
El ciclista esloveno, Tadej Pogačar, ya convertido en uno de los grandes nombres de su generación, ha comparecido en Inside the Ride, un pódcast producido por MyWhoosh, la plataforma de ciclismo indoor asociada al UAE Team Emirates -con lo que no ha tocado una sola polémica. Durante casi una hora, Pogačar ha repasado los grandes hitos de su año. Para empezar, el Tour de Francia, la carrera que sigue siendo, para él, «la más grande, el mayor objetivo del equipo».
El momento más revelador de la entrevista llega cuando explica que el Tour de Francia de 2025 ha marcado un antes y un después en su carrera. Esta edición, que ha dominado con ataques largos y decisiones tácticas sin red, le ha enseñado que la competición había entrado en otra fase. «El Tour es la carrera más grande y la forma en que lo gestionamos como equipo fue preciosa. Ese día vimos lo que podía hacerse en carrera».
La jornada decisiva, cuando su ataque reventó a sus rivales directos, le ofreció una lectura distinta del ciclismo contemporáneo, aprendió algo: «Ahora cuanto más dura es la carrera, más posibilidades tiene el más fuerte. Si esperas al último kilómetro, puedes perder contra cualquiera».
La revelación de Tadej Pogačar
A partir de entonces dejó de pensar en términos de conservar fuerzas o esperar la ocasión exacta. Empezó a correr de acuerdo con lo que siente: que la mejor manera de protegerse es exponerse, que el camino más seguro hacia la victoria pasa por abrir la carrera desde lejos y reducir el margen para la táctica ajena. Por eso zanja: «Después del Tour, supe que el ciclismo ya no se corría igual».

Pogačar describe este Tour como un aprendizaje físico y mental. «Vi que podía sostener esfuerzos que parecían imposibles», admite. Ese descubrimiento tuvo un efecto inmediato: «Ahora he visto hasta dónde puedo llegar». Y concluye: «A partir de ahí, supe que atacar desde lejos era la forma más segura de ganar».
El cambio no afecta solo a él; afecta al deporte entero. Pogačar reitera que la transformación del ciclismo moderno es estructural. «El ciclismo ya no se decide al final. Todo va más rápido. Todo es más duro», explica. Y subraya el fenómeno con una frase que define una nueva era: «Hoy las diferencias se hacen cien kilómetros antes, no en los últimos quinientos metros».
París-Roubaix
También habla de su experiencia en París-Roubaix, la carrera que, por su crudeza técnica y física, parecía durante años un territorio ajeno a corredores de su perfil. Antes incluso de adentrarse en la leyenda de los adoquines, explica, la prueba exige un nivel de brutalidad difícil de replicar en otras competiciones: «Antes de los tramos ya vas a 60 por hora, con ruedas anchas y bajas presiones».
Pogačar define Roubaix como «otro mundo, puro motor y técnica», un lugar donde la táctica se reduce a lo esencial y donde el cuerpo absorbe impactos que no aparecen en ninguna otra clásica. Por otro lado, menciona la caída que le costó la posibilidad de pelear por la victoria. La ha digerido sin dramatismo ni excusas. «Iba demasiado rápido en la curva. Fue culpa mía», admite. Pese al golpe, Roubaix sigue siendo para él un desafío abierto. Cuando le preguntan si volverá, responde: «¿Por qué no? Ya he sido segundo».
Rivales: respeto y jerarquía
A la hora de hablar del pelotón, Pogačar analiza a sus rivales con una mezcla de respeto y admiración técnica. Explica por qué Mathieu van der Poel es prácticamente intratable en París-Roubaix. Lo resume así: «Mathieu van der Poel está hecho para Roubaix… es de otra categoría, está en otra clase por sí solo en esta carrera».
También se detiene en Tom Pidcock, cuyo talento para descender considera excepcional. Intenta describirlo con precisión, recordando cómo se pega al asfalto en cada curva: «Va tan cerca de la carretera… como si estuviera pegado al suelo».
UAE Team Emirates
Además, Pogačar dedica buena parte de la conversación a explicar cómo funciona el UAE Team Emirates por dentro. La estructura, dice, es uno de los pilares de sus resultados. «Todos saben qué hacer», resume. Insiste en que el ambiente interno facilita todo: «Puedo hablar con cualquiera, parece una familia».

