
El rugido de las motos se mezcla con el estruendo de los cascos al chocar. En el centro de la pista, una esfera metálica brilla bajo los focos como si contuviera en su interior el alma del mundo. Un jugador la atrapa con un guante imantado y acelera, perseguido por una manada de cuerpos acorazados que se estrellan contra los bordes del circuito. Las gradas rugen, la cámara gira, la sangre salpica el acero. Todo parece un rito: velocidad, violencia, obediencia. Así comienza Rollerball, la película que imaginó el deporte del futuro antes de los bonos de casinos sin deposito y terminó retratando el presente.
Todo empezó con una sospecha: que el deporte, ese refugio del esfuerzo y la noble competencia, estaba dejando de ser humano para convertirse en espectáculo. En 1973, el guionista William Harrison escribió un relato corto titulado Roller Ball Murder para la revista Esquire. Era una fábula futurista sobre un juego violento inventado por corporaciones que habían sustituido a los gobiernos, y sobre un jugador que, sin proponérselo, se convertía en símbolo de la rebeldía individual. Harrison había observado el auge del entretenimiento deportivo en la televisión y comprendido que la violencia domesticada era el nuevo opio de las masas. Su historia llamó la atención de Norman Jewison, director canadiense que venía de filmar Jesucristo Superstar y que buscaba un proyecto que le permitiera hablar del poder sin parecer panfletario.
Jewison compró los derechos y convenció a la United Artists de producirla. La idea parecía arriesgada: una película de ciencia ficción sin robots ni naves espaciales, ambientada en un futuro cercano donde la violencia se institucionaliza como herramienta de control. En lugar de efectos visuales espectaculares, Rollerball prometía mostrar el espectáculo del control mismo. Harrison adaptó su propio relato en un guion que Jewison reescribió con precisión quirúrgica, eliminando lo panfletario para centrarse en la figura del héroe: Jonathan E., un jugador de Rollerball que encarna la última chispa de individualismo en un mundo sin alma.
El director imaginó una estética sobria, casi documental. No quería un futuro reluciente, sino un mundo corporativo que se pareciera demasiado al presente. La película se rodó en 1974, en plena crisis del petróleo, y la atmósfera industrial del momento impregnó cada plano. Los escenarios fueron localizados en Alemania y en el Palacio de Deportes de Múnich, donde se construyó la pista circular que se convertiría en el símbolo de la película: una especie de coliseo moderno de acero y plexiglás que parecía diseñado por una mente fascista. Allí, Jewison filmó las escenas de acción con un realismo que aún hoy impresiona. Los actores —liderados por James Caan— entrenaron durante semanas con patines y motos, sin especialistas en muchas secuencias. El propio Caan sufrió varias lesiones, y el director, lejos de detener la producción, incorporó la fatiga real al tono físico de la película.
La violencia de Rollerball fue polémica incluso antes del estreno. Jewison insistía en que no se trataba de una apología, sino de una advertencia. Para él, el juego era una alegoría del capitalismo tardío: un sistema que mantiene la ilusión de libertad mientras destruye cualquier forma de voluntad individual. Por eso el partido final —filmado con cámaras que giraban en torno a los jugadores y micrófonos escondidos entre los cascos— no es solo un espectáculo deportivo, sino una misa televisada de la obediencia. Cada golpe es una metáfora de la resignación.
El guion de Harrison introdujo un elemento clave: la imposibilidad de acceder al conocimiento. En una de las escenas más perturbadoras, Jonathan E. acude a un centro de datos donde una supercomputadora, llamada Zero, almacena toda la información del mundo. Pero Zero ha empezado a borrar datos, a olvidar. “Las decisiones ya no las toma nadie”, explica un técnico. “Se toman solas”. Era 1975, y ya se estaba anticipando la lógica de los algoritmos y la opacidad de la inteligencia artificial corporativa. Jewison quiso rodar esa secuencia como una pesadilla burocrática, iluminada con luz blanca y fría, sin música, solo el zumbido de las máquinas.
El resultado final era una mezcla extraña de espectáculo y reflexión, una película de acción que se negaba a ser divertida. Cuando Rollerball se estrenó en junio de 1975, la crítica se dividió. Algunos la consideraron un exceso de moralina, otros la entendieron como una profecía. Lo cierto es que su impacto fue inmediato: el público acudió en masa, atraído por el deporte ficticio y por la figura de James Caan, que acababa de triunfar con El Padrino. En Alemania, Estados Unidos y Japón se organizaron partidos de Rollerball reales, con patinadores profesionales y motocicletas, lo que horrorizó a Jewison. “Era justo lo que queríamos evitar”, declaró. “La gente no entendió que la película era una advertencia, no una invitación”.
El éxito comercial fue notable, pero más duradera resultó su influencia. Rollerball se convirtió en referencia obligada para todo un subgénero: la distopía deportiva. Sin ella no existirían Perseguido, Los juegos del hambre o Black Mirror: 15 millones de méritos. Jewison había logrado lo que buscaba: filmar un espectáculo que denunciara el espectáculo, una epopeya sin esperanza donde la épica consistía en resistir. Y lo hizo en una época en que el cine todavía creía en los héroes trágicos.
