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Vlade Divac: «El mejor equipo de la historia sería Nikola Jokić, Luka Dončić, Dražen Petrović y Arvydas Sabonis, no haría falta un quinto»

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Vlade Divac (Foto: Byron Scott's Fast Break)
Vlade Divac (Foto: Byron Scott’s Fast Break)

El expívot yugoslavo, Vlade Divac, que formó parte de los Kings de Sacramento y de los Lakers de Los Ángeles, ha repasado su carrera en una conversación con el exentrenador Byron Scott de la que solo se conocía su primera parte, donde hizo importantes revelaciones sobre su ruptura personal con Drazen Petrovic, en los albores de la guerra de Yugoslavia, ya que uno era croata y el otro serbio.

Pero en esta ocasión el tema es cómo se juega la basket hoy. Y para Divac, las tácticas actuales le habrían sentado como un guante. Cuando Byron Scott le pregunta cómo cree que encajaría en el juego actual, Divac responde: «Yo sería perfecto tirando esos triples. No correría toda la pista, correría entre las dos líneas de tiro libre».

No obstante, su media de carrera rondaba los 12 o 13 puntos por partido, aunque hubo una temporada en que fue el máximo anotador de los Lakers con 16 puntos de promedio. Scott le dice que en el juego actual habría superado los 20 puntos, pero Divac lo matiza abandonando el cachondeo: «No era un anotador. Era más de pasar, de facilitar el juego».

Divac en Sacramento Kings

Su llegada a los Sacramento Kings respondió también a una cuestión familiar. Divac terminó su etapa en Charlotte como agente libre y manejaba varias ofertas, pero tenía claro que quería regresar a la Costa Oeste. Su mujer y sus hijos habían permanecido en Los Ángeles durante su etapa en los Hornets y no quería alejarlos más. «Recuerdo que tenía varias ofertas: Denver, quizá Phoenix, los Clippers… Pero no quería jugar con los Clippers». Muchos de sus amigos en Los Ángeles no entendieron la decisión. Sacramento era entonces una franquicia sin prestigio y acostumbrada a perder. Divac, sin embargo, veía una oportunidad. «Eso era exactamente lo que quería. Quería ir a un sitio donde pudiera construir algo».

Vlade Divac (Foto: Cordon Press)
Vlade Divac (Foto: Cordon Press)

Lo que encontró allí fue un proyecto en plena construcción. Jeff Petrie, al que Divac define como «un gran director general», estaba levantando una plantilla que pronto se convertiría en una de las más atractivas de la NBA. Chris Webber ya era la piedra angulare de la franquicia, Peja Stojaković comenzaba a asentarse tras haber sido elegido en el draft unos años antes y Jason Williams aterrizaba como una de las grandes promesas de la liga.

Inolvidable 2002

La final de la Conferencia Oeste de 2002 entre los Kings y los Lakers sigue siendo una de las series más recordadas de la historia reciente de la NBA. Divac la evoca con una mezcla de orgullo y resignación. «Era baloncesto. Me encanta el baloncesto. Es competición. A veces ganas y a veces pierdes. No puedes ganar si no sabes perder».

Aquel año Sacramento había logrado el mejor balance de la NBA y contaba con la ventaja de campo. Los Kings sentían que tenían todo lo necesario para alcanzar las Finales. «Teníamos la química, teníamos el equipo preparado para dar el siguiente paso y estábamos jugando a un nivel altísimo. Nos sentíamos muy seguros». Sin embargo, había un elemento que seguía faltando. «Lo único que no teníamos era experiencia. Excepto yo, nadie había pasado por unas Finales ni por ese proceso». Para ilustrarlo, Divac recuerda que incluso los Lakers de Shaquille O’Neal y Kobe Bryant necesitaron varios años antes de alcanzar la cima. «Cuando llegaron Shaq y Kobe tampoco fueron a las Finales inmediatamente. Les llevó dos o tres años».

El momento definitorio de la serie llegó con el triple de Robert Horry al final del quinto partido, una de las canastas más famosas de la historia de los playoffs. Divac explica su lectura de aquella jugada con una referencia histórica inesperada. Cuando Kobe Bryant atacó el aro y él consiguió desviar la acción, su mente viajó de inmediato a un viejo recuerdo de los Lakers: «Estaba pensando en un Portland-Lakers en el Forum de hace años. Terry Porter tira desde la esquina, falla. Los Lakers ganan de uno. Magic Johnson coge el balón y lo deja rodar para que se acabe el tiempo».

