
La actual campeona de Roland Garros, Mirra Andreeva, ha comentado en el espacio de Andry Roddick por qué eligió a Conchita Martínez como entrenadora y cuál es la relación que mantienen. Andreeva asegura que no buscaba únicamente una figura de prestigio, sino alguien que hubiera vivido en primera persona la presión del circuito y fuera capaz de corregirla con absoluta franqueza. La rusa sostiene que esa combinación de experiencia, exigencia y comprensión emocional ha sido determinante en su evolución durante el último año.
La tenista explicó que las conversaciones con la española van mucho más allá de la técnica: «Hablamos mucho de su experiencia, de la forma en la que jugaba, de cómo manejaba la presión y cómo gestionaba sus emociones. Después intenta darme consejos sobre probar esto o aquello. Obviamente, también trabajan junto con mi psicóloga para formar un equipo y no decirme cosas diferentes, sino ir todas en la misma dirección y ayudarme con eso. Creo que es importante que ella haya pasado por todo eso. Entiende lo que estoy sintiendo y experimentando. Da igual que sea una primera ronda en la que defiendo puntos o mi primera final de un Grand Slam: ella ha estado ahí, en todos los torneos y en todas las etapas de su carrera. Para mí es muy especial que esté ahí para mí, que lo entienda y que intente ayudarme con ello».
Preguntada por los motivos que la llevaron a elegir a Conchita, Andreeva reveló que desde el principio tenía muy claro el perfil que buscaba: «Cuando hablé con mi representante le dije que quería un entrenador que hubiera sido jugador. No hacía falta que hubiera sido top 10 o campeón de Grand Slam, simplemente alguien que supiera jugar al tenis. También necesitaba un entrenador que no me dijera: ‘Dios mío, lo estás haciendo genial, eres fantástica’. Necesito un entrenador que, si no estoy moviendo las piernas, me diga: ‘No estás moviendo las piernas. Mueve el culo y haz algo’. No quiero un entrenador que solo me diga palabras bonitas y de apoyo porque eso ya puedo hacerlo yo sola, sin ningún problema».

La campeona de Roland Garros explicó que estudiaron varias posibilidades antes de llegar a la extenista española, aunque muchos antiguos jugadores ya tenían otros compromisos personales: «Estuvimos hablando de trabajar con muchos exjugadores, pero ahora todos tienen familias, hijos y muchos no estaban disponibles. Entonces, en enero de 2024, mi representante me preguntó: ‘¿Conoces a Conchita?’. Le respondí: ‘Sé que fue jugadora, pero nunca la he visto jugar’. Ahí empezó todo. Pasamos cuatro días juntas y después fuimos a un torneo en Francia, tras mi lesión de muñeca. Desde entonces sentí que era la persona adecuada. Diría que lo sentí incluso después de los dos primeros días de entrenamiento. Noté esa conexión y pensé: ‘Vamos a jugar un torneo juntas y veremos qué pasa’. Y, como se puede ver, desde entonces está funcionando muy bien».
Cómo es ganar Roland Garros para Mirra Andreeva
La rusa también habló sobre el escaso margen que existe en el calendario para disfrutar de un éxito como ganar un Grand Slam. Andreeva reconoció que apenas tuvo tiempo para celebrar Roland Garros antes de tener que cambiar completamente el chip y preparar Wimbledon, un ritmo que, a su juicio, impide asimilar plenamente un logro de semejante magnitud: «Si hubiera dependido de mí, probablemente habría pedido un poco más de tiempo. París y Londres están tan cerca que solo tuve cuatro días libres y después ya tuve que empezar a entrenar sobre hierba otra vez. Creo que me habría gustado tener quizá una semana para, no sé, no hacer nada, no entrenar, no pensar en el tenis. Pero es lo que hay. Ese es el calendario. Y, sinceramente, también estaba muy ilusionada por empezar a entrenar en hierba. Así que, si me preguntas, tampoco me voy a quejar. Supongo que es un buen problema tener».
