
La leyenda del maratón Eliud Kipchoge ha participado en un encuentro con corredores populares en Brasil. Durante la conversación, el doble campeón olímpico insistió en la cuestión del dolor, la prevención de las lesiones y la fortaleza mental, tres cuestiones que, a su juicio, determinan tanto el rendimiento deportivo como la forma de afrontar la vida.
Kipchoge dedicó parte de la charla a explicar cómo afrontar el momento en el que el cuerpo pide detenerse: «Cuando sientas que tus piernas quieren abandonar, no abandones. Los demás también se sienten igual. Pero tú eres mejor. Dicen que el éxito está justo donde el dolor es más intenso. Ahí es donde está el éxito. Aprieta un poco más y tendrás éxito. Así que no te rindas. La vida consiste en seguir adelante. No podemos perder la esperanza. La vida consiste en seguir adelante. Hoy puedes caer y mañana levantarte. Dormimos, nos despertamos y seguimos adelante. El mundo avanza muy deprisa y lo que ocurrió ayer nunca volverá. Siempre le digo a la gente que ni siquiera el hombre más rico de Brasil puede comprar el día de ayer. Solo existe el hoy y la planificación del mañana».
El keniano también explicó por qué sonríe durante los momentos más duros de un maratón, una imagen que se ha convertido en una de sus señas de identidad: «El truco es que, si disfrutas de la carrera o de lo que estás haciendo, engañas a la mente para que no piense en el cansancio de los músculos. La única manera es ser feliz y seguir adelante, porque ese es tu trabajo, eso es lo que estás viviendo en ese momento. Has empezado y terminará. Así que la única forma es ser feliz, seguir adelante y fijarte un nuevo objetivo al día siguiente».

Otro de los asuntos que abordó fue la prevención de las lesiones, un problema habitual entre los corredores aficionados. Kipchoge insistió en la importancia de respetar los tiempos de adaptación del organismo y de no acelerar el proceso de entrenamiento: «En el deporte hay que escuchar al cuerpo. Cuando empiezas a entrenar, hazlo poco a poco. Ve progresando gradualmente. El primer mes de entrenamiento debes construir la base lentamente; el siguiente mes la consolidas. Si haces eso, nunca tendrás una lesión. Si vas demasiado deprisa, el cuerpo te pedirá cuentas. Es como si te dijera: ‘Oye, ayer mismo empezaste y ya me estás exigiendo demasiado’. Por eso hay que respetar el proceso, escuchar al cuerpo y crear constancia cada día. La constancia es la clave. Si descansas una semana y luego vuelves entrenando a máxima intensidad, ahí es donde aparecen las lesiones. Hay que ir poco a poco, sin dejar de entrenar y sin distraerse con otras cosas. Esa es la forma de prevenir las lesiones».
Eliud Kipchoge nunca está en la cima
Kipchoge también explicó cuál es la filosofía que le ha permitido mantenerse durante más de dos décadas entre los mejores corredores del mundo. El keniano aseguró que la motivación no nace de los récords ya conseguidos, sino de la capacidad para plantearse siempre un nuevo horizonte. Incluso recomendó un ejercicio de planificación personal que él mismo practica: «Lo primero de todo es que, cuando estés solo, escribas una carta para ti mismo. Coge un bolígrafo y un papel o siéntate delante de un ordenador y escribe una carta para ti. Márcate un objetivo para los próximos diez años. ¿Qué quieres hacer? ¿Qué quieres cambiar? ¿Qué quieres hacer por tu familia, por ti mismo, por tu comunidad, por tu país? Escríbelo. Después de escribirlo, guarda esa carta en un lugar seguro. Luego empieza a caminar hacia lo que has escrito».
El doble campeón olímpico explicó que él mismo trabaja de esa manera y que mantiene una lista permanente de objetivos por cumplir. Para ilustrarlo recurrió a una imagen que utiliza con frecuencia: «Personalmente tengo muchas cosas en mi lista de objetivos. Creo en una filosofía según la cual vas subiendo a un árbol utilizando las ramas. Creo que, si doy un paso sobre la primera rama, necesito alcanzar la siguiente y olvidarme de la anterior. Voy subiendo al árbol poco a poco. Cuando estoy en la cima de una montaña, no anuncio que estoy en la cima. Trato esa cima como la base de otra montaña nueva. Por eso siempre me desafío a mí mismo. No me veo en la cima de la montaña. Me veo en la base de una montaña una y otra vez. Aunque bata un récord del mundo y consiga el mejor tiempo, para mí eso es simplemente la base de otra montaña».

