendes que has cruzado una puerta que no se vuelve a cerrar».

Sufrir lo indecible

Con aquellos éxitos, O’Connor dice que pudo mirar hacia atrás y entender en perspectiva todo lo que había atravesado hasta llegar allí: los años de golpes, de dudas, de aprendizaje torpe, de episodios casi absurdos que, en su momento, parecían fracasos definitivos y que con el tiempo acabaron siendo parte del trayecto.

Uno de esos momentos decisivos llegó antes incluso de asentarse en Europa, cuando fue apartado del equipo sub-23 australiano tras un conflicto. «Usé la bici de Avanti y me llamaron a una oficina. El jefe me puso el contrato delante y me dijo: ‘Léelo’. Yo ya sabía lo que pasaba. ‘Sé que estoy usando la bici de Avanti, pero corro con ella en dos semanas’. Y él me contestó: ‘Sí, pero tú estás aquí en Bélgica con dinero público, esto es un programa del gobierno’. Y me dijo: ‘Puedes irte’. Yo respondí: ‘Vale, perfecto. Entonces me voy a Francia’».

Aunque aquello, que podía haber sido un portazo, terminó abriendo otra puerta. O’Connor voló a Chambéry, se quedó dos semanas, corrió una gran prueba y fue tercero. «Esa carrera fue prácticamente la que me consiguió el contrato World Tour después», así que no hay mal que por bien no venga.

Ben O' Connor (Foto: Cordon Press)
Ben O’ Connor (Foto: Cordon Press)

El salto al profesionalismo fue otro choque frontal. Entró en el World Tour casi sin experiencia real en Europa, y lo que encontró fue una velocidad y una dureza que no se parecían a nada. «Catalunya fue un ojo abierto enorme. Recuerdo la primera etapa, lo rápido que era todo. El Tour Down Under no era así». Las clásicas belgas, aún más: «Yo no sabía ni alimentarme. Paré en el primer avituallamiento porque no entendía nada. En aquella época el fueling ni siquiera era un tema. Comías lo que pillabas. Yo hacía entrenos de cuatro horas con dos barritas… y luego te preguntas por qué eres un ciclista terrible». Su primer año fue una escuela de las más duras: «No sabía correr, no sabía comer, no sabía colocarme. Era todo nuevo».

Con el tiempo, el lugar donde sintió de verdad que pertenecía a la élite no fue una clásica ni una semana, sino una gran vuelta. El Giro se convirtió en el escenario donde empezó a reconocerse como corredor. Habla de días icónicos, como aquella etapa del Finestre en 2018 en la que Froome reventó la carrera, y él estaba allí, en el grupo, sobreviviendo. «Fue la primera vez que sentí que realmente merecía estar en el World Tour». Pero también llegaron los errores y el castigo inmediato: «Lo triste es que luego la lié bajando hacia Sestriere. Me caí en una curva tonta. Me dejé llevar».

O’Connor insiste en que el sufrimiento no es un accidente, sino que forma parte de este mundo. «Una cosa que aprendes es que prácticamente en cada gran vuelta hay un momento terrible. Siempre. Cada vez», dice. «Nunca he hecho una gran vuelta en la que haya sido como ‘vale, todo bien’ durante toda la carrera. En todas he tenido una experiencia horrible. Siempre. Un desastre».

Y empieza a enumerar. «Esa, por ejemplo», dice del Giro de 2018, «acabó con la clavícula. En 2019, las dos grandes vueltas que hice fueron terribles. En el Giro era literalmente el último hombre cada día. Absolutamente el último. Y luego en la Vuelta estaba en escapadas, pero estaba… no estaba bien, estaba pasado de peso, no estaba en forma, no estaba siendo profesional. Tenía amigos que vinieron a España antes y yo llegué a esa carrera sin estar bien. Nada bien».

Ben O'Connor (Foto: Cordon Press)
Ben O’Connor (Foto: Cordon Press)

En 2020, recuerda, el sufrimiento fue todavía más físico. «También fue lo mismo: un inicio horrible del Giro. Me puse enfermo. Casi no termino la etapa esa de Ganna en la niebla, porque no podía comer. Tenía un problema de estómago. Y solo terminé porque no tenía contrato. Estaba con un año de contrato y pensé: si no acabo, se acaba todo».

Hay veces en que no sigues por gloria, sigues por supervivencia. «Solo terminé porque no tenía contrato», aclara. Incluso cuando habla de sus mejores días, aparece siempre esa idea de resistencia al límite, de estar «aguantando». «Yo siempre era el último hombre», recuerda. «Siempre esa situación de ir colgado atrás, aguantando, aguantando». Y concluye: «Las grandes vueltas son lo que más amo del ciclismo… pero también son donde siempre hay un momento en que todo se rompe. Siempre».

 

 

Un comentario

  1. Pingback: Ben O’Connor critica la invasión de Netflix en el Tour y reflexiona sobre su carrera ciclista - Hemeroteca KillBait

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