
El DT de Uruguay anticipa la reacción de los medios y convierte su crítica en un espejo. Cuando los titulares virales ignoran el contexto y los antecedentes, el argentino reprograma la conversación. Una actitud hacker que irrumpe desde adentro y expone una lógica del periodismo que solo busca un clic.
Uruguay clasificó al Mundial 2026 tras vencer 3-0 a Perú en el Estadio Centenario el 4 de septiembre de 2025. La estadística dirá que el equipo remató en 24 ocasiones, que fue su máxima cifra en las Eliminatorias superando las 18 que había registrado ante Chile (3-1) y Bolivia (3-0), que sumó el 63% de posesión de balón, que fue récord de tenencia de pelota, que sacó boleto a su quinta Copa del Mundo consecutiva tras haber participado en Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022.
Pero el dato que quedará en el registro de los diarios y las federaciones de fútbol no reflejará lo que ocurrió seis días antes: la conferencia de prensa de su DT. El argentino Marcelo Bielsa habló y sus palabras fueron virales, polémicas, se expandieron por redes sociales y los títulos en los portales digitales no tardaron en prometer un contenido imperdible que hasta incluyó a «Yamal y la estafa de los medios».
La conferencia convocada por la Asociación Uruguaya de Fútbol se extiende durante una hora y 18 minutos. En el último concepto, seis minutos antes de finalizar, Bielsa intenta hablar del «ser uruguayo», los valores en la vida y la oposición que existe entre él y los periodistas.
—Yo daría la vida porque en el Mundial suceda lo que usted quiere que suceda, ¿me entiende? Lo que pasa es que somos ‘enemigos’ (se rectifica) somos opositores, ¿me entiende? Yo ya sé que usted va a estar de acuerdo si ganamos. Y que tiene la obligación de dañar si perdemos.
—Voy a hacer el esfuerzo de intentar evaluar más allá de los resultados.
—Es que es muy difícil, es muy difícil…¿Sabe por qué? Porque usted se queda afuera si hace eso.
—Ya estoy afuera.
—Ah, bueno, yo también estoy afuera. Listo, quédese tranquilo, yo también estoy afuera. Estamos en lo mismo. Voy a hacer lo imposible por no saber quién es usted para no establecer un vínculo de simpatía, ¿me entiende?

El concepto despierta risas entre los asistentes. El autopercibirse ‘afuera’ es una declaración de principios. ¿Qué es el afuera para Bielsa? En su lógica el ‘afuera’ no es un lugar físico ni un margen social: es un posicionamiento. Esa negación puede significar el no formar parte de la complicidad que suele estructurar la relación entre periodistas y entrenadores. Bielsa no entra en ese juego de seducción, de favoritismos y enemistades que pueden condicionar la cobertura periodística.
Estar afuera y un rostro amable
El ‘afuera’ es su declaración de independencia. Y en esa declaración decide no contaminarse por el circo del que habla: resultados que definen amores y odios, titulares que reducen táctica, estrategia, principios y ética profesional a ganar o perder. Esa presión por construir un relato a medida del consumo inmediato.
Para Bielsa, el periodista que renuncia a evaluar solo por el resultado también se ubica ‘afuera’: en un lugar donde se puede pensar distinto, aun sabiendo que el sistema deportivo y mediático los encierra a ambos. Ese ‘afuera’ muestra que, incluso cuando intenta correrse de la lógica binaria, sigue atado a un dispositivo que lo obliga a elegir entre dañar o celebrar. Bielsa lo convierte en un espacio de resistencia simbólica, donde la mirada no queda prisionera de la obligación de narrar lo obvio. Pero lo cierto, lo concreto y lo real es que ambos, el periodista y el técnico están ‘adentro’ de un sistema.
«Si usted me pregunta si conozco a alguien, le digo que no. Porque tengo miedo de querer a uno por identificación y de rechazar a otro por disidencia, porque las dos cosas entorpecen la relación», aclara el DT.