La tenista explicó que solo después de Wimbledon pudo empezar a asimilar realmente lo ocurrido en París y recordar con cierta perspectiva el torneo que le dio su primer Grand Slam: «Lo único que recuerdo son todas las emociones que experimenté durante esas dos semanas, no solo en la final, porque estaba muy nerviosa prácticamente en todos los partidos que jugué allí, desde la primera ronda. Pero recuerdo que estaba jugando bien. Estaba apoyándome mucho a mí misma, porque es justo en eso en lo que estoy trabajando. Creo que esas dos semanas me demostraron que, si consigo poner mi mente en el lugar adecuado, las cosas funcionan. Recuerdo alivio, felicidad, emoción, euforia, adrenalina… muchísimas emociones al mismo tiempo. Y la verdad es que quiero volver a sentir todo eso otra vez».
I want to thank me
La campeona de Roland Garros también explicó el origen de uno de los gestos que ya se ha convertido en su sello personal. Tras cada gran victoria, Andreeva termina sus discursos con un llamativo agradecimiento a sí misma, una fórmula que nació de una apuesta con su entrenador y que, según confesó, está inspirada directamente en Snoop Dogg: «La primera vez que lo dije fue cuando gané un torneo de 60.000 dólares en Israel, hace cuatro años. Había hecho una apuesta con mi entrenador porque nos estábamos riendo de una entrevista de Snoop Dogg en la que decía eso. Le dije: ‘Si gano el torneo, lo voy a decir’. Él me respondió: ‘No, no lo vas a hacer. Te irás y no lo dirás delante de toda esa gente’. Pero después pensé: ‘¿Sabes qué? Lo voy a hacer’. Gané el torneo y lo hice. Él estaba un poco avergonzado, diría yo. Después decidí que quizá cada vez que ganara un torneo iba a decirlo».

La rusa explicó que la costumbre tardó un tiempo en hacerse conocida, hasta que empezó a conquistar títulos importantes: «Luego gané mi primer torneo de la WTA hace dos años y también lo dije. Las primeras veces no había mucha gente para hacerlo famoso o subirlo a internet. Pero cuando gané mi primer WTA 1000 empezó a hacerse viral y, cuanto más ganaba, más lo decía. Ahora se ha convertido en una especie de marca personal».
Preguntada por la referencia concreta a Snoop Dogg, Andreeva desveló la historia completa: «Es muy sencillo. Vimos un vídeo en internet de Snoop Dogg pronunciando un discurso, creo que al recoger un premio o algo así. Decía: ‘Y por último, quiero darme las gracias a mí mismo’. Mientras sonaba una de sus canciones empezó a decir: ‘Quiero darme las gracias por no rendirme nunca. Quiero darme las gracias por no tomarme nunca un día libre’ y todas esas cosas. Yo simplemente juego un poco con esas palabras al final y digo por qué quiero darme las gracias a mí misma. Obviamente no utilizo exactamente todo lo que él dijo. Y eso es todo».
La presión de estar arriba
La rusa también describió describió Roland Garros como una montaña rusa emocional en la que se mezclaron los nervios, el alivio, la euforia y la felicidad, y reconoció que la principal enseñanza que extrajo fue comprobar hasta qué punto el rendimiento depende de su fortaleza mental: «Lo único que recuerdo son todas las emociones que experimenté durante esas dos semanas, no solo en la final, porque estaba muy nerviosa prácticamente en todos los partidos que jugué allí, desde la primera ronda. Pero recuerdo que estaba jugando bien. Estaba apoyándome mucho a mí misma, porque es justo en eso en lo que estoy trabajando. Creo que esas dos semanas me demostraron que, si consigo poner mi mente en el lugar adecuado, las cosas funcionan. Recuerdo alivio, felicidad, emoción, euforia, adrenalina… muchísimas emociones al mismo tiempo. Y la verdad es que quiero volver a sentir todo eso otra vez».

