Análisis táctico

La Supercopa va a ser un duelo entre Courtois y Ter Stegen

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Courtois y Ter Stegen han permitido que haya un Clásico en la final de la Supercopa de España en el estadio King Fahd Stadium, de Riad. En el actual formato, será la primera vez que ambos la jueguen; formato donde puede ganarla un equipo que sea vigente campeón de nada, como el Barça actual, ante un graderío, el saudí, que no podrá entonar cántico identificativo alguno tras la victoria, porque desconoce la letra, el idioma y cualquier costumbre española.

En las ediciones anteriores, cuando la federación respetaba la esencia de un torneo surgido en 1982 y facilitaba el calor de las aficiones, como campeones de Liga y Copa (excepto los casos donde coincidía el ganador), los enfrentamientos entre ambos se saldaron con seis Supercopas para el Madrid y una para el Barça, conseguida en tiempos del Guardiola entrenador. El año pasado el Madrid volvió a vencer, pero en semifinales.

Habiéndose clasificado para la final y encabezando asimismo la Liga, cualquiera diría que Barça y Madrid no pasan su mejor momento. Sin embargo, puesto que la temperatura de un equipo la da su juego más que sus resultados, puede asegurarse que es así. Los motivos del inestable desempeño de ambos tiene, por otra parte, poco que ver. Como no podía ser de otra manera, todo nace y muere en los futbolistas. Donde al Madrid actual le pesa la forma de algunos, al Barça le limita el nivel de la mayoría.

El Real Madrid no se encuentra

Dijo Ancelotti recientemente que «no se puede estar bien apenas dos semanas después del Mundial». Lo cierto es que sí se puede, aunque su equipo de momento no lo consigue. Desde que regresasen las competiciones de clubes tras Qatar 22, el Madrid no encuentra el juego que le hizo campeón de Liga y Champions hace escasos meses. A causa de ello, ganó por la mínima al Cacereño en Copa, perdió contra el Villarreal su primer partido en Liga y solo pudo empatar contra el Valencia, un equipo joven en proceso de regeneración, en la semifinal de la Supercopa. En el partido de la Cerámica, disputado el pasado fin de semana, Ancelotti presentó su once de gala, a excepción del lesionado Carvajal, cuyo lugar lo ocupó Militao.

La propuesta de juego con esa alineación es bien conocida y suele ser eficaz: los guantes de Courtois para detener cualquier chut; la categoría de Alaba y Rudiger (o Militao) para dominar la retaguardia en distintas alturas; Mendy como lateral largo por dentro, al tener delante un extremo nato como Vinicius; Militao haciendo de Carvajal como lateral largo por fuera, al tener delante un mediocampista interior como Valverde, dedicado a sorprender desde segunda línea; Tchouameni como especialista defensivo en el pivote, despreocupado de una generación de juego para cuya magnitud no está preparado; Kroos como armador desde la zona del volante izquierdo, aprovechando para ello su talante y un pase largo exclusivo; el insondable talento generador de Modric, alma del juego madridista, desde la zona de enganche, para que las partes hagan el todo. Como colofón, un recuperado Benzema con su Balón de Oro al servicio del equipo, ora como mediocampista para combinar, ora como delantero para marcar.

Se trata de la alineación que mayor cantidad de grandes futbolistas junta, donde además las características de cada uno de ellos se complementan. Por eso suele ganar los títulos. Aun con todos, el Madrid fue inferior a un Villarreal que bordó el partido y ganó 2-1. No cabe duda de que los dirigidos por Setién hicieron todos los méritos posibles para desvirtuar al Madrid, pero de la responsabilidad del mal juego no puede excluirse por completo a varios de los mejores futbolistas del mundo.

Entre los mediocampistas rivales, Kroos y Modric no consiguieron generar fútbol, como habitualmente hacen, entonces nada funcionó. Modric fue sustituido, para sorpresa del espectador. Los cambios de frente del alemán (12 aciertos de 12 intentos) encontraron a un voluntarioso Militao en la banda derecha, pero las jugadas no fructificaron debido a la desnaturalización del central brasileño, inadecuado para ejercer funciones ofensivas de lateral. Esto es achacable a Ancelotti. Benzema hizo el empate de penalti y estuvo participativo, pero impreciso en su vuelta a la Liga tras su larga lesión. Toda vez que Vinicius perdió la posesión demasiadas veces para las oportunidades que generó.

