Historia del fútbol en Estados Unidos

Ataúdes, 216 puntos para ganar una liga y George Best entrando al campo en Harley: en la NASL había grandes ideas

George Best, con la camiseta de los Aztecs, y Pelé (nasljerseys.com)

Era la temporada 1978 del señor en la North American Soccer League, la liga que prendió la llama del fútbol en Estados Unidos con su fórmula cuajada de innovaciones suicidas y estrellas otoñales importadas a tocateja. Después de haber terminado el campeonato anterior mandando en la Conferencia Atlántica, la cosa no se le estaba dando a los Fort Lauderdale Strikers. Ni los pases de George Best ni los guantazos de Gordon Banks servían de mucho. Lo único que hacía aquel equipo radicado en Florida era encadenar un ridículo tras otro. Y por si hacer el tonto durante noventa minutos no fuese suficiente además estaba lo de la publicidad. «Sabían que entrar al estadio antes de cada partido en algún tipo de vehículo era parte de su trabajo. Entonces aparecían en Harleys, de paquete tras el conductor de la moto, vestidos de futbolista con botas y todo. Antes de llegar al campo nunca sabíamos en qué íbamos a tener que entrar. Entramos en autobuses de dos pisos, en caballos…», explica David Chadwick, asistente del entrenador en aquellos años extraños, en el libro Rock n’ roll soccer. El entrenador, esa es otra.

El míster de los Fort Lauderdale Strikers en 1978 era el rubio inglés Ron Newman. Al hombre, la racha de tres partidos palmando y los consiguientes palos de la prensa le tenían a mal traer así que para el siguiente encuentro decidió preparar algo diferente. ¿Entrenar más duro? ¿Algún dibujo táctico afiladísimo? No, Ron Newman decidió orquestar un funeral. Las cositas que sintieron las ocho mil personas presentes en el campo cuando comenzaron a escuchar una marcha fúnebre, mientras de un ataúd situado en el centro del terreno de juego aparecía el entrenador para agarrar un micrófono y gritar que aquel equipo aún no estaba muerto, para ellos se queda. Sirva esta anécdota para explicar que la NASL fue un magnífico salvaje oeste del fútbol y ante eso debería caer rendido cualquier aficionado al que la proliferación del periodismo de cháchara y datos no le haya oscurecido por completo el corazón.

Pero aparte de las astracanadas, que las hubo a paladas en el incipiente soccer, la NASL siempre ha sido una gozada para el investigador o el aficionado curioso por su sanísima afición a romper las normas establecidas del fútbol. Por enseñarle el dedo a la FIFA como filosofía. Por escupir al que se le ponga por delante. La NASL introdujo las camisetas con nombres y números personalizados para sus futbolistas, anticipó la posibilidad de tener tres cambios por partido, implantó su propio sistema de fuera de juego, cambió las tandas de penaltis por un emocionante sistema de duelos entre delantero y portero con el balón en movimiento o usó un sistema de puntuación tan enrevesado como rompedor y efectivo. Todo en menos de veinte años de vida. Si la duda es la madre del descubrimiento, como dijo Ambrose Bierce, aquellos americanos dudaron como nadie. Hasta espetarnos en la cara a los incrédulos europeos unos cuantos hallazgos geniales.

Torpedo Muller (fynasl.tumblr.com)

¿Para qué sirven los puntos en una liga? En la NASL aspiraban a fabricar un fútbol ofensivo que atrajera espectadores y dinero a un nuevo deporte y comenzaron a apuntalar esa idea con un sistema original. En aquella época, el estándar mundial marcaba dos puntos por victoria y uno por empate. En su proverbial sudapollismo, la NASL decidió dar seis puntos por victoria, tres por empate y un punto adicional por cada gol marcado hasta un máximo de tres. El método parecía enrevesado pero el caso es que incentivaba el fútbol ofensivo ya que incluso los derrotados podían sacar tajada hasta en un partido roñoso si se ponían las pilas en ataque. Eso sí, como cabía esperar en un producto tan novedoso, el tema generó situaciones curiosas. Que el Cosmos sumase 216 puntos no pasó de pintoresco, pero que ganase la liga en varias ocasiones el equipo más goleador y no aquel con mejor porcentaje de victorias trajo más de un debate encendido. A veces imagino el sistema aplicado a nuestra querida LFP, los editoriales que haría Pedrerol, los estadios en llamas y me voy a la cama envuelto en una paz incomparable.

