Historia del tenis

Nick Saviano: «Hasta Rafa Nadal ha dicho que nadie ha tenido nunca el control de la bola de Djokovic»

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Nick Saviano (Foto: Florida Tennis)
Nick Saviano (Foto: Florida Tennis)

Nick Saviano, uno de los entrenadores más influyentes del tenis estadounidense de las últimas cuatro décadas y exjugador profesional, ha repasado en Florida Tennis Magazine su trayectoria como coach de élite y su visión sobre el desarrollo del talento. En la conversación, ha dejado reflexiones sobre la importancia de los fundamentos, la mentalidad, el papel de los padres y el disfrute del proceso, además de análisis técnicos sobre figuras como Novak Djokovic, a quien define, citando a Rafa Nadal, como el tenista con mayor control de bola de la historia.

Sobre la figura de Novak Djokovic, a quien considera un caso único desde el punto de vista del control del juego, ha comentado: «Hasta Nadal ha dicho que no ha habido nadie con el control de bola que tenía Djokovic». Y su opinión no difiere: «Cuando Djokovic no estaba bien colocado, algo que muchas veces no se percibía por televisión, tenía ese pequeño matiz de levantar la pelota un poco más, ganando tiempo para dar ese paso extra de recuperación y obligar al rival a esperar». Para Saviano, ese detalle aparentemente invisible era una de las claves de su dominio continuo, la capacidad de defenderse sin perder la iniciativa y de gestionar el punto con una precisión casi quirúrgica. «Era simplemente brillante», ha concluido.

En ese análisis del tenis actual, Saviano también se detiene en Jannik Sinner, un jugador al que valora enormemente, aunque detecta algunas limitaciones en su forma de gestionar los puntos. «Si yo tuviera un jugador que jugara como Sinner, estaría muy contento», aclara de entrada, antes de precisar que su tenis es el de un jugador «más lineal, más directo», por una cuestión física y estructural. «Es más alto, más largo, su juego va a ser más recto y más potente», explica.

Nick Saviano
Nick Saviano

El problema, a su juicio, aparece cuando no calibra suficientemente esos matices: «No ajusta lo bastante la altura de la pelota, no abre la pista lo suficiente, es demasiado bang bang». Y advierte de una consecuencia clave: «A veces se mete en problemas a sí mismo», porque cuando golpea fuerte sin estar bien colocado, la pelota «bota justo en la zona de impacto del rival» y le devuelve la iniciativa.

Frente a ese modelo, Saviano muestra una clara admiración por Carlos Alcaraz, a quien ve mejor preparado para sostenerse en la élite a largo plazo. «El jugador que realmente me impresiona es Alcaraz», asegura. A diferencia de otros perfiles, destaca en él una combinación de recursos físicos, técnicos y mentales que lo hacen más resistente al paso del tiempo. «Creo que va a estar ahí durante muchos, muchos años», señala.

En ese contexto, introduce también una reflexión más amplia sobre los objetivos y la presión en el alto rendimiento, a propósito del discurso que rodea a Alcaraz. «Creo que es un error plantearse como meta ser el mejor de todos los tiempos», advierte, porque es un objetivo que el jugador no puede controlar y que genera una presión innecesaria. En su lugar, defiende otra idea: «El objetivo último tiene que ser alcanzar lo mejor que puedas llegar a ser». Y resume: «Nadie puede impedirte perseguir eso».

Nick Saviano, maestro de las grandes figuras

Saviano repasa también su trabajo con jugadoras de élite, un recorrido que comenzó casi de manera accidental y que acabó marcando una parte central de su carrera como entrenador. La primera fue Jennifer Capriati, con quien empezó a trabajar cuando aún estaba vinculado a la federación estadounidense. «Stefano Capriati me pidió que trabajara con su hija y lo consulté con la USTA», recuerda. Aunque rechazó convertirse en su entrenador a tiempo completo, mantuvo una relación cercana y constante: «Jennifer estaba en nuestra casa prácticamente todos los días», revela.

Nick Sabiano y Jonathan Stark (Foto: savianotennis.com)
Nick Sabiano y Jonathan Stark (Foto: savianotennis.com)

Más adelante llegaron otras colaboraciones puntuales pero de gran importancia, como con Monica Seles, que le pidió una ayuda muy concreta con el saque en un momento clave de su carrera. «Me pidió que trabajara con ella en el servicio porque tenía problemas para ganar a Venus y Serena», explica. Y también destaca su personalidad y su actitud: «Era brillante, increíblemente humilde».

