Supercopa

Un Real Madrid muy pobre puede con los milagros de Mamardashvili

El Madrid pasa a la final de la Supercopa. Mamardashvili trató, con paradas espectaculares, cambiar el rumbo de la eliminatoria

Los once metros decidieron la primera de las semifinales de esta Supercopa de España a favor del Real Madrid. Los blancos jugarán el domingo contra el ganador del Betis-Barça tras aguantar ciento veinte minutos a un Valencia que jugó bien sus cartas. El partido, sin embargo, fue flojo. Salvando los inicios del primer y segundo tiempo, el ritmo del encuentro destacó por ser tan bajo. Impropio de una semifinal.

La mejor noticia para los de Ancelotti es la clasificación para jugarse el primer título de la temporada; la peor, la pobre imagen del equipo. En fases del encuentro, su propia relajación empujó al Valencia demasiado cerca de la portería merengue. Les hará falta algo más para ganar la final. El gol de Samuel Lino, que empató el penalti de Benzema, es síntoma de ello. Al final, el fallo de Cömert en la tanda, que cometió el penalti, decantó la balanza a favor de sus rivales.

El partido no parecía una semifinal

Ambos conjuntos llegaban a las semifinales de la Supercopa de España, en el espectacular King Abdullah, tras perder por la mínima en sus respectivas vueltas al campeonato liguero. Los de Ancelotti fueron doblegados por el Villarreal y los de Gattuso, más grave aún, perdieron en casa contra el Cádiz.

Ambos equipos saltaron al campo con un estadio que presentaba un clima frío, con una entrada media en términos absolutos y discreta si tenemos en cuenta que se trata de una semifinal. No vamos a descubrir nada a estas alturas.

Los chés, con la plaza de subcampeones de la pasada edición de la Copa del Rey, están cosechando unos resultados discretos en LaLiga. Tras varios años de transición y sin jugar Europa, la historia llama a su puerta para que vuelvan a convertirse en uno de los equipos más potentes del campeonato. Sin embargo, Genaro Gattuso todavía no ha demostrado tener engrasada una maquinaria valencianista plagada de jugadores jóvenes y con Cavani a la cabeza. La imagen ofrecida por el equipo en este partido superó las expectativas, supo enfrentar muy bien a todo un vigente campeón de Liga y Champions.

El conjunto blanco, por su parte, es una apisonadora a pesar de no ocupar la cabeza de la tabla clasificatoria. Tiene la misma cara de campeón de la temporada pasada, aunque llegaba al campeonato con las bajas de Aurélien Tchoauméni y Ferland Mendy –no fue alineado de la partida por precaución–. El técnico merengue alineó a Nacho en el carril izquierdo y a Camavinga para suplir las importantes ausencias. Cuando Mendy entró a jugar en la segunda parte, se notó que está muy por encima de sus suplentes. Por suerte para sus intereses, el Madrid sigue contando con su infatigable tridente RodrygoVinícius-Benzema arriba. Los Jovic, Mariano y Hazard no funcionan, sencillamente.

Con el partido recién arrancado, el Real Madrid tomó el papel protagonista. Demostró más ganas por adelantarse en los primeros compases de la final y, antes del minuto tres, los merengues ya habían disfrutado de dos acercamientos que obligaron al Valencia a cerrarse atrás. Rebasando el minuto nueve, Rodygo Goes aprovechó la línea adelantada de sus rivales y un pase filtrado de Valverde para volver a avisar. Pero disparó con poco ángulo y encimado por dos defensores. Poco después, un chute lejano del Pajarito uruguayo y una genialidad de Benzema, que hizo una bicicleta a Cömert dentro del área, firmaron los acercamientos más peligrosos del primer cuarto de hora. El francés, en concreto, demostraba muchas ganas por adelantar a los suyos en el panel.