Algo que sucedió mucho durante las dos décadas en los que la North American Soccer League se movió al margen del libreto FIFA fue el oprobio del espectador europeo. Del periodismo y del aficionado. Porque aquellos yanquis gente qué carajo iban a saber de fútbol. Que iban a acabar haciéndonos jugar con balones ovalados, que cualquier día meten porterías más grandes, ¡qué nos matan el juego! Sin embargo, muchas de las ideas que implantaron en Estados Unidos entonces merecerían una revisión hoy mismo. Una de mis favoritas en la línea de fuera de juego a 35 yardas, a 32 metros de la portería. Al reducirse la zona de aplicación del offside, los partidos en la NASL ofrecían más espacio a los centrocampistas para crear con libertad. Menos barullo en la medular. Otra, cuando los lanzamientos de penaltis pasaron a mejor vida en favor de los mano a mano contra el portero, merece comentario aparte.

Gordon Banks (nasljerseys.com)

Los partidos en las primeras ediciones de la NASL podían ser verdaderos maratones cuando ninguno de los dos equipos conseguía desequilibrar el resultado. En los primeros años del campeonato, los partidos igualados se decidían mediante prórrogas infinitas que fabricaron momentos insólitos de fútbol como un playoff entre los Rochester Lancers y los Dallas Tornado que se prolongó hasta la medianoche tras 176 minutos de fútbol. Como esas noches etílicas realmente inspiradas que surgen de tomar una inocente cerveza a las doce de la mañana, los partidos en aquel soccer empezaban y a saber cuando terminaban. Aquella noche la NASL decidió ponerle remedio a la salvajada de varias maneras. Introdujeron, por ejemplo, el gol de oro treinta años antes de que llegase a la vida del fútbol civilizado y ya puestos modificaron nuestra tradicional tanda de penaltis para que incluso ese momento fuese lo más divertido posible. Nacieron los míticos shootouts.

¿Hay algo más emocionante que una semifinal decidiéndose en la tanda de penaltis?, se preguntó alguna vez alguien frente a los ideólogos de la North American League Soccer y estos, anticipándose 55 años al meme cuñado, debieron contestar, no me cabe la menor duda, que les agarrasen el cubata. Así, en 1975 la NASL jubiló las tandas para dar entrada a una ronda de manos a mano entre portero y delantero que llegó a convertirse en la principal seña de identidad del campeonato y en un sacrilegio para el resto del fútbol. Pero el caso es que funcionaban y más importante aún, satisfacían por igual a los aficionados y a los futbolistas. Johan Cruyff, entonces en los Washington Diplomats, fue uno de los mayores defensores de la novedad. En USA llegaron a tener tanta popularidad que algunos clubes como los Tampa Bay Rowdies los promocionaba en cuñas de radio como método para atraer público.

Johan Cruyff (nasljerseys.com)

Seis años después de que Ron Newman, el entrenador loco de los Fort Lauderdale Strikers saliese de un ataúd para declarar que su equipo aún no estaba muerto fue la propia liga la que falleció. En 1984 se disputó la decimoséptima y última edición de la NASL tocada por las elevadas pérdidas económicas que debían afrontar los clubes cada año y por una decisión trascendental de FIFA, su archienemiga. Colombia renunció a organizar el Mundial que se le había asignado y el máximo organismo decidió dárselo a México en lugar de a Estados Unidos. «FIFA nos miró como diciendo ¿qué cojones está haciendo esta gente con el fútbol?», declaró el defensa Bob Iarusci, que entonces jugaba para el Cosmos. Quién sabe si con un Mundial en casa, la NASL habría despegado a lo bestia. Quién sabe si hoy no estaríamos viendo a Benzema definir una final de la Champions en un mano a mano más allá del tiempo reglamentario.

2 Comentarios

  1. Esto es lo que necesitaba para arrancar con alegría la semana. Gracias, Sergio.

  2. Vicente Cantó Piquer

    Pelé era el Muhammad Alí del fútbol.

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