En el partido contra el Valencia, finalizado con empate a uno, a Modric le tocó entrar en el descanso. Tomó el lugar de Camavinga y el equipo apenas mejoró. Cierto es que, en ausencia de Tchouameni, Kroos hubo de ejercer de mediocentro y Modric ingresó como volante izquierdo, compartiendo labores de iniciación de juego en lugar de incidir más cerca de los delanteros, donde es verdaderamente diferencial. Pero, por encima de ello, las sensaciones cada vez que recibió el balón no fueron las habituales. Sus flojos partidos hablan más del estado actual del croata que del rol asignado por el entrenador ese día. No conviene olvidar que Modric tiene 37 años y ha vuelto a llevar a Croacia a las últimas rondas de una Copa del Mundo.

Modric contra el Villarreal, a la izquierda, y contra el Valencia, a la derecha.  (Fuente: sofascore)

Tras la victoria en penaltis, Ancelotti explicó que fue «un partido sufrido, complicado. Solo el final ha sido bueno, pero no estamos a tope. (…) No ha sido un problema físico porque al final del partido lo hemos hecho bien. Ha sido un error colectivo. No presionaron al balón y la lectura del centro del campo no ha sido buena».

Por una parte, Ancelotti dio en la diana: la fase defensiva fue una mala lectura grupal. Entre los jugadores no supieron dónde y cuándo presionar en conjunto, por ello el rival avanzó con sencillez hasta pasar la mitad del campo. Sin embargo, en fase ofensiva también había un problema de base, asignable al entrenador.

Lo cierto es que un sector izquierdo formado inicialmente por Nacho, Rüdiger, Camavinga y Vinicius estaba abocado al fracaso. Y se da la situación de que ese costado suele ser la principal vía de ataque madridista, habida cuenta de la incidencia ofensiva de Vinicius, el único futbolista al margen de las rotaciones. Como Rüdiger, Nacho es central, diestro y su limitación técnico-ofensiva es notoria. Por delante de ambos estuvo Camavinga, quien se ha mostrado un gran activo ingresando ante rivales que descuidan su estructura fruto del cansancio, cuando puede explotar las transiciones con balón que le caracterizan, pero no tiene las cualidades para ser el interior que dé estabilidad al juego en un equipo de la categoría del Madrid, al menos de momento.

Debido a los previsibles defectos constructivos en fase de posesión, en el primer tiempo Benzema, que lee el fútbol mejor que cualquier entrenador, tuvo que ejercer de interior izquierda para que Vinicius recibiera balones adecuados. Y recibió, pero pocos.

Benzema (Fuente: sofascore)

No estuvo fino el entrenador y tampoco estuvieron bien los jugadores. Así las cosas, que Modric fuera sustituido en el minuto 70 contra el Villarreal resultó indicativo de la realidad que afecta al equipo blanco: algunos de sus mejores futbolistas no han llegado bien del Mundial. Y uno de ellos es el mejor del equipo.

En repetidas ocasiones, Ancelotti justificó suplencias de Modric diciendo que necesitaba descanso. Sin embargo, sucede que el nivel y el encaje de la alineación titular son tan altos que el juego se resiente sobremanera con la ausencia de cualquiera de sus grandes futbolistas. Por eso el técnico cambia lo justo y necesita a todos en óptimas condiciones, a fin de mantener el ritmo del Barça en Liga.

Desgraciadamente para el Madrid, Modric no está solo en este bajón de rendimiento. A su estado y las lesiones de Alaba y Tchouameni, que no viajaron a Arabia Saudí, se une la floja aportación de otros mundialistas. Valverde y Rodrygo han tenido sitio como titulares aunque, a decir verdad, apenas han comparecido en este retorno competitivo del equipo.

En el partido contra el Valencia, Benzema estuvo inspiradísimo, pero ninguno de ellos supo acompañar su nivel en el ataque. Leyeron tarde sus movimientos y desaprovecharon sus asistencias. Desde la zona de interior derecho, el uruguayo perdió dieciséis balones y casi todos sus duelos, siendo imprecisos los pocos centros y chuts que completó. Por su parte, Rodrygo no logró sobreponerse al juego del equipo, virtud que en él suele ser costumbre, como demostró en la ronda copera, para conseguir chutar una sola vez a portería.

Como apuntó el técnico madridista, el equipo mejoró algo desde el ingreso de Modric y Carvajal en la segunda mitad. Era natural. Aunque el español es otro que, recuperado de problemas físicos, parece no estar a su nivel en estos momentos inmediatos al Mundial. Así las cosas, en el cómputo general el Madrid fue peor que el Valencia, que no ganó dadas las limitaciones de nivel de la plantilla y la gran actuación de Courtois, una vez más.

