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Stoichkov «El breve»: los años como entrenador del profesional más intratable

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Hristo Stoichkov (Foto: Cordon Press)
Hristo Stoichkov (Foto: Cordon Press)

Con las que se montan hoy en torno a Vinicius, con el eco que adquieren las polémicas por nimias que sean con las redes y las decenas de cámaras que siguen los partidos, pensar en lo que sería hoy ver jugar a Hristo Stoichkov es el equivalente a imaginar la bomba de neutrones. El genio búlgaro se retiró del fútbol profesional en 2003, tras colgar las botas en el DC United de Washington. Fueron veintiún años de carrera como jugador, cuatro ligas consecutivas con el FC Barcelona, un Balón de Oro, una Bota de Oro del Mundial y la pasada que fue para el fútbol búlgaro llegar a la semifinal del Mundial de Estados Unidos de 1994. También, cientos de incidentes y exabruptos.

Sí, todos recordamos a Hristo, pero hay una parte de su carrera que permanece olvidada o poco analizada. Son sus años como entrenador, un intento de seguir vinculado al fútbol que también acabó como el rosario de la aurora.

Los comienzos de Stoichkov en la dirección técnica fueron ese rol que se puso de moda tiempo atrás del entrenador-jugador que no ha llegado muy lejos. En su caso, durante su última temporada como jugador en el DC United, en 2003, ejerció simultáneamente como entrenador asistente. El equipo alcanzó las semifinales de la US Open Cup y puso fin a una penosa ausencia de cuatro años en los play-offs de la MLS Cup. Ray Hudson, técnico principal del DC United en aquel momento, quedó satisfecho con el búlgaro: «Hristo es un motivador, el tipo de jugador que cualquiera querría tener en su equipo». El DC United conquistaría la MLS Cup la temporada siguiente, siguiendo de alguna manera la estela del trabajo que había dejado Stoichkov.

Antes de asumir responsabilidades como técnico principal, Stoichkov también ejerció brevemente como entrenador de delanteros en el FC Barcelona durante la temporada 2003-2004, pero claramente su destino estaba en Estados Unidos. Cruzó el Atlántico de vuelta y estuvo dos temporadas con el Chicago Fire y una más con el DC United.

De este periodo, se le recuerda por apostar por el talento joven. Entre sus pupilos más destacados figuró DaMarcus Beasley, quien con veintidós años ya era internacional con la selección de Estados Unidos y jugador del PSV Eindhoven, club que pagó por él 2,5 millones de dólares, un récord para un jugador estadounidense en aquel momento. Tras dos temporadas, pasó al Manchester City con escaso éxito, pero figura como el primer estadounidense en jugar cuatro mundiales.

El propio Beasley ha reconocido que Stoichkov fue uno de los personajes más importante para su desarrollo profesional. Al igual que hacía Cruyff con el búlgaro, que, según contó en Jot Down, le invitaba a comer a su casa, aunque le ponía poca comida para alguien balcánico, Hristo hacía lo mismo con el joven Beasley. También lanzó a jugadores como Josh Wolff, que fichó posteriormente por el TSV 1860 München, o Dema Kovalenko, que llegó a pelotear unos pocos partidos cedido en el St. Pauli alemán.

Esos años, «inolvidables» para Hristo, fueron la antesala de su regreso a la selección como entrenador. En julio de 2004, tras la dimisión de Plamen Markov después de la eliminación de Bulgaria en la primera fase de la Eurocopa de Portugal, la Federación Búlgara de Fútbol nombró a Stoichkov seleccionador nacional. Era el hombre que había liderado la mayor gesta del fútbol búlgaro, pero la realidad no fue tan bonita como el recuerdo. Bulgaria no logró clasificarse para el Mundial de Alemania 2006, y la campaña para la Eurocopa de Austria y Suiza 2008 comenzó con resultados decepcionantes.

Ahí, a las malas, apareció el carácter de Stoichkov y la gestión del vestuario pasó a ser un problema añadido. Varios jugadores se largaron de la selección por diferencias personales con él. El caso más heavy fue el del capitán Stiliyan Petrov, jugador importante del Aston Villa, que el 12 de octubre de 2006 anunció que no volvería a jugar con Bulgaria mientras Stoichkov fuera el seleccionador. Encima no era el primero.

Steven Apostolov, quien ha estudiado en profundidad la figura de Stoichkov, señala que la coyuntura era muy cuesta arriba incluso para entrenadores top. Por esas fechas había un escaso número de jugadores búlgaros en clubes europeos de primer nivel. El sucesor de Stoichkov en el cargo, Plamen Markov, tuvo que nacionalizar a jugadores de origen yugoslavo para paliar la escasez de talento local. Stoichkov intentó una solución similar, convocando al brasileño naturalizado Lucio Wagner, pero en marzo de 2007, tras un empate sin goles en casa ante Albania, la presión mediática y federativa resultó insostenible. Stoichkov dimitió.

