Fútbol argentino

El refugio más surrealista del fútbol argentino: La biblioteca de Boca Juniors

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La asombrosa ingeniería de la Bombonera parece garantizar que si un sismo azotara Buenos Aires, el majestuoso estadio se mantendría de pie, por infraestructura, por construcción, por profundidad de sus bases subterráneas.

El secreto mejor guardado de esa arquitectura, la biblioteca, correría igual suerte, aunque bailaran y se sacudieran los miles de libros que descansan sobre esos muros. La libroteca de Boca Juniors es el refugio más surrealista del fútbol argentino. Un templo cuya existencia es todavía un dato oculto para muchos de los 327 mil socios. En el primer piso de Brandsen 805, debajo de una tribuna, sobrevive este paraíso con casi 91 años, una biblioteca más longeva que el mismísimo estadio. No existía esta Bombonera tal como la conocemos cuando ese santuario bibliográfico tomó forma en la República de La Boca, barrio habitado por genoveses y otros cien dialectos del mundo.

Mientras en la Argentina hoy se debate la posibilidad de la construcción de otro estadio de mayor dimensión o la reconversión de esta cancha de 84 años que ha quedado pequeña para las multitudes, unos 17 mil ejemplares duermen en el club que preside Juan Román Riquelme. Detrás del rito de las banderas más exuberantes del planeta, detrás de la religiosidad dominical de esa afición desquiciada llamada «Jugador número 12» y en medio de ese halo que emana el Riachuelo, están las perlas con olor a celulosa y tinta.

El ejemplar más antiguo de la biblioteca, que convive con los gritos de gol y con la indiferencia intelectual de miles de aficionados desaforados, es Cours de Littérature, de par M. Villemain, un libro de 1846, editado apenas cuatro años antes de la muerte del General José de San Martín, el popularmente llamado «padre» de la Patria argentina.

Otras bellezas bibliográficas que probablemente algunos hinchas de fútbol nunca abran: un ejemplar de la novela francesa ilustrada Jean qui grogne et Jean qui rit, de Mme. la Comtesse de Ségur, de 1905, año de la fundación de Boca Juniors.

Detrás de esas maravillas está la guardiana de las letras boquenses, la bibliotecaria que se adjudica la mejor oficina del mundo, María del Valle Calvimonte. Santafesina, de la provincia de Lionel Messi, adoradora de la obra de Jorge Luis Borges, fanática de Boca Juniors, nacida en Bouquet, a 150 kilómetros de Rosario, María organiza las actividades de lecto-escritura que enriquecen a un barrio golpeadísimo por la crisis y la indigencia, lee cuentos a niños y adultos y gestiona un espacio fascinante.

Criada en el campo, docente rural, obtuvo una beca para la carrera de Bibliotecología en la Universidad Nacional de La Plata, eligió La Boca para sus prácticas estudiantiles en la década del 90 y el destino se encargó de unirla al club de sus amores.

El búnker que Maradona no visitó

Llamada -aunque pocos lo saben- Biblioteca Juan Bautista Alberdi, el nombre homenajea a uno de los pensadores más importantes e influyentes del siglo XIX para el país, el «autor intelectual de la Primera Constitución», como se lee en los manuales escolares argentinos.

La biblioteca fue fundada el 12 de junio de 1933, en lo que era el viejo estadio de Brandsen y Del Crucero (actual ubicación de la Bombonera), un lugar para 25 mil espectadores con tablones de madera. Para entonces el fútbol acababa de dejar de ser amateur (el profesionalismo llegó en 1931).

Para 1935 y mientras se pergeñaba la construcción del nuevo estadio, la biblioteca fue trasladada a una sede en Almirante Brown 965, también en La Boca. En la década del 80, años después del debut de Diego Maradona, los libros regresaron ó a Brandsen 805, al actual coloso. El mismísimo Pelusa no visitó jamás esas estanterías colmadas de coloridos ejemplares hospedados debajo de las gradas de la gloriosa Bombonera.

Los libros de historia xeneize casi no mencionan a este edén de papel. Y los futbolistas lo ignoran. «Recuerdo las visitas a la biblioteca de Antonio Rattín, el histórico futbolista boquense que quedó en el recuerdo por la expulsión en Wembley, en el Mundial 1966, y se sentó en la alfombra real de la Reina Isabel II», rememora Calvimonte. Fue el mismísimo Rattin («El Rata») quien tras ese incidente impulsó luego la creación de las tarjetas amarilla y roja. «También era habitué Ángel Clemente Rojas, Rojitas para todos, uno de los máximos ídolos de la institución, símbolo de los sesenta». «El futbolista de hoy tiene un lenguaje muy limitado, se circunscribe solamente al universo del fútbol, difícilmente abre un libro. Necesitamos que descubran el valor de la literatura. Estamos a punto de lanzar un proyecto para que eso ocurra con las divisiones juveniles del club», advierte Calvimonte.

Historia de una joya

En 1933, cuando un iluminado directivo consideró primordial la creación de un espacio de libros que nutriera a los socios más allá de la pasión por el fútbol, apenas se había celebrado un Mundial de Fútbol. Los potreros embarrados de la Argentina eran fábricas de cracks y cunas amorosas de generaciones hambrientas de fútbol. A los estadios se iba de traje y corbata y no estaba bien visto el ingreso de las señoritas y señoras. Las camisetas eran poco amables con la transpiración de los atletas y muchos jugadores de Boca Juniors eran obreros de la construcción, empleados de bancos o changarines que trabajaban para poder llevar el pan a casa.

