
«Eisbär statt Millardär» (Oso Polar en vez de multimillonario) luce como pegatina en varios barrios de Berlín. Para el no iniciado tal pegatina es absurda, no tiene sentido. Pero para los fanáticos de un cierto club de deporte en Berlín el lema es lo suficientemente provocador como para esbozar una sonrisa. Y es que en la capital el segundo deporte (después del obligado fútbol, claro) más seguido por los hinchas no es como en otras ciudades europeas el baloncesto, el ciclismo o el tenis.
Sino el hockey sobre hielo. Y si hay un equipo de esta disciplina que brilla con luz propia en Alemania es el de los «Eisbären» (Osos Polares) de Berlín, la ciudad que tiene en su imagen mediática al oso como animal más representativo (porque el Bär, oso, se parece a sus primeras letras).
Con el último título alemán conseguido este año (finales de abril 2025), ya son 11 las ligas (Meistertitel, título de maestro) conseguidas en su trayectoria. A prudente distancia le sigue con 7 su acérrimo rival, las Águilas de la ciudad sureña de Mannheim (Adler Mannheim).
Curiosamente, este año en los playoffs con el mejor a siete los de Mannheim fueron humillados y no consiguieron por vez primera en su gran rivalidad ni una sola victoria frente a los Eisbären.
Para refrendar este tipo de éxitos deportivos, hasta 17 mil hinchas (sentados y de pie) caben en el nuevo recinto de los Osos Polares, la popular Arena en el barrio de Friedrichshain, al este de Berlín. Pero el origen y así acaso el secreto del Santo Grial deportivo recae en otro barrio, donde los Eisbären tuvieron sus inicios y todavía a menudo entrenan.
Se trata de Hohenschönhausen, un enclave también en el este de la ciudad y que después de la Caída del Muro (1989) pasó algo desapercibido. Apenas recibe visitas foráneas que no sean para echar un vistazo a los grandes (60 metros de altura) y llamativos edificios de la Zingsterstrasse, el parque público Japanischer Kirschgarten (Jardín de Cerezos Japonés) o, sobre todo, la cárcel de la Stasi convertida en museo (Gedenkstätte Berlin-Hohenschönhausen). Menos conocido es que en este barrio se encuentra la última casa (Lemke-Haus) que el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe construyera antes de su forzado exilio en 1938 porque a los nazis no les agradaba la arquitectura moderna, sino los edificios aparatosos y grandilocuentes de la planeada Welthauptstadt (capital del mundo) Germania (algunos quedan en Berlín, por cierto).

También en Hohenschönhausen, detrás de la fachada de otro edificio sin demasiadas ínfulas, se encuentra un gran complejo deportivo que llegó a ser el centro de mayor importancia para la siembra de talentos olímpicos en la extinta Alemania comunista.
Rápidamente, el nuevo Sportforum fue tomando cuerpo a principios de los cincuenta del pasado siglo. El nuevo país hacía bien poco que había nacido (1949). Hoy, en sus cerca de 45 hectáreas bajo protección oficial (denkmalgeschützt), el Sportforum ofrece 35 instalaciones deportivas para más de 15 deportes olímpicos y paralímpicos, por ejemplo, para deportes de verano como tiro con arco, atletismo, gimnasia, natación y deportes de invierno como patinaje artístico, hockey sobre hielo y patinaje de velocidad. Aquí entrenaban entre otras medallas de oro olimpicas, la nadadora Franzinska van Almsick o la velocista sobre hielo Claudia Pechstein.
En un extremo del enorme conjunto se encuentra el Wellblechpalast, «el palacio de la chapa ondulada», un término que primero fue invocado por un comentarista deportivo con tono desdeñoso pero lo peyorativo fue aceptado con ironía por la afición hasta el punto que caló y se hizo oficial.
Nacido en 1954 en el «Welli» como se llama cariñosamente la instalación en la hinchada, el club cumplió los 70 años el pasado año. Ahora, debido a sus buenos resultados, los osos polares aparecen a menudo en los medios locales. Se ha conseguido algo difícilmente concebible en los comienzos: convertir a un club «del este» bien protegido y fomentado por la Stasi, (el Ministerio de Seguridad del Estado en la extinta República Democrática Alemana, RDA) en una enorme industria del entretenimiento dominada por intereses de Canadá y Estados Unidos. Y también en la dirección deportiva dominan los americanos del norte. Del comunismo al capitalismo en pocos años.
Y aún así pervive la «Ostalgie» (nostalgia de la RDA) cuando los hinchas en cada partido cantan «Ost-, Ost-, Ost-Berlin» (Berlin Este, Este, Este) como reivindicación de una identidad propia. Aunque ya no es tan impermeable: el triunfo del club ya se celebra con caravanas de coches incluso en la Kurfürstenstrasse, una calle símbolo del Oeste.

