Retiradas

En la retirada de Thibaut Pinot

El otro día dijo Thibaut Pinot que se retiraba al final de este 2023. Que ya estaba cansado, que le dejásemos vivir, que había dado mucho a muchos. Se irá como un puto ídolo, como alguien amado y respetado, como ese ciclista que todos queríamos ver ganar y casi nunca ganaba. Aunque lo hiciera más veces de las que recordamos. Que jodida, la memoria, dibujando tópicos…

A Thibaut Pinot (Lure, 1990) lo empezamos a conocer subiendo el Col de la Croix, en Suiza. Faltan quince kilómetros hasta Porrentruy, y los hará en solitario. Tour de Francia, año 2012. El de Wiggins, el de Froome segundo y humillante. Pinot era el más joven de aquella carrera, llevaba maillot blanco, ganó una etapa. Epató. Epató mogollón. Luego aguanta con los mejores en La Toussuire, en Peyragudes. «Pensé que había bebido de la botella equivocada, que me había dopado sin querer», dirá Thibaut. «No entendía cómo estaba tan fuerte, cómo puedo ir tan fácil». Ya ven, sinceridad ante todo. Será una constante.

Acabó aquella carrera en el décimo lugar. Nadie terminaba tan arriba con veintidós añitos (habiendo trincao etapa) desde antes de la Rafle. Igual ahora no impresiona, con adolescentes en pódiums de Vueltas, el bicampeón más joven de la Grande Boucle y artefactos similares, pero entonces… uy, gallina en piel.

Todo lo que vino… un regalo. Porque Thibaut no era perfecto, no. Thibaut se cae, Thibaut se queda bajando Hijas (por poner un ejemplo aleatorio), Pinot revienta cuando lo más fácil es ganar, Pinot hace el canelo mirándose con Bardet y los remacha a ambos un tal Cummings (calvo, pintas de estibador, alavejezviruelesco ciclista). Era falible, era maravilloso. Qué aburridos son, colega, los campeones que nunca la pifian.

Thibaut Pinot se irá convirtiendo, año a año, en Mikel Landa sin gesto de «ven que te cuento Finestre», en Carlos Sastre con carisma (y menos Tours), en el Chava rindiendo por Europa, en el ídolo de quienes no tienen ídolos porque tener ídolos es de horteras. Pinot tenía aire ochentero, pero actitudes muy Generación X, muy figurón grunge, muy «yo no me vendo, la pose ante todo». Pinot era Lord Byron sin cojera, Sandman sonriente, el chico-empollón-que-termina-siendo-popular. Todas esas cosas. Porque Pinot molaba.

Sobre la bici… pues, miren, un escalador de los de siempre, trasplantado desde Dauphiné-1985 hasta nuestros días. Tirando de desarrollo, las manos sobre la potencia, riñones, meneo sabrosón en hombros y culo que dirige su rueda delantera al abismo o el murete, depende de qué pedalada toque. Hace muecas, parece que va llorando-riendo-llorando, está a punto de caer, tiene un cierto aire mortadelesco que es imposible no adorar. A Pinot lo guioniza Álex de la Iglesia (aunque lo dirija Marc Madiot, que es una caricatura mamarrachesca del propio Marc Madiot), a Pinot lo quieren todos los cicloturistas que salen con maillot del Teka y piñón más alto de veintiséis dientes. Ese es Thibaut.

Ojo, también currículo, ¿eh?, que en estos lares sin currículo no te comes una mierda. Pódium en el Tour, cerca en Giro y Vuelta, etapas en las tres Grandes, campeón de Francia, parciales por Romandía, por Suiza, por Dauphiné, el Critérium Internacional, la Milán-Turín. Por tener, tiene hasta un Monumento. Lombardía 2018, que no hay muchos grimpeurs con Monumentos, y no hay muchos grimpeurs con Monumentos que hayan protagonizado descensos de chirigota en el Monumento ganador. Y él… sí. Hasta en eso era especial.

Porque, además, está lo otro. Lo otro. Las cagadas, los podría haber sido mejor, los deseos, las realidades. Una búsqueda continua a lo que pareció prometer, a lo que muchos echaron sobre sus hombros. Dicen que si la presión… agua. Dicen que si nunca se rinde, que si profundiza demasiado en lo de hacerse pupa. Giro 2018. Es tercero a cuarenta y ocho horas de terminar la carrera. Nunca llegará hasta la Ciudad Eterna. Neumonía. Aguantó demasiadas etapas. Tosiendo, infligiéndose más y más daño. Aquella tarde, camino de Cervinia, acabó en una cama de hospital. Sin excepciones, sin medicamentos.

Ese era Pinot.

