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Shaquille O’Neal: «Yo veía a Jordan por la tele, cuando le vi en un partido pensé: ‘oh, es real’, por eso quiero ver a Wembanyama en persona»

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Shaquille O'Neal (Foto: The Rich Eisen Show)
Shaquille O’Neal (Foto: The Rich Eisen Show)

Shaquille O’Neal tiene 52 años, cuatro anillos de campeón de la NBA, es miembro del Hall of Fame y sus opiniones sobre baloncesto siguen siendo muy cotizadas. Ha pasado por el programa The Rich Eisen Show para hablar de los playoffs, de los New York Knicks y de la nueva generación de jóvenes que le fascina y que encabeza Victor Wembanyama.

Ahora mismo los San Antonio Spurs tratan de remontar su eliminatoria ante los Oklahoma City Thunder tras ponerse 3-2 abajo, pero aun así Shaq habla del francés con auténtica admiración. Primero, le da un consejo: «Tiene que ser superagresivo, porque con su tamaño y su talento, si juega así, obliga a todo el mundo a entrar en pánico. Y cuando los rivales entran en pánico hacen lo de siempre: mandarle ayudas». Ahí está la clave para él: «Cuando te llegan las ayudas puedes involucrar a Stephon Castle, puedes darle balón a ese joven Harper… Dios mío, ese chico es una pasada. Es increíble».

Le gustaría verle más cerca del aro, aunque entiende su tendencia a jugar abierto: «No me molesta que tire de tres porque tiene una mano fantástica, pero me gustaría que la mayoría de sus tiros fueran cerca de la canasta. Si consigue hacer eso, si logra que Oklahoma City entre un poco en pánico… Y además, cada vez que le ponen a Alex Caruso delante, eso debería tomárselo casi como una falta de respeto y buscar anotar». Aun así, no lo da por perdido: «Si domina, si está en todas partes y evita cargarse de faltas, tienen una oportunidad de verdad».

Después llega una de las reflexiones más llamativas de Shaq sobre el pívot francés. Está cansado de verlo solo por televisión y quiere experimentar de verdad lo que supone tenerle delante en una pista: «Ojalá fueran los Spurs contra los Knicks en las Finales porque me encantaría ver a Wembanyama en persona. Cuando le ves por televisión es espectacular, pero quiero tenerlo delante. Recuerdo que en el instituto veía a Michael Jordan por la tele y un día fui a un partido y pensé: «Ah, vale… es real». Sé que Wemby es real, pero quiero verlo con mis propios ojos».

Shaquille O'Neal (Foto: Cordon Press)
Shaquille O’Neal (Foto: Cordon Press)

Y por si alguien duda de su criterio, añade una reflexión con una sonrisa: «¿Cómo habría jugado yo contra él? Hay que obligarle a defender. Yo era un jugador de potencia. Le habría dado dos o tres botes para meterle debajo del aro e intentar hacerle lo mismo que le hice a Dikembe Mutombo».

Desde el entorno de los Spurs también observan y aconsejan dos leyendas como Tim Duncan y David Robinson. Shaq lo sabe y prefiere no invadir ese terreno: «No voy a darle demasiados consejos porque allí tiene a dos mentores que estaban todos en la misma oficina. Tiene a David Robinson y a Tim Duncan. No necesita mis consejos porque yo no era ese tipo de jugador. Yo era más físico, más de potencia. Tim jugaba tanto dentro como fuera, y David también. Seguro que recibe consejos increíbles de ellos. Y además todavía está Gregg Popovich entrando y saliendo de vez en cuando». Como aficionado, solo pide una cosa: «Me encantaría que fuera dominante. No algunas veces. Siempre».

Los Knicks y los playoffs según Shaquille O’Neal

Cuando la conversación llega a los New York Knicks, Shaquille O’Neal sube el tono. Empieza directamente con una disculpa: «Le debo una disculpa a todo Nueva York. Quiero pedir perdón. A Spike Lee, Tracy Morgan, Al Pacino y a todas las estrellas que estaban allí sentadas. Son realmente buenos. De verdad que lo tienen».