Y viaja en el tiempo, a su propio recorrido para explicar el peregrinar que lo llevó a ser una especie de extranjero en su propia tierra. En Newell’s de Rosario construyó un templo desde la cantera, en la selección argentina convivió con la presión de un país que exige victorias inmediatas, en Chile sembró una identidad que trascendió generaciones, en Bilbao se abrazó a la raíz vasca como si fuera propia, en Marsella agitó pasiones y en Leeds hizo regresar a la Premier League a un club histórico. Su recorrido es la geografía de un técnico que eligió habitar el margen, incluso cuando estaba en el centro.
«Y le voy a decir una cosa, mire: yo en todos los países tenía una cara amable de un periodista. Entonces, yo entraba y veía toda la oposición. Pero antes miraba mi cara amable, ¿me entiende? Siempre uno busca su cara amable. En el vestuario del Athletic de Bilbao, que era un lugar complejo, porque ahí hay una presencia del grupo monumental, que es ‘ser vasco’, puta madre… Es casi como ser uruguayo. No, ser uruguayo es casi como ser vasco. Entonces había un fisio, Alvarito, que me quería mucho. Entonces yo entraba y, en vez de mirar a todos los buitres que me querían comer, lo miraba a Alvarito y decía: ‘Todos me quieren como me quiere Alvarito’».
Bielsa sigue explicando esa relación sin puentes. Relata que en Chile también había un rostro cercano. En Uruguay, en cambio, no reconoce ninguna cara amable. Una decisión unilateral para no contaminarse. Explica que, pese al esfuerzo de los medios, siente que el público ya no les presta atención. Para él, el ser uruguayo es difícil de contaminar en medio de un circo donde los valores tradicionales fueron reemplazados.
«¿Usted lo ve a eso?». Bielsa interpela al periodista. El periodista no llega a escucharse. «Los valores tradicionales, aquellos que su familia le suministraron a través de la educación, no son los mismos que los actuales. Están permitidas unas alteraciones a la ética, a la integridad, a la preocupación por el otro, a la generosidad. Porque cuando un tipo te dice, mi vida está acá (Bielsa levanta la mano como Hamlet a la calavera y emula tener en la palma un teléfono móvil), ¿qué está diciendo? Todo lo demás es prescindible. Cuando un tipo dice, mi vida está en el teléfono, no necesito otra cosa que no sea el teléfono… ¿Usted escuchó alguna vez eso?».

El DT argumenta que quienes viven en y por el móvil están diciendo que no necesitan de la gente. Esa idea, tan naturalizada, que la vida pasa y ocurre en el teléfono, abre la puerta a otro mundo: uno en el que se construyen valores distintos, relaciones distintas, normas de comunicación distintas. Bielsa admite que ese es el escenario que se impone y que resulta muy difícil de abordar. Pero mientras habla pierde el hilo de lo que quería decir. «Yo estaba llevando toda la organización de lo que iba diciendo y ahora se me cortó y no sé por qué. Pero, bueno, qué sé yo. Ahora no sé bien para dónde iba, pero iba para algo que era tan contundente para llegar a conclusiones». Se resigna: «habrá que revisar».
La voz en off del locutor anuncia el cierre de la conferencia de prensa y agradece al técnico y a los periodistas. Ya se están escribiendo los títulos del clickbait para el día siguiente.
El periodismo como estafa
Minutos antes del cierre, la conferencia de Bielsa ya tenía el germen de lo que después sería viral. Una pregunta sobre la nómina mundialista —¿23 o 26 jugadores?— derivó en una reflexión sobre la ética del «tercero» en un plantel.
Lo que parecía un asunto técnico se convirtió en un juego de espejos: Bielsa no respondía solo sobre números, respondía sobre jerarquías, sobre el valor de cada rol en un sistema. En ese desvío apareció su costado hacker: no contestó lo que el periodista esperaba, sino que reprogramó la pregunta y, con ella, el sentido de la conversación.