Seguramente el gran momento de Thibaut (el que pudo haber sido gran momento, porque su reino no es de este mundo, una palabra suya bastará para sanarme y no hay victoria mayor que una derrota trágica) fue el Tour de Francia de 2019. Treinta y cuatro años que llevaban los franchutes sin catar Grande Boucle (casi el cuarto de siglo sin llevarse a la boca una Gran Vuelta). Treinta y cuatro julios, ellos, con su grandeur, sus Anquetiles, sus Hinaults, sus Lapizes. Ya son años, treinta y cuatro. Hay muchos, muchos aficionados al tema de pedales y sillines que nunca han visto un francés de amarillo. No, al menos, en París (tranqui, Thomas Voeckler, puedes bajar el arma… espera, qué haces, por qué tantas muecas, Thomas, ¿te ocurre algo?).

Y entonces llegó Pinot.

El de 2019 fue un Tour… raro. Con sus ausencias, con su Alaphilippe en plan destroyer, con sus Pirineos que sí pero no, con su equipo más fuerte aguantando hasta soltar demonios, con el descojono de Movistar, con la suspensión aquella por granizo… Raro, sí. Pero fue, también, lo más cerca que han estado los franceses de pellizcar gloria desde que todos aprendimos las muchas vidas que entran en ocho segundos, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, ocho segundos.

A ver, que me explique… la actitud de Pinot aquel verano fue… paradójica. Tenía piernas de fuego, pero andaba cagueta de narices. En Tourmalet con ataquito en vallas, al día siguiente sin cadena pero no aceptando la locura landiana. Podía ser signo de soberbia, podía ser todo lo contrario. Yo, que soy muy de Pinot, pensaba que esta vez sí, que ya era hora, que alonsanfans, que ya verás tú las risas cuando suba una cabra al pódium de los Elíseos (si ahora todos suben a setecientos catorce churumbeles por qué no iba a subir una cabra, ¿eh?, a ver, denme razones, razones buenas). Pero… es que es difícil. Entra en los Alpes cuarto, con los otros a tiro de piedra (Julian estaba ya en desplome limpio), y habiendo sido el más fuerte por las otras montañas. Golpe definitivo camino de Tignes (ojo, dejó pasar Sentinelle y Galibier). Iseran de salida (Iseran desde abajo, que me lo pueden dividir en cuatro puertos, pero son ochenta kilómetros sube que te sube), bajada y fin en una estación de esas glamourosas. Thibaut al ataque, Thibaut que gana.

Thibaut que llora.

Sucede con solo treinta y cinco kilómetros. El muslo izquierdo. Rotura de fibras. Dos días antes, esquivar montonera, golpe con el manillar. Pinot lo intenta, pero es imposible. Sobre la bici, llora. Con él van William Bonnet y Yoann Offredo, las cámaras, todos los periodistas del mundo. Bonnet pasa una mano sobre su hombro. No sigas, Thibaut, no hagas lo del Giro, no acabes en una cama. Se derrumba, apenas puede caminar, entra en el coche, cubre con sus manos el rostro. Francia no ganará el Tour.

Pinot nunca ganará el Tour.

Y él lo sabe. Siempre lo dirá, sin medias verdades, sin esconderse. También ha sido claro Pinot en otros asuntos. Lo del dopaje, por ejemplo. E, incluso, esas cositas que huelen como doping, saben como doping, tienen aspecto de doping, pero, eh, que no, que no son doping. Los TUE, vaya. Claridad y concisión. No es el único, veremos, pero sí voz autorizada, por sus galones.

¿Quieren un ejemplo práctico? Poco después de que Rafa Nadal ganase su decimocuarto Roland Garros, infiltración mediante, Thibaut reaccionó ante una respuesta del tenista. «Mejor que no lo sepas», contestó DON RAFAEL NADAL PARERA, riéndose, cuando le preguntaron sobre cuántas inyecciones tuvo que ponerse para competir en ese torneo. «Héroes de hoy…», escribe nuestro tarambana preferido en Twitter.

También Guillaume Martin opinó sobre el asunto. Fue en L´Équipe, y se mostró aun más diáfano, que para eso tiene Licenciatura en Filosofía. «Lo que hizo no hubiera sido posible en el ciclismo, y me parece normal. Si estás enfermo o lesionado no corres. En primer lugar por la salud de los deportistas, a largo plazo no estoy seguro de que eso sea bueno para el tobillo de Nadal. Y las inyecciones no solo tienen un efecto curativo, también pueden tener mejoras en el rendimiento. Si un ciclista hiciera eso… ya está prohibido, pero incluso aunque no lo estuviera todos iban a tildarle de dopado. En cambio la gente alaba en Nadal su capacidad para aguantar el dolor. Pasan por héroes porque dicen soportar el dolor, pero en realidad se valen de sustancias para ello, y creo que eso está muy al límite».