El equipo de Jalen Brunson le trae a la memoria algo que él conoció muy bien desde el otro lado: aquellos Detroit Pistons que derrotaron a sus Lakers en las Finales de 2004. «Me recuerdan a ese equipo de Detroit que nos ganó mi último año allí, el de Rasheed Wallace. No eran un grupo lleno de superestrellas de las que todo el mundo hablaba constantemente, pero jugaban como un colectivo. Jugaban juntos, peleaban cada balón y nunca se rendían. Y cuando veo a estos Knicks me recuerdan muchísimo a aquel equipo».

Shaquille O’Neal frente a Michael Jordan (Foto: Cordon Press)
Shaquille O’Neal frente a Michael Jordan (Foto: Cordon Press)

Su explicación táctica es bastante clara: «Brunson es la definición perfecta de un jugador que mejora a los demás. En el primer partido lideró la remontada y se volvió loco anotando. Cleveland reaccionó y dijo: «Vamos a hacerle dos contra uno». Y entonces él empezó a encontrar a sus compañeros. Josh Hart se puso a enchufarlas. Karl-Anthony Towns no está dominando como a mí me gustaría que dominara, pero está jugando un baloncesto muy inteligente y muy fluido, involucrando a todos y organizando el ataque desde arriba. OG Anunoby, Alvarado saliendo desde el banquillo y dándoles energía…».

Para Shaq, Nueva York ahora mismo tiene todas las piezas: «Defienden, meten tiros, nunca entran en pánico y su juego de rebote y control de posesiones es impresionante». Solo hay una cosa que le preocupa: el exceso de descanso antes de las Finales. «Lo único que me da un poco de miedo —aunque tampoco demasiado, porque a mí siempre me encantaba tener cinco o seis días libres para descansar el cuerpo y desconectar— es que ahora tienen nueve o diez días sin jugar. Y estando en Nueva York, espero que no se relajen demasiado porque el trabajo todavía no está hecho».

Aunque admite que él habría disfrutado muchísimo una situación así: «Si yo estuviera jugando ahora mismo, disfrutaría esos nueve días. Los tres primeros ni tocaría un balón. Los días cuatro, cinco y seis ya empezaría a estudiar al rival. Y en el siete, ocho y nueve ya pondría esa cara de competición. Llegaría al primer partido con una energía brutal».

Shaquille O’Neal también recordó aquellos largos descansos en playoffs, cuando Phil Jackson arqueaba las cejas cada vez que alguien le preguntaba qué iba a hacer el equipo con tantos días libres. «Sabíamos que era nuestro segundo anillo y ya teníamos la fórmula. Con tantos días de descanso no me volvía loco. Simplemente descansaba, me daba masajes, hacía baños de hielo. Estaba en Mulholland Estates. Los primeros días solo pensaba en ser padre y jugar con mis hijos».

Asegura que llegó a aquellas Finales con mucha energía, aunque enfrente apareció Allen Iverson en modo imposible: «Llegamos muy frescos, pero nos encontramos con un tipo que no era simplemente espectacular… era algo más que eso. Recuerdo perfectamente que nuestra estrategia era: «No vamos a hacerle ayudas. Allen Iverson, si quieres ganarnos, vas a tener que hacerlo tú solo». Y creo que acabó metiendo 48 o 50 puntos».

Sobre los Lakers

Nadie conoce mejor que Shaquille O’Neal lo que significa ser barrido en unos playoffs. Él mismo lo reconoce ahora entre risas, ya con suficiente distancia como para bromear sobre ello: «Entiendo perfectamente cómo se sienten LeBron James o Donovan Mitchell. Creo que soy uno de los grandes nombres con más barridas de la historia. Tuve tres con los Lakers y dos en Orlando. En total creo que tengo cinco, y me parece que LeBron tiene cuatro».

Pero sí marca una diferencia importante con lo que ha visto recientemente: «Mis equipos nunca se rindieron. A veces simplemente no teníamos lo necesario para ganar, pero nunca bajábamos los brazos. Lo que vi ahora fue a un equipo rendirse demasiado pronto y entonces Nueva York les pasó por encima».

