Historia del tenis

Andy Murray: «Jugué por primera vez contra Djokovic cuando tenía once años, no le gané un solo juego; ese fue nuestro primer enfrentamiento»

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Andy Murray (Foto: The Switch)
Andy Murray (Foto: The Switch)

Andy Murray está de vuelta de todo y se parte de risa cuando cuenta lo que era estrellarse contra el Big4. En una entrevista en The Switch, ha comentado, por ejemplo, cómo fue cruzarse por primera vez con Novak Djokovic. Tenía once años, jugaban en Francia, y el resultado ya le fue avisando de lo que venía: «Jugué por primera vez contra Djokovic cuando tenía once años, en Francia. En ese partido del torneo no le gané un solo juego. Ese fue nuestro primer enfrentamiento».

Con Rafa Nadal el encuentro llegó uno o dos años después. Nadal le sacaba un año, y Murray observó desde el primer momento cómo el mallorquín aceleraba su desarrollo con una velocidad que pocos rivales podían seguir: «Con Nadal nos vimos por primera vez cuando yo tenía doce o trece años. Él tiene un año más que yo. Yo conocía a esos chicos de los torneos júnior y competí contra ellos en aquellos años, pero luego cada uno tomó su propio camino. Nadal progresó muy rápido físicamente y en todos los demás aspectos, así que con dieciséis años ya estaba en el circuito profesional. Yo jugué durante más tiempo en los torneos júnior. Djokovic, con aproximadamente catorce años, dejó los torneos júnior y pasó directamente a competir en eventos profesionales de categorías inferiores».

Federer, en cambio, pertenecía a otra generación. Murray lo sitúa seis años por encima de él, y cuando el suizo dominaba el circuito, el escocés era todavía un adolescente que aprendía mirando: «Federer me lleva seis años. Cuando nosotros teníamos trece o catorce años, él estaba empezando en el circuito. Recuerdo que fui a verle jugar en el Abierto de Estados Unidos de 2004 cuando yo participaba en el cuadro júnior. Me senté en la pista a observar cómo jugaba Federer».

Andy Murray (Foto: Cordon Press)
Andy Murray (Foto: Cordon Press)

La admiración por el suizo venía de lejos, pero en el circuito la dinámica entre ellos se fue transformando con el tiempo: «Cuando yo estaba en lo más alto, había una diferencia entre esos tres chicos y el resto del circuito. Jugar contra alguien situado entre el número quince y el veinte del mundo no era lo mismo que enfrentarte a ellos. Esos partidos te daban una imagen mucho más precisa de cómo estabas jugando».

Con Federer, Murray reconoce que la relación en la pista fue cambiando a medida que crecía su nivel. Al principio entrenaban juntos, luego eso dejó de ocurrir: «Al comienzo de mi carrera entrenaba con Federer bastante a menudo, pero después ya no quería hacerlo. Es algo que pasa en el tenis: cuando aparece un joven prometedor, los jugadores de alto nivel están dispuestos a entrenar con él para ver cómo juega y qué nivel tiene. Pero poco a poco, cuando ese jugador mejora y se convierte en un rival o competidor, toda la ecuación cambia. Con Djokovic y con Nadal sí entrenaba mucho. Me gustaba practicar con ellos para prepararme para los grandes torneos».

La postura de Federer frente al entrenamiento conjunto con sus grandes rivales era conocida en el circuito: «Federer tampoco entrenaba con Nadal ni con Djokovic. Yo, en el lugar de Federer, habría dicho: ‘Nos vemos directamente en la pista.’ Eso es exactamente lo que él hacía. Djokovic y Nadal, en cambio, eran distintos en ese sentido, y sí querían entrenar el uno contra el otro o contra sus rivales más cercanos. Es un poco una locura, porque en esos entrenamientos no quieres revelar todo lo que tienes, ni mostrar cómo podrías jugar contra ellos». Con el suizo, Murray llegó a acumular veinticinco enfrentamientos directos, de los cuales ganó once. Aquella primera final, en Bangkok en 2005, la perdió. Fue su primer partido decisivo en el circuito profesional principal, y Federer ya era entonces el número uno del mundo.

Los orígenes de Andy Murray

La historia de Murray en el tenis arranca en Escocia, en una familia donde el deporte lo impregnaba todo. Su madre, Judy Murray, entrenadora de tenis reconocida en todo el Reino Unido, fue quien motivó a sus hijos para que jugaran al tenis. O más que eso, la que los arrastró, según se ha difundido: «Creo que eso está muy mal entendido», se queja el extenista. «Se veía a mi madre como una figura que nos obligaba a mi hermano y a mí a jugar al tenis. Pero yo, al ver a mis propios hijos, sé que si intentara obligarles a jugar al tenis o forzarles de alguna manera, harían exactamente lo contrario. Mi madre fue extraordinaria a la hora de hacer que el deporte fuera divertido para Jamie y para mí. Sí, trabajó con niños y básicamente toda su vida adulta la ha dedicado a entrenarlos. Y sí, nos lo hizo divertido. Por eso de pequeños disfrutábamos mucho yendo a jugar al tenis. Íbamos todos los hermanos juntos a todas partes. Fútbol, golf, squash… jugamos a todo tipo de deportes. Éramos muy aficionados, y nuestros padres eran los dos grandes amantes del deporte. Mi padre era miembro del club de golf local y jugaba en ligas de squash. Así que desde pequeños siempre estuvimos rodeados de todo eso, y creo que por eso nos enganchamos».