El flashback es clave: ahí empieza a desarmar la lógica mediática, a mostrar cómo los medios buscan certezas rápidas y cómo él, en cambio, se resiste, interrumpe, reescribe el guion de la conferencia como si estuviera probando un código en vivo. Diría Don Marcelo: «¿me entiende?» Hay canales que no siempre funcionan.
Tener una actitud hacker no solo es programar líneas de código en una computadora. Una actitud hacker es estrategia pura. Implica irrumpir en un sistema, probar sus límites, exponer sus fallas. En comunicación se busca alterar la lógica del intercambio, redirigir la pregunta hacia otro territorio, desarmar la expectativa. Eso es lo que hace Marcelo Bielsa en una conferencia de prensa: hackea la rutina periodística, introduce un virus narrativo que descoloca y obliga a repensar el juego.
El video viral del técnico de la selección de Uruguay que se difundió el día después es parcial. Es un fragmento que no es representativo del todo. Es el fuera de contexto que se desliza con la velocidad del ‘homo slider’. Los títulos fueron contundentes: «Bielsa volvió a estallar contra los medios de comunicación», «Bielsa cargó contra el periodismo», «Bielsa critica la prensa». La frase que quedó flotando en el aire fue otra: «El clickbait es una estafa».
Bielsa anticipó la reacción de los medios de comunicación. Él mismo dijo que los medios construyen títulos engañosos y, al minuto, los portales confirmaron su hipótesis con frases altisonantes. El entrenador no solo criticó: jugó con el sistema desde adentro, deconstruyó la lógica mediática y mostró, casi en tiempo real, la vulnerabilidad de un oficio que muchas veces se traiciona a sí mismo.
Para entenderlo hay que retroceder unos minutos en la conferencia. Javier de León, periodista del programa Vamos que vamos de Claro Sport, pregunta.
―Voy a ser sintético y quiero preguntarle por el Mundial. ¿En su cabeza ya tiene a los 23 jugadores?
―Sí, por supuesto.
―¿Mejor 26 o 23?
―Es una gran pregunta. Contéstela usted.
De León elige 26. El entrenador entonces lo arrastra a un terreno distinto: «Si usted lleva 26 jugadores, hay tres que van a ser tercera opción respecto del 1 y el 2. ¿Usted qué elegiría como tercera opción?».

La charla deriva en un análisis sobre los delanteros, los que «peor juegan» porque son los que más se cambian en un partido. Esa digresión es también un gesto hacker: en lugar de confirmar lo que el periodista espera, Bielsa reescribe el guion. Y en ese desvío comienza a deslizar su distancia con el periodismo, su negativa a congraciarse.
Lo que el clickbait no dijo
El ida y vuelta con el periodista de Claro TV tiene antecedentes. El 2 de septiembre de 2023, el mismo Javier de León tuvo un cruce que casi ningún medio recordó.
―Buenas noches, señor Bielsa. Quería hacer una consulta, pero antes no puedo evitar un comentario ante una generalización que usted ha realizado. Naturalmente que el periodismo necesita audiencia, pero yo jamás emití un comentario pensando en ganar audiencia. En el acierto o en el error, como periodista opino lo que creo correcto, no para ganar audiencia, y creo que la mayoría de mis colegas actúan en el mismo sentido.
―Mire, disculpe, yo no puedo opinar sobre usted, pero si cree que la mayoría de sus colegas actúa según esos principios, permítame decirle que está absolutamente equivocado. Pero a lo mejor el equivocado soy yo.
―Bien, es su criterio, pero no perdamos tiempo en este tema.
―No lo estamos perdiendo. Si usted cree que lo estamos perdiendo, justamente es todo lo contrario. Y aparte, quien hizo una protección corporativa de su profesión ha sido usted, y yo por coherencia le contesto.
