
El 9 más codiciado del mundo, el noruego Erling Haaland, ha pasado por The Rest Is Football de Gary Lineker para celebrar que ha sido el jugador que más rápido ha alcanzado los 100 goles en la Premier League. El delantero ha hablado, sobre todo, de Pep Guardiola, que fue quien le hizo fichar y romper una tendencia en la que todos los cracks europeos acababan en Madrid o Barcelona.
«Guardiola me dijo que lo único que podía prometerme era un fútbol increíble y muchos goles», así resume la llamada previa a su fichaje por el Manchester City, una conversación directa y sincera que, según explica, encajó con lo que buscaba en ese momento de su carrera.
Haaland describe a Pep Guardiola como un técnico «intenso», al que no duda en calificar «casi como un genio», aunque subraya que lo que más le ha impresionado no ha sido ni su fama ni su discurso, sino el trabajo cotidiano: «Lo que más me sorprendió es que trabaja más que nadie en el club: es el primero en llegar y el último en irse, cada día».

El noruego insiste en que Guardiola fue una razón importante para elegir al City, pero matiza que no se fichó únicamente por el entrenador, consciente de que en el fútbol moderno todo puede cambiar, de hecho, su padre le alertó de que de un día para otro todo puede ser distinto. Aun así, reconoce que está de acuerdo con su filosofía y su idea de juego: «Pep llevaba tiempo jugando sin delantero y le gusta tener la pelota, y yo pensaba: imagina que llego yo, Ederson metiendo balones a la espalda y yo corriendo y marcando».
Erling Haaland, hombre récord
Y acertó con su decisión. La prueba es matemática, numérica: el récord de los 100 goles en un torneo como la Premier actual, la liga más dura del mundo. Un hito que le coloca en una línea histórica en la que aparecen nombres como Alan Shearer, Thierry Henry o Sergio Agüero.
Haaland reconoce que sabía que el récord era posible, pero insiste en que no vive pendiente de las cifras: «Sabía desde hacía tiempo que los 100 goles estaban ahí, que se podían romper, pero sinceramente no pienso demasiado en los récords. Hay uno que sí conozco, el absoluto, el de 260 goles; el resto no los sigo. Cuando pasan, pasan, y entonces es increíble».
El delantero admite que tomar conciencia de lo logrado llega siempre después, cuando se detiene y observa la dimensión del contexto: «Es bonito ver una lista con tantos grandes jugadores y poder superarlos. Eso lo convierte en algo histórico, especialmente en una liga como esta».
Sin embargo, incluso en un día señalado, su discurso solo puede pensar en su nivel de autoexigencia: «Podría haber marcado muchos más goles. Miras todas las ocasiones que fallé y te das cuenta. Incluso en el partido del récord, contra el Fulham, pegué dos balones al poste. Si hubiera estado un poco más concentrado en la definición, habría hecho un ‘hat-trick’. Esa es la realidad».
Esa insatisfacción permanente, incluso cuando los números lo sitúan en la cima, forma parte de una mentalidad que Haaland describe como una obligación profesional: «Es normal pensar así. Marcas, llegas a 100 goles, pero al final te vas a casa pensando que tendrías que haber hecho 101 o 102. Eso es lo que se te queda en la cabeza».

Una forma de entender el oficio que conecta directamente con su visión del gol, despojada de romanticismo: «El mayor cumplido que puedo recibir es que digan ‘otro gol fácil, otro tap-in’. Los goles fáciles son los mejores, porque lo más difícil en el fútbol es marcar».
Para Haaland, el récord no se explica por la espectacularidad, sino por la repetición obsesiva de gestos invisibles: «La mayoría de los goles se marcan dentro del área, muchos dentro de los cinco metros. Para eso tienes que colocarte perfectamente, y eso también es muy difícil. La gente no ve todas las carreras que haces, todos los desmarques que no reciben el balón».
La dureza de la Premier
El récord, insiste Haaland, cobra aún más valor por el contexto en el que se produce. Para el delantero, la Premier League no es solo una competición de alto nivel técnico, sino un entorno de exigencia física constante, muy distinto al que conoció en Alemania. «Es dura, es realmente dura», resume al comparar su experiencia en Inglaterra con su etapa en la Bundesliga, donde el juego era más abierto y de ida y vuelta. «En Alemania es más end to end, más espacios; aquí es más el contacto, los duelos, los choques. Cada partido es una batalla distinta».
Haaland pone ejemplos concretos para explicar esa diferencia, bajando el discurso al césped y a los emparejamientos semanales: «Juegas contra equipos como el Fulham y te encuentras con centrales enormes, fortísimos, cada uno con su propio plan. Miras el marcador y el partido acaba 5-4, y aun así ha sido un duelo físico brutal durante 90 minutos». Para el noruego, no hay encuentros menores en la Premier: «Cada equipo es competitivo, cada defensa te exige lo máximo, y eso no te da tregua nunca».
Esa dureza no se limita al partido, sino que se prolonga durante toda la semana. Haaland se queja de que el calendario inglés obliga a una gestión del desgaste físico y de la motivación mental: «Hay muchísimos partidos. Premier League, copas, Champions… Terminas uno y ya estás pensando en el siguiente, porque no hay tiempo». La recuperación, explica, se convierte en una parte central del trabajo: «Tienes que cuidar mucho más la recuperación y estar preparado todo el tiempo, porque cuando menos lo esperas es cuando te llega la ocasión».