El Barça se encuentra lo que puede

Caso distinto es el de un Barça que tampoco carbura. El problema de su juego parte de que cualquier alineación que forme tendrá nivel limitado en relación a sus objetivos. Tras la semifinal, Xavi dijo que la primera parte perteneció a su equipo y Pellegrini lo confirmó, añadiendo que en la segunda el Betis fue mejor y mereció la victoria. Así fue y en pura lógica.

Con los fichajes de esta temporada, el Barça consigue tener dos onces competitivos, colmados de buenos jugadores, muchos con potencial incluso para alcanzar una carrera de época. Pero la actualidad indica que, de momento, la plantilla solo dispone de tres futbolistas que dominan todos los registros del juego que le es propio. Ter Stegen, Pedri y Lewandowski son sus únicos jugadores de verdad grandes, el resto aún carece de la entidad necesaria para que el equipo no se resienta por momentos. Como bien refleja la prematura eliminación de la Liga de Campeones, el tope de calidad culé parece bajo para la aspiración de un club que, dada su dimensión, pasa por ganar cada título disputado.

Sin ir más lejos, tres grandes futbolistas es la misma cifra que tienen sus recientes rivales, siendo inferiores las urgencias competitivas de estos clubes. Atlético de Madrid (aún contaba con Joao Félix cuando se midió a los azulgranas) y Betis son equipos quizá menos equilibrados que el Barça, pero con capacidad para armar al menos un once de plenas garantías, aunque medie alguna ausencia. Además, Xavi no pudo contar con Lewandowski, su mejor hombre, para enfrentarse al Atleti. Algo que, por supuesto, se notó.

Para medirse a los de Simeone, Xavi examinó a un rival que suele decantarse por el contragolpe y dispuso un once adecuado al mismo, como muchas veces hace. Con cuatro zagueros y otros tantos mediocampista esenciales, el Barça trataría de controlar tanto la fase de iniciación como la posesión, abriendo a su vez las líneas rivales con un lateral descolgado y un extremo en ataque posicional, a fin de que los interiores tuvieran espacio para relacionarse y percutir.

El plan funcionó en el inicio, hasta que en el minuto veintidós el Barça abrió el marcador por medio de Dembélé. Entonces los rojiblancos decidieron adelantar líneas e intensificar la presión y la cosa se puso fea para los culés.

Esta variante arrancó de raíz el flujo asociativo del Barça, viéndose por ello atrasado en bloque. A fin de evitar riesgos inasumibles, sus zagueros tuvieron que enviar balones largos para tratar de avanzar. Debido a la limitación de nivel de sus futbolistas, el Barça no pudo sobreponerse a una presión hacia delante bien coordinada por jugadores como Griezmann, Llorente o Koke, adecuados para ejecutarla.

Las veces que el combinado catalán logró iniciar el juego según su estilo fue cuando Pedri desatendió el rol inicial como enganche para ejercer de tercer volante. Hubo de hacerlo ante la inoperancia de zagueros como Araújo, Koundé o Baldé, correctos con balón pero no expertos, de un sobreestimado De Jong en situaciones tan exigidas y del veterano Busquets, a quien a estas alturas no se le puede pedir más.

La superioridad numérica, aunque ayuda, no soluciona las carencias técnicas. Por eso acudió Pedri, al único que le sobra técnica e interpretación. No obstante, como sucede con Modric, que el mejor futbolista del equipo se aleje de sus funciones más destacadas nunca es buen negocio. Así, el nuevo papel de Pedri menoscabó la eficacia ofensiva de un conjunto donde, además, el otro interior está pensado para ser una suerte de mediapunta con mirada hacia la portería rival. El Atleti acabó el partido con el doble de ocasiones que el Barça. Los de Xavi aguantaron el 1-0 gracias a las paradas de Ter Stegen, uno de sus grandes futbolistas.

Pedri vs Atleti y vs Betis (Fuente: sofascore)

Ya en la cita con el Betis por la Supercopa, Xavi volvió a un 4-3-3 más reconocible tanto en su libreta como en los tomos de historia contemporánea de la entidad.

El análisis previo indicaba que la espalda de los laterales béticos, muy ofensivos y de calidad media, sobre todo tras la marcha de Álex Moreno, son el punto débil del conjunto verdiblanco. Sabedor de ello, Xavi dispuso con acierto dos extremos naturales como Dembélé y Raphinha para incidir en los respectivos costados de Ruibal, centrocampista reconvertido, y el inexperto Miranda.