Siguiendo esa misma lógica, Divac intentó enviar el balón lejos del aro. No buscaba iniciar una nueva posesión, simplemente quería que el reloj expirara. Pero el desenlace fue otro. «Mi proceso mental era golpear el balón hacia abajo pensando que el tiempo se iba a acabar. Pero el señor Clutch estaba en un lugar donde no se suponía que debía estar», recuerda entre risas sobre la aparición de Horry.

Vlade Divac y Dirk Nowitzki (Foto: Cordon Press)
Vlade Divac y Dirk Nowitzki (Foto: Cordon Press)

Lo más llamativo es que ni siquiera aquella canasta le bajó la moral. Cuando Byron Scott le pregunta qué pensó al ver el balón volar hacia el aro, Divac responde: «Se acabó. Somos mejores que ellos. Les vamos a ganar. Volvemos a casa y les vamos a ganar». De hecho, Sacramento reaccionó inmediatamente y ganó el siguiente partido. «Y eso fue exactamente lo que hicimos.»

La serie acabó llegando a un séptimo encuentro en Sacramento, decidido en la prórroga. Con el paso de los años, Divac mantiene una visión serena de aquella derrota. «Creo que éramos el mejor equipo. Pero a veces el mejor equipo no gana.» A su juicio, el factor decisivo del séptimo partido fue mucho más terrenal que cualquier teoría conspirativa: «Perdimos porque fallamos muchos tiros libres. Esa fue la razón».

Cómo cohesionar un equipo

La explicación de Divac sobre aquellos Kings siempre vuelve al mismo concepto: la química. «La química en el vestuario era increíble, fuera de cualquier escala», recuerda. Y añade una reflexión que resume buena parte de su filosofía sobre el baloncesto: «Esa es básicamente la diferencia entre los equipos campeones y los que no ganan». Como ejemplo cita a los Lakers del Showtime, cuyos jugadores siguen reuniéndose décadas después de su retirada. Para Divac, la conexión entre compañeros no era un detalle secundario del éxito, era su fundamento.

El líder de aquel equipo era Chris Webber, aunque Divac tenía perfectamente asumido cuál era su función dentro del engranaje. «Chris era el líder. Era un All Star, nuestro jugador decisivo. Yo estaba allí para ayudar a todo el mundo a hacer su trabajo». Su descripción del reparto de responsabilidades resume bien la filosofía colectiva de aquellos Kings: «Peja era un gran tirador y yo intentaba asegurarme de que recibiera sus tiros abiertos. Mike Bibby era un base increíble, pero también un gran anotador. Y, obviamente, dejaba a Chris hacer lo suyo». Después encuentra la definición exacta de su papel: «Era como un entrenador en la pista».

Si la química era el alma de aquel equipo, Jason Williams, el inolvidable «White Chocolate», era probablemente su espíritu más libre. Byron Scott recuerda que el base nunca se sintió cómodo con aquel apodo y que solía bromear diciendo que era «poor white trash». Pero lo que más impresionaba a Divac era su relación casi infantil con el juego. «El amor por el baloncesto que tenía ese chico era increíble. Me divertía muchísimo con él».

Durante una temporada incluso fueron vecinos. Aquella cercanía le permitió observar de primera mano una personalidad única. «Jay Will jugaba el primer minuto y el último exactamente igual. Si podía hacer un pase loco, no le importaba el marcador ni ninguna otra cosa. Solo quería hacer la jugada». Divac recuerda algunas situaciones desesperantes para cualquier entrenador: «Íbamos ganando de uno o dos puntos, teníamos que conservar el balón y dejar correr el reloj. Él tenía la oportunidad de hacer un pase divertido, lo intentaba y el balón acababa en la grada. Pero no le importaba».

Vlade Divac (Foto: Cordon Press)
Vlade Divac (Foto: Cordon Press)

Byron Scott aporta otra anécdota que describe bien su personalidad. Durante un retraso de un vuelo, varios jugadores empezaron a golpear bolas de golf junto al aeropuerto y Williams se enganchó inmediatamente. «Le dije que necesitaba el golf porque tenía que calmarse. Era demasiado hiperactivo. El golf te relaja». Según Scott, años después seguía jugando prácticamente a diario.

