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José Alvarado: «La gente no entiende que Mark Williams mide más de dos metros, no quería liarla, pero tuve que plantarme»

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José Alvarado (Foto: 7PM in Brooklyn with Carmelo Anthony)
José Alvarado (Foto: 7PM in Brooklyn with Carmelo Anthony)

Por fin habla. Desde que las imágenes de su pelea con Mark Williams, pívot de Charlotte, dieran la vuelta al mundo, José Alvarado había esquivado el asunto con la habilidad con la que sortea los bloqueos en la pista. Pero en el plató de 7 PM in Brooklyn, sentado junto a Carmelo Anthony y Kazim Fi, el base puertorriqueño de los New York Knicks ha tenido que soltar prenda.

Primero, el contexto: «Sí, sí. Era uno de esos días en los que estás cabreado con todo el mundo antes de empezar el partido. No sé muy bien cómo llegué a ese punto, pero en cuanto me empujó por la espalda, me puse a tope, ¿sabes?»

No lo tenía pensado, simplemente estalló porque venía calentito y la situación se puso fea: «Los árbitros no estaban pitando nada, íbamos de un lado a otro. Yo estaba en movimiento, él también, y pitan falta contra mí. Y yo pensando: ¿pero esto qué es? Hablando con el árbitro, él me da como un empujoncito. Pero la gente cree que fue suave… y no, son tíos muy fuertes».

Ese empujón fue el detonante. Alvarado se giró y: «La gente no entiende que mide más de dos metros. Yo voy hacia él, él viene hacia mí y prácticamente me invade el espacio. Así que pienso: vale, tengo que mantener mi sitio. No quería liarla, pero tuve que plantarme».

Mark Williams y José Alvarado (Foto: Cordon Press)
Mark Williams y José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Williams insistió con lo suyo y la reacción estaba servida: «Como sigue encima de mí, tengo que apartarlo, quitármelo de encima. Y en ese momento, si te fijas bien, él lanza el primer golpe. Entonces veo que se me mueve la cinta de la cabeza, el pelo se me descoloca… veo el golpe, veo la oportunidad y pienso:’ vale, tengo que hacerlo’».

Lo que vino después lo vio todo el mundo, pero lo que vino después no tanto: «Y luego pensé: como ya me habían sancionado antes por algo parecido con otro pívot, tres partidos… pues dije: bueno, ya que estoy, voy a sacar algo de esto. Y luego resulta que mi sueldo se quedó parado como tres meses. Esa jugada fue puro calentón. Se fue de las manos muy rápido, ¿sabes? No tengo nada personal contra el tío. No tenemos ningún problema. Y, siendo sincero, no me gustó lo que hice. Si hubiera sido otra situación, en plan yo contra Draymond, sería distinto».

La diferencia entre competir y ser el tipo duro

El episodio con Williams ha dejado una imagen que Alvarado no quiere que sea la que se quede, aunque si se esfuerza en algo es en que quede claro que no le tiene miedo a nadie: «No me presento como el tipo duro. Pero tampoco tengo miedo de nadie. No te voy a engañar. Somos de carne y hueso, esto es la NBA, no el parque, es diferente».

CJ McCollum y José Alvarado (Foto: Cordon Press)
CJ McCollum y José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Dice que, cuando reciben una falta que ha ido más allá del reglamento, hay que sacar el pecho y ponerse enfrente para que no vean que se puede hacer cualquier cosa con ellos: «Cuando el tío le metió una falta dura a Mitch, lo que toca es ir. No con ganas de pelea, sino con la actitud de: aquí no vamos a mirar para otro lado».

El Grand Theft: origen en el asfalto

Matumbo tenía el tapón y el movimiento de dedo. LeBron tiene el tapón por detrás. Alvarado tiene el Grand Theft, el robo fantasma, esa jugada en la que aparece de la nada en la línea de fondo para arrancar el balón a un base que creía tener el camino libre. El nombre lo ha popularizado el público, pero el origen es mucho más viejo que cualquier arena de la NBA: «Empezó en el parque. Siempre había mucha gente, todo el mundo quería jugar, y cuando sacabas de banda… era una locura. Me peleé un montón de veces por hacerlo en el parque. Todo el mundo lo odiaba».