Con el paso de los años, ya al frente de su propia academia, Saviano empezó a trabajar con una nueva generación de talentos femeninos desde edades muy tempranas. Entre ellas, Sloane Stephens, que llegó con once años, Eugenie Bouchard, Laura Robson o Monica Puig, a la que acompañó en su desarrollo antes de convertirse en campeona olímpica. De Robson recuerda su precoz impacto: «Vino con 12 años, entrenó diez semanas con nosotros y luego ganó Wimbledon júnior». En todos los casos, insiste en el mismo mensaje: «Nunca acepto crédito por los resultados de ningún jugador con el que he trabajado».

Esa misma filosofía la aplica a su relación con Amanda Anisimova, con la que trabajó durante una década, siempre en coordinación con su padre y otros entrenadores. «He pasado mucho tiempo con ella, pero hay mucha más gente involucrada», comenta. Más que un formador estricto, Saviano se define como un apoyo permanente: «Saben que siempre pueden llamarme, pedirme mi opinión o entrar en la pista conmigo».

Ese papel de asesor vuelve a repetirse en su vínculo con Coco Gauff, a quien empezó a ver de manera regular cuando aún era una niña. «Cuando vino por primera vez, supe que era realmente especial», recuerda. Aunque el trabajo fue intermitente y siempre con su padre como entrenador principal, Saviano destaca su carácter y disciplina desde el primer día. «Era respetuosa, muy trabajadora, extraordinariamente disciplinada». Y vuelve a marcar distancias: «Yo estaba ayudando, el entrenador principal siempre fue su padre».

Mónica Seles y Nick Saviano (Foto: savianotennis.com)
Mónica Seles y Nick Saviano (Foto: savianotennis.com)

En todos estos casos, Saviano insiste en esa idea que no para de recoradr: «Es ridículo que un entrenador se atribuya el mérito del desarrollo de un jugador. Solo aspiro a que miren atrás y piensen que les ayudé en su tenis y que también aporté algo valioso a su vida».

El Saviano jugador

Sobre sus orígenes como tenista en Estados Unidos, recuerda su progresión: «Siempre fui un buen atleta. Empecé a jugar en serio a los 12 años y a los 14 ya entrenaba a tiempo completo», explica.

Su desarrollo le llevó a destacar a nivel nacional y a convertirse en uno de los grandes proyectos universitarios del país: «Llegué a terminar tercero del ranking nacional y el número uno era Billy Martin, que era un año más joven que yo. Acabé yendo a Stanford con beca completa. No era un mal equipo: Gene Mayer, Sandy Mayer, Patrick Dupré, John Whittinger… prácticamente todos entre los 50 o 100 mejores del mundo».

Tras dos años en Stanford decidió dar el salto al profesionalismo, ya con ranking ATP. «Empecé a jugar torneos profesionales durante el año, subí hasta alrededor del 130 del mundo y después de mi segundo año decidí hacerme profesional», explica.

Su carrera se desarrolló en un contexto muy distinto al actual, con una fuerte presencia estadounidense en la élite. «En aquella época teníamos 48 jugadores estadounidenses entre los cien primeros del mundo. Estados Unidos dominaba completamente el tenis masculino».

Aunque admite sus limitaciones: «Fui un muy buen jugador, pero no fui grande». Alcanzó el top-50 del mundo, aunque reconoce que su trayectoria estuvo marcada por la irregularidad. «Era bastante inconsistente, tenía muchos altibajos, y eso se pagaba caro: perder en primera ronda tenía un coste enorme», explica.

Sobre su mejor ranking, añade: «Mi mejor clasificación fue 48 del mundo. Si se usara el sistema actual, quizá habría estado en el veintitantos, pero mi ranking entonces reflejaba exactamente el jugador que era».

Más allá de los resultados, Saviano lo que quiere dejar claro es la dureza emocional del circuito de aquellos años. «Era muy solitario. No había teléfonos móviles, no había redes sociales, no había Zoom. Cuando te ibas, estabas realmente solo».

