
Tengo un amigo entrenador que sabe algo de esto. Se echaba las manos a la cabeza con lo de que Alonso dejara a Vinicius suplente contra el Elche como parte de un plan de partido, y que luego encima dijese que le explicó su decisión hasta que el atacante la entendió. «¿Un plan que parte de prescindir de los mejores futbolistas del mundo, encima para poner a un lateral izquierdo mediocre como centrocampista?» «Pensar el fútbol de ese modo es un hecho muy grave, eh», me asegura. En el partido sucedió que el Madrid perdía y solo pudo empatar cuando ingresaron Vinicius y el resto de titulares que el entrenador había decidido sacar del planteamiento.
Durante el Mundialito de Clubes, en el que se estrenó el pasado julio, Alonso ya había dicho para DAZN que en los pocos entrenamientos solo tuvo tiempo de establecer «planes de partido», no de introducir «conceptos generales», entonces, claro, se entiende que el equipo aún no le pertenecía. Según mi amigo, esto de transmitir conceptos va en la misma línea y no es más que otra manifestación a la que recurre el entrenador actual para justificarse y darse importancia.
Relacionado con el particular, escuché la semana pasada a Amorim, técnico del United. Le preguntaron en rueda de prensa sobre la ausencia de Cunha, delantero referente de su equipo, y contestó que achacar el mal resultado a la ausencia del brasileño sería una excusa, habida cuenta de que «necesito explicar a mis jugadores cómo jugar en cada situación, por lo que la culpa es mía». Para Amorim, un partido no está relacionado con el nivel de los futbolistas, sino con el profundo y genuino conocimiento del entrenador. Es curioso que piense así, ya que si de explicarles el juego se tratara, los directivos no le tendrían que haber fichado una plantilla nueva para evitar que siga coleccionando derrotas (spoiler: ni así lo ha conseguido), ya que con Amorim hablamos del peor récord en la historia del club más galardonado de la Premier.
También se viralizó recientemente una charla de Kompany en la que abronca a los futbolistas del Bayern, diciéndoles que jueguen como él dice y así la responsabilidad de la derrota será suya, que se merecían haber perdido por actuar de otra manera. Hace un tiempo, el técnico expuso para Burnley Express: «De Guardiola intenté copiar su capacidad para explicar el fútbol. La clave es que los jugadores entiendan por qué hacen las cosas; si no entienden eso, nada funciona. (…) Entrenar es enseñar. Incluso los jugadores experimentados necesitan que les enseñen». Resulta confuso que el belga se enoje con la serie de figuras que le ha tocado en suerte dirigir en Alemania, dada su experiencia previa, puesto que si el fútbol consistiera en enseñar (info: nadie incorpora lo que no tiene, el entrenador es un comadrón que ayuda a alumbrar), es de esperar que los futbolistas de su Burnley hubieran aprendido lo suficiente como para no descender con más de diez puntos de desventaja hace apenas año y medio.
Del asunto tampoco escapa el actual campeón de Europa, Luis Enrique. En su documental de Movistar dijo que Mbappé es un futbolista que se mueve por donde quiere, entonces «hay situaciones del juego que yo no controlo. Pero el año que viene las voy a controlar todas». Aquel PSG ganó cada título local y únicamente cayó en semifinales de Champions, tras haber eliminado al Barça en cuartos con doblete de Mbappé. Ahora, con la salida del mejor delantero centro del mundo, Luis Enrique estaba seguro de conseguir un equipo superior porque su influencia sería plena, sin futbolistas a los que no les guste obedecer a pie juntillas las indicaciones de su técnico. Sin embargo, a las fechas definitivas de la fase liga en la Champions 24/25 el PSG llegó al borde de la eliminación, tras perder ante Arsenal, Atleti y Bayern y empatar contra el PSV. Entonces la solución fue firmar en invierno a otro de los mejores delanteros del mundo, un Kvaratskhelia que venía de hacer al humilde Napoli campeón de Italia, cerrando con ello la mejor alineación de Europa. La aportación del georgiano sería clave en cada eliminatoria, e imprescindible para que el Villa no los eliminase en cuartos, y así Luis Enrique pudo ganar la Champions.
