México Fútbol Femenino

Alicia Vargas, la jugadora que había que ver

Alicia Vargas. (Athletic Club Fundazioa)

Empezaba Begoña Abraldes en Amados Olvidados que «Los futbolistas caducan. Y se ajan. O se pasan de moda… y se instalan en el olvido cotidiano, que todo lo puede, con demasiada facilidad». Pero hay historias que ni siquiera perduran un mínimo, sólo se aman un pequeño lapso de tiempo, y en este caso, además, tiene un motivo: unas mujeres invadieron lo que era del hombre.

De la calle, a reventar el Estadio Azteca con ciento diez mil espectadores en 1971. Alicia Vargas, apodada La Pelé, comandó una selección mexicana femenil que fue pionera en su país y que meses antes había participado en la Coppa Martini & Rossi, un torneo del mundo organizado por Italia en 1970 de la que formaron parte siete conjuntos: Inglaterra, Austria, Suiza, Francia, México (único no europeo presente), Italia, como organizadora, y Dinamarca (a la postre campeona).

En este primer torneo, no oficial a ojos de la FIFA, la selección mexicana femenil goleó en el primer encuentro a Austria con un contundente nueve a cero. Posteriormente, cayeron dos a uno ante el conjunto anfitrión y vencieron en la lucha por el tercer puesto por el mismo resultado a Inglaterra. Vargas terminó su participación en ese primer torneo femenino con cinco goles. Algo se había encendido en las mentes de un país que no veía con buenos ojos que las mujeres no sólo no estuvieran en la cocina o dedicándose a la crianza de la descendencia, sino que además participaban de un juego de hombres.

Hasta llegar aquí, La Pelé, emblema de aquella selección y nacida en Ciudad Manuel Doblado, Guanajuato (2 de febrero de 1954), es considerada una de las mejores jugadoras de todos los tiempos, fue apodada así por los periodistas italianos tras ese mundial y no lo tuvo nada fácil hasta llegar ahí. Estamos hablando de los años 60, donde los campos que hay ahora ni siquiera se pensaban entonces, como tampoco las academias que hoy en día forman a millones de niñas y niños en todo el mundo. Durante mucho tiempo, ella, sus compañeras y el resto de niñas y mujeres que practicaban el fútbol en la calle, tuvieron que superar los prejuicios y los desprecios de una sociedad patriarcal y machista en forma de burlas, prohibiciones y hasta violencia física. Ella misma afirma contrariada en una visita por Bilbao para acudir al Thinkig Football Film Festival que organiza el Athletic Club que, si bien es un orgullo ese reconocimiento actual de FIFA, siguen sin reconocer los mundiales de 1970 y 1971. Y es que los obstáculos aparecían por todas las direcciones, desde su propia familia, que al principio temía por la integridad de su niña a la vez que la apoyaban comprándole ropa para poder jugar, pasando por un entorno hostil como era la comunidad de entonces y que las calificaban de marimachos, hasta organismos internacionales del mundo del fútbol que les negaban la oficialidad.

Mientras la sociedad les hacía ver a las mujeres que estaban invadiendo un deporte netamente varonil, Alicia no dudaba en jugar en la calle con sus hermanos, quienes la enseñaron a jugar, y sus compañeros y sus vecinos, generalmente a escondidas. Por ahí se empezó a fraguar su amor por el fútbol y poco a poco empezó a conocer gente que la fue guiando y presentando otra gente que facilitó su «fichaje» por el club de su vida, el Club Guadalajara. La propia Alicia se acercó a los entrenadores del equipo para pedirles jugar, a lo que accedieron dándole entrada por otra jugadora que le cedió los pantalones cortos y unas zapatillas que le apretaban porque eran de menor número. La colocaron de lateral, pero ella se vio más rápida que las demás y se colocó de delantera. Este cambio, que el resto no veía con buenos ojos, no fue decisivo para terminar ganando el partido, pero sí ayudó a que vieran sus capacidades.

Más adelante, con la Liga América ya conformada en 1969 por primera vez, de una selección de entre casi cien futbolistas con representación de todos los clubes, se escogieron a las dieciséis que finalmente formarían parte de la expedición mexicana que viajaría a Italia a disputar el torneo mundial organizado por Martini & Rossi. Sus compañeras tuvieron que convencerla para ir, porque a ella sólo le preocupaba ganar la liga con su equipo[1].