La campeona de Roland Garros también confesó que, a medida que fueron cayendo algunas de las grandes favoritas del cuadro, sintió cómo aumentaba la presión sobre sus hombros. Andreeva siguió las derrotas de Aryna Sabalenka, Iga Świątek, Elena Rybakina y otras aspirantes al título, consciente de que el torneo parecía abrirse para ella. Sin embargo, explicó que tanto su psicóloga deportiva como Conchita Martínez desempeñaron un papel decisivo para impedir que se obsesionara con esa circunstancia: «Claro que vi que iban perdiendo una detrás de otra. Sabía que eso estaba pasando y, obviamente, pensé que quizá ahora tenía una oportunidad un poco mayor. Pero también entendía que eso significaba más presión para mí. Hablé mucho con mi psicóloga y con Conchita. Las dos me repetían que no importaba quién siguiera en el cuadro o quién hubiera quedado eliminada, porque si yo quería ganar el torneo tenía que jugar contra quien estuviera delante de mí. Intenté centrarme únicamente en mi tenis y no pensar demasiado en quién seguía viva en el torneo o quién no. Creo que eso fue lo que más me ayudó».
Su carácter dentro de la pista
Por otro lado, Andreeva admitió que su mayor virtud y, al mismo tiempo, uno de sus mayores desafíos es su carácter dentro de la pista. Se definió como una persona capaz de contagiar entusiasmo cuando las cosas funcionan, pero también de reaccionar con enorme frustración cuando el partido se le complica. Aseguró que trabaja para controlar esas explosiones, aunque no reniega de ellas y asume que forman parte de su personalidad: «Soy una persona muy emocional. Si estoy de buen humor, voy bromeando con todo el mundo, riéndome, haciendo chistes. Pero cuando las cosas no salen como quiero… puedo romper una raqueta, golpear una pelota, incluso pegarme a mí misma por la frustración. Sé que no es algo bueno y estoy trabajando para mejorar ese aspecto, pero así soy».
La campeona de Roland Garros explicó que la exposición permanente del deporte actual hace que esos momentos de pérdida de control adquieran una repercusión mucho mayor que hace unos años. Lejos de quejarse, aseguró que comprende perfectamente las críticas y acepta que la viralidad forma parte del precio de competir al máximo nivel: «Entiendo perfectamente que la gente pueda criticarme por eso. Hoy en día todo se graba. Si haces algo bueno, se hace viral. Si haces algo malo, también se hace viral. Así funciona ahora. Lo acepto. Yo simplemente intento trabajar para que esos momentos ocurran cada vez menos, pero no voy a fingir ser una persona diferente porque esa no soy yo».

No obstante, Roddick animó a Andreeva a no modificar su personalidad para satisfacer al público o evitar las críticas, defendiendo que el tenis necesita jugadores auténticos y no figuras moldeadas por las redes sociales. Andreeva explicó que es consciente de que debe seguir evolucionando en el plano emocional, pero rechazó la idea de ocultar su forma de ser para proyectar una imagen más correcta: «No quiero convertirme en alguien completamente diferente. Quiero seguir siendo yo misma. Sé que tengo cosas que mejorar y estoy trabajando en ello, pero no quiero fingir que soy otra persona solo para que la gente piense mejor de mí».
Además, insistió en que la clave está en encontrar un equilibrio entre la autenticidad y el autocontrol. «Quiero seguir mostrando emociones porque eso forma parte de mí. Solo quiero aprender a manejarlas mejor para que no me perjudiquen durante los partidos. Creo que eso es lo importante».
Pese a haberse proclamado campeona de Roland Garros con solo 19 años, Andreeva dejó claro que considera que su tenis está todavía lejos de su techo: «Creo que todavía tengo muchísimo margen de mejora. Quiero volear mejor, porque siento que puedo terminar muchos más puntos en la red. También quiero mejorar mi saque para que sea todavía más dominante. Quiero ser más agresiva, entrar más en la pista y aprovechar mejor las oportunidades para cerrar los puntos. Hay muchas cosas en las que puedo seguir creciendo».
Roddick discrepó parcialmente de ese análisis y elogió especialmente el servicio de la rusa, asegurándole que, desde su punto de vista, ya forma parte de la élite en ese apartado. Andreeva, sin embargo, insistió en que no se conforma y que precisamente esa búsqueda constante de mejoras es una de las razones por las que cree que aún puede seguir evolucionando como jugadora: «No importa que alguien me diga que una parte de mi juego ya es muy buena. Yo siempre siento que puede ser mejor. Eso es lo que me motiva cada día para seguir entrenando y trabajando. Siempre hay algo que aprender y algo que mejorar».