Haaland recuerda que una temporada puede rozar los 80 partidos y que esa realidad obliga a cambiar la manera de entender el oficio: «No puedes jugarlo todo, es imposible. Hay que ser inteligente, pensar a largo plazo, porque la temporada es muy larga y todavía queda mucho cuando estamos solo en diciembre».
La obsesión por el gol
Por otro lado, el jugador ha explicado que marcar para él no es un extra, sino el centro de su identidad como futbolista: «Me encanta marcar goles», dice claramente. Es insaciable: «Cuando marcas pronto y luego no vuelves a hacerlo, al final del partido no estás del todo satisfecho. Siempre quieres más».
Esa insatisfacción aparece incluso en partidos resueltos o con cifras históricas. Haaland reconoce que su cabeza se va automáticamente a lo que no hizo bien: «Miro todas las ocasiones que fallé. Incluso cuando todo el mundo habla del récord o del gol, yo pienso en las que no entraron. Si hubiera estado un poco más concentrado, un poco más fino, podría haber marcado más. Esa es la realidad».
Frente a la crítica habitual que reduce su impacto a los llamados tap-ins, el noruego reivindica precisamente ese tipo de goles como una virtud: «El mayor cumplido que puedo recibir es cuando dicen ‘otro gol fácil’. Los goles fáciles son los mejores, porque lo más difícil en el fútbol es marcar».
En ese punto aparece uno de los aspectos menos visibles de su juego, los desmarques constantes que no siempre terminan en remate. «Haces carrera tras carrera, te mueves una y otra vez, y el balón no llega. La gente no ve eso, solo ve el momento final», explica, antes de insistir en que el verdadero trabajo del delantero consiste en estar listo para una oportunidad que puede no llegar nunca. «A veces solo tienes una ocasión en todo el partido. Y si no estás preparado mentalmente para ese momento, la pierdes».
Esa preparación, aclara, no se entrena solo con el balón, sino con la cabeza. «Tienes que estar al cien por cien, mental y físicamente, todo el tiempo. Porque cuando menos lo esperas es cuando aparece la ocasión». En un calendario comprimido, sin semanas limpias, no hay margen para arrastrar errores: «No tienes tiempo para pensar en la ocasión fallada, porque en tres días hay otro partido».

Ni siquiera la gestión de los cambios le resulta indiferente. Haaland admite que le cuesta salir del campo cuando está marcando, aunque lo acepte como parte del fútbol moderno: «Cuando marco dos o incluso cinco goles, claro que quiero seguir en el campo y marcar más. Eso es normal en un delantero. Pero también sería una falta de respeto mostrar enfado por el cambio, porque el compañero que entra merece su oportunidad y su momento». Unas declaraciones que cualquier aficionado español encontrará relacionadas con las escenas de Vinicius ante Xabi Alonso cada vez que le toca ir al banquillo.
Vuelve el fútbol directo
Sobre el juego que está de moda, el noruego es escéptico. Está convencido de que el fútbol se mueve por ciclos y de que Inglaterra está recuperando rasgos que parecían desterrados hace años. «Todo va por fases, es un ciclo completo», reflexiona, antes de señalar cómo el campeonato inglés ha virado de nuevo hacia un fútbol más directo, menos obsesionado con la posesión permanente y más atento al espacio: «Ahora ves más balones largos, más segundas jugadas, más situaciones en las que el partido se rompe».
Ese cambio, explica, no es una regresión, sino una adaptación. Haaland recuerda cómo durante años se dio por hecho que el fútbol de élite pasaba exclusivamente por acumular pases y dominar el balón, y cómo hoy vuelven a ganar peso recursos que parecían menores: «Hace unos años no habrías imaginado que un jugador de cien millones de libras estuviera sacando de banda largo en la Premier League».
El delantero evoca incluso ejemplos del pasado para explicar ese movimiento pendular. «Piensas en el Stoke City de Rory Delap y sus saques de banda largos, y parecía algo muy concreto, casi anecdótico. Ahora vuelve a verse, y no solo en equipos pequeños».
Esa mirada hacia atrás no es nostálgica, sino cultural. Haaland se define como «un poco old school», una influencia directa de su padre y de haber crecido viendo la Premier League de otras épocas: «Me gusta esa parte del fútbol de correr, chocar, disputar cada balón». Y sobre todo, por el eterno retorno, todo vuelve, y mejorado, en este deporte, cuando menos te lo esperas: «El fútbol siempre vuelve a encontrarse con cosas que ya existían».
Con Noruega
El discurso de Haaland cambia de tono cuando la conversación se desplaza hacia la selección noruega, donde cualquier éxito tiene mucho más mérito que en el millonario Manchester City. La clasificación de Noruega para el Mundial, 28 años después de su última presencia, es uno de los momentos más bonitos de su carrera. «He sentido la presión durante mucho tiempo», admite, consciente de que su figura ha pasado a representar las esperanzas de todo un país. «Siempre he pensado que, si yo fuera noruego y mirara este equipo desde fuera, también pondría la presión sobre nosotros».