También hubo tiempo para hablar de Gregg Popovich, una figura muy importante en su adolescencia mucho antes de enfrentarse a él como rival. Shaq contó que, literalmente, fue quien le consiguió sus primeras zapatillas de verdad: «No tenía zapatillas. No podía permitírmelas. Ni siquiera sabía dónde conseguir unas de mi talla. Los Spurs tenían un jugador de más de 2,10 y mi padre solía ir al gimnasio local donde a veces aparecían jugadores del equipo. Un día les preguntó: «¿Sabéis dónde puedo conseguir zapatillas para mi hijo?». Le dieron un número y cuando llegamos allí nos recibió Popovich».

Shaquille O’Neal (Foto: Cordon Press)
Shaquille O’Neal (Foto: Cordon Press)

La historia todavía le emociona: «Pop ya sabía quién era yo cuando estaba en el instituto. Me dijo: «Eh, eres un jugador increíble». Y me regaló tres pares de zapatillas. Desde aquel día siempre le he tenido muchísimo cariño y respeto». Ese recuerdo nunca desapareció, ni siquiera cuando competían: «Cuando jugaba contra él no me caía bien, pero porque ese era mi trabajo: no caerme bien nadie. Pero desde aquel día siempre le he tenido afecto y respeto. Nunca puedes decir nada malo de él».

Y cerró con un deseo sincero hacia el legendario entrenador de los Spurs: «No hay ninguna duda de que es un miembro histórico del Hall of Fame. Ojalá siguiera por aquí alrededor del equipo. No sé exactamente cómo está de salud, pero le deseo lo mejor».

Cuando le preguntan qué deberían hacer los Boston Celtics, si separar a Jayson Tatum y Jaylen Brown, Shaquille O’Neal no tiene dudas: «No creo que deban romper esa pareja. Lo que necesitan es aprender a hacer mejores ajustes durante los partidos. Los Celtics viven y mueren con el tiro exterior. Y cuando no entran, a veces es muy duro de ver».

Su diagnóstico es bastante simple: «Tienes que tener la mentalidad de decir: «Vale, he fallado dos triples seguidos, voy a buscar un tiro de alto porcentaje». Por eso perdieron». La convivencia entre dos estrellas no le parece ningún problema irresoluble: «Todavía puede funcionar. Puedes tener dos alfas en el mismo equipo haciendo lo mismo porque los dos van a tener el balón. Todo depende de quién toma el último tiro y eso te lo acaba diciendo el propio partido. No creo que haya mala relación entre ellos, aunque mucha gente intenta crearla con esa pregunta de: ‘¿De quién es el equipo?’».

Y entonces recurre a su propia experiencia junto a Kobe Bryant: «Nosotros teníamos nuestra fórmula. Dame el balón al principio del partido, aunque probablemente vaya a fallar muchos tiros libres. Kobe, tú te encargas del último cuarto. Y así nos funcionó. Ganamos tres campeonatos seguidos de esa manera».

La última gran historia de la entrevista gira alrededor de la psicología deportiva y de sus propios fantasmas en la línea de tiros libres. «Fui a ver a un psicólogo deportivo en Los Ángeles después de fallar todos esos tiros libres. Y me dijo que respirara».

Entonces hace una pausa y remata la escena: «Le miré y le dije: ‘¿Qué acabas de decirme? Hermano, mañana vamos a Sacramento a jugar un séptimo partido. Respirar no va a arreglar esto’». Shaq explica la presión que sentía en aquel momento: «Ya me habían barrido tres veces. Ya había perdido demasiadas veces allí. Si perdía otra vez, estaba acabado en esa ciudad. Me iba a convertir en el hazmerreír de todas las estrellas de Los Ángeles. Así que aquello siempre me molestó un poco».

Aun así, deja claro que no es una crítica contra la psicología como disciplina: «No quería faltarle al respeto a la psicología porque respeto muchísimo lo que saben desde el punto de vista académico. Pero si nunca has jugado o nunca has competido al máximo nivel, me cuesta respetar del todo tu trabajo».

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