Poco después, como fútbol es fútbol, este poderoso PSG fue derrotado en el Mundialito por el Chelsea que dirige Maresca. En el diario As, preguntaron al técnico italiano si la final salió según lo que había planeado y respondió, simbólico, que a él le encanta el ajedrez. «Analizándolo, vimos que había mucho espacio por el lado izquierdo, y ganamos el partido en los primeros diez minutos». Todo pasaba por mover las fichas rápido al lugar adecuado. No obstante, dijo, «Tú le puedes dar un plan a los jugadores, pero son ellos quienes lo tienen que ejecutar». O sea, que Maresca se vanagloria al ganar como se salvaría de haber perdido: la culpa del resultado hubiera sido de los jugadores, ya que el impecable plan estaba dado y se trataba únicamente de saber desarrollarlo.
Lo cierto es que el Chelsea tiene el mejor centro del campo del mundo y esta temporada también ha contratado los grandes atacantes que le faltaban, de ahí que juntando a todos ellos ya sea capaz de ganar a cualquiera. Pero Maresca piensa que, más allá de la alineación que puede confeccionar, aspectos como poner un lateral de volante o alejar a Enzo del balón son las jugadas maestras que hacen funcionar al equipo. De ahí que, interpelado sobre el impacto de Rice en el juego del Arsenal, asegure que es un gran futbolista pero que su rendimiento actual es todo mérito de Arteta. «Rice no juega como centrocampista, sino como delantero, como en mi equipo lo hace Enzo Fernández. Es una evolución para él y es obra de Mikel Arteta», sentenció.
No escapa al entendimiento que Maresca habla de sí mismo, de su presunta destreza técnica, usando para ello a su homólogo generacional Arteta, quien por su parte dijo en Sky Sport que él intenta «convencer a los jugadores de que, si trabajamos ciertas cosas en los entrenamientos, luego sucederán en los partidos y marcaremos goles a partir de ellas». Suerte con lo de que Arteta se considere capaz de prever y controlar los sucesos de un deporte donde veintidós jugadores se relacionan infinidad de veces mediante una pelota manejada con los pies. En relación con los goles y los resultados de su Arsenal, cabe significar que estamos ante otro de los entrenadores modernos a quienes se les ha dado la mayor inversión de la historia de su club curso tras curso para ver si al final consigue ganar la Premier, aunque su «proyecto (trust the process)» alcance ya siete temporadas sin rastro de gran título.

Sentencia mi amigo que sin duda «nos encontramos en la época de peores técnicos de la historia a quienes permitimos dirigir los mejores equipos». Técnicos que, en esencia, no se dan cuenta de que todo lo que ellos pueden aportar pasa por el aprovechamiento de sus grandes jugadores, a través de las mezclas adecuadas, perdiéndose por contra en los soberbios callejones del libreto y lo conceptual. «Imaginamos un partido ficticio y entonces tenemos que imaginarnos un plan», apunta. Y concluye que «estamos de manicomio, para que nos encierren».
No sé qué pensar al respecto. Leo El sueño, nuevo libro de Ancelotti, donde el técnico más ganador de la Champions dice que le gustaría atribuirse el mérito de las famosas remontadas de su Madrid en Europa, pero que llegado el momento decisivo «todo surgió de los jugadores. Mi contribución fue no interferir». Y pienso que esa sí es una manifestación de honestidad técnica, en cuanto humildad, al servicio del juego.
Solo dejaré que el tiempo corra para ver qué es de Alonso y compañía. Cuando lleven casi treinta años ininterrumpidos en la élite, juzgaré sus carreras. Será entonces cuando eche la vista atrás para saber si aquellos jóvenes, la mayoría hijos del genial y malinterpretado Guardiola, fueron merecedores de esos banquillos millonarios, mientras paralelamente entrenadores eternos, pero sin retórica ni padrino que los ampare, como Pellegrini, Valverde, Marcelino o Gasperini habían de conformarse con dejar huella en clubes del segundo escalón.


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No hay por dónde cogerlo. Espero con ansia el artículo criticando que el partido de anoche lo perdiesen Vinicius, Mbappé y Bellingham, puesto que ‘los mejores’ estaban sobre el césped y de la manera en la que ellos quieren.
Tomas unas palabras, las sacas de contexto, las tergiversas: y el resultado es un articulo tendencioso basado en «dice un amigo mío entrenador»….