Haaland reconoce que durante años convivió con la idea de no llegar nunca a disputar una Copa del Mundo con su selección: «Es difícil clasificarse, y cuantos más años pasan, más te preguntas qué está fallando. La última vez que Noruega estuvo en un Mundial fue cuando mi padre jugó; yo ni siquiera había nacido».
El delantero recuerda partidos concretos como señales claras de que el equipo había cambiado de mentalidad. «En el partido contra Moldavia, cuando marcamos tantos goles, se veía el hambre en los ojos de todos. Sabíamos que cada gol podía ser decisivo por la diferencia de goles», explica. No habla solo de su actuación individual, que fueron cinco goles y dos asistencias de nada, sino de una sensación compartida: «Ahí fue cuando pensé: ahora sí, ahora lo vamos a conseguir».
Pero asumir el papel de referencia absoluta tampoco le incomoda; al contrario, Haaland admite que se siente a gusto bajo esa exposición constante. «Me gusta la presión», dice, antes de matizar que ha aprendido a gestionarla tomando distancia de sí mismo. «A veces me miro desde fuera y pienso: estás jugando para el Manchester City en la Premier League y liderando a Noruega hacia un Mundial. Eso no es presión, es una oportunidad».
Un futuro seguro
Lejos del foco competitivo, Haaland explica que sigue una disciplina cotidiana estricta, marcada por una obsesión por la alimentación y la recuperación. «Comer bien es una parte muy importante del trabajo», señala, antes de recordar hasta qué punto ha cambiado la vida del futbolista moderno. Durante la temporada, el alcohol no entra en sus rutinas: «No bebo. Solo después de clasificarnos para el Mundial tomé algo, pero durante la temporada no».
Esa profesionalización extrema convive, sin embargo, con una relación casi obsesiva con el fútbol como espectador. Haaland se define sin dudar como «un fan del fútbol» y reconoce que ve partidos siempre que puede, incluso en casa: «Estamos cenando y miro si hay algún partido. Mi pareja me dice que está harta de ver fútbol todo el tiempo, pero yo soy así».

La mirada hacia el futuro aparece ligada a esa misma idea de estabilidad y crecimiento. Haaland acaba de firmar un contrato largo con el Manchester City y asegura sentirse tranquilo y convencido del camino elegido. «Las conversaciones con el club y con los responsables fueron muy importantes», explica. No cree que quedarse en Manchester sea estancarse: «Es un muy buen sitio para seguir mejorando».


Marco Mora, exlinier de Primera División
«Los arbitrios tienen miedo de pitar al Madrid »
«Estuve en la nevera por un fallo contra el Madrid »
Esto en època Negreira
Coges cinco partidos al azar del Real Madrid esta temporada y encuentras más ayudas arbitrales que al Barcelona en 17 años del bulazo Negreira. Y cuanto más roben, más vamos a ver a Florentino hablar del Barcelona en asambleas o cenas de Navidad.
Hala, rucio, a seguir rebuznando que es lo tuyo.
Les acojonan con los videos de Real Madrid TV y les hacen favores hasta a sus familias. Cuando se destape lo del Madrid lo de Negreira queda en anécdota.
El mayor escándalo de la época Negreira era el Barça de Pep Guardiola humillando al Real Madrid partido tras partido.
No olían la pelota, simplemente cine.
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