La anécdota más graciosa de todos los tiempos

Entre todas las historias que rodean a Divac, ninguna ha adquirido categoría de leyenda interna como la broma que gastó al rookie Tony Bobbitt. Duró semanas, implicó a buena parte del vestuario, al departamento de comunicación de los Lakers y terminó convertida en un DVD que todavía hoy provoca carcajadas a quienes lo vivieron.

Todo comenzó por una cuestión aparentemente menor. Rudy Garciduenas, histórico utilero de los Lakers y una figura muy cercana a Divac desde su llegada a la NBA, acudió al veterano para pedir ayuda. Los rookies Sasha Vujačić y Tony Bobbitt abandonaban sistemáticamente el entrenamiento sin colaborar en las tareas que tradicionalmente correspondían a los novatos.

Divac habló con ambos. Vujačić rectificó. Bobbitt no. Hubo una segunda conversación. Tampoco funcionó. Entonces llegó la advertencia que acabaría convirtiéndose en una profecía. «Tony, ya te lo he dicho una vez. Esta es la segunda. La tercera no va a ocurrir. Me aseguraré de que me recuerdes el resto de tu vida si no haces esto bien.» Y Bobbitt no le hizo caso.

La venganza llegó durante un partido televisado a nivel nacional. Tony Bobbitt estaba de traje detrás del banquillo de los Lakers y trataba de encontrar un asiento más visible. Según recuerda Divac, quería aparecer en televisión para que sus amigos pudieran verle. Fue entonces cuando puso en marcha el plan. Una abonada situada junto al banquillo aceptó escribir una nota. «Hola, Tony. Soy Lucy Liu. Llámame», decía el mensaje, acompañado de un número de teléfono. El detalle decisivo era que aquel número pertenecía a Divac.

«Le di la nota al personal de seguridad para que se la entregara. Vi cómo la leía y se la guardaba en el bolsillo. En ese momento supe que iba a empezar a llamar». Y llamó. Divac decidió que la broma no se quedara solo en el equívoco. Contrató a una chica para que dejara mensajes de voz a Bobbitt siempre entre las once de la mañana y la una de la tarde, cuando el equipo estaba entrenando y él no podía contestar. Los mensajes eran cada vez más cariñosos. Bobbitt empezó a convencerse de que mantenía una relación con la actriz y, lo que era mejor para los conspiradores, comenzó a contárselo a todo el mundo.

«Todo el mundo lo sabía menos él», recuerda Divac. «Los jugadores, los entrenadores… Incluso involucré a John Black, nuestro responsable de relaciones públicas». Black participó enviando mensajes supuestamente firmados por Lucy Liu. «Hola, cariño. Tengo muchas ganas de verte», decían algunos.

Vlade Divac (Foto: Cordon Press)
Vlade Divac (Foto: Cordon Press)

La broma fue creciendo hasta adquirir vida propia. Lamar Odom, uno de los mejores amigos de Bobbitt, llegó a acercarse a Divac para pedirle que la detuviera. «No puedo soportarlo más. Esto se está yendo demasiado lejos», le dijo. Divac admite que estuvo de acuerdo… hasta que escuchó una nueva historia de Bobbitt asegurando que Lucy Liu le había besado. Kobe Bryant, que también conocía el engaño, estaba escuchando la conversación cuando Odom reaccionó: «Vlade, sigue adelante».

Para entonces, incluso John Black había fabricado una falsa portada de People con una fotografía de Bobbitt y el titular LA Romance. El novato llegó a creer que su supuesto romance con la actriz estaba a punto de convertirse en noticia nacional. El desenlace fue tan elaborado como todo lo anterior. Divac envió una limusina a recoger a Bobbitt para una cita ficticia con Lucy Liu. El vehículo llevaba cámaras ocultas. Durante todo el trayecto, el novato relató orgullosamente al conductor los detalles de su historia de amor sin sospechar que estaba siendo grabado.

Al llegar al restaurante, todavía tuvo un último momento memorable. Antes de salir del coche se giró hacia el conductor y le preguntó: «¿Puedes comprobar si hay paparazzi por ahí?». Dentro le esperaba una mesa preparada con champán. Lo que Bobbitt no sabía era que en una sala contigua estaban reunidos prácticamente todos los Lakers: jugadores, entrenadores, esposas e hijos. Más de veinte personas aguardaban el momento de la revelación.