Pero todavía quedaba un gran recuerdo suyo en España. Apenas unas semanas después de abandonar el banquillo búlgaro, Stoichkov aceptó el reto más inmediato de su carrera como entrenador de club. En abril de 2007, el Real Club Celta de Vigo, sumido en puestos de descenso en Primera División, prescindió de Fernando Vázquez y contrató al búlgaro con el encargo simple de salvar la categoría. En parte, como pretende hacer Florentino Pérez con Mourinho, no se anduvieron con sutilezas, buscaban a alguien carismático capaz de transmitir algo de motivación a un vestuario marcado por la desidia.

Hristo Stoichkov (Foto: Cordon Press)
Hristo Stoichkov (Foto: Cordon Press)

El debut no estuvo mal. En su primer partido, el Celta venció al Deportivo de La Coruña por 1-0, resultado que despertó cierto optimismo en Balaídos. Sin embargo, la mejoría no tuvo continuidad. El equipo no metió un solo gol en los tres encuentros siguientes, todos perdidos, y la dinámica negativa se mantuvo durante la recta final de la temporada. Sin embargo, en los últimos tres partidos, el Celta ganó los tres (ante Real Betis, Atlético de Madrid y Getafe) en lo que iba a ser un milagro de última hora, pero el esfuerzo, no obstante, llegó tarde. El club descendió a Segunda División por un solo mísero punto.

En la pretemporada siguiente, ya en Segunda División, la gestión del vestuario saltó pronto por los aires. Varios jugadores recibieron ofertas de otros clubes y presionaron para salir, mientras Stoichkov hizo lo imposible por retenerlos exigiendo que el club fuera inflexible con las cláusulas. Al final, por negarse a negociar el resultado fue que los futbolistas terminaron saliendo a precios inferiores a los estimados. La relación con el entorno directivo, en particular con el director deportivo Ramón Martínez, fue conflictiva desde el principio. El 8 de octubre de 2007, cuando el Celta ya andaba por la parte baja de la tabla, Stoichkov presentó la dimisión alegando motivos personales. Le sustituyó Juan Ramón López Caro, que también salió despedido poco después.

La siguiente parada no fue un peldaño arriba en nivel, precisamente. Tras rechazar una oferta del club iraní Aboomoslem porque el país estaba a punto de sumirse en una guerra civil, Stoichkov acabó en Sudáfrica. El 29 de junio de 2009, el Mamelodi Sundowns, uno de los clubes más populares de la Premier League sudafricana, anunció su fichaje para sustituir al veterano técnico francés Henri Michel, responsable del tercer puesto de Francia en México 86. Además, el fútbol sudafricano es seguido mayoritariamente por la población negra, los blancos son del rugby, esa elección tenía un punto simbólico.

La misión no era fácil, se venía de un rendimiento muy discreto, pero esta vez todo le salió bien. Bajo su dirección, el Mamelodi Sundowns escaló desde la zona media de la tabla hasta una notable segunda posición en la Premier League sudafricana 2010, a un solo punto del campeón, el SuperSport United. Afición y directiva reconocieron el mérito, todo tenía pinta de durar, sin embargo, a los nueve meses de su llegada, presentó, otra más, la dimisión. Nunca se supo por qué exactamente.

De regreso a Europa, Hristo eligió su país. En enero de 2012, asumió la dirección técnica del PFC Litex Lovech, club de la primera división búlgara, en sustitución de Lyuboslav Penev. El equipo terminó la temporada en quinta posición, un resultado discreto pero aceptable. La experiencia en Lovech fue relativamente tranquila comparada con sus etapas anteriores, aunque igualmente breve. En junio de 2013, se anunció su nombramiento como nuevo técnico del CSKA de Sofía, el club donde había iniciado su carrera como profesional y que atravesaba graves dificultades económicas. Era el regreso al club de su vida. Un destino anunciado. Lo que todo el mundo esperaba. La oportunidad de triunfar donde debía hacerlo, en su casa, pero la experiencia fue… la más breve de todas. Dimitió al mes. Tampoco se supo el porqué.

Con esa marcha del CSKA, en julio de 2013, se cerró formalmente la carrera de Stoichkov en los banquillos. Desde entonces, no ha vuelto a asumir responsabilidades técnicas en ningún club o selección. Su presencia en el fútbol se ha mantenido a través de los medios de comunicación, donde ejerce como comentarista y analista en la cadena TUDN, con el estilo directo, procaz y, por qué no decirlo, salvaje, que siempre le ha caracterizado.

En total, fueron siete destinos en diez años, desde asistente a entrenador principal de clubes y seleccionador nacional. Lo que podría haber sido la carrera de treinta años de un míster normal y corriente, él se lo fumó en un tercio. Que acabara a tortas allá por donde pasó era, en cierto sentido, esperable después de lo que fue su carrera como futbolista, pero es también gracioso sobre todo después de que se vendiera como «el mejor psicólogo del mundo».

2 comentarios

  1. Con el Barça ganó cuatro ligas consecutivas, no seis.

  2. Negreira Negreira Negreira

    Ildefonso Urizar Azpitarte, el arbitro que pisó Stoikov, dijo hace nada en ECh, que era el que calificaba a los árbitros. No Negreira. Otro cuento que se le cae al enfermo de madridismo sociológico.

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