Los trabajos de Militão, Rudiger y Kroos, los pocos huecos que dejaban durante los repliegues, Cavani, Kluivert y Lino podían hacer poco o nada por asustar a los blancos. El mismo balón que los madridistas trataban con mimo y creatividad, achicharraba en la última línea defensiva de los de Gattuso.

Vinícius Jr. fue el jugador de ataque madridista que más lo intentó

Pero el fútbol no es lógico. De entre los deportes normales, estamos hartos de escuchar que el balompié está a la cola. Con el partido dominado por los madridistas, a las puertas del minuto veinte, un exquisito lateral de Gayà al punto de penalti fue rematado por Cavani. Le imprimió menos potencia de lo normal, pero suficiente para exigir mucho a Courtois abajo. La primera vez que los espectadores nos levantamos del asiento.

A medida que los minutos sucedían, salvando la ocasión del delantero uruguayo, el ritmo del partido se equilibró. Las prisas madridistas por poner la delantera fueron reduciéndose. Los de Ancelotti pusieron sus esperanzas en el talento individual. A falta de quince minutos para el ecuador, Vinícius regateó con maestría a Thierry Correia para ponerse solo frente a Mamardashvili. Falló, las ansias de gol se habían apaciguado.

Ambos equipos apostaron por contener el juego en el bloque medio, dar paciencia a las jugadas de ataque y no cometer errores no forzados en la presión. Así, el partido consiguió engrosar el dato de pases horizontales, relajar el de ocasiones y no provocar demasiados sobresaltos. El Madrid echaba de menos a Modrić, que esperaba entre los suplentes.

Con este ritmo, la única opción de arañar al rival es mediante sorpresas. Por eso Militão, aprovechando un hueco imperdonable entre Gayà y Cenk Özcakar, lanzó un preciso pase largo desde campo propio a Benzema, que llegó al área valencianista y fue derribado por Cömert. Penalti de los antiguos; los que no necesitan VAR. El francés engañó a Mamardashvili desde el punto fatídico y puso la delantera en el 38’. Justo antes del descanso, una espectacular jugada ensayada de falta puso a Cavani frente a la portería blanca en fuera de juego. El último susto de la primera mitad para el Madrid. Los valencianistas, pese a ir por debajo, daban señales de vida.

Y tan vivo

Segundos después de reanudarse el encuentro, Lato se metió por dentro para poner un centro peligrosísimo que Samuel Lino envió al fondo de las mallas madridistas. Imposible para el guardameta madridista, 1-1. En la foto del gol se puede ver a Lucas Vázquez asqueado, lamentándose por el empate, y es que el gallego, en realidad, se come por completo la marca al delantero ché. Inmediatamente después el Real Madrid reacciona con dos acciones peligrosas.

El gol de la igualada ensombreció una de las noticias del tiempo de descanso: Modrić sustituyó a Camavinga. El futbolista francés no supo ofrecer un nivel siquiera parecido al del croata en el once titular. Desde que la temporada pasada pintase a futbolista de época con grandes actuaciones en Champions, los momentos de Camavinga en el Madrid son, por ser finos, poco espectaculares. El croata tampoco entró fino.

Los equipos no cambiaron sus dibujos tras la reanudación. El Valencia, defendiendo con nueve jugadores de campo, frenaba las intentonas madridistas con efectividad dejando como único atacante en los repliegues a Cavani, que hizo de delantero, de mediocampista y de defensa. El plan de Gattusso era pegar chispazos, ya le había servido para empatar. Un Valencia más ordenado y acertado que contra el Cádiz, sin duda. Mirando a la cara al Real Madrid a veinte minutos de finalizar la semifinal.

A partir del empate, el actual subcampeón copero no sufrió embestidas del rival. Una situación propia de los equipos con genética de campeón, pero encontró serias dificultades para hacer juego y conectar con los delanteros. Kroos tenía que hacer grandes esfuerzos defensivos y sus compañeros de zaga no llegaban a asentarse en el encuentro. En general, el ritmo del partido se podía seguir con facilidad; lento, muy lento. En varios momentos de la segunda mitad, la realización enfocó a Dani Ceballos. A buen entendedor, ya se sabe.  Entro en la segunda parte de la prórroga, con poco tiempo para marcar diferencias. Con Benzema harto de cuerpear entre sus marcadores, solo Vinícius intentó poner peligro.