Se trataba de un tiempo convulsionado, en el marco de la Década infame, cuando el país era gobernado por el ingeniero y militar Agustín Pedro Justo y Buenos Aires ni siquiera tenía unos centímetros construidos del Obelisco. En Boca jugaban leyendas como Roberto Cherro, el verdugo de los arqueros apodado «Cabecita de oro», que marcó 218 goles en la institución en 301 partidos (un increíble promedio de 0.72 por presencia). Su figura se fue diluyendo con el almanaque y el récord fue robado décadas después por Martín Palermo, máximo artillero con 236 tantos. Las hazañas de ambos están conservadas en libros de historia de la biblioteca.

«Atesoramos libros con laminado de oro y conservamos libros del año de la fundación del club, 1905», enumera emocionada Calvimonte, quien llegó a escaparse de su reino de papel para dar vueltas olímpicas junto a los planteles campeones. «En 2016 hubo un intento de desmantelamiento de la biblioteca, se fraccionó todo en containers, pero finalmente hace unos años recuperamos este emblema único en comparación con otros clubes del mundo que carecen de un punto de encuentro así».

En 2020, en lo que fue una de las cuarentenas más largas del mundo, la de Argentina, que terminó aquel año con 45 mil muertos por Covid, desde la biblioteca digitalizaron libros y los volcaron a una plataforma digital para que parte del material estuviera disponible para los confinados.

En aquella temporada fatídica con aislamiento obligatorio establecido por el entonces presidente de la Nación, Alberto Fernández, los planteles de fútbol dejaron de entrenar de modo presencial y recién cinco meses después volvieron a verse las caras, en medio de cuidadosos protocolos y burbujas. En total, fueron ocho meses sin partidos. Los anaqueles llenos de polvo funcionaron como un pequeño consuelo para los bibliófilos. Ernest Hemingway, Saint-Exupéry, Jane Austen, Charles Perrault, Stephen King, Lewis Carroll, Rosa Montero, Charles Dickens, Joseph Conrad, Franz Kafka, Julio Verne, Isabel Allende, Roberto Fontanarrosa y otra decena de autores llegaban fantasmagóricos a domicilio como alineaciones tácticas contra la angustia.

Hoy, grupos de ex combatientes de la Guerra de Malvinas 1982, asociaciones de jubilados y grupos de alumnos de escuelas de todo el país llegan con cita previa al paraíso. Puede parecer anacrónico en la era de la inteligencia artificial y los bot, pero en las repisas hay amarillentos manuales del hogar al estilo «Guía para el mantenimiento de la casa y la prevención de accidentes domésticos».

«Recibimos donación de libros desde cualquier lugar del mundo. Tenemos ofrendas que llegaron desde Moscú y esperamos que los aficionados del mundo envíen material que enriquezca este patrimonio editorial. Queremos ser plurales y demostrar que un club esencialmente de fútbol puede ser también un lugar de resistencia, una trinchera contra la ignorancia», juzga Calvimonte.

Seminarios de compresión lectora, certámenes de microrrelato, talleres de lectura impulsados por la Fundación Pupi del ex futbolista Javier Zanetti, Calvimonte no detiene su marcha generadora de cultura y no se resigna a que la maquinaria fútbol eclipse este rincón silencioso de Boca Juniors.

No es extraño que después de los partidos los libros queden esparcidos por el piso o tambaleando sobre los estantes. Las vibraciones de ese coliseo que alberga 54 mil almas -y que lejos del mito romántico efectivamente late con crujido de cimientos- hacen de los ejemplares de papel una particular danza.

«Aunque busquen, no van a encontrar geográficamente una biblioteca de este estilo», pronostica Calvimonte, que destaca la tarea del ingeniero José Luis Delpini quien a fines de la década del treinta recibió el encargo más singular de su vida, hacer magia con el espacio limitado disponible para un nuevo estadio (el actual). Junto al arquitecto Víctor Sulcic y el geómetra Raúl Bes, edificaron un monstruo sobre fango y para poder ejecutarlo recurrieron a pilotes en profundidad. Una obra casi de ajedrez, un desafío a la gravedad y al espacio.

Desde Shakespeare a los autores anónimos que autoeditan sus novelas, en la Bombonera hay lugar para todas las firmas y para todos los tamaños de ejemplares: es posible ver armatostes con más de dos kilos y un libro sobre al abecedario que mide menos de dos centímetros.

Por estos días, mientras en La Boca un grupo de vecinos se niega a vender su casa para la expansión de la Bombonera, los proyectos paralelos de agrandamiento entusiasman a miles: la última sorpresa, un plan -a evaluarse- de levantamiento del campo de juego unos 7 metros para construir en altura, sin necesidad de tierras aledañas, lo que permitiría una capacidad de 90 mil espectadores. Sea cual sea la suerte del estadio, la premisa es la misma: la biblioteca boquense no se toca.

 

8 Comentarios

  1. Andrea Cuesta

    Bello lugar en Buenos Aires. Felicitciones!

  2. Ruben Pramparo

    Gracias María del Valle por tanta pasión por tu trabajo y por tu amor a Boca Juniors, que transmites cada momento de tu vida. Hermosa nota. Felicitaciones

  3. Disfruté mucho con este artículo que brinda datos poco conocidos. El trabajo de guardiana de Ma. del Valle es muy acertado. Me reí cuando leí que durante un partido la biblioteca y sus libros vibran. Me gusta el plan de llegar a las ligas jóvenes con material de lectura. Gracias Ma. del Valle por tanta entrega y pasión

  4. Excelente nota (!!!)

  5. ¡QUÉ GRAN OBRA! Y es posible por la acción de esta destacada Mujer. ¡Felicitaciones!

  6. Desconocía esta historia. Enhorabuena!

  7. Hermosa nota .Felicitaciones María, bostera de corazón.

  8. Hermosa nota, Felicitaciones Maria, bostera de corazón.

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