Nick Sabiano y Jim Courier (savianotennis.com)
Nick Saviano y Jim Courier (savianotennis.com)

Aunque llegó a ganar torneos y a competir contra los mejores, nunca terminó de sentirse cómodo con esa vida. «No disfrutaba viajando, me sentía solo y no lo pasaba bien», confiesa. Se retiró el 10 de febrero de 1984, aún dentro del top-100, en un momento muy concreto de su vida: «Me retiré siendo 75 del mundo el mismo día que nació mi hija».

El retiro

Apenas retirado y todavía en buena forma, Saviano aceptó convertirse en entrenador sin darle demasiada importancia. «Pensé: voy a ir a pelotear con algunos chicos jóvenes, nada del otro mundo», cuenta. La realidad fue muy distinta. «El primer chico me estaba haciendo correr por toda la pista. Yo intentaba actuar como si no me estuviera esforzando, pero me estaba matando», relata entre risas. Aquella jornada se convirtió en una revelación cuando empezó a preguntar quiénes eran aquellos adolescentes. «¿Has peloteado ya con Andre?, me dijeron. Ese era Andre Agassi. Antes había estado con Michael Chang, luego con Jim Courier y después con David Wheaton». Saviano todavía recuerda su reacción: «Me senté agotado y pensé: esto es algo especial».

Esa primera experiencia marcó su entrada real en el entrenamiento de alto nivel. «Fue mi primer contacto serio con el coaching», explica, subrayando el impacto que le produjo trabajar con una generación que estaba a punto de dominar el tenis mundial. A partir de ahí, empezó a recibir cada vez más solicitudes para entrenar y colaborar. «Empecé a trabajar con jugadores de alto nivel y a tener bastante éxito en muy poco tiempo», recuerda, citando a nombres como Jared Palmer o Jonathan Stark, antes de que su vínculo con la federación se intensificara.

La culpa es de los padres…

Finalmente, opina sobre el papel de los padres, que , según cuenta, es verdaderamente decisivo en la formación de un deportista. «Muchas de las grandes cualidades se establecen a una edad muy temprana», sostiene, y va incluso más allá: «Gran parte de esa mentalidad puede empezar a formarse a los dos años».

Saviano insiste en que no se trata de tenis, sino de educación. «Cuando tienes un niño pequeño y empiezas a leerle, a celebrar que aprende, a animarle cuando intenta hacer algo difícil», explica, se están sembrando rasgos fundamentales. «Si se cae intentando caminar y, en lugar de levantarlo de inmediato, le dices: ‘Puedes hacerlo, adelante’, estás fomentando la perseverancia», señala. Para Saviano, esos gestos aparentemente inocuos son los que construyen el carácter. «Pueden parecer cosas mundanas, pero en realidad son poderosas y profundamente beneficiosas».

Mónica Puig y Nick Saviano (Foto: savianotennis.com)
Mónica Puig y Nick Saviano (Foto: savianotennis.com)

En su visión, los padres son los primeros responsables de inculcar valores como la disciplina, la resiliencia y la capacidad de gestionar la frustración. «Soñar en grande, trabajar duro, aceptar que vas a ganar y vas a perder», enumera, son aprendizajes que no se enseñan en una pista de tenis.

Saviano subraya además la importancia de crear una relación sana con el esfuerzo y la competición. «Jugar un deporte debería generar amor por aprender y alegría por competir», afirma. Para él, el objetivo no es proteger al niño de la dificultad, sino enseñarle a convivir con ella. «Entender que la vida no es fácil, que el deporte no es fácil, y que aun así puedes dar siempre un gran esfuerzo», resume, es una de las lecciones más valiosas que los padres pueden transmitir.

Esa implicación, concluye, tiene un impacto directo en el desarrollo deportivo. «Cuanto más disfrutan los padres del proceso, más lo disfruta el niño; cuanto más lo disfruta el niño, mejor jugador acaba siendo», afirma. No se trata de presionar menos, sino de hacerlo mejor. «No significa no exigir, significa disfrutar del camino». Para Saviano, ahí comienza el verdadero desarrollo del talento.

Un comentario

  1. Pingback: Nick Saviano reflexiona sobre Djokovic, Sinner y Alcaraz: control de la bola, desarrollo del talento y expectativas realistas - Hemeroteca KillBait

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