Kipchoge sostuvo que ese modo de pensar le obliga a mirar siempre hacia delante y a no instalarse en los éxitos del pasado: «Esa es la única manera de fijarte un objetivo. Esa es la única manera de superar lo que ya has hecho. Cuando bates un récord del mundo en 2026, al año siguiente 2026 ya ha pasado, olvídalo. Vamos a por 2027. Vuelve a olvidarlo y sigue adelante. Creo que aquello hacia lo que avanzamos y seguimos empujando es el futuro, no lo que ha quedado detrás de nosotros. Caminamos hacia el futuro. Los jóvenes crecen. Todo en el mundo avanza hacia el futuro. En el deporte también debemos entrenar y caminar hacia el futuro».
Su infancia en Kenia
Sobre sus primeros recuerdos, habló de su infancia en Kenia, donde fue criado por una madre soltera que trabajaba como maestra. Contó que el consejo que marcó toda su vida fue una frase sencilla: fight for space, «lucha por encontrar tu espacio». A partir de esa idea construyó una filosofía que, según explicó, puede aplicarse a cualquier profesión: «En realidad nací en una zona rural de Kenia y fui criado por una madre soltera. El mejor consejo que me dio fue ‘fight for space’. Significa que, en este mundo, lo primero que necesitas es conocerte a ti mismo. Saber dónde estás y saber hacia dónde vas. Para que te reconozcan y puedas ganarte una buena vida, necesitas trabajar duro y luchar por algo. Si es la educación, trabaja duro y estudia para cambiar tu vida. Si es el deporte, el deporte ofrece una gran plataforma para rendir y para cambiar positivamente la vida de otras personas».
Kipchoge explicó que esa enseñanza nunca estuvo limitada al atletismo. A su juicio, cada persona debe conquistar su propio lugar aportando algo útil a la sociedad: «Ella me dijo que nadie es dueño de este mundo. Todos somos dueños de él. La única manera de ocupar tu espacio en el mundo es luchar por él, ya sea a través del deporte, de la tecnología, de la ingeniería, del derecho, de la construcción de la paz, del liderazgo, de la política o de cualquier actividad con la que puedas hacer oír tu voz y cambiar vidas».
De hecho, el atletismo no apareció en su infancia como una vocación, sino como una necesidad cotidiana. Explicó que de niño corría para llegar a tiempo a la escuela y que solo más adelante descubrió que aquella rutina podía convertirse en una profesión capaz de transformar su futuro y el de toda su familia: «Cuando corría a la escuela no sentía una conexión especial con correr. Era simplemente la única forma que tenía de llegar al colegio y de no llegar tarde. Después, en la escuela, descubrí que era el mejor niño corriendo. Fue entonces cuando comprendí que podía correr bien y conseguir un lugar para representar a Kenia, viajar a otros países para competir, ganar una medalla, volver a casa y cambiar la vida de mi madre y de mis hermanos, cambiar mi propia vida y seguir adelante. También pensé que podía cambiar la vida de otras personas, promover la paz y hacer que todo el mundo disfrutara de la vida. Eso fue lo que empezó a pasar por mi cabeza».
De la pista al maratón
Kipchoge también explicó que su llegada al maratón respondió a un plan cuidadosamente diseñado y aprovechó para lanzar un mensaje a las nuevas generaciones de atletas. A su juicio, los corredores no deberían precipitarse hacia los 42 kilómetros. Defendió que la mejor escuela sigue siendo la pista y el campo a través, donde se adquieren la experiencia y la disciplina necesarias para construir una carrera duradera: «Quiero que los jóvenes empiecen corriendo en pista y en campo a través. La razón es que así adquieren más experiencia y aprenden a perseverar, aprenden los fundamentos de este deporte. En el momento en que entiendes lo que ocurre en la pista y en el campo a través, puedes dar el salto a la carretera y llevar allí toda esa experiencia. Eso crea longevidad, porque necesitamos que la gente permanezca en el deporte. El deporte es una profesión. Necesitamos personas que sigan en este deporte durante más de veinte años. No necesitamos que alguien llegue durante dos años y se marche. Necesitamos que permanezcan quince, veinte o veinticinco años para mostrar a la siguiente generación que esa es la forma de construir una profesión. Quienes no sean deportistas también pueden aprender que cualquier profesión debe construirse poco a poco. Si quieres ser un buen abogado, tienes que ir despacio, estudiar Derecho, graduarte, adquirir experiencia y seguir creciendo. Eso es lo que significa la longevidad».

El keniano explicó que esa misma filosofía marcó su propia carrera. Permaneció una década compitiendo en los 5.000 metros antes de dar el salto al maratón y aseguró que aquella transición respondió a una estrategia trazada desde mucho tiempo atrás: «Fue un movimiento estratégico porque ya había completado diez años en la pista y mi plan era graduarme hacia la carretera después de esos diez años. Sentía que todavía tenía cosas por conseguir. Había ganado un oro en los Campeonatos del Mundo, pero en los Juegos Olímpicos solo tenía una medalla de plata y otra de bronce. Quería venir a la carretera, comprobar de qué era capaz y tratar de conseguir también un oro olímpico para completar mi carrera».
La presión como un privilegio
Finalmente, se detuvo en una idea que ha repetido en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera: la presión no es una carga, sino una oportunidad. El atleta keniano sostuvo que convivir con la exigencia es una señal de que uno está persiguiendo algo valioso y defendió que los momentos difíciles son los que permiten aprender y progresar: «La presión es buena. La presión demuestra que estás trabajando por algo. Demuestra que estás preparado para hacer algo en tu lugar de trabajo. Si tienes presión por cumplir unos plazos, significa que estás trabajando. Entonces tu mente empezará a pensar más. Hará que busques la manera de cumplir esos plazos. La presión es positiva. Si no tienes presión, eso no es la vida. La vida consiste en tener presión y esa es su belleza. La vida en la que sientes presión, en la que notas que tienes que seguir adelante, esa es la belleza. Cuando llevas una vida completamente cómoda no aprendes nada».
El doble campeón olímpico insistió en que el error y la posibilidad del fracaso forman parte del proceso de crecimiento. «Si vives una vida con presión, una vida en la que puedes fracasar, entonces estás aprendiendo. Esa es la vida hermosa que queremos. Si cada día todo sale bien y consigues todo lo que deseas, eso no es la vida. No aprendes nada. Cada día necesitamos aprender. Somos seres humanos. Necesitamos aprender de nosotros mismos, de nuestros compañeros, de nuestra pareja, de cualquier otra persona, de otras empresas. Mantener esa presión significa aprender de los demás».
Kipchoge concluyó reivindicando una forma distinta de entender la exigencia. «La presión es realmente positiva. Debemos tratarla como algo positivo, como algo que nos impulsa a hacer cosas, a seguir adelante y a fijarnos objetivos de la mejor manera posible. La presión es un privilegio. Si un día la tienes, considérala un privilegio y utilízala de la mejor manera».