En todo caso, el cambio más sustancioso vino de la mano del entrenador canadiense Pierre Pagé que sentó las bases de éxitos futuros revitalizando la tradición ligada al equipo predecesor SC Dynamo y convirtió asimismo el hockey sobre hielo de los Eisbären al ganar en velocidad y vistosidad en algo muy atractivo para los hinchas y en todo un acontecimiento de culto cuando jugaban en casa.
Un estilo que rápidamente fue imitado por otros clubes alemanes. Y que se hizo célebre más allá de sus fronteras convirtiendo al club en uno cada vez más cosmopolita.
Y la cantera es parte imprescindible de la receta del éxito. Hasta siete jugadores en el primer equipo han sido cuidados en los equipos juveniles de los Eisbären. En total son 380 miembros repartidos en doce equipos juveniles de sub7 a sub20 los que forman la base de los Eisbären.
Pero, ¿y cómo se consigue un valor añadido sobre el hielo?
«Son muchos factores los que determinan ser un buen jugador de equipo. Por supuesto, tiene que ser muy ambicioso consigo mismo. Y tiene que procurar seguir desarrollándose. Por otro lado, tiene que ser cooperativo en el equipo. Entender el significado de un deporte de equipo. Por eso, cuando estoy en el hielo con mi grupo, tengo que asegurarme de que incluso mi compañero más débil esté muy bien. Y eso no solo ocurre sobre el hielo, sino también fuera de él. Tienes que decir vale, mis compañeros de equipo no tienen por qué ser siempre mis mejores amigos. Pero por el objetivo del deporte de equipo, es decir, por conseguir nuestros objetivos, siempre tenemos que estar juntos».

Así habla Kristin Blase, entrenadora en la categoría U-9, escolares debajo de los nueve años.
Mientras sea posible, los niños y las niñas jugarán juntos. Una vez en pubertad, se hace más difícil para las chicas seguir el ritmo del puck de sus compañeros. También por eso la edad ideal para comenzar está establecida entre los 4 y 6 años de edad.
De la importancia de comenzar pronto a entrenar en la pista de hielo Kristin hace por supuesto hincapié , «primero, por supuesto, para aprender lo básico. A patinar. Con los Eisbären también para que el niño se centre y aprenda todas las habilidades, todas las técnicas. Cuanto más tarde se empieza, más se pierde al final. Así que hacemos mucho entrenamiento atlético. Ahí es donde se fomenta la coordinación de los niños y sus habilidades y destrezas motrices. Saltos, lanzamientos, todo tipo de cosas». Todo un engranaje cuidado por entrenadores con una excelente formación, varios de ellos habiendo sido jugadores, garantizan que destacados Eisbären sigan representando a Alemania en los Juegos Olímpicos y los Campeonatos del Mundo en el futuro.
La elaboración del reportaje ha contado con el apoyo de la Stiftung Presse-Haus NRZ y la Freie Universität Berlin


Pingback: Los Eisbären de Berlín: historia y raíces en Hohenschönhausen - Hemeroteca KillBait