―Ante una generalización.
―¡No hice una generalización!
―Sí. Usted dice que los periodistas procurábamos audiencia y por esa audiencia decíamos cualquier cosa…
―Usted sabe que la generalización comprende las excepciones, ¿me entiende? El que generaliza lo involucra todo; si no dice «este es el perfil de lo que estoy describiendo», entonces por supuesto que hay excepciones. Si usted se considera una excepción, me parece muy bien, ojalá así sea por usted y por quienes lo respetan. Pero que usted me diga que ese es el perfil del periodismo actual, para mí, es una burla a la inteligencia de quienes no se escuchan.
―Yo creo que no y me alegra poder estar mirándolo a los ojos.
―Seguimos con posiciones indescifrables, ¿qué significa que se alegra de mirarme a los ojos?
―Que el resto de la conferencia la hizo con la vista baja.
No es una corona, es una chistera
En la conferencia previa a la clasificación mundial, Bielsa desliza que nunca estuvo de acuerdo con el periodismo y que no iba a congraciarse. Luego avanza y ahí es donde nace el vídeo viral de su defensa sobre la Lamin Yamal. «Hay una cosa que me pareció extraordinaria del entrenador de España, Luis de la Fuente», dijo para hablar de la estrella culé: «¿Cómo se llama? Lamine Yamal. Encima tiene un jeroglífico de nombre»”, agregó entre risas.
«Parece que hace así [gestos de una corona en los festejos de goles], entonces le preguntaron: ‘¿No le parece vergonzoso que se describa como rey?’. Y él respondió: ‘No, usted está equivocado, es la chistera del mago lo que él señala, no la corona del rey’. Mire la astucia de ese hombre».
«Ustedes [los periodistas] dicen que Yamal fue a Mallorca, a todas esas playas baleares, con esta artista o esa otra. Eso no tiene importancia. Él entrena seis horas diarias, va dos horas al gimnasio, está obligado a un régimen de alimentación, se atiende con fisio, kinesiólogo y está obligado a dormir determinada cantidad de horas. Lo otro también es cierto. Claro que tiene novia, que sale de noche, pero ¿qué vamos a poner en el escenario: esta particularidad cuya difusión es atractiva o esta rigurosidad metódica que no le atrae a nadie?».

Y preguntó al periodista que había preguntado: «¿Qué hace el medio de comunicación?», cuestionó a fondo: «Estafa. Para que se den cuenta de que no ofendo, lo voy a demostrar».
«¿Qué es lo más importante que tiene un periodista? Su credibilidad», dijo, para luego explayarse con otro ejemplo buscando explicar su posición. «Fíjese lo perverso que es el medio al que pertenecen, que están obligados a mentir cada vez que escriben», aseguró el DT. «Se instaló un recurso donde lees un título que te invita a creer que vas a encontrar tal respuesta, y cuando entras a la nota lo que te insinuaron no existe. Eso es una vergüenza y es una estafa».
Marcelo Bielsa reconoce que nada de lo que dice le pertenece. «Todo lo que digo se lo robé a alguien», admite y deja flotando un metamensaje: el verdadero saber se construye sobre lo que otros ya dijeron. La confesión es borgeana, como quien tuviera la biblioteca universal de frases robadas.
Lo que ocurre no es un estallido aislado, sino un efecto rulo: Bielsa critica al periodismo por su lógica de titulares, y el periodismo responde con titulares que confirman esa crítica. Es una respuesta performativa, un espejo que devuelve la misma imagen. Bielsa hackea al periodismo no porque lo ataque desde afuera, sino porque lo obliga a actuar como él predice. Y esa es, quizás, la esencia de un hacker: conocer tan bien el sistema que al mover una pieza mínima, lo hace caer en su propia trampa. Es que para Bielsa ganar o perder es un dilema cuando la vida ocurre a través de los teléfonos móviles.


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