Economía

El fútbol, para las Kardashian: La gentrificación de los estadios deportivos

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Kim Kardashian y su hijo Saint a su llegada al estadio del Inter de Miami (Foto: Cordon Press)

Lo ha contado La Vanguardia este fin de semana. El SoFi Stadium de Los Angeles ha causado sensación tras la visita del Barça para enfrentarse al Arsenal. Estaban Javier Bardem, Penélope Cruz, Kevin  Durant y Daddy Yankee, entre otros. Claro, porque de eso es de lo que se trata, de atraer a la jet. En el mundo, este estadio es el que más ingresos VIP obtiene. Con capacidad para 73.000 personas, 17.124 plazas son VIP. Si se llena, esto le reporta 117 millones de euros anuales.

En el estadio donde se ha jugado el Clásico el AT&T Stadium genera 138 millones en plazas VIP. Otros, como el Allegiant de Las Vegas, genera 64,4. La fiebre por el espectador de alto nivel es tan evidente que Real Madrid, Atlético y Barcelona han estado compitiendo también por el número de plazas VIP proyectadas en las reformas de sus estadios.

Cuando se produjo el debut de Messi con el Inter de Miami, pudimos ver por Instagram cómo había dos chavales situados a la entrada del túnel de vestuarios en un lugar privilegiado. Eran los hijos de Kim Kardashian. Vibraron con el partido como locos y, en el siguiente vídeo del story, mostraban la camiseta que les había firmado el astro argentino con una dedicatoria escrita bien, despacito y con buena letra. En el negocio de la zonas VIP no se oferta solo una butaca con comodidades inaccesibles para el común de los mortales, se incide en la experiencia. Esa experiencia premium, por supuesto, también incluye desde visitas al vestuario y encuentros con los futbolistas, también la venta de camisetas personalizadas.

Tres días después, los hijos de la Kardashian estaban en Japón para ver el partido entre el Al Nassr de Cristiano Ronaldo 7 el PSG de Neymar, quien saludó al chaval, situado en una localidad justo detrás del banquillo.

El nuevo Bernabeu contará con 5.000 plazas VIP, donde el catering lo llevarán restaurantes exclusivos, incluido uno con estrella Michelín. El precio de un palco en el Cívitas Metropolitano del Atlético de Madrid puede llegar a costar 75.000 euros anuales. En el Ramón Sánchez Pizjuan, ver al Sevilla a todo lujo solo cuesta un poco menos, 60.000.

El modelo de negocio no solo domina la elite, también está presente en Campeonato Nacional de Segunda División, que ha pasado de ser LaLiga SmartBank a LaLiga Hypermotion. Las reformas del SD Huesca de su estadio El Alcoraz aparecieron en los medios el año pasado para que se viera, con todo detalle, que un 8% del campo había pasado a ser zona VIP.

En un principio, esas zonas VIP sirven para no aumentar los ingresos sin subir la cuota al resto de abonados. O eso se dice. También, la estrategia empresarial conjunta permite tirar de varios sectores económicos de una misma ciudad, del turístico al gastronómico, integrando toda la oferta en la aludida experiencia de «un día de fútbol».

Zona VIP del Lusail Stadium en Qatar (Foto: Cordon Press)

Sin embargo, en el Mundial de Qatar lo que vimos fue que este sistema se extiende, pero hacia arriba. Cuando VIP ya no es suficiente y se establece la VVIP . En este caso, fueron los espacios para el emir de Qatar, su familia y los diplomáticos e invitados políticos extranjeros. En New York Times añadía, si los VVIP son demasiados, existe la posibilidad de salas VVVIP, equivalentes a «un hotel de siete estrellas».

A todos estos efectos dentro de los estadios, hay que añadir lo que ocurre fuera. Un estudio de la Universidad de Clarck, en Massachusetts, encontró que es normal que en Estados Unidos los estadios se encuentren en zonas donde originalmente la vivienda y los terrenos eran más baratos. Generalmente, cuando se construyen las nuevas instalaciones, el plan urbanístico viene acompañado de promesas para el barrio. Lo que ocurre después es matizable en relación a lo prometido. Aumentan los negocios, las franquicias, el precio de los alquileres y se produce el fenómeno de la gentrificación. Las promesas son válidas, explica Dominique Wilkins, pero para la población que sustituye a la anterior.

Esa conclusión es extensible al interior de los estadios, donde se corre el riesgo de establecer lugares con códigos propios de discotecas de lujo, donde la gente normal llega a sentirse incómoda en el caso de que consiga entrar. En los nuevos estadios, la experiencia va a ser impresionante, pero los que iban antes no las van ni a oler.

Ahora, lo de ver los partidos en casa con unas gafas de Realidad Virtual empieza a cobrar otro sentido.

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