Con los años, la película se volvió incómodamente actual. Su estética corporativa, sus torres de acero, sus directivos hablando en salas sin ventanas, se parecen demasiado a las sedes de las grandes tecnológicas. Su mensaje, también: que la humanidad, hipnotizada por el ruido del entretenimiento, corre el riesgo de olvidar que alguna vez jugó por placer. Jewison, con Rollerball, convirtió el deporte en metáfora de la servidumbre moderna. Y aunque se filmó hace medio siglo, todavía suena el eco de aquella bola metálica girando en la pista, como si el partido nunca hubiera terminado.

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De esta película se hizo un remake pero era lo mismo.
Había una muy parecido pero de automovilismo que se llamaba
: La carrera del año 2000 » protagonizada por David Carradine ,recién salido de la serie » Kung Fu » ,y Sylvester Stallone, un poco antes de hacer » Rocky » .
En » La carrera del año 2000 » también aparecía la exhuberante actriz Louisa Moritz
La actriz Louisa Moritz era una diosa.
https://es.xhamster.com/videos/louisa-moritz-in-the-last-american-virgin-6307117
Yo a Louisa Moritz la recuerdo con Jack Nicholson en » Alguien voló sobre el nido del cuco » (1975) de Milos Forman
Louisa Moritz era una actriz muy sexy
https://es.xhamster.com/videos/last-american-virgin-2871771
Recuerdo ver esta película hace décadas y los jugadores de » Rollerball » parecían gladiadores futuristas.
La película » Rollerball » (1975) de Norman Jewison se adelantl a lo que es el deporte espectáculo y » La carrera de la muerte del año 2000 » (1975) de Paul Bartel a su manera es una divertida parodia del deporte espectáculo.
Las 2 películas se adelantaron a su tiempo » ROLLERBALL »
y » LA CARRERA DEL AÑO 2000 «.
se adelantaron a su tiempo
Es verdad se adelantaron a su tiempo como » La fuga de Logan » .
Si que se adelantaron a su tiempo tanto » Rollerball » como » La carrera del año 2000 » .
Es un peliculón.
En la película » Rollerball » se profetiza lo que podría ser un estado totalitario y unos deportistas que parecen gladiadores luego se hizo un remake pero la buena era la de James Caan.
La película » La carrera de la muerte del año 2000 » cuyo título original era » Death race 2000 » la VI en el cine hace como 50 años y era una verdadera parodia recuerdo que David Carradine era uno de los pilotos ,apodado » Frankenstein » y otro piloto era Sylvester Stallone ,que era » Machine Gun «,
y ambos tenían de copilotos a dos mujeres muy apetitosas que eran Simone Griffeth y la otra era Louisa Moritz ,también recuerdo que al ganador como premio lo nombraban » Presidente de Estados Unidos » .
La película » La carrera del año 2000 » (1975) de Paul Bartel se basó en un cuento de Ciencia ficción de Ib Melcior ,que colaboró en el guión,la película parece un cómic protagonizada por David Carradine ,después de hacer la exitosa serie de televisión » Kung Fu » y Sylvester Stallone un año antes de hacer la película » Rocky » y las mujeres que hicieron de sus copilotos las hermosas Simmone Griffin y Louisa Moritz .
Las dos son grandes películas.
La película » Rollerball » era dura la de
» La carrera del año 2000 » parecía más un cómic.
Las 2 adelantaron a su tiempo.
Muy bien la película » La carrera de la muerte de el año 2000 » (1975) de Paul Bartel
con David Carradine que ya no hacía » Kung Fu » y Sylvester Stallone un año antes de hacer de » Rocky Balboa » y muy sexys Simonne Griffin y Louisa Moritz.
Ya vi anoche la peli
» La carrera del año 2000 » (1975) de Paul Martel y es uns película simpática David Carrafine y Sylvester Stallone están muy bien y
Simmone Griffin y Louiss están bien hermosas .
La carrera del año 2000 » es mejor peli de lo que parece con David Carradine y Sylvester Stallone y las bellezas Simmone Griffin y Louisa Moritz .
Es una gran pelicula » La carrera del año 2000 » (1975) de Paul Bartel con David Carradine y Sylvester Stallone de protagonistas y con las hermosas Simonne Griffin y Louisa Moritz .
Una gran pelicula » LA CARRERA DEL AÑO 2000 » con Sylvester Stallone y David Carradine y las diosas Simonne Griffin y la cubana Louisa Moritz.
La película » Rollerball » es una buena película.
También es una gran película
» La carrera de la muerte de el año 2000 » .
Las dos películas están bien » Rollerball » y » La carrera de la muerte de el año 2000 » .
Las 2 películas están muy bien .
Ya he visto » La carrera de la muerte de el año 2000 » muy buena película muy bien David Carradibe y Sylvester Stallone y muy hermosas
las copilotos Simmone Griffin y Louisa Moritz.
La película » Rollerball » ha envejecido muy bien y ya en su tiempo era una película bastante violenta .