Su entrenador en el instituto le advirtió que eso no se hacía, que nadie que jugara así llegaría lejos. Alvarado dejó de hacerlo durante una temporada, pero luego volvió. En la universidad fue ganando espacio hasta que el propio cuerpo técnico empezó a planificarlo como arma táctica. En su primer año en la NBA, cuando apenas sumaba doce minutos por partido, llegó a promediar tres o cuatro robos por noche: «La primera vez que lo ves, casi parece ilegal. Como algo que no está permitido, pero sí lo está. ¿Y por qué nadie más aprovecha ese momento? Yo corría a la esquina de todas formas, tanto si tirábamos como si no, porque a veces estás abierto. Y si no, ya estás en posición cuando ellos sacan».

José Alvarado (Foto: Cordon Press)
José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Pablo Prigioni, un veterano argentino que tenía su propia versión del robo, le transmitió el detalle más importante, aparentar estar agotado. Hacerse el despistado. Dejar que el base rival baje la guardia antes de activar el sprint: «Me dijo: ‘actúa como si estuvieras cansado, como si estuvieras a otra cosa. Y en cuanto te descuides, arrancas’».

La identidad de un base de Nueva York

Cuando Carmelo Anthony y Alvarado conversan sobre lo que hace inconfundible a un base formado en las canchas de Nueva York, hablan el mismo idioma, porque ambos tuvieron las mismas experiencias. El trato con el balón siempre destaca, la capacidad de leer el juego y de organizarlo. El tiro es, admiten entre risas, cuestión aparte. Pero hay algo que va por delante de cualquier habilidad técnica, la actitud. Hay que ir a ganar independientemente de quien haya delante: «Desde pequeño, en el parque, si era un veterano o una leyenda local, yo hacía lo mismo. Quiero guardarte. Quiero ir contra ti. Ahí si no haces algo que te distinga, te sacan. Y yo nunca quise sentarme en el banquillo».

El día del draft de 2021, José Alvarado organizó una fiesta en casa. Lo cual habla mucho de él, porque sabía perfectamente que nadie iba a pronunciar su nombre. Lo organizó de todas formas. Cuando su agente le confirmó que Nueva Orleans le garantizaba un contrato bidireccional sin esperar a la segunda ronda, Alvarado mandó sacar un cartel: «Les dije a todos: sacad el cartel de pick número uno. Y llorábamos todos. Mi familia pensaba que era para consolarme. Yo estaba celebrándolo de verdad».

José Alvarado (Foto: Cordon Press)
José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Antes de llegar a ese momento, había pasado por dos pruebas con equipos NBA que no habían salido bien. Milwaukee fue la primera. Memphis fue la segunda, y en Memphis un base de la G-League que jugaba con la izquierda le metió una noche de pesadilla. El equipo le dijo que volviera a la universidad. Ahí se quedó bien fastidiado: «Me pusieron un zurdo de la G-League a defenderme y me hizo la noche. Tight me quedé. Pero me quedé con la cara del tío. Cuando nos volvamos a ver, ya sé lo que hay».

Lo que le abrió las puertas no fue esa noche ni las siguientes. Fue la entrevista. Las conversaciones con los equipos, la forma de responder, la honestidad y la energía que proyectaba cuando le preguntaban cosas que no esperaba. Dieciocho pruebas en total antes del draft. Ninguna garantía de nada, pero…

La adaptación a la NBA

Nueva Orleans fue el lugar donde Alvarado aprendió a existir en la NBA sin que nadie le hubiera dejado un hueco guardado. La distancia entre el primero y el último no siempre es de talento, a veces es simplemente de dónde te sientas y de si alguien te lanza un balón en los cinco contra cinco: «Elegía mis momentos. No era el pesado que se mete en todo. Pero si estaba en la pista, tenías que detener el entrenamiento para sacarme. Eso no lo dije con palabras. Lo dije jugando».