Alicia Vargas pudo emigrar a Italia a jugar, pero prefirió ser ejemplo de miles de niñas en México que acabaron siguiendo sus pasos. El siguiente mundial se disputó en México, organizado igualmente por Martini & Rossi, que aprovechó todas las vallas publicitarias y el resto del merchandising del mundial masculino disputado en 1970, y contó con la colaboración de algunas federaciones europeas para que se disputara el torneo. Además de México, también estuvieron Argentina, Italia, Dinamarca, Inglaterra y Francia.

Fuente: luchadoras.mx

El camino de la Tri fue inmaculado hasta la final. Ganaron a Argentina por tres a uno, de nuevo a Inglaterra por cuatro a cero y, por último, a Italia por 2-1. En este último encuentro hubo más que palabras entre jugadoras de uno y otro equipo. Las transalpinas no toleraron la revancha que las mexicanas iban consiguiendo durante el partido, hasta tal punto que el encuentro se dio por finalizado por las sucesivas tánganas que se dieron y por las airadas protestas que las italianas vertían sobre un colegiado que acabó yéndose al vestuario huyendo de las azzurras y dando por finalizado el encuentro.

Antes de la final contra Dinamarca, las jugadoras se vieron envueltas en un embrollo. Por un lado, se decía que ellas pedían dinero por jugar, por otro lado, se decía que eran los entrenadores los que decían que ellas pedían dinero por jugar. Mientras, los medios de comunicación criticaban a las jugadoras por reclamar un dinero que no les podía pertenecer porque eran amateurs y no profesionales. Sin entrenar, sin ningún tipo de preparación y sin ni siquiera cuerpo técnico, porque dejaron al equipo horas antes del partido, la Tri femenil afrontó el partido con el que empezábamos este artículo.

La final del mundial de México de 1971 fue historia del fútbol mundial. Nadie antes, y nadie después, ha logrado meter a más de ciento diez mil personas para presenciar un partido de fútbol femenino (a pesar de los 91.648 espectadores que acudieron al Barcelona – Wolfsburgo correspondiente al partido que ambos equipos disputaron en las semifinales de la Champions League el pasado mes de abril en el Camp Nou, los 87.192 que estuvieron en Wembley en la final de la última Eurocopa femenina que Inglaterra le ganó a Alemania por 2-1 o los 90.185 que acudieron a Pasadena a ver a su selección USA vencer en el mundial de 1999). El récord absoluto lo tiene el famoso Maracanazo, en el que el partido que Uruguay venció por 2-1 a Brasil en su casa congregó a 173.850 espectadores según la FIFA.

Cuentan las mexicanas que les temblaban las piernas, el estadio retumbaba, no cabía ni un alfiler pues hasta las escaleras estaban llenas de gente. Terminaron jugando porque el público no tenía la culpa de que ellas no cobrasen. Con todo el lío que precedió al encuentro final no llegaron a afrontarlo con garantías, cometieron errores impropios que ellas mismas reconocen. El efecto de estos acontecimientos duró poco, y ha sido en estos últimos años que la liga mexicana ha sido profesional. Aun así, aquellas que pelearon contra todo y contra todos son las grandes ganadoras, y aunque en su momento no tuvieron el reconocimiento que están teniendo ahora, sí rompieron el mayor tabú que tuvo, y aún tiene en algunos sectores de la población mundial, el fútbol: el de creer que el fútbol es sólo para hombres.

[1] El resto de componentes del equipo fueron las siguientes: Lourdes de la Rosa, Eréndira Rangel, María Eugenia Rubio Ríos, Patricia Hernández Montoya, María de la Luz Hernández, Silvia Zaragoza Herrera, Yolanda Ramírez Gutiérrez, Bertha Orduña, Martha Coronado Díaz, Paula Pérez, Sandra Tapia Montoya, Elsa Huerta Méndez, Elvira Aracen Sánchez, Irma Chávez Barrera, Cristina García Gómez, Guadalupe Tovar Ugalde, Elsa Salgado Pérez, María Acela Nila Mejía, Paula Pérez Padierna, Rebeca Lara Pérez Tejada, Teresa Aguilar Alvarado, Yolanda Ramírez Gutiérrez, María de la Luz Cruz Martínez y Esther Mora.

Alicia Vargas durante el ‘Thinking Football Film Festival’. athleticclubfundazioa.eus

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