Fue Kobe Bryant quien le animó a llamar a Lucy Liu una vez más. Bobbitt marcó el número. Sonó el teléfono de Divac. «Hola, soy Lucy…», respondió el pívot con voz fingida. Y entonces llegó el golpe final: «Tony, ¿recuerdas cuando te dije que me aseguraría de que me recordaras el resto de tu vida?»

Pero la broma todavía tenía un último acto. Aquella misma noche había partido. Divac ya había montado un DVD con toda la historia: los mensajes de voz, las imágenes grabadas en la limusina y las cámaras ocultas del restaurante. Antes de la sesión de vídeo previa al encuentro, pidió permiso al entrenador Rudy Tomjanovich para proyectarlo: «Le dije: ‘Rudy, cuando termines, pon esto’. Me preguntó qué era y le respondí: ‘Tony Bobbitt’».

El resultado fue devastador. Bobbitt tuvo que revivir toda la historia sentado junto a los mismos compañeros que habían participado en la conspiración durante semanas. «Estaban las imágenes de la limusina, las del restaurante, los mensajes… Todo estaba en el DVD», recuerda Divac entre risas. Byron Scott, que vivió la escena, no duda en calificarla como una de las mejores bromas que ha visto jamás en un vestuario NBA.

El recuerdo de Kobe

Cuando Scott le pide que defina a Kobe Bryant con una sola palabra, Divac se toma unos segundos antes de responder para decir solamente: «Grandeza.» Después desarrolla la idea: «Lo que hizo con su ética de trabajo, con su talento, con su pasión y con su disposición a sacrificarse por el objetivo que se había marcado en la vida fue increíble». Divac solo compartió una temporada con Bryant, la última de su carrera, pero conserva un enorme respeto por él: «Me alegro de haber tenido la oportunidad de jugar al menos un año con Kobe. Y me alegro de que Jerry West me traspasara por él».

Pau Gasol y Vlade Divac (Foto: Cordon Press)
Pau Gasol y Vlade Divac (Foto: Cordon Press)

La conversación deriva después hacia quienes intentan cuestionar el legado de Bryant en las redes sociales. Divac admite que apenas utiliza esas plataformas y que le sorprende que alguien trate de minimizar lo que consiguió: «Normalmente, aquello que no puedes alcanzar es lo que criticas.»

Para el serbio, la diferencia de Kobe estaba en la coherencia absoluta entre el entrenamiento y la competición: «Lo que veías en los partidos era exactamente lo que veías en los entrenamientos. La misma intensidad, el mismo nivel». Y añade una comparación demoledora: «El 99% de los jugadores son lo contrario. Van más tranquilos, dosifican esfuerzos. Kobe era increíble».

Divac también es consciente de haber formado parte de una generación pionera. Cuando aterrizó en la NBA apenas había jugadores europeos. Hoy representan cerca de un tercio de la liga y los últimos MVP han sido internacionales. Sin embargo, cuando habla de esa transformación evita atribuirse méritos personales y señala directamente a Jerry West: «Tengo que darle el crédito a la organización de los Lakers y, específicamente, a Jerry West. Él vio algo.»

A su juicio, la apuesta de West por el talento internacional ayudó a transformar la NBA moderna: «Cambió el juego actual. Antes prácticamente no había jugadores de fuera. Ahora los MVP son internacionales. Por eso es el logo».

Cuando Scott le pregunta si los jugadores europeos actuales son conscientes del camino que abrieron pioneros como él, Divac responde con modestia: «Creo que sí. Igual que yo siempre estuve agradecido a las generaciones anteriores por sus sacrificios y por todo lo que hicieron».

Después recuerda hasta qué punto la NBA había cambiado cuando llegó en 1989. «Yo tuve suerte. En mi año de rookie los Lakers tenían avión privado y entrenábamos una vez al día». Escuchar las historias de las generaciones anteriores le hizo comprender cuánto habían contribuido a mejorar la vida de quienes llegaron después.

Antes de despedirse, Scott le plantea un último juego: elegir el mejor quinteto internacional de todos los tiempos: «Tengo cuatro. Ni siquiera tengo que pensarlo: Nikola Jokić, Luka Dončić, Dražen Petrović y Arvydas Sabonis». Cuando Scott insiste en que necesita un quinto jugador, Divac se resiste. «No necesitan un quinto. Con esos cuatro le ganan a cualquiera». Finalmente acaba aceptando la candidatura de Peja Stojaković para completar el grupo.

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