Brandon Ingram fue el veterano que más le marcó. No por los consejos, que también llegaron, sino por el ejemplo. Alguien que trabaja sin dar la nota, que regresa al gimnasio cuando los demás ya han apagado las luces, y que cuando te dice algo molesto no es por dar por saco, sino porque te lo mereces: «Me dijo una vez que me estaba pasando, que parara. Me lo tomé mal al principio. Luego entendí que en Nueva Orleans no podía manejar todo con actitud de Nueva York. Que había que aflojar un poco».

José Alvarado (Foto: Cordon Press)
José Alvarado (Foto: Cordon Press)

El momento que marcó el punto de inflexión fue una bajada a la G-League. Le llamaron al despacho, le prepararon para la conversación difícil. Alvarado escuchó y respondió con una pregunta sobre cuándo podía irse: «No estaba jugando. ¿A qué me voy a quedar? Dieciocho horas después me llamaron y me dijeron que volviera arriba, que echaban de menos mi energía. Y yo pensé: si me echan de menos sin haber jugado un solo minuto, por algo es».

El traspaso a los Knicks

Cuando la dirección de Nueva Orleans empezó a desmantelar la plantilla, puso la mira en Nueva York: «En un equipo de abajo no voy a pasar el test visual. No voy a promediar quince puntos que hagan que la gente se fije en mí. Pero si llego a los Knicks y saco siete, ocho asistencias, tres robos y les cambio el partido, eso sí se ve. Eso es diferente».

La recepción en Nueva York fue inmediata. A los cinco minutos de su primer partido, Alvarado ya estaba en la cara de alguien. El Garden rugió. La afición de los Knicks no celebra únicamente los triples, celebra también a quienes parecen jugar a más velocidad que los demás y no piden permiso para hacerlo: «Yo ya sabía que faltaba algo así. Lo escuché cuando llegué. No me lo tomé como presión, me lo tomé como información».

El amor al baloncesto

En algún momento de la conversación surge el número. Carmelo Anthony calcula que solo el cuarenta por ciento de los cuatrocientos cincuenta jugadores de la NBA aman el baloncesto de verdad. Alvarado escucha, asiente, y Anthony sigue con que dentro de ese cuarenta por ciento, hay un uno por ciento que es absolutamente fanático del juego, que no tiene casi vida personal, que lo sacrifica todo: «El juego cambia cuando lo aprecias de verdad. No solo entras al gimnasio, haces tu rutina y te vas. Vuelves por la noche. Lo estudias. Es tu estilo de vida. No todos están ahí. Muchos llegaron porque son muy buenos. Pero el que lo tiene en el ADN, ese se distingue».

José Alvarado (Foto: Cordon Press)
José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Alvarado no dice que él sea ese uno por ciento, pero lo parece: «Siempre pensé: ¿qué puedo hacer para quedarme en esta pista? No en la NBA, en cualquier pista. Desde pequeño. Eso no cambia».

Puerto Rico en la espalda

Por último,  Alvarado habla de Puerto Rico como quien habla de algo que lleva cosido al corazón: «Para mi familia, el jersey de Puerto Rico vale más que el de cualquier franquicia. No lo digo para restarle valor a los Knicks. Lo digo porque así funciona la isla».

Carmelo Anthony añade su propia experiencia. En  el verano de 2004, cuando Puerto Rico derrotó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Atenas, Anthony, sentado en el banquillo sin haber podido jugar, miró las gradas y vio algo que no pudo olvidar: «Escuchabas los instrumentos, las banderas, el ruido que hacen diez personas de Puerto Rico en una cancha de Grecia. Diez personas que se oyen como mil. Y yo ahí pensé: entiendo perfectamente lo que esto significa».

José Alvarado (Foto: Cordon Press)
José Alvarado (Foto: Cordon Press)

Alvarado tomó el relevo. Llevó a Puerto Rico a los Juegos Olímpicos de París 2024. Metió el tiro que clasificó al equipo en el torneo disputado en la isla, en casa, con la afición encima. «Podías sentir al país entero en tu espalda. Y eso no pesa. Empuja», comenta, incidiendo una vez más en que el componente psicológico del baloncesto es una habilidad que no debe minusvalorarse aún en la época de los triples y el análisis  de datos.

Un comentario

  1. Pingback: José Alvarado habla sobre su enfrentamiento con Mark Williams y su estilo de juego en la NBA - Hemeroteca KillBait

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