Menciona a varios compañeros, Florian Vermeersch, Nils Politt o Jay Vine, como ejemplos de la solidez del bloque. Se trata de un equipo que trabaja con claridad táctica y absoluta cohesión, donde cada rol está definido y cada corredor sabe qué se espera de él: «Me encanta volver a las carreras y a los training camps con el equipo, porque el ambiente es tan, tan bueno, creo que esto también nos ayuda a ganar tantas carreras, porque todo el mundo disfruta haciendo lo que hace».
También valora el papel de los directores deportivos y la importancia de mantener la calma en la comunicación durante las carreras. «Me gustan las voces tranquilas en la radio, que solo te digan qué viene, cómo va la carrera, porque piensa que la mayoría del tiempo no oyes nada, hay demasiada gente», afirma, en referencia a las etapas donde la tensión y el ruido exterior pueden dificultar la toma de decisiones.
Sobre las nuevas incorporaciones, destaca la facilidad con la que se integran en la dinámica del equipo. La adaptación, explica, suele ser inmediata. Según él, la cultura interna del UAE, cercana, organizada y muy profesional, permite que cualquier ciclista encaje rápidamente en el grupo y entienda de forma natural cómo se trabaja dentro del bloque: «No me gusta decir que es una familia, pero lo parece».
Revolución tecnológica
Sobre su nueva bicicleta, la Y Bike, un modelo más aerodinámico que la tradicional de escalada, explica por qué la elige incluso en montaña: «Ahora subimos a 25–30 km/h. Necesitamos velocidad aerodinámica». También señala que el equipo trabaja para reducir gramos sin perder rigidez ni comportamiento. Asegura que la Y Bike todavía tiene margen de mejora: «Si bajamos el peso, puede ser la bici definitiva».

El esloveno compara además diferentes estilos de pedaleo y su evolución personal. Cuenta que él ha ido hacia un pedaleo más ágil: aumenta la cadencia y reduce el torque, lo que le permite mantener esfuerzos largos sin fatiga muscular acumulada. Contrasta su enfoque con lo que observa en el ciclismo virtual, donde los especialistas entrenan casi al contrario: «En eSports van fuera del sillín, con bielas largas y 60 rpm», comenta.
Muy personal
Sobre lo que hace cuando no está pedaleando, el esloveno describe sus domingos como un pequeño ritual doméstico: «Me gusta dormir un poco más, despertarme tranquilo, un buen desayuno… siempre fruta, buen café». Si el día acompaña, sale a dar un paseo o incluso a rodar suave, porque reconoce que la bicicleta, lejos de ser solo trabajo, sigue siendo un placer íntimo: «Si hace buen tiempo, ¿por qué no? Salgo un rato, tomo un café con amigos y vuelvo para comer».
Cuando le preguntan quién lo mantiene conectado a la realidad, responde sin vacilar: su pareja. «Mi novia es la que me mantiene con los pies en el suelo», asegura. Y menciona también a sus padres, cuya presencia basta para recordarle dónde está el equilibrio: «Solo con estar presentes ya me recuerdan que tengo que ser humilde».
El café es otro de sus pilares cotidianos. En casa, confiesa que disfruta preparando un espresso o un flat white en su máquina personal, a la que trata con especial cuidado. Pero donde más se explaya es en su ritual de café en las carreras: «Llevo un hervidor, una báscula, un molinillo y un V60. Café filtrado con granos recién molidos cada mañana».


SIN DUDA UN GRANDE DEL CICLISMO EN ESTA EPOCA, SIN DEMERITAR LA GRANDEZA DE LOS GRANDES QUE LE ANTESEDIERON.
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