Del mismo modo, comoquiera que el Betis es un equipo que alcanza un alto grado en la ejecución de su modelo combinativo, los laterales elegidos por Xavi fueron Alba y Sergi Roberto, centrocampistas de origen capacitados para la asociación, en lugar de Baldé y Koundé, quienes jugaron la jornada de Liga.

Alba y Roberto (Fuente: sofascore)

Con ambos en la alineación, ejerciendo más de medios que de zagueros, junto al triángulo formado por De Jong, Pedri y Gavi, el Barça pretendería dominar, a través del balón, una zona central que el Betis ocupa con cuatro y hasta cinco futbolistas, la mayoría de corte técnico.

Lo consiguió media parte, pero cuando ingresó William Carvalho en la segunda y se activó Fekir toda previsión táctica se fue al carajo. Se trata de dos grandes futbolistas que se desenvuelven con similar sensibilidad en zonas directamente relacionadas del campo, a quienes su entrenador permite ser indetectables otorgándole toda la libertad de acción que sus talentos demandan. Por más cambios que introdujo Xavi para intentar remediarlo, casos de Busquets o Kessié, el Barça no pudo imponer su voluntad.

La nueva tecnología estrenada en la Supercopa para el fuera de juego funcionó anulando dos goles al Barça, que igualmente se adelantó en otras tantas ocasiones. Lewandowski y el ingresado Ansu marcaron. El joven español es uno de los citados proyectos serios de gran futbolista; solo las lesiones impiden que lo sea hasta el momento.

Aun con el resultado a favor, el equipo se descontroló tanto en ataque como en defensa y no pudo cerrar el partido. El Betis le empató con justicia ambas veces y Ter Stegen volvió a ser determinante.

Sirve el desarrollo de ambos partidos para extraer que, con la calidad y maduración actual de sus futbolistas, al Barça no debe requerírsele imponer su planteamiento durante todo un partido y ser muy superior a cada rival de nivel parejo al suyo. Máxime con una propuesta tan ofensiva, arriesgada y exigida tanto en ataque como en defensa. Cabe recordar que este Barça no lo integran Messi, Xavi, Iniesta, Piqué y unos Alba o Busquets en plenitud, jugadores legendarios. No lo integran futbolistas que dominen el balón, el tempo o las distintas circunstancias del juego como para ganar a sus oponentes por sometimiento. Por ello el problema del Barça es de nivel, no de variantes o estado de forma.

Previsiones para la final

A las ausencias ya nombradas, para la final el Madrid suma la lesión de Lucas Vázquez. Militao y Camavinga se retiraron tocados contra el Valencia, pero se les espera.

Como sucediera en el Clásico de la Liga, jugado en octubre y con victoria 3-1 para el Madrid, contra el Barça puede apostarse que Ancelotti volverá a utilizar a todos sus mejores futbolistas, independientemente del estado de forma que presenten. El entrenador italiano cree en el talento por encima de cualquier otra circunstancia. Y el talento rara vez falla en ocasiones significativas. Por ello su alineación es más previsible que la de Xavi. Pero la realidad es la que es. A priori, el Madrid sufrirá ante el Barça, que dispone de todos sus efectivos.

Se prevé un Madrid que no desprecie el balón pero decida cederlo por momentos, así opte por una reducción de espacios en bloque medio o bajo que permita, una vez recuperada la posesión, el pronto enlace entre Kroos, Modric, Benzema y Vinicius para dañar a los zagueros azulgranas, siempre con muchos metros a sus espaldas.

Por su parte, el plan del Barça con el estilista Xavi al mando se espera unidireccional, como ha sido siempre. Las líneas adelantadas en búsqueda del dominio territorial y la correcta disposición para presionar hacia delante tras la pérdida.

Con la innegociable presencia de Lewandowski y un extremo arriba, es probable que el técnico opte por un cuarto mediocampista asociativo que permita superar en número el centro del campo madridista sin prescindir para ello de ningún defensor. Y es que el lateral derecho sufrió mucho en el partido liguero, con un Sergi Roberto muy superado. Koundé puede ser el elegido para frenar individualmente a Vinicius, aunque solo la adecuada presión de los mediocampistas y las rápidas ayudas de Araújo desde la zona de central derecho harán posible el cometido.

Se miden dos buenos equipos que no atraviesan su mejor época. Pero a la vez se miden los máximos rivales del país en la final de un torneo. Con estos previsibles protagonistas y la motivación del momento, el estadio espera ver bailar desde Modric hasta el último de los jugadores barcelonistas. Quién sabe si sucederá. Aunque una cosa es segura: cualquiera puede jugarse el pescuezo a que Courtois y Ter Stegen no faltarán a su cita con la grandeza.

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