Andy Murray (Foto: Cordon Press)
Andy Murray (Foto: Cordon Press)

La clave, según Murray, no estaba en la disciplina sino en el entorno que su madre construyó. El tenis, un deporte individual por naturaleza, y en su casa se vivía como una aventura familiar: «Mi madre hacía que todo se sintiera como un equipo, aunque el tenis normalmente sea un deporte individual. Entrenábamos juntos, íbamos a los torneos grandes juntos. Viajábamos en minibús, todos a la vez. Podíamos ser entre ocho y veinticuatro personas, dependiendo del grupo de edad en el que jugáramos. Íbamos como el equipo del norte de Escocia o como el equipo escocés, y viajábamos todos juntos. Sentías que eras parte de un grupo, no que estabas entrenando a solas con tu entrenador de manera individual, lo cual, entiendes, puede llegar a ser un poco monótono y a veces genera mucha presión».

Murray en España

La decisión de marcharse a España llegó con catorce o quince años. La Federación Británica de Tenis, la LTA, le ofreció un puesto en su academia de Sutton. Murray eligió Barcelona. La LTA financió un tercio de los gastos; el resto lo asumieron sus padres: «Tuve que pedir a mis padres un gran esfuerzo y además buscar patrocinadores y ese tipo de cosas para poder costear la estancia allí. Fui muy afortunado de que mis padres me dieran la oportunidad de ir y hacer eso».

La formación académica quedó interrumpida en el camino. En España había un sistema escolar que no era compatible con sus intereses y se quedó sin titulación. Por eso, con sus propios hijos, tiene una postura clara: «Quiero que mis hijos tengan una buena educación, de modo que puedan practicar el deporte con algo menos de presión, sabiendo que si no tienen éxito en él, tendrán otras opciones».

Andy Murray (Foto: Cordon Press)
Andy Murray (Foto: Cordon Press)

Sobre la presión cuando se es joven sabe algo. Pocos deportistas en la historia del tenis han cargado con el peso de las expectativas de toda una nación como lo hizo Murray durante años en Wimbledon. El último británico que había ganado el torneo antes que él era Fred Perry, en 1936. Cada verano, la pregunta era la misma, y él lo sentía en cada rueda de prensa, en cada mirada: «En Wimbledon la situación se volvía aún más extrema. No sé cuáles eran exactamente las expectativas de la gente, pero se hablaba mucho. Yo tenía posibilidades reales de ganar, pero tras muchos años sin conseguirlo, la pregunta que surgía una y otra vez era si algún día sería capaz de levantar ese trofeo. Eso hacía que la tensión y la presión en los medios fueran creciendo. Con el tiempo aprendí a manejarlo, pero en los primeros años de mi carrera no soportaba en absoluto ese tipo de atención mediática».

Su mecanismo de protección era construir una burbuja. Camino a los partidos, la radio permanecía apagada. La televisión, fuera. El silencio era una forma de control: «Me esforzaba por crear mi propio mundo aislado del exterior. No me quedaba solo, porque cuando estaba solo empezaban a aparecer todas las preocupaciones. Pensaba demasiado y me preocupaba demasiado por los resultados. Por eso era muy importante tener a la familia cerca y contar con un buen equipo. Ellos también lo estaban viviendo todo».

La presión del torneo funcionaba, paradójicamente, como combustible. «Aunque aquella época de Wimbledon era muy estresante, me ayudaba a concentrarme más y a generar una determinación adicional para rendir bien. No siempre ganaba, pero siempre llegaba a las últimas fases del torneo».

Entrenador de su enemigo original

Murray habló también de su etapa como entrenador de Novak Djokovic, una experiencia que describe como irrepetible y que no habría querido rechazar. La colaboración con el serbio le abrió una perspectiva nueva sobre el tenis, esta vez desde fuera de la pista. El paso siguiente, sin embargo, no fue volver al circuito en ninguna otra forma: «Ahora mismo mi prioridad es el golf y mi familia. La oportunidad de trabajar con Novak Djokovic fue extraordinaria, una de esas cosas que si la hubieras rechazado te habrías arrepentido toda la vida. Pero ya no tengo ganas de estar de gira. Disfruto más dando tiempo a mis cuatro hijos, jugando al golf durante el día y llevándoles al colegio o recogiéndolos».

Novak Djokovic y Andy Murray (Foto: Cordon Press)
Novak Djokovic y Andy Murray (Foto: Cordon Press)

La vida retirada le ha deparado sorpresas. Murray pensaba que echaría de menos el circuito, el ruido de los torneos, la adrenalina de los grandes escenarios. La realidad fue distinta: «No echo nada de menos la vida profesional en el tenis, aunque pensé que sí lo haría. No quiero volver a viajar haciendo cosas relacionadas con el tenis. Prefiero este tipo de trabajo. He ido a esquiar con mi familia, hago muchas cosas que antes no podía hacer. Estoy viviendo experiencias nuevas, y soy feliz».

 

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