Hablan, ambos, de los famosos TUEs, las autorizaciones temporales que algunos deportistas obtienen para tratarse de lesiones o dolencias. Para tratarse, sí, con productos prohibidos. Lo que presenta varios debates a nivel ético e incluso sanitario, ya lo decía Martin.

Invierno de 2021, fuera de temporada. A Pinot le ponen una inyección de cortisona. Todo legal, todo permitido. Le ha costado hacerlo, porque no va con él, pero finalmente sacrificó por curarse. Y experimenta, en primera persona, efectos. Entonces habla. Que hay muchos TUEs, demasiados. Que se abusa en el pelotón de ciertos asuntos. Otra vez L´Équipe. «Me cabrea, por supuesto. Sus beneficios duran hasta tres semanas. Muchos lo utilizan fuera de competición, pero justo antes de correr. Alguien que se inyecta corticoesteroides no tiene que competir». Buuum, toma ya. También habló de las famosas cetonas. Que están permitidas, que todos dicen que no son nada raro, que nadie se asusta con ellas. «Pero luego tiramos geles y poncheras cuando están vacíos, y los botes de cetonas los guardamos en el maillot, como si hubiera algo que esconder. No lo entiendo».

Quizá piensan en escándalo mayúsculo después de que una de las estrellas del deporte haga acusaciones tan… en fin, tan acusatorias. Y no. «Nadie me llamó después de estas declaraciones. Para apoyarme. Nadie. Ni siquiera los compañeros de equipo. También por eso puedo dejar la bici sin remordimientos. Dije muchas veces lo que pensaba. Ahora déjenme vivir mi vida». La escuadra… Cuando uno de sus compañeros, Georg Preidler, fue suspendido por la UCI, Pinot se lo tomó a la tremenda. Dice que lloró, que estaba hundido. Que, para él, eso es alta traición…

Así que… el doping. Una entrevista más a L´Équipe. Del propio Pinot, esa en que anunció su retirada. «El dopaje no arruinó mi carrera, pero sí me frustró a menudo. O me sembraba dudas. Nunca podré saberlo. Siempre me decía que un dopado no podría entrenar tan duro como lo estaba haciendo, que todo era compensable con más y más dolor. Eso me tranquilizaba. Pero cuántas veces terminé segundo o tercero sabiendo perfectamente, o teniendo fuertes sospechas, de que en realidad la victoria era mía». Igual las declaraciones no les suenan. Son incómodas, nadie quiere leerlas mucho, nadie quiere que salten. Dicen demasiado. Como Pinot.

¿Desean cosas más alegres? Pues videos de gatitos, que es algo muy de internet. O de cabras. O de burros. Lo que prefieran, a Thibaut le chifla todo. Año 2019 y lo cuenta en 30millionsdamis. ¿Qué cuántos animales tengo? Pues espera, que hago memoria. «Cuatro burros, dos vacas, diez cabras, diez ovejas… ah, y los gatos, Maya y Pupuce». Como mascotas, aclaramos. Vamos, que el tío no lleva una granja allí por el Franco Condado, no piensen eso. Que son sus mascotas, que no hay cabrito al horno en Chez Pinot. A Pupuce se la encontró en un gallinero, casi moribunda, y, pam, adoptada. Lo hace a menudo. Lo de llevarse gatitos a casa, para encontrarles un hogar, para buscar a quien pueda cuidarlos. «He llegado a recorrer treinta kilómetros con un gatito en el maillot», decía. Bien dócil hubo de ser, macho, porque con esas uñas… Busquen, busquen fotos del tipo con sus colegas. Es para que se te caiga la baba…

Bueno, es que, a ver, en general… en fin, para qué engañarnos.

A mí Thibaut no puede caerme más majo. Esperemos que se haya guardao algo gordo para su última temporada. Y que le vaya bonito después.

3 Comentarios

  1. Un tipo peculiar, Pinot. No puede decirse que la fortuna haya sido generosa con él, quizás por eso caiga bien. Suscribo totalmente el último párrafo. Por cierto, estimado autor, después de este artículo y el anterior dedicado al gran Fignon, ¿detecto cierta querencia francófila en usted? Por mi parte, aunque costó, ya la he asumido.

  2. Buenos días Marcos y personas lectoras:

    Agradecerte, una vez más, tu magnífico artículo. Creo que todos los que amamos el ciclismo de Pinot, no solo lo extrañaremos en las carreras, sino que, de alguna forma, siempre habríamos querido ser el hombro de William Bonnet en aquel aciago Tour de 2019.

  3. bueniiiiisimo articulo.
    todos somos «tibó»

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