De hecho, fue de las botas del extremo brasileño de quien casi llega el gol de la victoria. En el minuto cuatro del tiempo de descuento –descontaron siete– un rebote dejó el balón a placer para Vini Júnior, pero tiró al muñeco. Los jugadores valencianistas no podían con las calzonas al final del encuentro y, a menos de sesenta segundos de ir a la prórroga, Valverde probó uno de sus tiros lejanos para evitar el tiempo de desempate.

Mamardashvili dio esperanzas a los suyos

El Real Madrid no aprovechó la fatiga del Valencia en la prórroga

Las acciones salvadoras de Mamardashvili se prolongaron hasta la media hora de alargue. Al inicio de la primera parte, el guardameta georgiano paró a dos manos un impresionante disparo de Vinícius desde la frontal del área que iba cogiendo comba. La fatiga de los valencianistas, cada vez, era más notable. Lato y Yunus Musah, con la pila completamente descargada, pidieron el cambio con calambres. Los madridistas, en cambio, se veían mejor.

El plan de vivir en base a momentos de Gattusso seguía su curso durante la prórroga. Pero, para que esto funcione, hay que hacer algo en las pocas ocasiones que vayas a disfrutar. Antes del 100’, al canterano Fran Pérez se le hizo de noche después de plantarse a escasos metros de Courtois. La réplica del Madrid, apenas dos jugadas después con un disparo potentísimo desde fuera del área, fue atajada por Mamardashvili, el jugador más fundamental del partido para los valencianistas.

A falta de fuerza, porteros. Fran Pérez volvió a disfrutarse de una de las mejores ocasiones para los suyos en la segunda parte de la prórroga, y la hubiera materializado de no toparse con una muralla belga llamada Thibaut Courtois. Como viene a ser normal, cuando los jugadores de campo flaquean, es turno de que los guardametas saquen su repertorio de estiradas. Y sin abusar; todavía quedaba una tanda de penaltis por delante. El Valencia, con el balón en la frontal del área madridista a cinco segundos de acabar la prórroga, renunció a atacar.

Repitamos juntos: los penaltis no son una lotería

 Si a alguien quedaba alguna duda de que las tandas son una moneda al aire, tenía otra oportunidad de aprender con este partido. Se ha contado en Jot Down Sport y se ha visto mucho en el Mundial. Cuenta mucho quién tire primero y cómo lo afronte psicológicamente, la ronda de penas máximas. Siempre se recomienda poner al mejor lanzador primero, por eso Cavani pidió romper el hielo. No falló. Benzema tampoco.

Habría que estudiar si, cuando el equipo que tira segundo empata, al tercer lanzador le tiemblan las piernas. A Cömert le pasó y envió el tiro a la grada. Modrić, con menos tensión y más experiencia que ninguno sobre el verde, ajustó mucho su lanzamiento para aventajar a los suyos.

A Illaix Moriba, sin embargo, le dan igual las cosas de la ciencia: dos pasos y disparo flojo a un lado. Si Courtois lo hubiera acertado, parada asegurada. Pero la pistola no iba cargada e Illaix sumó otro gol. Kroos, sin ganas de florituras tras un partido extenuante, tiró a ganar para poner toda la presión a Guillamón, que marcó con maestría a pesar de su juventud. Marco Asensio puso el 3-4 definitivo. José Luis Gayà, que quiso asegurar lanzando al centro y a media al altura, vio su tiro interceptado por el pie de Courtois. El Madrid a la final.

Samuel Lino evidenció las carencias defensivas del Madrid, fruto de la relajación, con su gol

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